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7 de Diciembre, 2008

El Correo Público

Por Sussana Maraselva - 7 de Diciembre, 2008, 23:25, Categoría: COMUNICACIÓN

El correo por definición es privado. Es el que una persona envía a otra para el usufructo común de informaciones particulares que les conciernen a ambas.  Hay que distinguir entre correo privado y correo personal, el uno contiene transacciones informativas u opinativas entre dos personas que mantienen esa relación en dárselas mutuamente  pero que pueden ser de interés público, el otro solo menciona cuestiones personales de los corresponsales, sin interés en principio para la mirada externa. La historia de la literatura ha acogido con gozo libros de cartas publicadas entre autores o personalidades destacadas en sus campos de intervención pública, social, artística o científica, cuyas lecturas han permitido profundizar en sus biografías. El género epistolario ha ido pasando, entiendo, de una forma menor de expresión escrita a un género de categoría con todo su derecho de ser atendido. Lo mismo que el diarismo privado ha podido alcanzar la categoría de la publicabilidad.

Tato el diario como la carta es algo que he venido ejercitando toda la vida. He comprobado que con ambos se aprende a escribir y a soltar los dedos y las ideas  con mucha más facilidad que planteándose la construcción de fantásticas historias noveladas.  La gran diferencia entre una obra literaria construida en estos términos y esos otros dos géneros expresivos, es que estos son para consumo de la privacidad y la otra como propuesta para el consumo cultural de consumidores anónimos.

Confieso que me pongo a escribir sobre este  tema sin tener una conclusión en la cabeza en cuanto a que criterio seguir. Por lo general el correo privado ve la luz pública tras la muerte de los interesados o en edades muy avanzadas. Me pongo pues a pensarlo en voz alta (letra édita) para ver hasta donde llego o donde me lleva la reflexión.

Hay que decir que el correo privado aunque maneje cuestiones de interés limitadas a dos y solo dos personas ya pasa a veces por la experiencia de darla a conocer a una tercera persona implicada en el contenido de alguna de sus cartas. Al menos esa experiencia de  anunciar en una carta el envío de su copia a otra u otras personas citas, me consta que la tengo. Una derivación más extensiva de esto es hacer circulares sobre un tema a un colectivo vinculado a ese tema. Pero vuelvo a la cuestión-eje: convertir en público un correo que inicialmente fuera concebido o solo pensado entre dos personas. Toca valorar la eticidad y la licitación de hacerlo pero antes valorar si su contenido es publicable en el sentido de contributivo a la misma historia de las letras, a la divulgación de un estilo de transparencia y al mismo acto denunciativo que comporta al poner en evidencia conductas revisables.

A priori se puede apostar por el hecho de que una persona que sale mal parada en un espacio público, sea el que sea (plataforma digital o escenario presencial), aunque sea a partir de la evidencia de si misma por sus contradicciones y la emisión de sus tacos o insultos. En este siglo la gente todavía tira la piedra y esconde la mano, lo mismo que hiciera en los siglos anteriores. Lo que más aterra al personal es pasar por lo que realmente es. Mientras su semblante no sea tocado toda marcha bien, tan pronto sea desmontado, el sujeto queda descolocado y reacciona con furia. Si le buscas las pulgas al perro se las encuentras.

Los libros-dosieres de cartas que tengo, despues de muchas décadas de practicar el género epistolario y de escribirme con cientos de personas, supongo que los conservé tras la relación con ellas esperando que un dia reunieran las condiciones de publicables. Pero ¿qué es lo que  hace una cosa publicable tras los años? Más bien el paso del tiempo significa la pérdida de actualidad de sus contenidos. Estimo que su publicabilidad es la desaparición de las partes protagonistas en los textos con lo cual su edición no debería crear malentendidos. O sea que son más razones de tipo tensional que no las determinadas por los contenidos informativos o polémicos. El mundo editorial no está exento de las presiones legales y de los cuadros de conflictividad en los que se mueve el mundo. Desde que los recursos de edición pueden ser autogestionados por cualquiera con los sites digitales la cosa cambia. Dentro de las prerrogativas de cada internauta están las de ser fuente de información, divulgación, opinión, creación y debate desde los distintos campos a los que se dedique. Publicar poesía o un blog diario contando intimidades ya vienen asuntos privados que son compartidos con la vasta y anónima cultura. Publicar un poema inicialmente concebido para una persona y dadas las emociones sentidas con esa, ya era/es dar algo de lo privado a lo público, porque hay algo de lo privado que siempre encuentra una resonancia en los demás no conocidos y que no se conocerán nunca. Los humanos, al fin y al cabo, pertenecemos a unos tipos de sociedades y a una especie que nos llevan a pasar por tesituras equivalentes.

El mundo de las letras no se llena solo de cosas agradables y con todas las ententes dadas. Más bien lo contrario: una buena parte de ellas se componen de conflictos, desavenencias, diferencias de opinión. Todo eso propicia el debate y, con suerte, una literatura de alto nivel. No veo porque hay que privar al consumo y lectura de letras de determinados temas por mucho que su espacio de gestación hubiera sido el privado. Las razones de la privacía tienen que ver con códigos y subcódigos muy sutiles sustentados por psiques reservadas. Hay muchos motivos para callar en una sociedad como ésta (y en las sociedades que la han precedido) en la (las) que por sistema la verdad es castigada.  El ejercicio de la represión no es meramente institucional con funciones delegadas a los encargados de las porras y los palos, es substancialmente psicológica. No hay individuo humano que no se autorreprima en su existencialidad o que en su repertorio comportamental no ejerza la represión, de alguna manera, por sutil que sea, contra su prójimo. La conciencia, la llamada conciencia, no se completa del todo hasta no concienciar esta excrecencia conductual. La máxima libertad no es la concedida por parlamentos o políticas sino la que pueda alcanzar cada individuo ante, en primera instancia, sí mismo reconociéndose lo que es y sus deseos y en segundo lugar no teniendo que coartar la de nadie. Si bien lo primero tiene aún una perspectiva de posibilidad, lo segundo es de una imposibilidad total cuando el mundo está repleto de comportamientos indeseables (falsedades, injurias, guerras, manipulaciones,…) que hay que neutralizar, por tanto excluir, por tanto reprimir, aunque esa represión pueda ser reconducido con un tecnología reeducativa.

La privacidad impuesta a un marco de comunicación dado entre dos o pocas más personas que interactúan entre ellas, es connatural al desarrollo de este marco de relación, es una medida de autoprotección. En primera y ultima instancia se privatiza una información es porque ésta al ser compartida puede dañar la fuente que la emite. Eso multiplicado por millones de secuencias de este tipo da por resultado un mundo que vive de espaldas a si mismo. Casi nadie conoce de verdad a nadie, lo supone, lo intuye, lo adivina pero no lo conoce. Un mundo en el que la transparencia fuera total, premisa utópica de alta categoría, tiene menos posibilidades de conseguirlo por la vía de nuevos principios culturales que la rijan así que por la evolución psico telépata de la mente humana. La información privatizada genera fenómenos colaterales: se trafica con ella, se vende. He llegado a encontrarme quien me pidió dinero por preguntarle como se decían un par de frases en su idioma. La escena de pelis de policías y criminales del prota comprándosela a confidentes callejeros hizo furor. En resumen la información es una materia prima que no tiene porque estar al alcance de todo el mundo. Eso tiene una excepción cuando el correo aunque personalizado y destinado a alguien tiene contenidos que pueden valer a otras lecturas completamente ajenas. Hay debates y formas verbales ilustrativas que se han desarrollado con formatos epistolarios. Cada carta gana o pierde un valor específico en si misma, para esas otras miradas ajenas, según de lo que hable y de si dedica mas espacio a la disertación de temas objetivos de interés general o por el contrario se lo dedica a la detallesca doméstico-personal de escaso interés divulgativo. De todos modos, todo admite una curiosidad incluidas determinadas intimidades y en última instancia hay expectación pública para todo.

Para la publicación de cartas personalizadas, en particular con las de historias o relaciones ya terminadas, con cumplir  la premisa innegociable del respeto, las condiciones exigibles para la edición están dadas, aun con el no permiso de la persona-destino o de las personas citadas en ellas. Estamos en un momento de proyección editora tal en que el nombre de cada cual pasa a formar parte del campo digital sin que haya autorizado a eso. Basta haberse inscrito en un curso o participar de una convocatoria, o  formar parte del campo de observación de alguien que escribe crónicas, para ver tu nombre reflejado en un sitio u otro de la red. Antes, en las páginas de los listines telefónicos pasábamos más desapercibidos. Si uno no es solo objeto de observación sino también sujeto observante y es autor de textos su nombre o los nombres que dé se pueden multiplicar mucho mas en los diversos sites en los que participe. En resumen los recursos tecnológicos en aumento cuestionan la privacía como  parámetro cultural pero también como preservación celoso de lo propio. No es nada difícil demostrar que los temas que se creen propios y exclusivos son o pueden ser de interés público, en particular cuando las discusiones giran en torno a eso, lo público, revisando las formas personales de relacionarse con ellos.

Tengo dos imágenes que me acompañan en esta reflexión. Una, muy antigua, la de alguien que desde una mentalidad adolescentista te facilitaba información personal a la vez que te prohibía hablar de su persona a tus amistades. ¿Es eso posible? Bueno, no lo es, pero sí la persona que me lo pidió (solo fue una vez, pero me llamó la atención que el ser humano pudiera llegar a esa clase de solicitud). Otra, muy reciente, en la que en una desavenencia de alguien[1] por mis opiniones la quiso ventilar con un par de notas brevísimas de su parte, 200 palabras como mucho en total, cargadas de insultos. Le dije que eso requería una reflexión calmada y que tendría noticias mías próximamente. Dijo que podía evitar hacerlo y enviarle esa carta, que trataba de olvidarme. De todos modos le aseguré que la reflexión la haría, la pondría por escrito, se la enviaría y en todo caso la publicaría en alguna parte. Eso me ha llevado a estar escribiendo este texto en este momento. El hecho de que un otro que te genera una reflexión no quiera saber los resultados de ella ni las consecuencias del impacto de sus pedradas u odio, no significa que pierdas el derecho a hacer esa reflexión. Puesto que o deja de ser un motivo de disertación, que puede ser de usufructo colectivo, sí creo que hay el amparo ético a publicarla para otros interesados potenciales ya que el interesado directo al que esté destinada se cierra en banda.

Traspolando ese  esquema reactivo-elaborativo a la historia del arte en general, creo que en muy poca cosa se hubiera quedado si  se hubiera obedecido a los sujetos desencadenantes de propuestas creativas negándolas. La actualidad todavía puede gozar de muchas creaciones sublimes de las que desconoce los marcos personales concretos que las motivaron. Si todos los creadores hubieran callado admitiendo las castraciones que recibieron en la actualidad no habría patrimonio artístico.

En definitiva el otro, sea amigo o enemigo, compañero de debate o bombardero, amante de verdades  o fílico de mentiras, cualquiera que sea su estatuto ideológico, genera pretextos para la elaboración. Si esta se mantiene en el marco de la privacía con él o salta a una plataforma pública no es lo más relevante. Eso es decisivo para apostar por un espacio digital en el que colgar correo que pueda ser de interés público sin confidenciar datos secretos, por supuesto, ni emitir falsedad alguna sobre alguien. Eso no protege a la autoría. La declaración de la verdad siempre produce enemigos, los que residen en la mentira. Produce algo más enemigos en activo de la literatura.

Asi como los foros de la palabra y de la reflexión literaria se van haciendo eco del género diarístico por su peso divulgativo (encuentro Trapiello-Alex Sussana) no tengo duda que en el futuro se podrá hacer algo parecido con la comunicación epistolaria.

 



[1] Rafael Jariod Franco, fundador, mánager de ua ong catalana  llamada CCONG (la cc es de relleno no significando nada)

Invitación a la Desprivatización

Por JesRICART - 7 de Diciembre, 2008, 23:23, Categoría: COMUNICACIÓN

De todo lo que tenemos lo más celoso es la privacía personal. La sentimentalidad y las verdades íntimas pertenecen al universo escondido de cada cual. Es lo más intocable. De eso hacemos fiesta con quien nos apetece y cruzada contra quien sea que nos quiera irritar  los cataplines en los asuntos más queridos. Es así que la privacía es un marchamo que no se negocía. Cada cual tiene muy claro los límites de su transparencia y la el arco de proyección de sus verdades. Esto, que forma parte de la personalidad y de la estructura de pensamiento de cada cual. tiene su correlato con algo que ya existe en la estructura económica de los países: la propiedad privada.

Esta ha venido siendo objetada históricamente pero no tanto como aquella otra clase de privacía. No tenerla significa(ría) no tener derecho a los secretos lo cual es una imposibilidad biográfica porque nadie vive su vida sin tenerlos. La discusión no es tanto ésta como hasta que punto se puede minimizar la cantidad de ellos.

Cuando se habla, teoriza, defiende y lucha por un mundo ideal no puedo por menos que preguntarme si la persona que te diluvia ese discurso estaría dispuesta al valor de la transparencia o al menos a maximizarlo como conducta ordinaria en su propia vida. Lo peor del capitalismo no es que la sociedad esté escindida entre la miseria y la riqueza, o que la gente se mate por territorios o por fuentes de recursos, lo peor es que sus habitantes, sino en su totalidad, en su inmensa mayoría, terminan contaminados por la cultura del odio, por la psicología del miedo, y la ideología de la privatización que incluye el escondite del uno mismo, Nunca sabes totalmente si el otro es quien es o dice ser,  ya que nadie suelta demasiado de sus verdades. Comparativamente es peor la  privacía sentimental, según la cual todo el mundo calla sus sentimientos, que la propiedad  patrimonial privada. Ambas están conectadas claro está, pero así como se le concede gran importancia al hecho de las grandes fortunas acumuladas en unas pocas manos, o a los propietarios más ricos del planeta (algo que es una consecuencia lógica y perfectamente legal dentro del sistema de lucro) se le quita importancia o apenas es considerado el secretismo privacionista en el que vivimos. Está tan naturalizado que se respetan los secretos, aunque su divulgación pasaran a alumbrar más la conciencia ciudadana.

El esfuerzo analítico por comprender las cosas, las coyunturas, las complejidades económicas, el gran mundo de los otros, pasa irrevocablemente por desprivatizar información. Los análisis de verdad no se limitan a tener en cuenta las informaciones publicadas si no también las no publicadas. De no hacerlo, los análisis terminarían por ser tan superficiales como las informaciones restringidas que se publican. Bueno, de hecho la diferencia entre un reportaje superficial de un análisis es la investigación mayor que éste ha hecho.

Algo que se aplica en cuestiones de interés social común se puede reflexionar a hacerlo en las de ámbito privado. No hace falta escribir una carta a un presidente o un cargo público de un país o una comunidad para poderla dar al mismo tiempo como articulo divulgativo de una reflexión o una demanda. También caben otras modalidades de proyección sin que tengan tanta aparatosidad. No hace falta que la parte escritora de una carta tenga por nombre un nombre conocido ni quela parte destinataria sea la de un gran político o una figura insigne de la coyuntura o de la etapa de un país para que el contenido de un texto sea importante y pueda darse a conocer a terceras miradas. Es conocida la estrategia divulgativa  de escribir textos públicos (cartas o artículos) dirigidas a personalidades famosas. ¿Dónde está el problema si se traslada ese criterio al campo personal proponiendo su desprivatización? Significa chocar contra el peso de la cultura en la que están muy trabados los límites del decir y a quienes decírselo. Todo ejercicio de desprivatización ha de contar con reacciones sulfúricas cuando no con amenazas. Existe una verdadera pandemia del escondrijo. La gente oculta sus pasados biográficos o pide encarecidamente que no sean revelados. Todo lo que A confidencia a B no puede saberlo C aunque le competa. La demanda de confidencialidad por una parte va en contra de la necesidad informativa objetiva de otra. Lo que a la privatividad compete es lo que la misma elaboración teórica se plantea: ¿hasta dónde llevar el discurso analítico y la extensión informativa de las cosas? en qué plataformas divulgarlo? Todavía no he encontrado la persona que comparta conmigo una corresponsalía recíproca de decires y debates y que acepte su comunicación publica paralelamente al sostenimiento de la construcción de la relación privada. La propuesta es abierta. En realidad no es una idea tan nueva. De alguna manera ya se ha venido experimentando (y haciendo espectáculo de consumo con ello) con gente dispuesta a hacer convivencias que sean filmadas se produzca lo que se produzca, De otra parte el exhibicionismo de la intimidad con las producciones pornográficas hace tiempo que funciona sin que se le caiga los anillos a nadie. También hay quien tiene su vida privada colgada en su web no sol como relato o como fotos sino con una web permanentemente emitiendo toda su vida de interior. Mientras las partes implicadas estén de acuerdo no hay nada que oponer.

Toda la ansiedad que pueda mover la propuesta de la desprivatización de la información (en todo momento hay que suponer que se habla de sentimentalidad, opiniones, análisis e informaciones de carácter personal pero de interés comunitario no por razones de curiosidad sino de saber teórico) no incluye dar pins o números de cuenta bancaria (¡bastantes riesgos se corren al dárselos a las empresas de servicios para que facturen los gastos!) o bajo que ladrillo de tu casa guardas la pasta. Todos esos datos, salvo a los cacos, no interesan a nadie. La desprivatización de las informaciones celosamente guardadas por las personas está muy discutida por la cultura del ultraindividualismo. Los primeros en oponerse a toda divulgación son los más inmediatamente implicados: familiares, amigos, compañeros, socios, y cada ex dentro de estas categorías. Lo mas importante del habla y del heterogéneo campo del lenguaje escrito es sus registros simbólicos, por tanto sus significantes, más que quien dijo qué o estuvo donde o si dijo aquello pretendió decir lo otro. Por tanto toda confidencialidad extensiva a lo público de esa tan temida desprivatización informativa no es tan grave si los implicados se toman la vida como juego, como reconstrucción creativa y como fuente de inspiraciones mutuas. De Jürgen Habermas, a pesar de conocerlo desde el principio de mis lecturas políticas y filosóficas, no ha sido hasta finales de los 90 que volví a retomarlo y hasta le propuse  a un director  académico, hacer con sus materiales, una tesis doctoral sobre el tema del plus simbólico en los actos comunicativos. En aquel momento todavía no había captado la totalidad de los problemas que son derivados de la comunicación cuando las valoraciones y las informaciones generan reactancias de odio y de malestar, ambos estados emocionales generalmente estériles en quienes los padecen, cerrando todo tipo de conexión relacional. El ser humano sigue fracasando a escala internacional en esta operación de cese de todo contacto cuando el otro deja de tomárselo como compañero sinérgico para verlo únicamente como antagonista y como nulidad. Generalmente quien maneja estos absolutos para la descalificación de lo ajeno suele tener una mentalidad absolutista bajo una ideología de cobertura.

El concepto de desprivatización es mucho más anterior al planteamiento de hacer un espacio de correo público o un  site donde depositar historias personales en curso de irse dando. La novelística y la historiografía ya se ha venido ocupando de desprivatizar lo que era competencia de situaciones muy personales y cerradas, solo que reconvirtiendo los materiales con suficientes disfraces. De no haber habido gente dispuesta a hablar de otra gente a pesar de esta y con o sin su permiso jamás habría avanzado la literatura pero tampoco el análisis de la realidad. Gracias a eso prácticamente antes de la adolescencia pude leer de Georg Holmstein autor de la Reina de Saba, una introducción al misterioso oriente. Una de las primeras narraciones que leí en mi pubertad. El libro lo conservé durante muchos años mientras sus páginas se amarilleaban y el carácter de su vieja edición lo hacían impresentable. En cuanto a su contenido excitó de alguna manera mis primeras imágenes sensuales. Lo que viene entregado como unidades de cultura han pasado por un tipo u otro de desprivatización. ¿La investigación no es acaso de revelar las leyes de aquello que hasta que no son descubiertas pertenecían a la privacía de lo oculto?

Así como en las aulas universitarias continua siendo necesario insistir en la invitación al debate, en los espacios de Transculturalidad, la de la invitación a la transparencia y la desprivatización de materiales colegiables que puedan tener interés públicos, podrá permitir desempolvar los pliego de cartas de los armarios o permitir transcribir correos personales en espacios socializados. ¿Que hubiera sido de la historia literaria de las letras amorosas, sin la publicación de confidencias y poesías que inicialmente solo tenían por destinataria a una sola persona?

 



[1] http://sussanamaraselva.unblog.fr/2008/12/08/invitacion-a-la-desprivatizacion/

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