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Las primeras relaciones y la crueldad sutil

Por JesRICART - 4 de Diciembre, 2008, 16:19, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

La formación de carácter es prematura. Eso es vox pópuli. Las marcas de infancia son indelebles. El consciente las olvidará pero no el inconsciente. El adulto es el sumatorio de varias cosas, pero a todas las nuevas que vaya añadiendo nunca podrá dejar de tener presente los factores antiguos que lo definieron caracterialmente en lo que es y lo que formó su personalidad. Hay niños/as que pueden ser diagnosticados en tempranas edades sobre el futuro psicológico que les espera. Las prisas desde el gremio profesional en detectar sus aptitudes para encauzarlos hacia un campo profesional desde sus primerías son totalmente estériles. Las de los padres en querer saberlas o en medir sus coeficientes de inteligencia, también.  El mayor respeto al hijo que nace es el de permitir su evolución. Eso, quintaesencia el respeto total a la condición de otro. El rol de custodia o protección paterna es, sin duda, necesario y esperable, para proteger al neonato de las inclemencias externas, también de si mismo. Hay culturas que no toleran a los niños con problemas fisiológicos de nacimiento. Está documentado que se acababa con ellos para que no se convirtieran en un carga para el grupo. También  hay animales que no se ocupan de toda su prole, o mejor dicho para llevar adelante parte de ella se deshacen de otra parte si fue excesivamente numerosa. Eso lo hacen también granjeros con algunos animales que no tienen buenas condiciones de partida para un crecimiento. Toda la protección del grupo familiar  que también hace de consejero y por ese lado de introductor de una determinada ideología en el hijo/a no evita la exposición a la inclemencia y a otras influencias negativas de otros grupos: el vecinal, el del jardín de infancia, y más adelante los otros sucesivos: el escolar, el círculo de los primeros amigos.

Las primeras relaciones humanas se tienen-se suelen tener-  con los padres, a una cierta distancia con los hermanos, si los hay y el resto de la parentela concurrente. El neonato es la esponja de todos los estímulos que recibe: los que lo acogen y los que lo educan. Detectará –aunque no tenga la capacidad de interpretación para todos los sonidos- los elogios de los rechazos, la disposición receptora de la que no lo es.  Los niños suelen crecer más unidos a las madres que a los padres porque las ausencias más prolongadas de éstos los toman como formas de desinterés o de ignorancia. 

Desde el momento de nacer una criatura tiene una seria de verdades propias que lo evidencian: su nombre y linaje de pertenencia, su ubicación social, su cuerpo físico. Por lo general al neo nato se le dice bonito  nada más verlo. Quien lo dice tiene una necesidad urgente de declararlo en esa categoría. Además de comprobar que todo ha ido bien, que está entero y en perfectas condiciones de salud. Es particularmente interesante esta categoría de la belleza al que se incorpora. Las vecinas expertas enseguida apostarán por su futuro o sus cualidades que le permitirán pisar fuerte en el mundo.

Desde el primer momento su particularidad quedará de manifiesto. Las madres  multíparas pueden hablar ya de las diferencias de sus hijos en el comportamiento intraclaustral que tuvieron. Unos manifestaron mayor inquietud que otros, también, probablemente, por recibir de alguna manera las inquietudes de la madre en etapas diferentes de su biografía.

Las primeras relaciones como tales son las que está presente la inducción en la selección. Por lo general lo proporciona el colegio quien tiene la escolarización prematura. Las características físicas (la voz y el acento entre ellas) tienen una importancia elevada en el acercamiento o no a los demás. En la pubertad es cuando más se marcan las diferencias a partir de estrenar nuevo cuerpo algo que sigue en la adolescencia despuntando el cuerpo que será ya de adulto y con la sensualidad rebosante. Es el momento de marcar culo, caderas, tórax (o senos) y nuevas ideas. El cuerpo es lo espectacular. Es la inmediatez escénica. Los demás, que hacen de público tácito, se acercan mas o menos según las preferencias de cada cual. En un sociograma de popularidad de individuos dentro del grupo, el que sea, (clase, equipo de fútbol, taller) los elementos físicos por los cuales se eligen y clasifican a lso demás son cruciales. Todavía no es el tiempo de las ideas desarrolladas y se valoran otras cosas: la simpatía, el aspecto, la presencia, la elegancia. Quien tiene todo de su parte: físico agradable, dinero familiar de apoyo, buena estampa, y un mínimo de rapidez intelectual  le espera  en principio una vida sin problemas, o mejor dicho, una vida cuyo mayor problema sea no haber pasado por la experiencia de tenerlos. Por el contrario quien no es agraciado, tienes gestos patosos, o es la diana señalado por dedos de lso que no le gustan tal vez desarrolle un aislamiento prematuro.

No es cierto que los niños  sean compendios de inocencia. No están exentos de maliciosidad y pueden distinguir si son correctas o no sus acciones con respecto a los demás. Se aprende prematuramente a detectar las que son de rechazo o actuadas intencionalmente para herir.  Quien queda fuera del grupo por una dinámica de los demás con la que no se identifica o porque esta dinámica lo rechaza expresamente suele desarrollar una mayor capacidad observacional en todo. Al quedar fuera de protagonismo se constituye en un espectador más adelantado. Esto queda en la base de su desarrollo intelectivo ulterior. Ese primer sufrimiento biográfico  por no tener el pleno derecho a la inclusión del colectivo permite tomar distancia de él y de sus iniquidades aprendiendo desde la distancia y el silencio, pero también desde la reflexión que acompaña a eso. Una venezolana de 18 años que me escribió a propósito de mis análisis sobre lo bello y lo feo, demostraba tener una lucidez superior al de mucha gente de su edad haciendo un duro análisis sobre la soportabilidad de la vida en condiciones desafavorecidas. Claro que esas condiciones no dejan de ser los etiquetajes sociales. Todo el atractivo efectivo que pueda tener quien sea el guapo o la guapa con el/la que tratemos puede tenerlo de espanto al escuchar sus primeras vacuas palabras.  El sujeto rechazado en su infancia o adolescencia por ser el patito feo de la camada probablemente es el que acabará dando lecciones a esa camada con el paso de los años porque aprenderá más de la vida. Por lo que hace a quienes les rechazaron ni siquiera se acordarán de haberlo hecho ni tan solo de que hubiera estado ahí. Su desapercibimiento sería total por esa discriminación que ya existe en la percepción humana sobre aquello y aquellos que no gustan de entrada.

Tal vez de las primeras relaciones en esta clase de cuadros de exclusión no queden más que la enseñanza que eso significó pero no el contacto posterior con ellas. En la edad adulta esas mirada al pasado y a sus cromos crueles que tanto daño hicieran pueden ser incluso disculpados (éramos niños y no sabíamos más) a no ser de que una generación tras otra los sigue reproduciendo. La misma dinámica de cada grupo con toda su extensión lleva a la formación del subgrupo para protegerse del anterior. Los individuos se relacionan entre sí, inicialmente, por afinidades y para compartir convivencias o planes, pero también por la insoportabilidad de la soledad. Mas adelante se aprende que la soledad es necesaria como condición para el autoencuentro o el autoconocimiento y también para la creatividad personal y que un estado de opinión mayoritario de rechazo (los casos de moobing escolar los siguen renovando) no es igual a la totalidad de rechazado fuera de esa coyuntura concreta. Siempre hay que mantener un talante de individualidad para sobrellevar y superar todo esto. Repasando las lecciones del rechazo, el rechazado, o ex rechazado (mucho mas si lo ha sido solo por sus razones físicas, color de piel, tamaño o perfil) comprueba a lo largo del tiempo que lo mejor que le pudo pasar es sufrir determinaos rechazos de gente que se apresuró en demostrar lo mala gente que era prematuramente y que de entrar en su club hubiera impedido una formación humanista y una personalidad más integra dentro de su filosofía autónoma de vida. Tuve en Pere Calders, un  autor favorito por su modo  de escribir manteniendo siempre una última filosofía autónoma, la suya, para todo lo descrito y desentrañado.

 

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