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Las Formas Impuestas.

Por JesRICART - 1 de Diciembre, 2008, 21:00, Categoría: ARTESUMA

Todo contenido material viene entregado o recibido en un continenete que lo pueda almacenar. Incluso los mensajes intelectuales pasan por las formas o soportes físicos del traslado y entrega. Pensar en algo sin forma es sumamente complicado. Existen materiales, por ejemplo el humo, cuya forma varía pero  incluso antes de su extinción  pasa por distintas expresiones. La forma es inherente al hecho. No hay actuación sin su representación formal, no hay discurso hablado sin formas lingüísticas, no hay presencia sin una decoración determinada. La forma es tan importante que es considerada como propiedad de la cosa. Separar la cosa en sí, lo que es en su esencialidad, de su performance expuesta a los sentidos que la calibran, es prácticamente imposible.

En principio hay tantas formas físicas como la geometría espacial permite en un universo tridimensional. Conjeturalmente también se puede proyectar este axioma a otro universo cuatridimensional. El cuerpo humano se ajusta a una forma, la amantis religiosa a otra, el gusano a otra distinta. A esas formas fenotípicas habrá que subdividir las formas individuadas. Cada individuo remite a su configuración genética y al modo en que la cultura ha penetrado en su cuerpo moldeándolo.

Por lo general el análisis de formas pasa por los objetos inermes pero el universo de las formas lo engloba todo. Incluso en el mundo espirita y en la espiritualística también se busca representar en imágenes las figuras de quienes se supone que son seres trascendidos y puros espíritus. Hablar sin referir la forma de algo o de alguien es circunscribir la referencia a unas coordenadas etéreas. No precisar la forma es tanto como  no concretar o mantenerse dentro de la abstracción.  Eso deja al interlocutor en la perplejidad. La comprensión asocia las informaciones a imágenes sino puede trabajar con ellas se siente confundida. El cerebro cada vez que computa la palabra mesa o la palabra amor, para citar dos palabras de clasificaciones diferentes: una se refiere a un objeto inerme y medible y la otra a una experiencia psicoafectiva que se ha concretado en una o  varias personas, tanto la una como la otra lleva a imágenes concretas. Pero esas imágenes no son siempre las mismas. Durante una etapa educativa la palabra de lo concreto trae a colación la imagen de la primera mesa con la que fueron definidas todas las demás, también la palabra de lo abstracto trae a colación la imagen de la primera persona con la que se experimentó el amor. Posteriormente, el conjunto de imágenes de lo que se ha poblado la una y lo otro no refiere a una forma dominante sobre las demás pero sí al substrato de su forma. Es tanto más difícil referir algo cuanto menos se tenga su imagen en mente pero eso no significa que no se pueda hacer. Lo más importante de la historia del pensamiento pasa por los constructos sin forma. De hecho no es posible un pensamiento evolucionado sin tomar el camino de deshacerse de lo concreto. La forma es lo más concreto que existe ya que acepta la descripción de sus detalles. Es ella lo que puebla las novelas y la mayoría de conversaciones. No referirla es una invitación a un viaje por lo inasible que podrá ser sufrido como la vacuidad. De todos modos, los hablantes de un tema sin forma no dejan de hacerlo desde una forma de hablar, desde una gestualidad, desde un estrado, desde una butaca, desde un aula.  Se puede referir la no-forma, lo que no se puede hacer es no adoptar ninguna para hacerlo. La misma constitución de hablantes nos hace pasar por la condición formal de la expresión lingüística, también  la comunicación pasa por la esfera del lenguaje. Para hablar con los otros miembros de una comunidad lingüística  nos debemos entender en un idioma común y en esa tentativa además de lo que dice el sujeto por sí mismo también se escucha lo que el lenguaje ambiental dice por su boca. Cada yo hablante se refiere a un nosotros hablando tanto más cuanto más tradicionalista, conformista y adhesivo sea al grupo cultural de pertenencia.

Tenemos pues dos clases de formas distintas:  las que se refieren a formatos físicos (objetos concretos tales como mesas, pizarras, edificios, automóviles, botellas, libros, estanterías, rotuladores, ordenadores y así en una inmensa lista que alcanzaría no solo todo lo que nos rodea sino todo con lo que se dota el género humano para su confort) y las que se refieren a las maneras comunicativas (las pautas verbales, la proxemia, la civilidad, la urbanización, los ademanes, las miradas, el andar, la tonalidad, el saludo y todos los detalles tanto de comunicación verbal como de comunicación no verbal). En la condición de residente ubicacional un sujeto dado está condicionado por las formas que le envuelven. Es un absorbente o un refractario instintual de ellas que gradualmente o en la medida que se vaya auto conociendo las expresará explícitamente. Me gusta/no me gusta, es la bivariable primaria por excelente. Antes de que la razón explique un motivo de empatía o de rechazo el cuerpo intuicional ya lo ha decidido. El ser racional hace en principio la mayoría de las cosas no por argumentos sólidos sino porque lo siente de esa manera. En ese sentir los parámetros que le entran por sus sentidos son esenciales para tomar posición a favor o en contra de una cosa o de su portador. Antes de que tome tierra un conductor de un automóvil que ha tenido un comportamiento nefasto en carretera con su claxon o su exceso de imprudencia y de velocidad nos ha proporcionado un conjunto de formas de su conducta por las que adoptamos una posición ante su persona. Si hay gente que se mata por incompatibilidades en la forma de compartir el tráfico ¿qué menos que aceptar  que se la pueda juzgar, no tan a priori, por su manera de compartir el espacio público, es decir, el de todos?

Si bien las formas conductuales son inherentes a la responsabilidad de cada cual que las toma como hábitos, es decir que se inviste de ellas, el resto de las formas materiales preceden a cada uno de sus potenciales usuarios. Se llega a los lugares con su configuración puesta. Puede gustar o no, pero ahí están los árboles, los suelos, el cielo. Cada referencia tiene su forma. Hay lugares que inmediatamente nos magnetizan y otros que nos dejan indiferentes o antes algunos se manifiesta explicito rechazo. Hay una psicología de la forma que nos envuelve o embriaga o por el contrario nos desalienta y desagrada. En la organización del territorio a ocupar por residentes a venir se puede tener en cuenta o no la psicología de la forma en función de esa perspectiva de salud psicológica. Los espacios son tanto más agradables para vivir cuanto más hayan sido consideradas sus formas. Las hay que apaciguan el espíritu (saltos de agua, sombras, rincones tranquilos, canto de pájaros, frescura de la que huir de los calores externos,…) y otras que lo irritan (ruidos de tráfico, griterío agresivo,  sonidos estridentes, desarmonías, imágenes inaceptables, decoración artificiosa,…). No todas las formas tienen porque gustar. Durante toda mi vida experimentado la siguiente situación: la de sentirme seducido por formas naturales: praderas, ríos, nubes, lluvias y la de sentirme disgustado por no pocas de las formas artificiales de las ciudades, las calles, las casas y sus interiores y los objetos.  Cuando he deambulo por el interior de unos grandes almacenes tanto los de conservas para la despensa como los que venden mobiliario o maquinaria si conciencio el momento me pregunto cómo es posible que se hagan objetos tan feos y, lo que es peor, que cuenten con el respaldo de la sociedad de consumo para comprarlos. Cuando voy a la casa de alguien y muestra su mueble de comedor, lo que en antaño hacia de vitrina, repleto de objetos de plástico a modo de decorativos que para mí son insultantes para la vista, grito en silencio para mi mismo: ¡horror! La forma desagradable genera un impacto psicológico. Si bien no tiene que ver con el acto criminal del delito ecológico que genera un impacto nefasto en el medio ambiente sí guarda un cierto nexo. Recargar un espacio con objetos feos los hace intransitable e indeseable. Cuanto menos contacto se tenga con él, más feliz puedes ser. La terrible sensación que se experimenta al cruzar ciudades caóticas llenas de enredos, luces de tráfico que no funcionan, pasos cebras despintados, líneas continuas desdibujadas, señales tapadas o ausentes, baches, charcos, postes torcidos, cables sueltos, anuncios publicitarios desagradables, luces palpitantes o sin funcionar, árboles cortados, basurales continuos, guardias urbanos incompetentes; también tiene su correlato con el interiorismo de edificios en los que el gusto de la decoración es mínimo o es tan distinto que no se corresponde con el tuyo. Inmediatamente la psique se rebela contra el mal gusto. Si bien las ciudades en desarrollo pasan por fases caóticas y se pueden ver edificios suntuosos en zonas todavía no urbanizadas, las casas particulares no tienen otra culpa que la de sus usuarios cuando no las organizan con arreglo a una estética razonable. Pero ¿qué eso de una estética razonable? Las formas que a mí me atraen no tienen porque atraerte a ti y viceversa. Las mujeres que se decoran con ostentaciones de aparatología de cadenas y muchos abalorios pueden estar en el límite de la aceptabilidad pero el mismo objeto que cae estupendamente a una persona cae mal a otra. Los que saben más hablar de vestir conjuntadamente o de combinar adecuadamente los colores de la ropa.

La forma por su condición de marco o de cuadro visual antecede o preanuncia el fondo que se puede esperar. Un análisis de la forma requeriría varios volúmenes. Uno de ellos podria dedicarse por entero al análisis de la imagen de los personajes públicos. Las camisas de colores de Nelson Mandela[1] con las que recibía a otros magnatarios, desmarcándose del traje con corbata típicamente occidental y de los países del frío,  además de su mentalidad progresista irradiaba una imagen de simpatía.  El pasamontañas de  Marcos[2] terminó por crear una aureola y el icono de un significante que se perdió en la siguiente coyuntura política en la que la clandestinidad y el guerrillerismo dejaron de tener sentido.

La forma es algo que lleva puesto cada sujeto porque habita un cuerpo. Luego la disfraza con otras formas ad hoc a conveniencia de las situaciones. El vestuario es el atrezo para la actuación teatral de cada personaje puesto en público, también en privado. Los actos de intimidad pueden ser más o menos excitantes según se cubra el cuerpo y se insinúe su desnudez. Se va a la calle con una forma puesta. Bastan unos segundos para captar la gestalt de la forma de cada objeto móvil. Su identificación no se hace esperar. El otro es tanto más elegible para el repertorio de nuestro contacto según el mayor atractivo de su (sus) forma/s.

Se inician relaciones atraídos por algunas de ellas pero que posteriormente entran en conflicto con las siguientes de las que se dota esta persona. Muchas de las formas de las que se dota el mercado para hacer autos o botes de mermelada son sencillamente horribles. Depende del criterio esteta de cada cual para juzgarlas de esta manera. Personalmente me seducen las formas esferoides y algunas cuadriculares pero no todas de aquellas ni de éstas.  Cuando el cónyuge llena la casa, e frigorífico, la cocina, el comedor de formas disgustantes los convivientes pueden enfrentar un peligro en la relación. Las formas solo son formas y en realidad son  transitorias pero cuando unas cosas feas suceden a otros y llenan la mayor parte de eventos cotidianos de detallas desagradables se puede calificar la situación de una crisis de confort y de un desapego a quien se considera responsable de eso.  Algunas veces cosas que me han regalado me han impactado tan desfavorablemente que me he debido desprender de ellas lo antes posible. Si quieres insultar a alguien sutilmente regálale algo enormemente feo y que no tenga nada que ver con su personalidad o creencias. Es como regalar una virgen fosforito a un ateo. Pero hay que reconocer que existen miles, decenas de miles, posiblemente cientos de miles de objetos en el mercado que son toralmente desagradables por su forma y que sin embargo sin aceptados e impuestos. El recuerdo de nuestras infancias y e  de otras latitudes por las que pasamos pasa por la descripción de las formas a las que nos atuvimos: desde la forma del pupitre en el aula infantil al negro imborrable de la tinta china, desde la marquesina de los autobuses a las tazas de café en Escandinavia. El novelista llena la mayor parte de sus páginas describiendo formas, el filósofo analizando estructuras mentales sin forma. Es posible que el primero se encuentre más cómodo con ellas aunque dudo que haya alguien que pueda estar por encima de cualesquiera, por tanto adaptándose a todas ellas, que el filósofo. En la vida cotidiana la imposición de las formas se cuela inevitablemente: desde tener que aguantar formas de estética agresiva (policías uniformados o neonazis) a tener que soportar las butacas de plástico feas e inestables  en los bares de África en contra de las que se pueden  gozar las de tela y madera de director en Ibiza o Menorca. En el ámbito domestico la libertad mutua concedida entre partners o familiares puede llevar a tener que soportar las desagradables formas elegidas por el otro, tanto en el vestir como en los objetos decorativos o de consumo de los que se rodea. Hablarlo es lo mejor que se pude hacer para elegir formas degusto común. A diferencia del monumento horripilante que el ayuntamiento encarga a un escultor afamado pero vengativo, al fin, de sus vecinos imponiendo feas formas, en casa todavía hay la oportunidad del consenso.

 



[1] Lider histórico del CNA. Dirigente de Sudafrica.Excarcelado en su vejez Líder emblemático contra el apartheid. Personaje que muestra una dulzura en su  mirada y un talante humanista a pesar de  su sufrimiento

[2] Dirigente  popular y popularizado de la guerrilla de Chiapas.México.

 

 

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