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El Poema Aplaudido

Por JesRICART - 1 de Diciembre, 2008, 21:08, Categoría: ARTESUMA

Sugiero  una fórmula de medición. Un poema cuanto más complejo es  con menos auditorio se queda. El abandono del auditorio no tiene porque pasar por la absentia física, se da desde el momento en que declina la audición. Un poema gana verso a verso la atención o la descoloca y la pierde.Eso depende de si introduce palabras incomprensibles o que ocasionan un conflicto de interés,dado por la duda, la falta de música, o la comprensión de su sentido general. Si quieres construir un poema para aplauso hace falta seguir un proceso estricto y preservar unas normas de estilo y de contenido.Es una práctica reglada, muy conocida y usada por rapsodas populares y por divulgadores épicos.

Pero el poema sea el que sea, tiene una  reverencia especial por encima de otros textos. La intervención poética  puede ser el colofón de textos arduos de  existencialismo o el prólogo inaugurativo de un festejo de las teorías. En ambas situaciones, casi con toda seguridad el respetable verá sus palmas batientes en señal de reconocimiento, algo que  se librará de hacer para comunicaciones, exposición de propuestas o textos. Dependerá,claro está, de los ritos aceptados y acostumbrados en cada foro de palabras, pero aunque no esté  prevista, la intervención poética  mueve una cierta pasión, y desde el lado de  quiénes lo auditan se contrae un débito, que se expresa con las palmas.Sí, la poesía a diferencia de la no poesía, tiene que pensar más en la forma y el estilo, la música y su construcción armónica. Cuanto más pegadizo se,a más conseguirá su cometido.aunque hay un límite de no pasada,donde la calidad decrece y el conjunto se hace chabacano. Hay poetas que escriben para el auditorio y para arrancar el aplauso, que supera con creces la simple dádiva para ser una confirmación de éxito. Con la recogida de las palmas consigue la confirmación de su certeza, que retroalimentará un mismo tipo de estilo y voz. La declamación es una puesta en escena, y a veces un mal texto puede conseguir un interés público y al revés un buen texto puede pasar inadvertido, dependiendo del tipo de voceamiento que se ponga. De entrada lo aplaudido por rutina y rito me parece un efecto más propio de las cortesías hipócritas que no de la atención sincera.Parece que quien escucha está obligado a un acto de deferencia ante quien declama, lo haga bien o no tan bien, a diferencia de otros hablantes, que opinan o improvisan. El resultado es un cuadro deplorable, donde el versario,de lo suyo, lo ajeno (prestado o plagiado)recibe una consideración especial frente al hablante, tal vez con más ingenio y versatilidad pero que se mantiene en la prosa precavida y humilde. ¿No será que el público amorfo e ignorante se hace cómplice del narcisismo del poeta que necesita ser aplaudido y austero de las voces que aportan otras  cotas de intelectualidad? Sea como fuere los poemas tienen el certificado del aplauso,mientras que los turnos de palabra son a menudo desconsiderados. Paradójicamente lo poetas dejan a los intelectuales la crítica de sus contenidos y la justificación de sus letras, quedándose en la calle tras la declamación con una voz aterciopelada de divos o ángeles, fuera del mundo de los números y de las lógicas.

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