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El Otro como Pretexto Literario.

Por JesRICART - 1 de Diciembre, 2008, 20:52, Categoría: ARTESUMA

Algo más sobre utilitarismo ajeno y uso de la comunicación inter-personal.

El protocolo hace que nos tratemos los unos a los otros como iguales. Sea cual sea el origen social de cada cual, el nivel cultural, el estatus económico, el coeficiente de inteligencia, la estética física, la elegancia en el vestir o el olor corporal, hacemos como si tomos fuéramos iguales o al menos lo aparentamos. Quien no lo hace es que es un pedante, un elitista, un estúpido o un tipo cruel. Examinemos durante unos minutos la verdad y la mentira del presupuesto igualitarista y hasta qué punto su acto formal no responde sino a una estrategia de manipulación del otro a conveniencia de las necesidades de cada ego.

En el contacto interhumano de dos o más sujetos hay como mínimo dos grandes vías de comunicación: la de las palabras y todo lo demás. Eso incluye la comunicación no verbal tan ampliamente estudiada. Ese segundo grupo es tan importante que llega a desautorizar lo que dice el primer grupo. Las palabras no son creíbles cuando los gestos (que no dejan de ser actos) indican lo contrario. Las opiniones que los pensantes se forman los unos de los otros no se limitan a tomar por fuente de datos las palabras dichas sino especialmente las conductas expresadas. Figuras tan importantes como la del amigo, el camarada, el colega o  el partner pueden estar diciendo lo que sea con palabras pero si sus actos no se corresponden con sus compromisos enunciados  lo que va a pesar a la hora de su análisis es esa falta de compromiso: el no acto de una conducta esperada. A escala general, esto todavía es mas imponente: la mayoría de personas conocidas son juzgadas (palabra deliberadamente elegida) no por lo que dicen sino por lo que hacen. No se tiene tiempo para escuchar o estar al corriente de todo lo que dicen con los demás, con lo cual se juzgan sus resultados, los trazos claves de sus comportamientos finales.

La comunicación interpersonal cuando tiene la oportunidad de pasar por la palabra no siempre pasa por la intención indagatoria de profundizar. La mayoría de veces se queda en el intercambio de las dos o tres primeras frases, el resto se infiere, aunque se infiera mal, o ni siquiera se infiere y carece de todo interés. Al otro se le interpreta por todos esos detalles performánticos: su cara, su tono, su acento, su voz, su vestir, su mirada, su hechura, su sonrisa. A menudo basta un solo detalle revulsivo o adverso para que se desencadene todo un proceso  psicológico interno, inconsciente en ese momento, desde luego, en contra de la empatía. Es así que el sujeto humano en sus actos de comunicación tiene una doble tesitura: una, la formal y protocolaria que le ordena que cumpla con ese prurito del igualitarismo, otra, la implícita y psíquica que le determina a hacer discriminaciones (palabra deliberadamente elegida) desde el primer momento qué tiene contacto con el otro.

El otro es alguien para referenciarlo lo antes posible para el asunto qué sea. Esa es una operación mental que dura pocos minutos, tal vez segundos. Luego, ese intérprete, en su verbología, al referir sus encuentros dirá, equivocadamente, que conoce a tal o cual sin haber pasado de dos frases mal contadas y mal dichas con esa persona. Conocer a alguien significaría demostrarlo. Poder hablar de esa persona durante horas puede ser un indicativo de que existe tal conocimiento.

En una conferencia se pueden citar muchos nombres de autores en relación a ideas o frases otro asunto es conocerlos a todos, uno a uno y poder hablar de ellos en profundidad, pasa lo mismo en la vida relacional. También es cierto que de los terceros ausentes se suele hablar más por lo que se piensa que son en función de impactos emocionales recibidos de ellos que no por indagarles en lo que son apoyando posiciones con datos y argumentos. Todo lo que pase por el conocer y la indagación mueve a no poca gente al bostezo. En el colmo de las generalizaciones resulta  más práctico inventarse cómo es el otro que no preguntárselo o averiguarlo.

El hablante es triplemente contradictorio: 1. De una  parte actúa culturalmente desde posiciones del tipo: todos somos iguales y todos tenemos derecho a ser escuchados y tiene formas actuantes corresponsivamente a ese dictum 2. De otra parte, ya en los actos del decir se filtran los inaceptables del otro hablante aunque no se le digan. Toda habla sonora funciona a dos niveles: el decir propiamente dicho y el pensar que criba ese decir, tanto el emitido como el no emitido por inconveniente. Y 3.De todo lo recibido y entregado, como unidades informativas o conceptuales, también como conclusiones acordadas, en aquellas reuniones concebidas para ser ore-ejecutantes de sus decisiones, a menudo queda poco o nada que se lleve a término, o incluso que se retenga en la memoria. El hablante tiene motivos para decir que se auto traiciona a sí mismo como tal en esos diferentes planos: en el del contacto inicial en el que no dice todo lo que realmente piensa porque las condiciones no lo permiten o no es socialmente lo adecuado,  en su propia auto-reflexión justificando sus contradicciones por el tipo de mundo en el que vive al no poderse manifestar en la totalidad de su pensamiento, y, finalmente, en su autorreducción a solo pensar lo pensable para no meterse en laberintos disertativos de los que no sepa salir o que le granjeen la fama de calentarse los cascos.

El pensante, que es –se supone- algo más que un hablante reactivo no participa de las conversaciones para quedar bien o por exigencias protocolarias. Además del guión de un diálogo tiene el compromiso consigo mismo que le cita a diario para pensar sobre la seidad, los sucesos, el otro y la propia identidad. Eso le emplaza a un entretenimiento de por vida que no le llevará a unas conclusiones acabadas, a lo sumo, a unas provisionales que le permitan seguir estando en el mundo sin dejar de ser su seidad. Dados los límites impuestos por el imperio de la forma y lso débitos generados por la pertenencia a una cultura que sólo admite muy parsimónicamente sus modificaciones, su filosofar puede ser compensado literaturizándolo todo reconvertido cada desajuste comunicacional en un pretexto para el texto. Eso lleva a una tesis crucial, que me gusta mimar, el otro siempre es útil e interesante, cuando menos como personaje, como materia prima para la literatura. Tal vez la comunicación entre un observador y su entorno no llegue muy lejos pero su análisis transcrito puede sobrevivirles, tanto al observador consciente de sus observaciones como a los observados inconscientes de ellas. La vida cotidiana no para de proporcionar discursos y discursitos dignos de gags y reciclajes para el humor más irónico o para el psicoanálisis más fructífero. Recientemente una conocida de chat me decía que si escribo es porque pretendo algo. (¿quieres repetirlo por favor? ¿Has dicho lo que creo que has dicho?).  Un simple insecto hace la conducta que hace porque pretende conseguir algo, un resultado. También los seres humanos, o ¿es que la conducta más virtuosa es la de hacer las cosas sin sentido y no me he enterado todavía? Otra compañera enlistada en el mismo medio me decía que ella nunca grababa las conversaciones por chat y que no se enterara (tono amenazador) de que se las grababan. (¿por qué ese miedo a que la propia palabra –antes pasaba a alguna gente con problemas de imagen, o tal vez perseguidos por la Cía- quede registrada? Hay quien tiene dificultadles con eso aunque luego pueda molestarse por que los demás se olviden de su nombre o de lo qué dijeron. Una grabación no es más que apuntes y la posibilidad de un rememorándum de lo dicho). Yo que suelo grabar las importantes para sus hipótesis de reutilizarlo como materiales de futuros libros (algo que no tengo tiempo de hacer) dije glups. Tierra trágame. Si bien son casos aislados no están solos. La pregunta de la una, desde una línea de pensamiento que se me escapa, y la extrañeza de la otra, me recuerdan que habría que hablar de especies distintas dentro de la especie humana.

La comunicación inter-persomal es, se mire por donde se mire, una cantera inagotable de curiosidades. El otro cuando menos sirve como personaje (una vez muerto, metafóricamente, de abono), en consecuencia siempre es una tema de observación, un caudal de aprendizaje y sobre todo una fuente de placer convenientemente literaturizado. Ese principio de rentabilización del tiempo dedicado a los demás (ya que hay que dedicárselo, al menos que se traduzca en dividendos creativos) también es aplicable a uno mismo, a quien lo dice. Mi compañera me dice que soy un gag permanente, un payaso. Una vieja amiga me decía que no había conocido a nadie que se riera tanto de su propia sombra como yo. No hay que exagerar. Soy un tipo opaco e inadvertido. Antes de nacer humano debí ser una cucaracha que me aplastarían por accidente varias veces. 

Si tomo al otro como pretexto para relatos e ironías, también para  una interminable ensayística en la que no paro de hamaquearme, también para poetizarlo y dramatizarlo, no impugnaré a quien haga otro tanto conmigo. No diré que soy inocente y mucho menos puro. Mis contradicciones, como las de los demás, me invitan al altar de las vivisecciones, como todo quisqui. Aún no abandonando la ubicación del terruño fijo y no saliendo de las dos millas a la redonda (no hace falta ser John Glenn[1] para tener una vida llamativa) todo el mundo expresa el rol de personaje objetivo del que sacar detalles que novelar. De hecho todo el mundo tiene una vida interesantes, incluidos quienes viven en el más absoluto de los tedios y aburrimientos, faltos de esperanza o de diálogos, disolutos y premuertos.

Evidentemente el otro tomado como objeto de observación puede experimentar la sensación de ser manipulado. La modelo en el plató pidiéndole poses para sacarle en sus ángulos más fotogénicos tratando de conseguir la instantánea que busca el fotógrafo no deja de serlo, también el artista que tiene que repetir el diálogo innumerables veces hasta dar una toma por buena, también cualquiera de nosotros que forma parte del análisis ajeno, y en principio todos sin excepción al formar parte del panorama lo formamos de las cosas analizables sin que se nos pida autorización para eso.

El problema no es que alguien se sienta manipulado al ser referido literariamente (escritores y no escritores lo hacemos en las conversaciones de terceros ausentes, en una buena parte pues de los actos de habla), sino que alguien deje de analizar críticamente el mundo en el que vive para no dañar la sensibilidad ajena, dejando así las verdades que sienta encerradas en el trastero oscuro de su existencia.

 



[1] John Glenn , senador ,primer estadounidense que viajó al espacio en 1962.Antiguo y futuro cosmonauta,puesto que a sus 77a estuvo incluido en el programa de vuelo del transborddor que se lanzó en ese momento.

 

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