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El Arte contra el Protocolo

Por JesRICART - 1 de Diciembre, 2008, 20:22, Categoría: The OBSERVER

La predictibilidad recíproca de los roles mutuos dentro de una cultura-navío que lleva a sus acólitos a navegar sobre aguas seguras  ha creado unas complejas filigranas protocolarias en las que todo queda precisamente colocado: desde las formas de hablar a las formas de mirar a las formas de vestir o de andar o de oír. Todos los sentidos están convenientemente controlados. Los decires de lso hablantes quedan automatizados hasta tal punto que una buena  parte de las conversaciones son puramente puestas en escena de acústicos que permitan la identificación de los acentos personales. El protocolo expresa la educación. Milenios de civilización lo han ido depurando detalle a detalle. Detrás de cada conducta se cuenta implícitamente con los patrones que la protocolizan. Es así que parte de los guiones en ejecución, propios o ajenos (incluidos los de los absolutos desconocidos) están precisamente concebidos e instalados en las cabezas de los actuantes. Es así que de alguien que llega a hacer una gestión o una compra en un mostrador no se espera que se cuele, del policía que te para mientras conduce que no sea un extorsionador, de quien te invita a cenar a su casa que haya preparado la cena, del/de la  amante con el/la que te acuestas que tome parte activa en la relación y del conferenciante que se pone a hablar de un tema sepa algo más que el público asistente de lo que va la cosa. Sin embargo el protocolo está nutrido de presupuestos y por otro lado afectado de desajustes. Las cosas no siempre, a veces nunca, funcionan de acuerdo a lo previsto, a lo protocolizado: el curso convenido empieza tarde, faltan las condiciones fundamentales o ha desaparecido el responsable de la coordinación; mientras tu llevas esperando durante una hora a que te atiendan alguien que acaba de llegar hace una pregunta al encargado y se le responde dedicándole una excesiva cantidad de minutos, el policía senegalés que te para inventándose una infracción que no has cometido espera a que le sobornes para que te deje en paz, el profesor emérito que viene a hablar de un tema punta no ha tenido la deferencia de preparárselo y dice cosas de dominio común o que ya le has leído en sus libros, la amistad que te ha invitado a su casa te sorprende diciéndote que no le ha apetecido preparar la cena y no tiene nada quedándote sorprendido y plantado, la amanta que te invita a la cama se abre de piernas y espera a que tú lo hagas todo. El protocolo pues falla no pocas veces. No en vano existe un oficio que lo regula hasta el último detalle en visitas oficiales de magnatarios. Un minuto de atención para esos gestores de las formas. Demuestran en su qué hacer lo que realmente es el protocolo: una escenificación, una teatralización de la forma relacional. No hay nada más ridículo que alguien no sepa lo que hacer en un lugar, en particular si ese alguien es objeto de la mirada y de todos los teleobjetivos del lugar, Prácticamente todo es protocolo y lo que no lo es tiende a crear el suyo propio. Las profesiones se distinguen las unas de las otras por protocolizaciones precisas.

El protocolo también es la forma de los distintos subcódigos con los que se regula la vida colectiva. Tiene por ventaja la predictibilidad antes dicha y por desventaja lo mismo, el gasto rutinario de una misma clase de formas y de fórmulas. Tan pronto alguien sale de protocolo descoloca a situación y a los demás personajes que la comparten, Si bien conocer, reconocer y aplicar el protocolo es una forma deferencial y respetuosa para con los demás, no hacerlo introduce la curiosidad, la alternativa o la fiesta lúdica.

El arte por su propia naturaleza originaria plantea formas que descolocan el protocolo establecido. Aquel busca un hueco en este o a pesar de éste. Es por el desajuste entre los dos que periódicamente determinadas formas artísticas chocan contra una inadmisibilidad de sectores que se sienten ofendidos por ellas. Todavía en la actualidad determinadas formas escultóricas como un desnudo masculino integral en bronce de evidencia explícita en el centro de una ciudad moderna como London o incluso Barcelona movería a que las voces resentidas se levantasen en contra. No digamos una forma escultórica de dos hombres acariciándose o de dos mujeres o la más clásica de un hombre y una mujer en posiciones eróticas manifiestas. Este tipo de propuestas artísticas serian termómetros de medición de la mentalidad reinante y de la capacidad popular o no de aceptarlas. El arte es un gran medidor de cada época para saber la flexibilidad de una sociedad para admitir o rechazar las novedades. Tras el potencial de provocación artístico hay artistas que se hacen ecos de los deseos del inconsciente colectivo en contra del consciente dominante.

El arte completamente previsto, organizado desde las instituciones, marcada por políticas (¿culturales?) de estado entra dentro de la duda de si es un verdadero arte. En todo caso los artistas que han trabajado para el poder (no pocos) han visto discutida su obra si se salía de tono. La reivindicación  del desnudo proyectivo, también de las escenas sensuales o eróticas, no ha dejado de ser una reivindicación de lo natural, el del cuerpo real, algo a lo que se sigue dando la espalda desde el deseo de no quererlo conocer.

Las manifestaciones artísticas contra el protocolo son múltiples. Cuando el arte ha saltado de las galerías de exposición a las paredes de las ciudades ha sido rupturista. Cuando el arte fotográfico ha salido del estudio para fotografiar grandes multitudes, también.

La propuesta artística más novedosa es la que rompe las fronteras entre los espacios tales como calle y escenario o público y actores. La calle ha sido reciclada como escenario y el público como actuante. A todo se le puede buscar su revés y su gag. Lo más serio ha sido pasado por el humor y la auto escenificación de los actos de la vida han permitido tomar posiciones más critico-irónicas de todos ellos.

 

 

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