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Los Mecanismos Sociales

Por YASHUAbcn - 12 de Noviembre, 2008, 15:04, Categoría: General

Puesto que no podemos establecer una unicausalidad estricta para los fenómenos sociales y ya que estos remiten  a un panorama de variables situacionales, cabe hablar de mecanismos sociales como aquel conjunto de factores que inciden y/o predeterminan unos comportamientos finales. Ese marco de referencia queda a medio camino entre  un vacío explicativo total y el enunciado de unas leyes estables. Los modelos sociales son los que son no por razones de azar sino por unos pasados que los determinan y la observación y seguimiento de estos permiten un cierto pronóstico de futuro pero no un diagnostico infalible. A la concepción de mecanismos se llega por una insatisfacción evidente con la explicación estadística por su insuficiencia. El cálculo de probabilidades de tendencias de conducta ausculta a la sociedad por medio de  individuos de una muestra acudiendo a su consciente, a su volición, a su deseo manifiesto ignorando sus móviles, sus tesituras inconscientes, sus deseos latentes que constituyen el parámetro que sustenta el resultado final de un comportamiento.

Ante un artefacto social (como objeto de estudio) cabe registrar su  permanencia bajo unas constantes y su inteligibilidad o presunción de nexos causales. Schelling propone dotar a los fenómenos de una historia causal plausible. Su modestia contrasta con las afirmaciones de asertividad categóricas. Las hipótesis de nexos causales invitan a  una reflexión  sobre su potencia explicativa  de la que no pueden quedar exentos los criterios apriorísticos dados en la observación.

Robert Merton, definible como estructuralista-funcionalista, teorizó acerca de los mecanismos funcionales. La sociedad no es tan solo la suma de los individuos que la habitan sino la de su vertebracioón en torno a las estructuras que los organizan, clasifican, interrelacionan y administran. La sociedad es sistema y gente. Y aquella que funciona de una manera o de otra por la fusión de su sistema concreto y de las características mentales y culturales de sus pobladores.

El momento presente, tanto en las economías de pasados imperialistas como en las nuevas emergentes,  vive en el apoteósis  del hiperdesarrollo de las técnicas informáticas y de aquellos instrumentos que posibilitan los cálculos de las realidades desde variables que sin tales medios serían imposibles. Este esplendor tecnológico no se corresponde con la instrumentación empleada en sociología, donde la posibilidad definitiva del útil matemático para producir hipótesis causales  está muy por detrás de otros campos.  Es así como la Explicación ocupa la dimensión del misterio en las ciencias sociales. Desde la teoría a la ley, sin embargo, hay la posibilidad de enunciar hipótesis causales y con ellas hacer un acercamiento  a una verdad general. Esa distancia a la ley es la misma que el conocimiento científico guarda de la verdad.  La hipótesis de causalidad trata de ordenar la mayor cantidad de datos posible, aunque no alcance a correlacionarlos todos. Las prácticas de verificación sólo quedan definitivamente establecidas con el examen de los comportamientos sociales masivos. Mientras sean detectadas tendencias del deseo consciente  por la mirada sociológica en proporciones altas que no se corresponden con las tendencias dominantes en la vida colectiva, hay que concluir que los mecanismos sociales pueden más que las personas, a pesar de sus virtuosismos, voluntades y autocríticas. Cada sujeto social es la suma de su querer y la resta de su poder dando por balance su rol por el cual es conocido y tenido en cuenta, independientemente de sus verdades o anhelos íntimos.

La sociología carece de una historia  de una teoría causal suficientemente creíble. A pesar de eso le conviene no quedarse en los datos. Su ponencia puede ser la contabilidad de los árboles que sin embargo no da la noción del bosque al que pertenecen.

Las ccss (ciencias sociales) aportan referentes estadísticos  sin cumplir con un principio nómico, sin esencializar la verdadera naturaleza de aquello con lo que están tratando. Nos conviene acercarnos a la vida de las sociedades en todo su esplendor fenoménico sin ocultar los detalles más escabrosos e interpretables. No tenemos las explicaciones de por qué seguimos padeciendo la violencia, la brutalidad y la desgracia compartida a pesar del gran caudal de conciencia pública e información sobre ella. Nos queda acudir a causas estructurales que reproducen conductas antiguas nefastas como la expresión de guiones pre-inscritos en la psique humana  dispuesta a emerger como guiones reactualizados tan pronto se reciben agresiones que se encadenan mutuamente.

La regularidad (establecida por Hume) no es el criterio atemporal con el que medir las circunstancias ya que las coyunturas más innovacionistas se distinguen por la gestación de fenómenos de nuevo perfil. Lo que cabe entresacar de cada nueva situación es lo que contiene de la anterior y detectar la reproducción de sus factores estructurales por debajo de la aparición de las novedades formales.

Si para cada presencia de A puede suceder B o no B, el grupo de variables de estado exige un analisis dedicativo, mientras que si a cada A dado le corresponde un B y sólo B que siempre guarda, en esa relación biunívoca, una correspondencia estable,  el estado de las variables intermedias entre un evento y otro pasa a un segundo plano.

 

Nos toca analizar las nuevas situaciones producidas en cada plano político por su inserción en la historia general de los hechos y de los comportamientos sociales. Lo que queda al final del balance de una historia es el escrutinio de los mecanismos sociales que mueven los hilos de todo y la corresponsabilidad que tienen en ellos los individuos en sus distintas cuotas de poder social, económico y político.

 

 

 



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