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La objeción Laboral

Por YASHUAbcn - 12 de Noviembre, 2008, 3:26, Categoría: MOVIMIENTO SOCIAL

Los movimientos de objeción de conciencia que se estrenaron para poner fin a los servicios militares obligatorios y a la asistencia a conflictos armados ajenos  para tomar partido beligerante por una de las partes en guerra; se extendieron a otros tipos de objeción más ideologistas: la objeción fiscal, para no pagar aquellos impuestos con los que comprar aquél armamento y la objeción laboral para no ejecutar aquellos trabajos bajos condiciones consideradas de explotación o indignas.

La objeción laboral existe desde el momento en que un trabajador discute a un patrono unas condiciones de producción impuestas y que no son salubres o que son peligrosas.Y existe como movimiento social en el tradeunionismo cuando vindica a escala general cambios y mejoras en las formas industriales del empleo.Pero solo como movimiento marginalista del No rotundo a los trabajos vigentes se puede hablar con legitimidad de una objeción al trabajo  tal como es presentado.

Desde la generalización de las políticas prestamistas y la estela de ETTs la siniestralidad se ha incrementado en un 41%[1]  en tan solo dos años en el ramo de la construcción, un ramo tradicionalmente  batiente de récords de accidentes. las causas tradicionales de lesiones graves y también muertes, van asociadas a las prisas y a la precariedad laboral nutrida por el prestamismo y las subcontratas.En Catalunya cada semana muere un trabajador de la construcción como promedio. se trata del dato marginado del que apenas se habla frente a otras crudezas existenciales y que sin embargo no por estar próximo es menos grave. Propuestas como la recogida de medio millón de firmas para una ILP con la que llevar al congreso de los diputados una propuesta de ley contra el prestamismo laboral, es una manera de objetar contra el trabajo bajo condiciones de inseguridad.  Para el  sindicalismo el objetivo ideal  es un mundo del trabajo donde toda la fuerza humana energética tenga empleo en una distribución equitativa. Para el ecologismo el objetivo ideal es que los detritus y consecuencias ambientales de los programas industriales no alteren a peor los ecosistemas. Para los objetores de consciencia el criterio que debe ser permanentemente respetado es la ética de cada actividad. Para éste artículo la pregunta es: ¿hasta donde pesan las ventajas  laborales que suponen entre 1000 y 2000 horas de ocupación anuales, durante 45 años seguidos si el sistema ya no puede garantizar  ni siquiera sus promesas paradisiacas del bienestar social? Ciertamente muchas empresas cuyos números actuales desfavorecen a otros cálculos previos, proponen jubilaciones anticipadas (a los 50 años, a los 55, a los 60) con indemnizaciones substanciosas y con pensiones restringidas. No todos los empleados se acogen a ellas, pero los que lo hacen se enfrentan a la tesitura y  reencontrarse con su destino, sea porque montan negocios propios con los finiquitos  o porqué prefieren vivir la ociosidad desde una comodidad suficiente. El trabajo se ha  magnamizado hasta la categoría de ser la diosa consorte del primer dios:la deidad del dinero.Sin embargo,  la paradoja de los trabajadores superactivos ha sido y es, que la energía que vuelcan desde los 20 a los 45 años de edad para hacer frente al recorrido de la zanahoria conejera que han perseguido (adquisición de patrimonio, estudios universitarios para los hijos, sucesión de vehículos, vacaciones de hotel o de segunda vivienda,...) ya no la tienen para seguir desarrollando de los 46 a los 65 y poder mantener aquel estatus acumulado. El asalariado está abocado a una vida de engaño para satisfacer las necesidades de un sistema económico para lo cual lo convierte en su aliado, y luego en un despojo,cuando ya no es óptimo para el proceso productivo. Necesariamente un dia u otra se dará cuenta de la jugada y en su mirada atrás a su pasado advertirá  el callejón sin salida en el que metió su vida.Pero ya será tarde. Para entonces sólo le quedará otro autoengaño:el de creerse que no pudo hacer nada mejor o alternativo. Hay otra vía, la de pensar a priori los pasos que la sociedad esperan de uno y medirlos a cuenta gotas sólo entregando aquellas aciones objetivamente útiles para la humanidad aunque coyunturalmente sean perjudiciales para si mismo. La oposición a hacer determinados tipos de trabajos  altamente destructivos para el entorno o para los valores humanos y subjetivamente dañinos para quien los ejecuta es más que una elección racional,es un derecho humano.A nadie se le puede obligar en convertirse en el policía de su vecino o en el expendedor de artículos  defectuosos, y sin embargo una buena proporción de población laboral ejerce tareas de control )no es necesario llevar uniformes para eso)y una considerable parte del resto hace el trabajo no por que le satisface sino como imperativo para sobrevivir. claro que el empleado acaba reconciliándose con su desgracia y saca de su chistera la ilusión de que es lo mejor que puede hacer o que eso le proporcionará curriculum o pedigree para su futuro profesional.

Esas consideraciones llevan a que alguna gente trueque su indisposición al sistema social por una objeción laboral más o menos militante que lo ha puesto al  borde de la miseria. Tal vez durante una época de su historia profesional, los objetores laborales pueden cambiar de campo de trabajo, de firma y de empresa porque el pleno empleo del mercado se lo ha permitido y su propia juventud  se  lo ha tolerado.pero llega un momento en que ni el mercado objetivo es absorbente de toda la mano de obra circulante ni  la  fuerza de trabajo personal está tan fuerte como antes. Ante tal declinación a antiguos objetores o simplemente críticos del montaje social, les queda vivir del sistema con el que tanto se enfrentaron pero jamás cambiaron.Y al hacerlo configurar un fenómeno de masas mudas pero no menos  relevante que indica como unas parte de la sociedad jamás será reducida por el resto que la domina. Las ciudades europeas de la sociedad del bienestar están repletas de  personalidades marginales que sobreviven como pueden y que no creen ni creerán en un futuro social benigno.Y aunque sigan los protocolos de  sus agentes de control o de las instituciones que les pagan, se saben vencidos en sus historias personales,quedándose para seguir en sus juegos de percepciones y de citas inútiles con sus reciclajes profesionales. Mientras las instituciones de gobierno no comprendan que el problema no está en la base social desajustada sino en el propio sistema económico y político que no ordena sus recursos, sus actividades de reparto de subsidios y de demanda de su rentabilidad no pasarán de ser velas encendidas a santos  impropios para los que los parados no sienten ninguna devoción.

Por lo tanto el pronóstico de la objeción laboral irá in crescendo a partir de edades en las que las interacciones experimentales con  le mercado de os trabajos ya no  resultan excitantes. Po otra parte las generaciones que  heredan la necesidad de la promiscuidad laboral, cambiando continuamente de empleos baratos con trabajos de poca monta, adquirirán experiencia vital pero no necesariamente profesional.De hecho el curriculum ha pasado a ser un multidocumento que se reversiona en función de lo que se busca.Y fácilmente las personas alcanzan los 30 y los 36 sin haber permanecido establemente en trabajos de especialización por los que hacerse valer en sus salarios y  cachés. No es extraño que la sociedad no  transmita horizontes en los que creer o ideales por los que luchar cuando lo más básico para una existencia: la fuente de ingresos y el cobijo no quedan asegurados.A pesar de todo la economía  tiene sus  espacios y quien  sabe organizar sus recursos sobrevive y reúne tiempo para pensar a qué ha venido a esta vida. Su exclusión del mercado laboral  puede determinar una depresión lesiva o por el contrario una objeción laboral plenamente asumida. De otra parte las constituciones revelan sus trampas y sus puntos débiles al prometer puestos de trabajo y seguridad material que no pueden garantizar. Las políticas teóricas están en manos de las políticas económicas.ante ese panorama el segmento de los sin trabajo no sólo crecerá sino que se consolidará. en lugar de crimininalizarlo como un evento en manos de  vagos y despreocupados cabe verlo como la cuna de cultivos creativos y de otras modalidades de vida. Al fin y al cabo sólo quienes están libres de  sus horarios hipotecados por los trabajos pueden arremeter las tareas del pensar, de la filosofía y de la exquisitez.Y eso tradicionalmente sólo lo han podido hacer dos clases de personas:las que perteneciendo a las clases altas tenían a otros  sirvientes que les hacían los trabajos duros, o los que perteneciendo al lumpen proletariat y a las clases bajas, reconocían que era más práctico emplear el tiempo  en  sus juegos con las musas que no en perderlo en empleos que no daban ni los mínimos para salir de pobrezas indignantes.



[1] Según datos de la Federació d´indústries de la construcció i la Fusta de CCOO  los  accidentes en obras de la construcción fueron: en 1996 se dieron 10.026 bajas , en 1997 21.183 y en 1198 26.907.

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