El Blog

 
 

Calendario

<<   Noviembre 2008  >>
LMMiJVSD
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog
 

La beca subsistencial reinterpretada

Por JesRICART - 12 de Noviembre, 2008, 15:59, Categoría: DEBATE SOCIAL

 

LA ASISTENCIALIDAD  COMO SIGNIFICANTE DE INDIGNACIÓN

LA RENDA MÍNIMA REINTERPRETADA:LA BECA SUBSISTENCIAL COMO  FÓRMULA PARA ELUDIR DEL TRABAJO ALIENADO.

LA ASISTENCIALIDAD  COMO SIGNIFICANTE DE INDIGNACIÓN

LA RENDA MÍNIMA REINTERPRETADA:LA BECA SUBSISTENCIAL COMO  FÓRMULA PARA ELUDIR DEL TRABAJO ALIENADO.

Superados los obstáculos iniciales,generalmente de orden autoinhibitorio, para solicitar un pirmi, los nuevos acogidos se enfrentan a la lucha personal contra su significante. Cobrarlo, así como recibir cualquier ayuda de un organismo privado, es  estar ostentando un gran signo de discapacidad profesional, relacional o humana, que equivale a una traducción  lesiva. La persona subsidiada es igualada a una persona sin recursos o capacidades de todo tipo para hacerse valer como profesional o como trabajador. Infiere para sí una carga de desprecio social, latente en el ambiente.  Puede ser tildado de arribista, vividor  o aprovechado,y en el fondo esas impresiones ajenas encuentran resonancia en su psique. el sujeto subsidiado se sabe apoyado por una sociedad a la que responsabiliza de sus males y errores. Presumiblemente su caída en desgracia puede  atribuírsela a la estructura social clasista.Pero un análisis más detallado de si mismo y de su proceso cronológico le dará algunos datos de su propia responsabilidad en lo que le ha llevado a la exclusión social. Ésta es la simbiosis de dos responsabilidades:la estructural-societal y la individual.

 

Las dos están estrechamente ligadas.Puesto que dentro del marco individual, el origen de clase, la formación cultural, los ámbitos, relacionales y la ubicación urbano-geográfica[1] , pueden estar marcando desde un principio una cierta predestinación social. Según la tipología familiar en la que se está inserto cabe una primera diagnosis del futuro esperado, aunque obviamente innumerables casos de desclasamiento han demostrado  que el nacimiento en las clases paupérrimas no impide el ascenso en la escala social. Pero la prognosis sociológica más adecuada es la de un cálculo desalentador de probabilidades para salir de situaciones de pobreza o de cuasi indigencia, cuando los recursos establecidos apenas dan mucho más que el coste de la supervivencia básica[2] .

 

La complementariedad de recursos puede mantener por años y lustros a los subsidiados que van consiguiendo ingresos supletorios sin salir realmente de su estado definitivo de subsidiados. Esa condición puede relegarles a un cierto ostracismo y a un incremento de la baja estima personal, por no citar otros déficits pisco.sociales de mayor envergadura.

 

 El sujeto subsidiado sin recursos ideológicos suficientes puede vivir la situación de ayudado de una manera dramática,doblegado a la significación de persona que vive a expensas del Estado y por ende, a expensas de toda la  sociedad. Es curioso advertir como ese significante puede ser introyectado muy lesivamente, cuando su naturaleza  no dista mucho de cualquier otra situación en la que un ciudadano, o un grupo de ellos, son subsidiados o becados por instituciones públicas para desarrollar un determinado programa de formación o de investigación. Si por un momento comparamos las becas de investigación o de estudios con los subsidios sociales, que pueden ser perfectamente rebautizados como becas sociales, observamos como las de primer tipo son motivo de elogio mientras que los de segundo, tienen una alta pregnancia de estigmatismo. La raíz común de ambas es sin embargo, justificar  el estadio pre-productivo (y/o postproductivo) de unos sectores sociales porque necesitan emplear la totalidad del tiempo en otras ocupaciones de tipo científico, intelectual o de mantenimiento.El estado asume esas parálisis en su provisionalidad prevista, para que los sectores  becados salgan fortalecidos y a la larga devuelvan a la sociedad aquello que han recibido. La diferencia, claro está, se halla en que mientras en unos casos, la subvención obedece al esquema de I+D[3] ,en otro sólo es para permitir el mantenimiento  social del sector necesitado. Ese mantenimiento  sería incuestionablemente eficaz, si fuera vertebrado en torno  no sólo al principio  de provisionalidad (que por el momento es bastante demagógico) sino al principio de integración social.

 

El mantenimiento[4]  social de los sectores desfavorecidos y desadaptados socialmente, alcanzaría una lógica superior si  se articulara como plataforma de relanzamiento para el compromiso de actividades socio-productivas[5] . Nadie se instala definitivamente en una situación de sujeto socialmente mantenido si es implicado en un proceso de co-creación social,y es tenido en cuenta en su capacidad de iniciativa creativa y sus conocimientos profesionales.En cambio todo supervivencial que ha probado la posibilidad de la subsistencia gratuita, puede  consolidarse en ella y demorar toda posible salida, si la oferta del mercado es deplorable.

 

 Las contradicciones del sistema son tantas que a menudo  propuestas de empleo de 40 o más horas semanales a penas supone un doblaje de la prestación conseguida. Perfectamente, si el salto de una paga a otra, no es de 1 a 5, sino de 1, a 1,5 o 2, el sujeto subsidiado puede preferir continuar con su estatuto de tal , que no de pasar a probar suerte en un imaginario proceso laboral que para nada le garantizará  una promoción continuada en el sector donde entrara. Desde luego, la urgencia en hacer un salto a la vida laboral de mercado para no seguir bajo los auspicios del estado benefactor, es la económica, pero no es secundario el vector estigmático de estar viviendo a costa de y articulado legal que no tiene porque perpetuarse[6] . en el trasfondo de toda la cuestión está una disociación entre Estado y Mercado. En tanto que el estado deja a una cierto libre albedrío´ al mercado, le toca asumir los efectos colaterales de tal decisión y la configuración de un fenómeno de marginalidad.

 

El cálculo ya no es tanto si  la marginación va a ser eliminada, como si su crecimiento va a ser soportable. El sector marginado es aquella parte asintótica de la distribución social de bienes, productos, riqueza y trabajos, que queda excluida de sus beneficios.siendo que éstos ya no se limitan al derecho al usufructo de las cosas sino también al derecho a las fuentes de producción para crearlas. Esa contradicción ya queda de manifiesto en las distintas constituciones de la UE que mencionan  el derecho al trabajo, y que al estilo declamatorio de los grandes textos fundacionales de legalidad, quedan en un discurso de intencionalidad.

 

El Estado contrae una deuda ética con  sus sectores gregarios en tanto no sabido mantenerlos en el agregado social. Tal deuda acaba trocándose en una deuda económica. La cual resignifica a quienes se hacen acreedores de ella. Los nuevos pobres se hacen hijastros del sistema,como descendientes híbridos de un estado omnipotente bajo el estandarte del progreso con una sociedad altamente innovadora que arrasa con todo aquel incapaz de seguir su ritmo. Esa cita fallida entre el estado, como gran figura de paternidad social, y la propia sociedad evolucionaria abocada a su velocidad en la creación de nuevos mercados y nuevos consumos, deja por el camino  una colección de hijos bastardos que no consiguen encontrar su lugar en le mundo. Ni se identifican con la Sociedad que los ha gestado ni con el Estado cuya función inseminadora  nunca fue más allá de  tratar a los individuos como  cosas.

 

En ese panorama la perspectiva de vida de los hijastros queda más que en discusión, pero entre la multivelocidad de una y la prepotencia del otro, unas huestes de irredentos siguen reclamando su derecho a la vida, aunque de acuerdo con  Attali[7] , el concepto de vida es impugnable cuando el  hombre existe en tanto que ente producido y tratado como objeto.

 

El sujeto subsidiado  puede hacer frente a esta perspectiva, colocándose como  oportunista del sistema, ya que el sistema no le proporciona las  condiciones suficientes para una integración de pleno derecho. Es y será oportunista en tanto que  tomará parte del pastel distributivo  haciéndose con aquella porción de la política social que habla de su condición misérrima. Podrá así enfrentar las inclemencias que le han colocado en la parte peor de la desigualdad social y costear su materialidad desde un posicionamiento de descredulidad ante todo el aparato social. Argumentos para  tal oportunismo no le faltarán: el sistema anda sobrado de recursos, puesto que sigue manteniendo una industria armamentística y unos compromisos  militares a escala continental.

 

 Y el coste de toda una aparatologia funcionarial  y unos gastos superfluos le acabarán justificando su derecho ético al cobro  de un salario social,aunque no haga nada productivo para obtenerlo. Tal vez atraviese una fase de  vergüenza personal, o prolongue el anonimato de su condición de subsidiado  ante su  ex-sector social de pertenencia y con el que conoció mejores tiempos biográficos. Tal vez siga manteniéndose en una argumentación reduccionista de que todo se debe a una incapacidad de absorción inherente al mercado profesional .Tal vez  renuncie ya al progreso profesional particularizado y deje de contar con perspectivas futuras. Pero por encima de todo  debe enfrentar el significante lesivo del que parte y reciclar su condición de subsidiado por razones de desgracia personal transformándola en una condición de becado por incapacidad objetiva del modelo en contar con la riqueza potencial de todos sus miembros. Ese resignificación de la categoría del subsidio puede rescatar  al superviviente de su condición de humillado para transformarlo en  una nueva personalidad con empuje y con capacidad de contribución. A fin de cuentas la condición  de pertenencia o no de un espacio laboral no es el único indicador sociométrico de colaboración a la colectividad[8] .

 

Y si el trabajo  deja de ser el único parámetro de colaboración social, entonces de toda la colección de posibles empleos, el sujeto marginal sabe que hay una parte de ellos que no ha hecho y que no hará nunca, o que habiéndolos hechos ya no regresará jamás a ellos. Es así, que la fractura entre paro y empleo es doble:de un lado por la asincronía entre un número de trabajadores disponibles y números de puestos ofertados;y de otro, por  la asimetría entre necesidades de mercado e intereses profesionales. siendo en esa última dislocación que en determinados momentos de la historia económica algunos sectores en algunos lugares detenten vacantes que nunca son cubiertas, cuando simultáneamente hay sectores desempleados no dispuestos a cubrirlas.  Esa dislocación ha dado lugar a repetidas polémicas sobre  una falta de  trabajo responsabilizado a los propios trabajadores abstencionistas. La conclusión errónea a la que suele llevar este discurso es a responsabilizar a los trabajadores de no trabajar, o de no querer emplearse en cosas distintas a las que desean.

 

Y ciertamente  hay una parte del argumento que acude a certezas: no todos los trabajadores admiten todos los trabajos[9] , y cada vez es mayor el número de trabajadores nativos[10]  que no están dispuestos a hacer cualesquiera cosas por salarios que no las justifiquen. En todo caso, los nativos exclusos del mundo laboral que acaban entrando en una dinámica de desempleo subsidiado y después de marginalidad forzosa subvencionada, adquieren una escuela ad hoc en su nueva condición subsistencial. Su vida puede ser parametrada seudovoluntairamente entre los límites de una existencia pensionada[11] .Solo cabe vivir con dignidad dentro de tales límites sin tener que ocultar la condición de subsidiados por la fuerza astigmática todavía vigente que recae sobre la misma.

 

 



[1] En Barcelona hay dos líneas divisorias que marcan claramente la estratificación social: una es Diagonal que separa la parte alta de la ciudad  de las clases medias y otra la gran Vía, que separa la clase media y  posicionada con los sectores más desfavorecidos, particularmente los barrios de la Rivera, el Raval y la Mina.

[2] Se considera que una cuarta parte de los beneficiarios de la RM paga más de 3/4 partes de esta en concepto de alquileres y  consumos. Cabe inferir que el dinero restante no permite la necesaria movilidad social para ser ciudadanos de pleno derecho dentro de una sociedad  que no para de repetir que es rica.

[3] Todo proyecto de Investigación  con el mecenazgo necesario que le garantice llegar a término,devuelve con creces su tiempo de estudio,al aportar conocimientos que  potenciarán el Desarrollo en aquel campo que ha sido investigado. Tal ecuación se  reexperimenta  en todas las etapas dedicadas a formación y educación. Tanto la estrictamente técnica como la parauniversitaria, hacen una inversión social en una parte de sus sectores, que en términos absolutos será devuelta cuando esos ingresan en el mercado laboral.  La ecuación también se mantiene aunque con mayor complejidad en el mantenimiento de sectores económicamente estériles, y para los que no cabe una presunción de rendibilidad ni a corto ni a medio plazo.

[4] El concepto de mantenimiento puede ser retomado en su acepción original y descontaminarlo de su variante lesiva. Hay modelos experimentales de convivencia sociogrupal en los que la categoría de mantener obedece a y na lógica aplastante de acogida  de todos en un régimen básico de igualdad, y que sea el tiempo que sea de demora en esa situación, el sujeto mantenido acaba  devolviendo  la solidaridad fáctica recrementada. La experiencia de Auroville  y su maintenance, es una ejemplificación de ello;pero también  la prestación en estados de pre-empleo para contingentes inmigrantes en Australia desde el momento de su llegada, había sido otra experiencia práctica útiles ambas para la reflexión y para su posible extrapolación.

[5] Durante un tiempo la  opción de capitalización de los subsidios de desempleo se recondujo para facilitar la puesta en marcha de empresas autónomas o microcooperativas, pero  los resultados de tal política de nuevos emprendedores  no tuvo el éxito esperado.

[6] El decreto de Pirmi, habla de una franja de edad entre los 25 y los 65 años.Es decir entre quiénes se les supone independientes de las arcas familiares y que pueden  incluso no haber trabajado nunca y quienes están en edad  de jubilarse. lo que no contempla  el marco  de esta prestación, es que para aquella gente que en la última década  de prejubilación se han acogida al pirmi, pasan de unos mínimos ingresos a la nada absoluta,sino tenían años suficientes de cotización a la Seguridad Social,. y con ella a la caída drástica de expectativas de vida.

[7] Attali,Jacques.Milenio Seix Barral.Barcelona 1991

[8] Si por un momento repasamos de memoria innumerables escenas públicas en las arterias principales de las ciudades, llenas de multicoloridad por personajes extasiantes, creativos, artísticos que imprimen  los ambientes de dinámicas excitantes, y pensamos que una parte de ellos son sujetos subsidiados, veremos que  una tranquilidad económica básica permite  una conexión del sujeto marginalidad con su marginalidad  como opción.

[9] Exceptuando las nuevas olas de inmigración marroquí dispuestas a abrazar cualquier empleo para salir adelante, siguiendo ya una pauta que se dio anteriormente con los trabajadores foráneos (incluidos los españoles)que iban a los paises de centroeuropa para obtener los trabajos y los capitales que en su país no conseguían.

[10] El trabajador nativo tiene una categoría preestablecida de superioridad y de ventajas frente al trabajador extranjero. aunque ambos compartan la condición de aslariados y de fuerza de trabajo de alquiler, los unos se distinguen por una especialidad que los otros quedan a distancia de conseguir.Eso les configura a unos como selectivos y a otros como todoterrenos.

[11] La mayoría de solicitantes masculinos de pirmi tienen menos de 45años.

Blog alojado en ZoomBlog.com