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La Renta Mínima

Por JesúsRICART - 12 de Noviembre, 2008, 15:56, Categoría: DEBATE SOCIAL

LA RENTA MÍNIMA DENTRO DE LA POLÍTICA SOCIAL

 

Si la política social no es equiparable a todos los parámetros que  son implicados por el estado del bienestar, sí implica todos aquellos de protección de los sectores más necesitados.Haciendo de la sanidad, la educación y las garantías subsistenciales los tres grandes ejes polarizantes del progreso social. 

 

Dentro de ellos,el complemento económico a los que menos recursos tienen ante las necesidades básicas, es el que ha suscitado mayor polémica y urgencia. Las rendas mínimas  para los sectores exclusos de las relaciones de producción se presentan como unos salarios sociales de mantenimiento para contrarrestar la indigencia extrema y  la indignidad, y son propuestos como unas ayudas económicas de carácter transicional  que permitan el reingreso a las condiciones  de existencialidad social y política.

 

Se trata de un instrumento de compensación interna del modelo económico  extendido por  los países occidentales de Europa. Y responde a un reconocimiento del fracaso del mismo modelo en cuanto a garantizar trabajo para todo su agregado humano en  situación laboral. No se puede pues inferir un principio de solidaridad interna,de acuerdo con el cual  la sociedad paga la vida a sus sectores improductivos. Antes bien, es un inversión de carácter político para neutralizar  focos potenciales de malestar y para rediseñar la imagen pública y de calle, eliminando los  deplorables panoramas de la pobreza manifiesta.

 

La polémica está servida desde el momento en que los sectores  ayudados son permanentizados en una transitoriedad que no tiene un fin predecible. y que unas parte considerable de  tales sectores que se acoge a la ayuda de mínimos, parece acomodarse en su estatuto de subsidiados. La comprobación de obtener los recursos existenciales básicos   sin que hagan nada por costeárselos, genera indignidad en otros sectores vinculados al universo del trabajo y que son gravados con considerables impuestos.

 

 La neutralización de unos por la vía de su acomodo material en sociedad es cuestionado por otros que basan su análisis en  la tesis de que “todo el mundo debe de trabajar y costear los gastos del sistema”. ciertamente tal tesis es inmediatamente impugnable,a partir del reconocimiento de que el universalizador todos no puede ser admitido por ningún modelo social,cuya alta heterogeneidad aporta segmentos  de inadaptación y minusvalía que  los califican  como  fuentes de riqueza productiva. Aceptado este cuestionamiento para los sectores más vulnerables, determinados por minusvalías considerables[1] ; es cuestión de tiempo y de grado de sensibilidad incluir dentro de un parámetro de vulnerabilidad a los sectores excluidos de las oportunidades laborales, sea por  sus idiosincrasias biográficas, sea por la misma remodelación del sistema económico que ha venido descartando  volúmenes de trabajadores en tanto la tendencia dominante es la de la terciarización del sistema.

 

 

Eso ha implicado la inauguración de un sistema  que determina distintas velocidades adaptativas en su seno, no haciendo posible,con las políticas industriales regentes, el slogan tradicional de trabajo para todos  o reparto  más equitativo de las rentas. 

 

Si bien el modelo capitalista se  ha distinguido desde sus inicios como una sociedad clasista  alimentadora de una fractura profunda entre poseedores y desposeídos, el sistema en su estadio del estado del bienestar no deja de servir a su fundamento estructural, generando  múltiples velocidades en la existencialidad colectiva. Uno de esos ritmos, el más a la zaga de todos los demás, es el excluso socio-laboral de larga duración, y a partir de eso el  más necesitado de las prestaciones.

 

Eso solo es posible desde  un cálculo global de la producción y la riqueza[2]  y el balance de un interés en mantener el modelo en  un proceso de tranquilidad y progreso, invirtiendo en sus sectores necesitados unos montos de capital, inicialmente como fondos perdidos pero que a la larga benefician al modelo,en tanto evita un posible foco de conflictividad latente y tiene un ejemplo social en vivo y en directo del destino social para quien se aparte de las velocidades privilegiadas de integración social.

 

La renda mínima ha sido presentada inicialmente como  una ayuda,a la cual lenta y discriminatoriamente se han ido añadiendo las personas que pedían el amparo estatal para poder seguir  con una cierta capacidad de circulación civil. Mientras que la renda en tanto que recurso básico  es defendido  por sectores críticos[3]  en otros países[4]  como un derecho  fundamental junto a  los otros derechos,  propios de la sociedad moderna postindustrial.

 

En todo momento se sobreentiende un derecho a un mínimo económico, cuya estimación a groso modo no alcanza la quinta parte[5]  del salario medio real[6] . Puesto que cualquier cantidad es buena en situaciones de penuria económica, la tramitación para obtenerlas cabe no desligarla de otras sinergias de ingresos, generalmente obtenidos por trabajos negros. En tanto que el ofrecimiento de trabajos públicos y regulados, que pasan por las oficinas del paro[7]  son la totalidad  presente en el mercado laboral, es imposible no inferir la concurrencia de múltiples empleos  que se mantienen fuera del control  oficial. No se trata de un fenómeno nuevo.Siempre ha existido como coincidente y coexistente de otros trabajos oficializados y regulados, y que -especialmente- ha absorbido a aquellos  sectores de la población con  más dificultades para un empleo fijo y continuado. Las mujeres,desde épocas remotas han congeniado los trabajos domésticos con trabajos (a tiempo parcial y desde casa a menudo)asalariados, generalmente dentro del sector del Textil y de Hosteleria.

 

Es algo que todavía sigue coexistiendo. Las pagas asistenciales aparecen después en el tiempo,cuando la casuística de los trabajos negros ha configurado toda una mentalidad consentida y contagiante y nunca puesta en duda por los propios beneficiarios de empleo.Por encima de cualquier legislación el mundo obrero priorizó el puesto de trabajo como la llave que le abría otras puertas:dándole acceso a niveles de estudio, de consumo, de salud, de motilidad y de goce existencial. Las economías domésticas precarias, con un sueldo estable pero insuficiente eran completadas con trabajos ocasionales del otro cónyuge, que combinaba el trabajo a horas fuera de casa con el determinado por el mantenimiento de la casa. Eso, propició una mentalidad divisionista dentro de las familias trabajadoras, a la vez que una articulación de recursos infinitos para no someter los ingresos a la mirada fiscal.

 

Esa amplia experiencia no ha sido desaprovechada  y el recurso al trabajo no declarado sigue  dándose fehacientemente en quiénes han educado su existencia bajo su parámetro.En particular cuando los gravámenes por trabajar y el marcaje de los impuestos directos, ha sido inferido por la clase obrera como una lesividad extra a añadir a las plusvalías que ya genera su inserción productiva. No es extraño pues, que en una época de penuria y de dificultades adaptativas al ritmo de los consumos y de uso de los subsidios como recursos extraordinarios, el cálculo de los subsidiados no se limite a su etapa de prestación y de mala suerte, sino que haga un sobrecálculo general de su existencialidad asalariada,disculpando así cualquier  osadía legalista autojustificada por su condición  veterana de explotado.Haciendo de la prestación algo más que una ayuda de mínimos ocasional,para convertirla en una vía de devolución de aquellos impuestos y ganancias  precedentes que tuvo que dar a la fuerza. Si bien la política social se prestigia y se autoacredita por  una garantía y certificación de las rentas mínimas, los sujetos acogidos a prestación,cumplen una función equilibrante del sistema económico, poniéndolo a prueba en uno de los credos más constitutivos  del estado del bienestar.

 



[1] De motricidad, sensorialidad y  cognoscitivos.También por la consolidación de  las nuevas enfermedades  psíquicas y psicofísicas de una buena parte de la población laboral que integra las filas del absentismo profesional,primero, y de situaciones de  retirada laboral total,después.

[2] La OIT en 1985 se propuso la meta de que todos los ciudadanos necesitados de un subsidio contaran con ello para el año 2000. Por su parte en 1988 el Parlamento Europeo, a pesar de que su poder legislativo sea escasamente vinculante, recomendó a los países miembros de la UE el establecimiento de las rendas mínimas.Y en 1989,el comité social y económico de las CCEE abogaba por el derecho a la prestación económica mínima por razones de dignidad independizándola de un parámetro asistencial.En el 1992 aprobó una recomendación del RMI para los países comunitarios.Y Maastrich (1993)también estableció la necesidad al subsidio independientemente de la especulación sobre su reinserción laboral. Ese conjunto de protocolos no hubiera sido articulado sin una previsión económica de su factibilidad.Es decir,de su sostenibilidad por el sistema en su conjunto.

[3] Asociacionismo de izquierdas.

[4] Holanda, Gran Bretaña, Francia,..también en Catalunya existen un grupo de presión por la Renta básica, vinculado a Complicitat 2000.

[5] Para el año 2000. una unidad asistenciada de una persona la ayuda  ha estado establecida entre 47502 pts Para unidades familiares de más de uno, hay unos incrementos  aproximdos de unas 5mil pts más por hijo. A la primera cifra,la división por 30 días, da unas 1500,poco más por día. Una cantidad cuya administración para lo más esencial: comida, alquileres ,facturas de consumo y  vestuario, impide netamente  su dedicación a gastos de desplazamiento y de gestión de búsqueda de empleo.

[6]  Los salarios para la población laboral activa oscilan entre las 225mil  y las 275mil pts mensuales. Unos 1250 dólares de media mensual.

[7]  OTGs e INEMs (Oficinas de trabajo de la Generalitat e Instituto Nacional de Empleo)

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