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Corre el tiempo de la mentira

Por JesúsRICART - 12 de Noviembre, 2008, 14:59, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

La inmersión en sociedad pasa por las conveniencias y por la falsificación. Se edulcoran las apariencias. Se trafica con noticias luctuosas y se encumbra a las personalidades más deplorables. La irracionalidad vence a todo intento de racionalidad. El negocio está por encima de la ética. El look o el disfraz, por encima de la honestidad personal. El odio por encima del amor. Los dislates por encima de la cantidad de sentencias correctas. Corre el tiempo de la mentira. Nos mienten los grandes organismos internacionales, como la Onu, para hacernos creer que los malos son los que hacen sus pruebas atómicas, como ahora Corea del Norte, y olvida las que hiciera Francia no hace tantos años y la entrada en la era atómica con el asesinato en masa  a manos de los Usa para acabar con la capacidad combativa del Japón. Nos mienten los partidos peleándose por parcelas de poder. Nos miente el enfoque periodístico infraccionando unos temas de la realidad política y callando otros. Nos miente la cultura silenciando momentos de la historia pasada que aún aguardan la justicia y el reconocimiento. Sigue mintiendo la escuela con  la defensa férrea de los valores des de actitudes unilaterales y demagógicas. Siguen mintiéndonos de múltiples maneras insultándonos la inteligencia y  esperando de nosotros la conformidad, el consentimiento y la no protesta.

 Corre el tiempo de la mentira, tanto en lo general proporcionándonos la visión sesgada de un mundo terrible  como en la vida cotidiana. Los ayuntamientos manipulan nuestros impuestos y especulan con nuestros suelos, las empresas ocultan sus beneficios para evitar subir los sueldos, las industrias alimentarias nos contaminan con productos que están en circulación contrarios a la salud.  Las cartillas escolares siguen sin recoger todos los saberes concurrentes. En las universidades todo lo que no pase por el laboratorio es mal visto.  La mentira es lo más extendido. La mentira nos mantiene en la ignorancia, factor decisivo para conceder el poder a los que siguen engañando desde sus cúpulas de decisión. No hay nada más revolucionario y rupturista con el sistema y con la ideología embrutecida dominante que el ejercicio de la verdad. La verdad nos debería hacer libres, de acuerdo con pronósticos rupturistas a lo largo de la historia.  No viene siendo exactamente así. La profecía no está funcionando.  La verdad nos convierte en conflictivos. No hay rebelión posible sin su defensa, ni revolución de sujeto sin que cada uno se la pregunte en su interior para reautentificarse. ¿Qué somos? ¿Qué hacemos? ¿Qué función cumplimos?

Podemos quedarnos a un lado y dejar pasar las bolas de los acontecimientos prefabricados para aterrorizarnos e impedirnos ser seres libres. Incluso la gente de la cultura avanzada se deja convencer por tener gendarmes mundiales como los Usa ante la supuesta avalancha musulmana en ciernes. Una compañera que aprecio me dice: “prefiero morir de un tiro en la nuca que no degollada”, para ilustrar que prefiere las invasiones de un imperio (los Usa) que la emergencia de otros (desde la geografía musulmana).

No puedo decir que estemos al borde del caos porque estamos sufriendo una versión adelantada del mismo. Lo más terrible es que el enemigo de la verdad nos vence empujándonos a  emplear el mismo método: el de no decir nuestras preocupaciones, sentimientos y conductas. La mentira es la gran triunfadora. Toda la lucha política pasa por combatirla. Las trifurcas entre parlamentarios giran en torno a sus cuotas de hipocresía. La historia la escriben los vencedores. Lo sabíamos. ¿Por qué iríamos a pensar ahora que han dejado de continuar haciéndolo? La objetividad es un concepto dejado para los manuales que el perfil del oficiante de poder tiende a usar consecuentemente.  Las cosas no suceden por el imperio de las circunstancias sino por la connivencia individual con ellas que las recrementan. Donald Davidson se hace eco de la decisión liberada de la conducta injusta por parte de quien la ejerce habiendo previsto sus consecuencias en todos sus aspectos y sin embargo la hace[1]. La noción interiorizada del mal es un universal categórico tan estructuralmente blindado que la falta de ética personal tiende a ser justificada por la mentira dominante a escala general.  Todas las culturas tienen ubicadas en sus mitomanías las relativas al mal afirma con rotundidad J.A.Solís[2]. El mal ocupa los palcos de pleno derecho de la Historia. Si siempre ha existido puede proporcionar la coartada a los más débiles para continuar sufriéndolo sin presentar batalla. La mentira es una de sus versiones más popularizadas.  La mentira ajena influye en la verdad propia. La altera. El coraje siempre pasa por  desmontarla y la lucidez por no caer en la trampa de ninguna de ellas por mucho que sea repetidas por los estados mayores y los núcleos de poder de cualesquiera de las zonas en las que nos movamos.  La hipótesis de que la verdad es un factor de libertad sigue siendo válida aunque su triunfo sigue siendo demorado.

 

 



[1] Tomado de la cita que le hace Joel Feinberg en tanto que compliador de textos en su introduccuión a Conceptos Morales. FCE México 1985 p.29

[2] José Antonio Solis. El origen del Mal. El arca de papel editories. La coruña 2002 p.18

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