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Vender Futuro

Por Néstor Estebenz Nogal - 3 de Septiembre, 2008, 22:57, Categoría: COYUNTURAMA

El futuro es un concepto importado de occidente que va unido  a los objetivos del desarrollo. Algo que es incomprensible para el punto de vista de las civilizaciones con silos de reservas  y graneros es que haya pueblos que vivan al día, que sean trabajadores ocasionales de cultivos pluviales, que su perspectiva de planes no vaya más allá del año en curso como mucho. Algo totalmente  inaceptable para el mundo de la banca, del ahorro, y de toda clase de tesis de proyectos.  El sistema económico necesita vender el futuro; de aquí todas las argumentaciones sobre seguridad, descendencia, linaje, custodia patrimonial, buen nombre, intereses, réditos `para que la gente termine enmarcada dentro de un panegírico excelente despues de un currículum lleno de objetivos conseguidos y de triunfos demostrados. Toda la ideología del futuro material garantizado guarda una sospechosa conexión con la ideología de las promesas y esperanzas del mas allá celeste paradisiaco en el que no haya que preocuparse por nada y todo sea gozo constatado. 

La fractura de esa misma ideología de la promesa del futuro confortable se revela cuando éste se convierte en factor de estrés más que de seguridad. A fuerza de trabajar por el mañana nunca se vive ‘plenamente el hoy. A fuerza de garantizar los capitales se termina por utilizar el porcentaje menor de ellos durante toda la existencia. En países con crisis inmobiliaria (no en el sentido de su venta sino en las dificultades de su compra) una de las trampas paradójicas en las que caen generaciones enteras es que se hipotecan por adquirir propiedades que la mayor parte de sus vidas no van a ser los dueños totales de ellos. El mismo capital de sus compras generando réditos permitiría una vida sin preocupaciones (ociosa sí pero totalmente desestresada) si el estatuto de exigencia no pasara por el de la propiedad.

 Esta es una crítica  extendida y reconocida que ha dado lugar a actitudes dentro de los primeros mundos de pasotismo, abstencionismo laboral, marginación, adicciones y desgaste existencial. Hay gente que prefiere, sumida en una cierta conciencia vaporosa sí pero lo prefiere,  el gozo a ultranza de unos pocos años que no la garantía biográfica insípida de muchos. Las personas que tienen el futuro garantizado, porque los códigos de sus países se lo permiten, con pensiones, poder adquisitivo y propiedades no pueden entender o se niegan a entender que otras vivan al dia a dia. No hace falta ir a los países más subdesarrollados para encontrarse con personas dotadas de una psicología subsistencial y despreocupadas por sus futuros personales o –lo que puede ser peor- dejando que otras (la familia, las amistades o el estado) se ocupen de ellas para mantenerlas con vida. El subdesarrollo es algo que coexiste con el maxidesarrollo, basta ir a los perímetros urbanos de las grandes ciudades para comprobarlo. ´Cerca de Madrid esta uno de los bidonville más populosos de Europa.

La mentalidad materialista del porvenir tan arraigada en las sociedades del consumo experimenta una cierta vergüenza ante las actitudes espontáneas de vida faltas de  mínima planificación. El gran problema de estas es que no constituyen un modelo con poder de atracción para seguir. Los vagos que dedican sus ratos a alcoholizarse y que se les ve en innumerables puntos de la vía pública de Europa, o los vagos que pasan sus ratos bajo las sombras ostentando toda la improductividad que tienen mientras sus mujeres trabajan en innumerables puntos de los espacios públicos de África forman parte de la escenografía que menos dignifica a la condición humana. Sin embargo hay un punto de conexión entre el indigente excluido o autoexcluido que jamás se insertará en los países ricos y las culturas integrales de la indigencia que no se plantean el futuro como conquista sino a lo más como una hipótesis menor. Desde el punto de vista del desarrollismo, que la esperanza matemática de vida de algunos países no alcance los  50, o que la mitad de niños nacidos fallezca es escandaloso. El desarrollo desea maximizarlo todo: vivir más, tener más, adquirir más, perpetuarse más. El subdesarrollo no se plantea nada de eso, su perspectiva es feliz garantizando la siguiente comida o los tres siguientes platos. Los miserables de Europa  tienen por tema dominante en sus conversaciones el acceso a la comida y en que ha consistido el menú, los africanos instalados en la pobreza se dan por contentos con el siguiente plato de akassá.

 

La disertación sobre el desarrollo en los países pobres y la disertación sobre el neo-desarrollo en los países ricos no vienen tan justificadas por las necesidades materiales primarias de la existencia como por las necesidades estructurales del sistema económico. Su esencia estructural pretende los beneficios, no la solidaridad, en los que están entrampados un volumen creciente de individuos. El capitalismo avanzado vende al capitalismo atrasado la noción de futuro y apoya eso demostrándolo en actualidades supermodernizadas que maximizan el confort. 

Nadie desea deshidratarse y achicharrarse bajo el sol si puede disponer de una estancia climatizada o deja de acudir a espacios pensados para el ocio y el placer para compensar otras fatigas en las épocas laborables del año. Es interesante comparar la necesidad económica de occidente, revestida de una patina cuidadosa de paternalismo proteccionista, en extender sus mercados y aumentar el potencial del mercado adquisitivo con la de, todavía amplias, zonas del planeta instaladas en la miseria, las catástrofes y el dia a dia.

 Al mismo tiempo el pensamiento de la vida en clave presente que la piscología de la gestalt ha hecho famosa con el vivir en el ahora y aquí es mas un producto de las sociedades de la abundancia que no las de la escasez, pero es en éstas donde mas se aplica esta idea: no hay tiempo para planificar el futuro porque su hipótesis es quimérica, en cambio el perfil occidental a fuerza planificarlo se rinde tanto a el que deja de vivir su presente.

La contradicción del capitalismo desarrollado es que si bien puede vender futuro no puede garantizar un futuro de calidad. Las sociedades ricas no son precisamente la panacea de la felicidad y sus excesos de control represivo hiperburocratizan estados frente a sociedades civiles cada vez más alienadas y sin destino.

Las imágenes de la miseria que hipersensibilizan tanto no pueden ser toleradas por la sociedad del consumo y ésta se aboca a ayudar con recursos materiales, pero de paso a imponer formas de vida que tampoco son una verdadera maravilla en sus zonas de exportación. Vender futuro es el capricho occidental al que, desde luego, se suman las clases mas interesadas en el desarrollo de los países que reciben ayudas en concepto de cooperación. 

La gran familia humana es multicolor y diversa con apetencias existenciales distintas, con valores que no son compatibles. En distintas épocas personalidades exquisitas de las ciudades lujosas europeas fueron a buscar la autenticidad humana en otras latitudes del planeta que vivían bajo techos de paja o en la intemperie.

La contradicción del cooperante moderno (generalmente un técnico contratado) por el desarrollo es que importa unos valores que pueden interferir en la espontaneidad creativa de los sitios o encontrarse con su rechazo tácito aunque no sea verbalizado. La tecnología de trinca que deviene obsoleta al poco tiempo de ser entregada  por un mal uso o una falta de mantenimiento es una expresion muy concreta y muy comprobada de ese rechazo. Hay que admitir el derecho a una idiosincrasia local del subdesarrollo conectada con la desidia, el desinterés, la parálisis productiva, la desmotivación, el cansancio o la vagancia por no citar la ausencia de una inteligencia adaptada. El que ayuda reconoce al ayudado en tanto dice gracias y se pone a la altura de la ayuda vinculando su vida a ese nuevo significante. ¿Y si no lo acepta? ¿y si sigue prefiriendo la miseria o el infradesarrollo a la promesa de un futuro mejor? 

Tal actitud psicológica esta más que repetida y demostrada en la indigencia europea haciendo de la inserción un titulo lujoso para proyectos que en muchos sectores sigue fracasando. En la libertad de las personas una premisa consiste en aceptar que vivan como quieran aunque eso les suponga el acortamiento de su existencia, la contracción de enfermedades o el dolor. Hay una parte del sufrimiento humano autocontraído voluntariamente.

La gravedad de esta línea discursiva es que llevaría a permitir que cada cual se enfrentara a las consecuencias de sus actos. Las culturas religiosas no lo pueden permitir y la mínima empatía solidaria tampoco. Un ser humano reacciona ante otro que sufre aunque lo cierto es que el primero reacciona mas cuanto mas cerca tiene al segundo y más evidente es su sufrimiento. Trata de actuar interviniendo y por tanto incide en su destino. Del análisis de las prácticas de solidaridad  se derivan tesis que sustentan el beneficio del sistema por encima del beneficio de las personas, Evidentemente dejan resultados pragmáticos, el colonialismo también los dejó.

Vender futuro es el gran sueño del mundo materialista. Es así que la longevidad doblará a las perspectivas biográficas más longevas. Se vivirá más pero con más patologías y déficits. ¿Para qué comprar tanto futuro si se carecen de razones suficientes para dotar de contenido al presente?  Desde la novela ficción se ha especializado con la vida de una persona empezando al revés. Salir de su tumba en la que fuera encerrado como cadáver de  viejo para irse restando tiempo en la medida que fuera transcurriendo y volver al útero en cuanto llegara a su dia cero. Seguramente los individuos serian más sensatos, conscientes y filósofos con sus vidas.

Volvamos a la cruda verdad: hay una parte del mundo que se ocupa en planificar el futuro y otra que se rinde a las inveteradas excusas que tiene a mano: falta de medios o limitaciones geoclimáticas o agotamiento de recursos natrales. Un alto porcentaje del desarrollo en el mundo esta en manos de los planes de los países desarrollados. A falta de auto asunción en sus destinos de los estados interesados lo hacen otros por ellos. En lo económico sucede lo que ya advirtió Arnold Tonybe  que podía pasarles en lo social a todos aquellos que no se ocupaban de la política: ser victimas de gobiernos de individuos que sí se ocupaban  de ella.

Quienes hemos abandonado la política activa para dedicarnos a la filosofía o la meditación no podemos por menos que reconocer esa condición de victimidad. Ahora con la critica ante el reto desarrollista de todos los países sin que los interesados, desde la pobreza, sean los primeros en tomar parte activa en su proyecto, nos toca advertirles que si no enfrentan su propia visión de visión de vida terminaran obedeciendo ordenes a los intereses del mercado mundial. 

 

 

 

 

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