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Participación Comunitaria

Por YASHUAbcn - 3 de Septiembre, 2008, 23:14, Categoría: DEBATE SOCIAL

De la idea de <participación> se ha hecho consigna voceada de manifestación callejera (“¡vecino únete el problema es de todos!”), teorías estupendas sobre colectivismo o cooperativismo; recurso de partido político  amenazando con acudir a las masas, motivo de posgrados o másters para negocio de universidades e hipótesis de sociedad que basa su desarrollo en sus recursos humanos. En la práctica, la  participación comunitaria esperada nunca se corresponde con la verdadera o la obtenida. Las propuestas desde distintas instituciones, pero también  desde grupos opositores y renovadores, no son correspondidas con las asistencias masivas de las gentes, objetivamente, interesadas en los temas convocados. ¿Qué es lo que pasa? ¿La gente está tan alienada y es tan sorda que no es capaz de considerar propuestas de trabajo organizado para mejorar su condición social? o ¿es que una cierta intuición  negativa apoyada con desconfianza se ha apoderado de multitud de conciencias que prefieren seguir estando en el anonimato, la marginalidad y la revolución casera que no en el ejercicio público de los derechos cívicos como ciudadanos con derechos reconocidos? El problema no es si hay disposición o no a participar en el cambio de realidad por un modelo mejor. El problema es el tipo de convocatorias existentes y la saturación sonante ante los discursos políticos sean de un color u otro. Participación sí que hay, lo que falta es la sensibilidad y la articulación de instrumentos organizativos para recogerla.  Deseos de opinar sí que existen: ahí están la multitud de fórums digitales recogiendo  una inmensa variedad  de comentarios e informaciones desde todas partes y todos los campos. Deseos de participar en el mundo sí que están: actitudes de vanguardia, propuestas artísticas, nuevas formas de subsistencia, nuevas maneras de relacionarse. Lo que parece que no existe tanto es deseos de participar de acuerdo a los cánones que están previstos. Alcanzado un nivel de conciencia crítica es difícil que la gente se preste a hacer de comparsa una legislatura tras otra con nuevas y asombrosas propuestas de coparticipación. El movimiento social no empieza nunca el día en que alguien desde el poder reconoce que existe o que tiene un pensamiento rico y plural. Y el movimiento social no se manifiesta de acuerdo a las previsiones institucionales. La gente cansada de políticas, de las unas y de las otras, vive sus vidas desde otros goces mejores que ir a calentar asientos para reuniones que no sirven de mucho salvo consolidar las relaciones de grupos en torno a la nada o a su supuesto mesianismo y petulancia vanguardista. Puede haber tanto o más contenido en una sobremesa con tiempo para hablar que en una reunión de un grupo político o en una candidatura, ésta sí, para mejorarlo todo. La diferencia estaría en que una reunión no pretende ninguna acción ejecutiva de cambio y la otra sí. Mientras aquella se salva de las críticas porque no ha prometido nada ésta es reo y convicta del repudio cuando no es capaz de resolver cuestiones mínimas de alumbrado o de contaminación y sigues con las tradiciones de los gobernantes precedentes aunque sean de ideologías opuestas. En resumen, lo grave no es  que la gente no participe (hay mucha que lo hace desde sus recursos) sino que se la quiera participar sólo por los conductos reglamentarios y previstos.  Hasta ahora las tentativas de los ayuntamientos en tener foros sociales locales para tener un substrato permanente de la opinión pública (no de la mediática que la controla, entendámonos) han fracasado o se han quedado en pintorescas o electoralistas. El desprecio a las posibilidades de la democracia electrónica sigue fehaciente. Y por el lado de las tentativas de grupos de izquierda con su subfilosofía de sálvalotodo no parece que piensen en términos de alternativa no ya a la historia y a la sociedad sino a sí mismos en sus modelos obsoletos de trabajo, reflexión y agrupación. Mientras la gente vaya a colocar a su hombre como pica de Flandes en la institución seguirá prevaleciendo a la lógica del materialismo del poder  que a la defensa de la obra creada, de la innovación constituida, del mundo re-hecho.

 

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