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La nación en minúscula

Por Néstor Estebenz Nogal - 3 de Septiembre, 2008, 23:17, Categoría: DEBATE SOCIAL

Las imágenes que hemos visto por televisión felicitándose recíprocamente los parlamentarios catalanes por aprobar el Nou Estatut, contrasta con la escasez de adelanto de contenido del mismo  en relación al vell Estatut. La cuestión crucial  era, es y seguirá siendo el reconocimiento de Catalunya como una Nación, lo cual por lógica elemental de primer curso, crea un conflicto con la definición constitucional de España  también como Nación. Si en el momento de redefinir España a finales de los 70 ya se fracasó al aceptar ese término en lugar del de  Estado Plurinacional,  se sigue fracasando ahora al colocar en letra minúscula, como por la puerta de atrás, la condición histórica de la personalidad catalana que sigue limosneando y pidiendo más que exigiendo e imponiendo su hecho diferencial. La España plural de ahora no lo es menos, en todo caso lo será más, de lo que ya lo había sido la Hispania romana, la España de los Reyes Católicos o la del Franquismo. La palabra nación para una autonomía (por cierto, palabra eufemística para diluir el valor de la otra, faltando a la verdad puesto que ninguna autonomía lo es frente al estado central) implica el reconocimiento de su misión histórica a tener estado propio e independiente. Otra cuestión será si las circunstancias del futuro aconsejarán o no una independencia. Desde el punto de vista del gobierno actual cualquier matización que quiera hacer a la palabra lo estará haciendo a esta perspectiva potencial del mañana. Reconocer una nación pero no aceptarle su libertad de elegir su  propio destino sigue en el campo de la demagogía. No reconocerla es seguirla sojuzgando bajo el peso opresor de las secuelas de una idea subyacente de  imperio.

La autofelicitación de los parlamentarios ha sido  exagerada, porque la propuesta  que han envíado a Madrid está suficientemente descafeinada para hacerla aceptable por un estado que indistintamente del gobierno de turno que tenga no está dispuesto a conceder libertades nacionales reales.  Las distintas  nacionalidades de facto las tenemos en varios territorios internos de la geografía hispánica. Nos faltaba y seguirá faltando los reconocimientos de ellas en el estado de derecho.  El gran terror de los conservadores en reconocérselos a Catalunya  los convierte en los principales desestabilizadores de la cultura al amenazar con la balcanización de estos territorios. Lo que no saben es que antiguos países que forzaron unidades como Yugoslavia ya no existen como macropaíses y que el destino histórico de cada una de sus naciones ha sido florecer brillante e independientemente junto a sus vecinos dándoles la potestad por tener más o menos transacciones comerciales con ellos lo mismo que con otros más distantes. ¿Es tan grave esto?  ¿Porqué llevar al terreno de las amenazas lo que espontáneamente todo el mundo sabe solventar de la manera más práctica con su vecindario inmediato? Así como el vecino de rellano no tiene porque ser nuestro amigo ni tiene porque contestar a nuestro saludo y en cambio sí tenemos una mejor relación con los  de otras plantas o bloques u otras partes del ciudad, también puede suceder que las relaciones inter-naciones sigan el ritmo marcado por las diplomacias, las empatías y las necesidades recíprocas sucediendo perfectamente que los representantes de un estado negocien y se pongan de acuerdo con los de otro que aún estando más lejos proporcione más estabilidad o ventajas que el más próximo. Este es el verdadero terror de los españolistas que, no lo olvidemos es el nacionalismo más feroz que ha exhibido la historia hispánica.  En caso extremo ya  encontrarían un Tejero o un Milan Bosch  a la medida que nos envíen los tanques para destruir las instituciones y símbolos catalanes. Si tanto temor tiene la derecha de la desetabilización del país hasta el extremo de otra confrontación  en términos de guerra civil debe ser porque se nutre de las informaciones de los sectores más fanáticos del inmovilismo social. Con lo cual se hacen sus representantes en lugar de ser sus reeducadores. Por otro lado en sus cómplices en tanto no los rebaten o delatan públicamente por anticonstitucionales. Más bien parece que son esos mismos representantes los que se cuecen en su salsa del temor con un discurso monocorde que no va más allá de razonamientos primitivos. ¿De verdad son representantes del sector social que los ha encaramado al poder? No me atrevo a creer que especímenes como Aznar, Rajoy, Acebes o Ibarra (aun perteneciendo a formaciones políticas distintas pero a una misma catadura de humanos) sean prototipos de la España profunda o mesetaria. Tengo en más alta consideración a mis conciudadanos para pensar que puedan sentirse representados por las majaderías que dicen aquellos aunque los hayan votado. En todo caso mientras su discurso  anti-nacionalidades tenga audiencia  mediática y resonancia pública es que todavía hay mucho que hacer en nuestras latitudes para llegar a una reconciliación entre los pueblos.

Mientras vamos  atendiendo a la lentitud elaborativa de decisiones parlamentarias en un proceso tan aburrido como poco creíble la vida real sigue su curso: todo el mundo sabe que España es un estado con unas cuantas naciones sojuzgadas y eso lo mantiene en una conflictividad latente que podría perfectamente evitarse con el simple reconocimiento de los derechos nacionales y la aceptación de una representación soberana independiente de cada nacionalidad en los órganos representativos de la Unión Europea.

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