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La Política

Por Néstor Estebenz - 3 de Septiembre, 2008, 23:02, Categoría: MOVIMIENTO SOCIAL

No apelaré al  tan recurrido concepto aristotélico de que todo ser social es político por antonomasia. Premisa ciertamente incuestionable pero no-menos  ventajista  o demagógica, que en mi biografía me afectó de una manera total e incisiva, asociando mi vida al concepto supuesto de la palabra que añadida a la previa de lucha, me iría configurando como un ser fundamentalmente social antes que individual. Pero 11 años de lucha política valieron por toda una guerra y tras cientos de actos de protesta y miles de horas de discurso utópico, me ví un día inaugurándome en una transición de reflexiones de contrarios y desembarazándome del proceso en el que estaba. Bastaron pocos años para perder el hilo de una gran parte de aquellas historias y mis deseos de autodespolitización hicieron el resto. Nunca cerré del todo una posibilidad de retorno a la actividad política, pero desde 1979 no solo no me he ocupado de ella, sino que ni siquiera me he mantenido como observador participante en las coyunturas. A lo más me he mantenido como observador filosófico y como crítico de base, pero en los trazos esenciales de las cuestiones sin hacer un seguimiento día a día y  noticia a noticia de las declaraciones de los principales protagonistas y antagonistas de las galerías de los posicionados públicos. La cuestión es que me retiré de la militancia revolucionaria y de la acción político organizativa sistemática, convencido de que la  actualidad  del último cuarto de siglo lo más que permitía era la actividad testimonial y no la oportunidad de re-dirigir la historia humana hacía  las cotas del socialismo y de una felicidad comunitaria sostenible. No pasó mucho tiempo –aunque sería tras unos años-para que el propio vocabulario filocomunista  dejara de poblar mi literatura y mis palabras habladas. De hecho sin hacer un acto de renuncia formal a la metodología básica que se suponía me abrió los ojos ante una realidad tan difícil de aceptar como de comprender. Fue el imperativo de la re-sementización dominante con respecto a la división de bloques en Europa y a la propia pérdida de credibilidad de las organizaciones políticas de izquierda y marxistas-leninistas, lo que me iría apartando de los postulados clásicos y en particular de una necesidad de oposición estratégica al estado. De no haberme posicionado en estos términos, con total seguridad habría seguido el proceso de trans-organización de otros, pasando de OIC a PSUC y de aquí a la vida política pública desde donde con un cincuenta por ciento de convicción y el otro cincuenta de arribismo podría haber hecho un currículum de méritos para ser votado en candidaturas y de aquí vivir como un profesional político. Jamás me planteé tal extremo, aunque aquellos años de transición interesados dieron muchas sorpresas y entre otras, que personajes que nunca habían hecho nada en el período duro de la dictadura y de la clandestinidad, luego emergieran, como Toni Soler, cuales setas de temporada y optaran a cargos municipales. Nunca he experimentado ninguna admiración por esa clase de apariciones, como tampoco por los viejos “camaradas” que haciendo de su capa un sayo se fueron a lidiar a instituciones como miembros de nómina o a parlamentos con manuales de oratoria. Pasados los años y  no precisamente como espectador de los rapports de las contiendas verbales en los parlamentos, estar en ellos no es muy distinto de estar ante un público desde un púlpito o un escenario, desde los que se pueden divisar plateas y presumir que sectores van a estar de acuerdo y que otros se van a indisponer antes el mensaje emitido. La ventaja de los parlamentos es que los diversos sectores ya están posicionalmente colocados de tal manera que pueden adivinarse las salvas de aplausos o de pitidos y las razones de sus procedencias. En resumen se trata de representaciones con guiones donde no hay tantos imprevistos o novedades como puedan suponerse. En realidad cualquiera mínimamente entrenado/a en las dotes de la prosa y suficientemente conectado a bases de datos y fuentes informativas podría dar la caña en las instituciones y en los foros en general y mucho más en los parlamentos en particular. Vivir de la política no deja de ser un arte, y casi pasa a segundo término la orientación concreta.  Ante los políticos profesionales se puede opinar  innegablemente que guardan el común denominador de tener sueldos obtenidos de los impuestos públicos. No es ahora el momento de cuestionar la legitimidad de un parlamento pero sí de recordar mi línea antiparlamentarista en la época de una radicalidad extrema. En la actualidad intervenir en la lucha política se hace inconcebible sin la participación en los foros instituidos previamente, es decir en los marcos legales, y por consiguiente en sus organismos estelares:  los lugares de decisiones y elaboraciones legislativas. De hecho supuestamente los parlamentos son los lugares de síntesis de las conversaciones a todos los niveles y de los debates públicos que haciéndose suficiente eco de ellos, vetan o apoyan tales medidas de aplicación a la sociedad y de vinculación amplia a sus miembros. Luego la vida política real está llena de zancadillas y trampas y posiblemente ese baño frío en las verdaderas relaciones humanas ya me asustó lo suficiente en su momento de idealismo y de ilusión por el ser humano, como para desear bucear más en la condición del género humano y sus atrocidades y traiciones. No era necesaria tanta formación para hacerlo: bastaba apostar por estar en los circos que demandaba el presente y llenar espacios en la escena pública, aceptando de antemano todo lo que pudiera venir. Mi proceso siguió otra vía al amparo del criterio de la unidad de acción y la toma de acuerdos en lo concreto. criterio que a pesar de su indiscutibilidad, fue apartándome de los escenarios de debate. Acabaron las sesiones maratonianas corupusculistas y acabaron otras muchas historias de pasiones. Deje entreabierta esa puerta de retorno pero ya nunca más se reunieron circunstancias de invitación y de deseo como para volver a tentar mis osadías en el mundo de la política. Enseguida pasaron los primeros 80 en los que decidí ocuparme de mí en lugar de ocuparme de la sociedad, y los segundos ochenta en los que tenté un modo de vida supuestamente alternativo en las tópicas de Virgilio y unos terceros ochenta en los que me moví un poco por las geografías para verificar los vaticinios de las realidades equivalentes, a pesar de las morfologías dispares, para luego reprender unos primeros 90 con  presupuestos de reinstalación, reubicación y arraigo y unos segundos 90 con tentativas de retorno a la vía social activa y unos últimos 90 de retorno entrecomillado a la arena de las políticas, por el brazo de los temas ecologistas. Sé perfectamente el punto en el que estoy, y lo que ha variado y lo que se ha mantenido igual. A ratos las reuniones de ahora me parecen iguales a las de hace veinte años, con intervenciones de personas como Isabel Salgueiro o Paco Martínez, que podrían tratarse de las mismas de una manera extempórea y a ratos vivo unos modos prácticos y efectivistas impensables para la otra época, en los que el E Mail y los ciberespacios acaban por suplantar el valor de la palabra colegiada en un comité determinado que ha pasado a vivir a expensas de las fuentes nutricias principales de la información y de los canales informantes. Sin duda la revolución, si hay revolución, se hace- si hay alguien que la esté haciendo-, por cables aunque queramos insistir en que la presencia  corporal, físicamente organizada y concentrada en un punto dado, sea necesaria para recordar a quienes desoyen las palabras que hay una disposición más contundente para llevarlas a término o para que cuando menos sean oídas. Todo sigue formando parte de la farándula social, ante la que yo estoy apartado del discurso de capitalizarla. Recojo y reconozco disidencias por doquier, pero advirtiendo a la vez que entre los marcos de disidencia pueden haber tantas diferencias como entre cada uno de estos y el objeto o la política oficial de la que disienten. Ni siquiera actualmente estoy en una posición clara, aunque esté ya integrado en varias estructuras que pueden corresponder a siglas: la coordinadora via verda, la coordinadora de plataformas de oposicion al TGV, Ae, el grupo portavoz de EU en CRD, la XCS  y un vínculo inoperante con el  FCSB. Con  todo solo me veo envuelto de nombres y significantes a los que añado mi propio nombre personal y significante. No me creo más  útil ni más importante por el hecho de haber tomado esta suma de contactos. Solo sigo siendo un explorador de la realidad y evidentemente retomar contacto con trenes de antaño, significa que hay variaciones sustanciales: La primera es la de los viajeros que ya no son los mismos, la segunda es que los comportamientos de funcionamiento  son muy diferentes. Hay gente que se mueve pero no siempre intelectualmente preparada para el tema. Por una parte todo es lo mismo, por otra todo ha variado. Me veo contrastado tanto biográfica como socialmente. Sin duda el baño de gentes y nuevos contactos puede crear un marco ilusorio en el que incluso la vanidad puede ser exacerbada. Pero no pierdo de vista el lugar que ocupa en mi actualidad tales redes de contactos, la de un orden terciario después de lo profesional y de lo privado. El verdadero cambio de las neuronas humanas pasa por cada circunstancia íntima y no queda decidida para siempre en declaraciones de derechos humanos o de constituciones o de líneas de partido. Pero  esta ordenación puede ser confundida cuando en una semana tenga más contactos de tipo político o reivindicacionista, que de tipo  lúdico personal o profesional y debo de reconocer que mi campo profesional no es precisamente una empresa empopada sino que está limitada a una muy despoblada cartera de clientes. A pesar de todo la inversión de un tiempo en unos debates y unos careos con personas interesadas en cambiar poco o mucho el mundo circundante o dejar tras su paso, la huella de su contribución a ello, deja/rá consecuencias de relación con alguna proyección profesional también. Entretanto algunos contactos como con Ramón Caralt (de l´ Esbornac) O Paco Anguera pueden justificar ya unos ciertos esfuerzos. Otros foros, como el reciente de la sede del PCC en BCN para dar cuenta del proyecto de finanzas dentro del proceso constituyente de EU, fue un baño entre más de cientos de personas a los estilos PSUC de antigua usanza y en los que me permití una intervención estableciendo una condición de observadores en lugar de participantes. De hecho se trata de un proceso para-IU, la única izquierda alternativa electoral posible a la socialdemocracia para algunos, pero que dadas mis escuelas radicalistas, me cuesta de admitir, en particular con su portavoz Julio Anguita al frente cuyos portes y ultimátums no me convencen para nada. Teniendolo en cuenta todo, seguiré participando del proceso con una cierta moderación y vigilancia crítica, reconociendome que a estas alturas no tengo decidida una permanencia ni en este proceso concreto ni siquiera en los marcos operativos medioambientales, aunque estos obviamente, al tratarse de reivindicaciones concretas, resultan mas polarizantes y claras que las otras. La política tenía ya bastante mala prensa antes de empezar a cortejarla a finales de los 60.El resumen sincrético de mis codeos con ella, reforzarían opiniones contrarias antes de empezar y que no deseaba admitir. Necesitaba mi oportunidad histórica para equivocarme y me equivoqué. En la actualidad y desde los 90 mi relación con los ámbitos que la profesan es aséptica y distanciada. Hay un algo de guerrerismo en los espacios de compromiso y de lucha, donde cada uno puede hacer sus grititos personalizados, pero no caeré en el espejismo de antaño de creerme una pieza importante del puzzle de las afirmaciones. Lo  que sí me  permitiré es seguir tratando la información que me llegue como un tema de reflexión y un pretexto desde el que escribir textos. Es decir el ejercicio de la posición intelectual que tampoco varía tanto de la ejercida en reuniones orgánicas con contribuciones discursivas de matices que pueden dilatarlas hasta tal punto de desconectar a una parte de asistentes, más interesados en la acción pragmática. Los personajes destacados y reconocidos de otras épocas como Celestino Sánchez , que ahora me encuentro ya no mueven, a ningún interés. Después de estudiar procesos psicoclínicos detrás de las conductas humanas ya no creo que nadie me cuele el gol del altruismo social. Las esferas que integran la sociedad y el mundo son miríadas intrincadas de redes de complementación y rivalidad en precarios equilibrios ,donde razones de reafirmación personal pueden primar por encima de las razones de movimiento o de sociedad. Incluso en última reflexión las razones de organización o de estado, no son sino razones particulares donde el individuo protagonista amplia su espectro protagonista a su inmediato círculo de influencia que lo representa. Enseguida se ve quien está en disposición de admitir el concurso cooperativo, es decir  la disidencia. Hay muchas técnicas implícitas para acallar el debate o para conducirlo hacia posiciones aparentemente democráticas pero prácticamente insolventes. Es mayoría la gente que ha sufrido en su propia trayectoria la indignación de pertenecer a grupos que lo instrumentalizaron y no es extraño que miren con reticencia nuevas propuestas de no tan nuevas izquierdas. Antonio Otero contactado a propósito de este proceso, es un ejemplo reciente. Otra gente independizada y angustiada por su independencia no saben pensar por cuenta propia hasta no dar con un pater teórico que le proporcione el nuevo maná ideológico. Por mi parte cualquier militancia en mi tercera etapa de ella, es una manera contributiva, parcial y reticular a ella. Ni deseo liderar nada ni seguiré bagatelas fantasmáticas de densos, tortuosos y frustrantes procesos de contactos con cientos de horas dedicadas a fondo perdido y sin resultados traducibles. Lo que es más, muchas de las reuniones resulta superflua toda presencia. Bastan los contactos por cables para mantenerse al corriente o para hacer algunas aportaciones. La nueva política es la política canalizada por la información de saber más que  por los desarrollos celulares. Incluso las nuevas reuniones tienen más de oficinescas que de constructoras de alternativas. Las alternativas nacen a partir de las reflexiones y propuestas emergentes desde diversos puntos desde conocedores que se mantienen al día de la corriente de nuevos datos. He ahí mi lugar. El cual no es fácil porque el requisito de adscripción pasa por mantenerse al día todos los días y devenir un sujeto reticular, metido en una red tácita de multitud de contactos y encuentros. Siempre he sido bastante bueno iniciando contactos y conduciendo propuestas y bastante limitado tratando de consolidarlas con un seguimiento a partir de las variables de absentismo de los propios aceptadores. Eso me ha llevado a plantearme fundaciones y realizaciones a partir de la contribución individual sin depender del concurso aleatorio del factor colectivo. Es obvio que hay realizaciones que necesitan de equipos consolidados e inteligentes. No basta con capitanear convocatorias, hace falta establecer fórmulas para que se autoconvoquen a sí mismas. Y esto es bastante complicado. Si algo caracteriza la posmodernidad, es la crítica subjetiva del comportamiento ajeno. Ya nadie goza de la condición de no criticable en un mundo interrelacionado en el que se ha pretendido incidir por convicción revolucionaria o por lógica aplastante en el cambio de las circunstancias. La credibilidad de los individuos pasa por su palabra y todo individuo un día se convierte en el ejecutor de algo que no quiso ser. Tal vez este tabú me ha llevado de nuevo a las arenas políticas con todo el tiento que sigo. Pero no es una verdadera estratagema, puesto que soy tan vulnerable como siempre a ser materia no aceptable. Cualquiera se puede permitir impugnar conductas protosociales. Incluso Mercé Redón el otro día en una velada-cena compartida en el Vitamínica d´Horta pudo permitirse opinar contra mis invitaciones a manis, después de haber estado retirado una barbaridad de tiempo. La cuestión es q. no merece la pena entrar en defensas contra esto. Cualquiera cree haber estado cambiando el mundo por haberse pasado diez años seguidos repitiendo la misma consigna o por haber publicado cuatro textos de alfabetización.  Cuando lo más cuestionable es quien no se ha cuestionado su lugar en la militancia política y la función objetiva de su programa de actividades dentro y en el grupo en que participa. La supuesta y atribuida incombustibilidad como criterio elegante y  compostura de admiración en tanto que propiedad de lideridad de los más apuestos para el poder y la dirección, que antes era un componente de la ortodoxia revolucionaria ha pasado a ser una evidencia de la invariabilidad, es decir, de la incapacidad para la adaptación a nuevos  tiempos y circunstancias. Emplear toda una vida diciendo losmismos empeños y propósitos en lugar de demostrar una coherencia puede dar cuenta de una obsesión.  Los continuados referentes de antes a una revolución perdida o a una organización desorganizada y traidora  con los encuentros esporádicos y coincidentes  de caras conocidas por haberlas encontrado en manis y reuniones, dejaron de tener sentido y llegó un momento en que eludí tales charlas  que se antojaban con un demasiado parecido  a los relatos de batallas tan prestados los ancianos. Si eso, ya sucedía con nuestros padres, o seguía sucediendo con compañeros de mas edad que en los locales filoanarquistas o de lo que quedaba de la CNT o sus continuistas, en lugar de planificar y trabajar hablaban de redadas o de tiempos heroicos, no estaba dispuesto a q. Me sucediera a mí como un ritualista más de la serie de “ex” dando la murga con un criterio tan inútil como devastador.  La política es el escenario común: el campo de batalla primario en el que caben todos los sectores sociales e individuos y no en vano hay un interés originario  por la res pública, por los temas colectivos. Pero basta ojear la verdad de la política, tanto la una (la propia) o la próxima. Como la de los otros para darse uno cuenta de la superficialidad en la que está existencializando una vegetalidad y una justificación de ser q. no se sostiene en lo más mínimo.  Para mío el vacíado de un periódico no  pasa tanto por retener los datos en relación al estado o su oposición, sino por las noticias privilegiadas de la originalidad, surgidos de campos académicos o científicos o artículos de opinión o ensayos Que no por las calamidades de las que dan cuenta la palestra de los hombres más públicos , así como más simples que llenan gerneraciones enteras con las fotos de sus rostros en los periódicos de todos los países.  La política no es solo esta: la de las altas esferas, sino también la cotidiana y particularmente adaptada a cada circunstancia. Un opinantre es por naturaleza un reivindicante y eso le hace político aun desde su marginalidad. Es mi caso, aunque ha dejado de  importarme cualitativamente varios de los acontecimientos denuncia q. Observba. Tanto los denunciantes como lo denunciado pasan a formar parte de un dualidad que ingtregfra el mismo circo.

La reentrada en la política o en política social que me vengo re-plantenado todos estos últimos años, produce mas considerandums en contra que a favor. Me basta unas cuantas reuniones de reivindicativos para saciarme nuevamente de ganas. El reencuentro con los mismos temas una generación después no ayuda mucho. Ahora puedo entender a la gente de mi edad (poca desde luego) que a ,mis veinte años aparecian por las células y asamblea de partido, dando muestras notorias de desfasamiento (su revolución o sus ganas de hacerla ya la habían concluído y solo les quedaba un marco de nostalgia). Hacer algo pasa por la razón de la eficacia y no la razón historicamente impositiva, como se pretendiera desde un reduccionismo infantilizado de otros tiempos. Y esa razón eficaz o es una política científica o no es. No creo en que llenar reuniones de bloqueos en la discusión ayude a mucho, tampoco las propuestas del tipo de limitación de tiempo en el habla o mecanismos de  precipìtación para la toma de decisiones como escuché para mi horror en varias alusiones en las reuniones del llamado grupo promotor local de UE. Lo más importante es q. Cada uno encuentre su sitio en la vida y en su proyección publica.A partir de ser un referente en lo profesional ,lo ideológico y lo social, se es también en lo político y por lo tanto va a ser encontrado o incluso buscado por ello. Por respeto a mí mismo deseo valorar más mi tiempo y dosificar al máximo mi presencia en los lugares. De otra parte estar presente en sitios solo pàra recabar informaciones o hacer intervenciones sugerentes pero sin garantías de producto social, ya no tiene mucho sentido. Me molesta además terriblemente estar de espectador en los lugares sin hacer aportaciones mas constructivas, por no haber hecho las lecturas de documentos necesarias, los contactos imprescindibles o la juntación de información previa. Puedo,todavía como un novel, permítrme hacer juegos como el de una salida para encartelar los espacios de propaganda pública con Judith Jossa y Verónica Bayó (dos chicas, compañeras de la generación del último cuarto de siglo) y fantasear a los viejos tiempos, aparentando creerme que es un estilo movilizador todavía eficaz. Puedo hacerlo una vez por compromisos de coordinadora y para rentabilizar una propaganda que había sido asignada a la zona y pq. me disgusta que inversiones en estos temas sean desaprovechadas, pero la actuación en lugar de ser consecuente resulta un tanto obligada cuando puedo calcular a priori, las inutilidades ya de varios actos de agitación. Como dice Fina”deja de preocuparte por todo esto, y ocúpate de ti”. el discurso sugerente q. De una manera o de otra vengo oyendo toda la vida. Siempre aparece alguien cerca para recordarlo.y el caso es que no desquito un acuerdo consubstancial a ello. Al mismo tiempo parte de mi ser se ha venido estructurando  etapa tras etapa con una multitud de dimensiones. Me temo q. Me he sobredimensionado por encima de mis potencialidades. Pienso ser el que quiero ser por la simple razón de tomar vínculos con varias escenas y personajes de la vida utilitaria y especular. Por supuesto no puedo permitirme confundirme  en mis limitaciones y la distancia entre mis deseos y mis verdades, así como entre mis fantasmas y mis schos con lo real. Resulta fácil notar si estoy sincrónico o no e un día por mi manera de encajar en situaciones o juegos sociales y de grupo. Si me desvinculo del discurso o del impacto en el lugar me empobrezco y me siento reducidoi, si particpo y confronto me reconozco limitado o desagregado. Mi autoengaño pasa por creer en mi lucidez y en el marco explicativo a cualquier interrogante y vacío presentado .Creo q. Me bastaría un lugar especulativo con unos posters, una gente de buen talante y unos tés para ser infinitamente feliz, desvinculandome de todo cuestionamiento de la rentabilidad de cada idea especular.¿pero eso, no eran las actitudes de café y del teoricismo que tanto había criticado en su momento,en el momento de la agitación práctica y del discurso del coraje? Hace falta vivir toda una vida para saber de las distintas partes de la otreidad (el conjunto de los otros)con que uno se configura.

 

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