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Psicología del Traidor

Por Néstor Estebenz Nogal - 15 de Agosto, 2008, 21:50, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

La traición es un concepto que se nos refiere, ya de niños, al estudiar libros de historia. Las luchas de/por el poder  han ido asociadas a escenas emblemáticas de deslealtad con saldos de  asesinatos por la espalda[1] . Traición es una palabra derivada de tradere, entregar. Quien traiciona entrega a aquél que confiaba en éste, a sus enemigos. La figura de Judas es prototípica. Y la de Casio Longino  (en la década de los 40 aC) uno de los asesinos de Cayo Julio Cesar  también. Sin embargo la gama de actividades traidoras  es extensa y recorre una variedad de comportamientos sutiles. El sujeto traidor es quien facilita las maneras (las informaciones) para ocasionar una destrucción[2] .  La cual, puede ser infligida aunque sea involuntariamente. Los comportamientos de traición recorren una infinidad de actitudes personales, pero que se resumen en hacer lo contrario a lo que era esperado. Un grado extremo de inconsecuencia entre lo prometido y lo hecho, puede llegar a ser un acto de traición. Embarcar a los demás en proyectos y dejarlos luego en la estacada, puede ser considerado como una deslealtad personal y a las ideas muy severa. Establecer unos compromisos con una posición teórica y práctica y luego convenir otros con una facción  distinta[3] , recorre la gama de conductas indeseables: deshonestidad, ocultamiento de la información, tergiversaciones, divisionismo, personalismo y engaño. Y la historia esta plagada de registros conductuales de este tipo. Con ellos, quedan unos nombres  que dejaron huella destacada y luego pasaron a ser sinónimos de traición. De hecho, cuanto más destacado haya sido alguien en una lideración y menos haya estado a la altura de sus propios predicados, resulta proporcionalmente  mejor candidato a ser traidor.  En todas partes han crecido leyendas al respecto[4]  y las figuras tenidas por traidoras actúan como revulsivo a continuar con luchas y prebendas que carecen de garantías de obtenciones. Tratar con la traición significa reconocer los rostros grotescos de la realidad. El traidor es tanto más traidor cuanto más se ha confiado antes en él, y  puede hacer tanto más daño cuanta más  información se le haya depositado. Su  deleznable conducta, por injustificable que sea, proporciona un saldo de experiencia considerable y confirma las antiguas tesis sobre la corruptibilidad y la fragilidad de la condición humana, dispuesta a venderse por cualesquiera treinta simbólicas monedas. Indirectamente, la interacción con no importa que clase de traidor o traición ayuda a madurar y al crecimiento consciente: nadie puede tener un certificado de garantía absoluta acerca de alguien. La variabilidad de los factores, también incluye que cualquier personaje portador de un pensamiento se pueda convertir en su contrario. Y de hecho así  trató de demostrarlo el materialismo dialéctico. ¿Por que negar la existencia de individuos que enjalbegan su cosido rostro con tintas de conmiseración, tras haber vendido a sus compañeros? Los ha habido con profusión y los seguirá habiendo. Mientras la confianza sea un bien vendible seguirá produciéndose variedad de deslealtades, bajo las cuales la conducta desleal será argumentada con alguna lógica de supervivencia. Dentro de cada traidor  especulará una última justificación para su conducta  inaceptable a los ojos de los demás. Ciertamente el traidor no es más que el síntoma de un estallido en una situación límite precedida por  la pérdida de convicciones y por el oportunismo de un momento. Pero así como el que habla tras la tortura  puede reunir atenuantes para sus confesiones arrancadas, el confidente profesional pertenece a otra categoría de alimañas, así como quien ha pasado de los vocablos de la persuasión obrerista a los desfalcos y negocios no éticos de enriquecimiento acelerado, pertenece a una categoría de tránsfugas indeseables, que  en el basurero de los comportamientos denigrantes, sin ser de recibo, no hacen sino indicar la potencialidad polimórfica de la economía de supervivencia de los humanos; más capaces de sucumbir al policromo de sus egos que seguir con la consecuencia de lo que le quedara de sus conciencias.

El traidor remite a una psicología del supervivencial bastardo, que antepone sus necesidades egoicas a los deseos colectivos de los que formara parte, o incluso animara desde la primera línea, siendo tanto más traidor, cuanto más entregado estuviera en otro momento a una causa social. La salpicadura de sus detritus se hacen sentir tanto más lejos, cuanto más asociado hubiera estado su nombre a los predicados de lucha.  En ese escenario de lo social que plenipotencia en si mismo lo grandilocuente y las gestas, una personalidad predispuesta a la inconsecuencia, puede encontrar las condiciones abonadas para ser  aceptado, ser escuchado, ser seguido, ser admirado y ser creído: parámetros todos que sacian la merienda egótica del sujeto interesado antes en tener un público que en  poner en marcha  los objetivos por los cuales lo ha aglutinado. Las movedizas arenas políticas proporcionan las circunstancias ideales para que el traidor en potencia a medio gas de su inteligencia se haga con la dirección de procesos en los que impere  confusión, desaliento e incapacidad directiva. En todo país de ciegos el tuerto es el rey y en toda circunstancia de impasse el arribista que propone la píldora dorada se hace con el mercado. Puesto que de esto se trata: de capitalizar un mercado. Y el traidor potencial que ya reúne las características personales para serlo, distingue perfectamente aliados que le van ayudar en su puesto de mando y críticos que se lo van a obstaculizar, haciéndose con unos y apartando a otros. Es el resumen de toda política y político que distingue entre socios y adversarios. También es el resumen de toda empresa y competidor que discrimina perfectamente entre sus asociados y subalternos de una parte y sus  peligrosos rivales que pudieran desbancarle, de otra. El sujeto que deviene traidor lo es porque anteriormente ha sido depositario de la confianza ajena. A diferencia de un enemigo inequívoco tiene las ventajas proporcionadas por lo camaradesco y la cercanía. En tanto que recibidor de un afecto y una información de los demás, es en esta misma medida que puede hacer más daño con consecuencias a veces irreparables y casi siempre imperdonables.  Si los caminos ensuciados por delatores, chivatos, esquiroles, antiobreros y rompehuelgas -abundando en  una terminología de usanzas combativas de otros tiempos- pudiera encontrar justificación sociológica (queriéndolo y buscándolo mucho) en la urgencia de necesidades supervivenciales; los manchados por traidores a sus propios credos ante correligionarios y compañeros de partido, solo las encuentra en complejas motivaciones ególatras y psicológicas, que solo un análisis psicológico puede revelar. La historia de lo social y de lo político brinda una interesante casuística de gente que capitalizó confianzas para luego burlarlas y traicionarlas, puesto que en todo momento prevaleció un interés personal por encima de los intereses colectivos que prometían defender. La psicología de la traición entra por completo dentro de ella. 



[1] La puñalada o el disparo por la espalda  dibuja plásticamente la escena tópica de la traición.Pero en sentido figurado abarca todas aquellas actitudes  que traicionan a alguien  sin preavisarlo de tal cambio intencional.

[2]  Los sistemas policiales de todas partes cuentan en sus nóminas no oficiales con delatores sin los cuales su labor de investigación  no tendría la oportunidad de ser brillante. A tales individuos, (subespecie digna de estudio)se les llama confidentes, o informadores, eufemismos que no ocultan su verdadera talla de traidores lasos. En ese sentido, la connotación de la traición no es porque a priori haya algo pactado entre el delatado y el delator (por ej.un vecino que informa a la policía acerca de una plantación de marihuana de otro)sino  pq implícitamente se supone que la gente no está para dar parte de uno a los agentes represores.

[3]  Una de las últimas fracciones en el seno de  lo que se sigue llamando voluntariosamente, la izquierda, la de Ohms y P.Puig,expulsados de Els Verds por pactar a  espaldas de la dirección, otros acuerdos con sus socios electorales, IC, remite a una tipología clásica en el escisionismo . Posiblemente  los alegatos personalistas  favorecen una disposición a las conductas desleales y por lo tanto traidoras. Tal vez toca reflexionar que todo líder que ha amasado un poder extra en su itinerario militante, tiene mayor grado de proclividad a la traición a otros que se han mantenido al margen de las funciones de delegación y de poder, por temor a sus vectores corruptores.

[4] En la zona del vallés occidental uno de los procesos organizativos de extrema izquierda siglado  en OIC, tuvo  por uno de sus líderes a “El pájaro” (Didac Fábregas), un virtuoso del obrerismo y del discurso cautivador por el que se dejó enganchar  una  cierta cantidad de gente. Aquel grupo, como otros del radicalismo, se extinguió después de debates extempóreos sobre la supuesta vanguardia de un supuesto proletariado como agentes para la transformación social. Al mencionar época, ubicación y partido,el nombre del sujeto en cuestión es inevitablemente mencionado, como una especie de resorte automático en el habla, y generalmente asociado a términos despectivos por ex-militantes que se sintieron engañados por él. Posiblemente obedecía-a su pesar- al perfil del perfecto traidor en potencia, en tanto que su afición a  la proletarización y a la lideraridad, obedecía más a sus carencias psíquicas en la personalidad, que a la expresión evolucionada de un adelantado en consciencia. Tras su fervor de otros tiempos ha quedado lo que siempre ya estuvo en primer plano, su arrogancia protagonista y  su compulsión por  un  “ordeno y mando”. Por eso su perfil de personalidad seguiría haciendo sus manipulaciones en otros lugares,con discursos completamente opuestos a los anteriores, para acabar contando a sus sobrinos a falta de otro público, su fabulación de los hechos: “yo hice, yo organicé, yo parí,...”.Otro caso que  revela la desentimentalización de uno por  un lado y  el seguidismo alienado de los otros, por otro lado.

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