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Protagonistas y personajes

Por YASHUAbcn - 15 de Agosto, 2008, 21:40, Categoría: The OBSERVER

La realidad se configura  y la historia se ha perfilado  por un recorrido continuo de protagonistas y antagonistas que la recrean y la destruyen en un torbellino incesante donde todo termina para volver a empezar en un ciclo sin fin. Las épocas, las leyendas, las invenciones, los descubrimientos, las batallas y las efemérides, tienen nombres y apellidos, caras y ojos. En definitiva no son independientes de las personas que las realizan y en concreto de quiénes más se destacan en los momentos estelares. Y esta personalización del acontecer con individuos que lo hacen posible, obedece a extrañas y hasta misteriosas leyes sociales, que demuestran que los individuos no son más que letanías efervescentes de las circunstancias que los hacen emerger. Llevando tal tesis más lejos, podríamos decir que los individuos renombrados quedan constituidos a partir de aquellos otros que son (somos) los no-individuos, las poblaciones innominadas, o los anónimos masivos que secundan o desfavorecen aquellas figuras en su desarrollo. Muchos de los personajes históricos renombrados no lo son precisamente por sus halagos, sino todo lo contrario. Otros, en cambio investidos de carisma y liderazgos y con capacidad vanguardista en su terreno han sido luces o señales a seguir para los demás. Los unos y los otros están investidos de grandezas y de flaquezas, demostrando las observaciones más básicas que los protagonistas;  a pesar de éxitos, fortunas y hallazgos, tampoco han conseguido las claves finales, pero cuando menos ilustraron a su entorno en caminos que se aproximaban a ellas.

El protagonista se hace sobre la lucha tenaz por conseguir un propósito, a veces siendo antagonista de si mismo, de sus deseos o  de otro tipo de vida.

Pedro Duque es “nuestro hombre “ en el espacio. Julián Barnes  como autor inglés nos recuerda que en su país  los escritores están siempre bajo sospecha. Ginesa Ortega y Marta Sánchez capturan los sueños secretos de la audición con sus nuevos discos. Cindy Crawford elige un Omega o así lo dice el spot publicitario para el que se presta. Antonio Canales reivindica una heterodoxia en la danza y tantos otros pueblan, con sus caras, sus imágenes y sus nombres la galería cotidiana de los personajes. ¿Qué sería de las largas esperas en las peluquerías, sin la prensa rosa que puntualmente  da cuenta de los famosos, de sus mansiones, de sus hijos, de sus divorcios y de sus estilos? ¿O qué sería de la vida de los despachos sin la prensa diaria con la que estar al día, de las negociaciones que los poderosos  hacen acerca del poder y de los recursos? y mucho más ¿qué sería de cualquier mortal sin sus fuentes informativas sobre gentes y más gentes, con las que compararse y  con los que nutrir sus conversaciones habituales? El ser humano si es social, lo es más por el morbo de la curiosidad que por la necesidad de un otro con que levantar su pirámide particular. A fuerza de repasar las galerías de famosos -ante las que por cierto ha surgido una nueva gama de chismosos elevada a la categoría de profesión- es inevitable no darse cuenta, que posan para la foto y acomodan su discurso a lo que puede ser dicho o el caché impone ser expresado. Pero eso que resulta grotesco entre quienes tienen el mundo rendido a sus pies e innumerables lenguas  esperando los dechados de sus culos, es la expresión  de las tipologías estándar de personalidad, llevadas  unos grados más allá. En resumen, todo sujeto elevado al pódium, haría/hará otro tanto. La dualidad protagonista-personaje la tiene y hace todo el mundo, famoso o no, muy o poco relacionado, con o sin dinero. Es el enfrentamiento de cada actor social para resolver sus contradicciones. De una parte necesita y quiere ser un sujeto rector de su destino: un protagonista de los actos que lo identifiquen; de otra se ve emplazado a jugar distintos tipos de personajes o roles según los lugares en los que está y con quien está. Cada uno de los ámbitos y personas con las que se relaciona acaba siendo una versión del otro particular, ante el que actuará como si de distintos públicos se tratara. Incluso en sus arrebatos de transparencia total chocará contra  la imposibilidad de revelarse totalmente. Siempre le quedará una parte de sí, no transferible, y ésta  no dejará de constituir también un rol, el de su misterio. Para sí mismo querrá creer  auto engañarse de que es siempre el mismo en todas las partes, pero en realidad lo que no variará en su necesidad interna de coherentizarse. En cambio, externamente de una forma sutil se evidenciará de maneras distintas según la exigencia de un protocolo implícito y según el vocabulario al uso con este parte de interlocutores. Cada ámbito o círculo tiene su propio código, sus formas expresivas, sus entreactos. Cada nuevo integrante se adapta a eso, haciendo -incluso sin darse cuenta- una readaptación a cada oyente y lugar. De esta manera las pautas de comportamiento público pisan de cerca las actitudes de la hipocresía, cuando las exigencias del personaje que se ajusta a lo que se espera de él, no se puede apartar del guión previsto. El sujeto protagonista de su vida y hacedor de su destino está condenado a librar batallas durante toda su existencia con el coleccionario de personajes con los que se irá relacionando. Por  encima de ellos sabrá que la verdad de si mismo no queda agotada en cada representación de rol, sino que como mucho, ésta puede dar pistas de que detrás respira un ser mucho más rico de lo que manifiesta. Es así que los protagonistas en sus relaciones cruzadas se dicen los unos a los otros, que no se conocen lo suficientemente o que no son l realmente lo que los otros creen que son.

La multitud de escenarios que presenta la realidad proporciona oportunidades para toda clase de ensayos. Los decorados y los otros personajes invitan a ellos. Basta adoptar criterios de simulación o de adaptación y los deseos de emular actitudes y fórmulas por el solo placer de hacerlo.Desde roles histriónicos a roles absolutamente anodinos, desde actuaciones altamente participativas a otras muy precavidas, desde actos atrevidos a poses blindadas, desde deseos expresados a  morales autorepresoras que sumen en el silencio, el repertorio del comportamiento da para muchas maneras y ejercicios. Pasar por una buena porción de ellos permite sentir como otros que también pasan por  las mismas representaciones. Esa elegibilidad genera un abanico de contradicciones, ante las que finalmente el indicador de consciencia para cada sujeto está en la discriminación de sus funciones de protagonista y de sus representaciones de personaje.

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