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Carisma del Líder

Por Jesus Ricart Morera - 15 de Agosto, 2008, 22:30, Categoría: COMUNICACIÓN

El liderazgo es la suma de propiedades que dotan a un dirigente de la facultad  de una jefatura natural. Su autoridad sobre los demás dimana directamente de sus atributos personales y de su halo carismático. Los demás tienden, a veces irreflexiblemente, a mimetizarlo, a quererlo, a emularlo y a seguirlo, pensando que se trata de la persona elegida y lógica que puede resolver  circunstancias de la colectividad. El líder, sea quien sea y pertenezca a la ideología que sea, responde a unas funciones de personalidad y potencia, que se cumplen en la mayoría de sujetos de este rol. Un líder es igual a otro líder, como miembros de una casta de selectos, en tanto ambos están por encima del grueso poblacional. Se han desmarcado del anonimato y su voz es la voz de la franja social o del grupo humano del que son erigidos como representantes.

Las demoparlamentarias han hecho coincidir general y públicamente las figuras de líderes con la de los primeros candidatos de listas electorales y de los secretarios generales de los partidos. Antes, el líder era un emergente espontáneo: una respuesta de conciencia lógica a una situación opresiva, alguien que se levantaba vindicante expresando el sentir popular (piénsese en Espartaco[1]  como esclavo rebelado contra los esclavistas).Ahora el líder es el personaje ensamblado, el individuo de conveniencia, el portavoz público[2] , la bisagra de componendas en una formación dada. En suma, el líder de hoy es en muchas ocasiones un líder de encargo. Eso  produce la paradoja de que se de la circunstancia de que el líder oficial de un parido está muy por debajo de otros cargos importantes del mismo grupo[3] .

Las características de la lideridad van unidas al crecimiento de los individuos. Una dotación de atributos, de los cuales, los más insistidos son el don de la palabra,     el atractivo, la iniciativa y la coincidencia de intereses, hacen de alguien que se va destacando por su inteligencia, su pelea y su constancia, en un jefe indiscutido. Con el tiempo, algunos de los atributos iniciales periclitan y al final acaba pesando el líder como instrumento[4]  para la obtención de unos objetivos. El líder como encargado de una voz pública ya no constituye la admirada categoría del vanguardista, tanto como la del sufrido funcionario que  ha de hacerse con las patatas calientes que no quieren otros. Y a pesar de todo el mundo es el que es y se va configurando en una u otra velocidad y normas, según la intervención de unas docenas de líderes de alcance mundial. Pero ellos, y a su pesar, no son sino el síntoma de por donde andan las cosas y en que impasses sigue el panorama político. El líder como ejecutivo de grandes empresas llamadas estados, van y vienen de foros y encuentros intra y multinacionales para activar progresos o regresiones de la historia social. Sus permanencias públicas más o menos largas dejan avances o retrocesos a su paso, y tras su eclipsamiento, la noria de las sustituciones sigue girando. Cada uno, sin excepción es sustituible por otros. Puesto que al fin y al cabo, cada líder no es más que un gestor de intereses. Basta aprendérselos y estar en los sitios adecuados, para hacer de presidente del club de turno.

La costumbre histórica es la de vivir con referentes populares en todo, y la Política da las pautas más que ningún otra área. Y la comprensión de la historia se hace imposible sin la cita y recorrido por quienes la lideraron, de la misma manera que la comprensión de otros sectores del conocimiento humano, se hace imposible sin ver la elaboración de los conceptos a través de las  observaciones letradas q las comprendieron antes que nadie. Sin embargo la figura del líder también sintomatiza serias incapacidades de la colectividad que, supuestamente,- representa. Si el líder como individuo  vive las honras de su liderazgo con la certeza de sus propias carencias, la colectividad se coloca en función de sus líderes, en tanto que carece de  capacidad auto organizativa para la gestión de su existencia. El líder es el sujeto individualidad: un personaje social con un guión asignado en función del que hay una expectancia. Cualquier desviacionismo de su función lo puede convertir inmediatamente en un mártir[5] .El líder puede ser admitido como tal en función de sus mayores atributos, cualidades, prestaciones y sinopsis representativa del grupo. De hecho se trata del ser simbiótico entre su propia individualidad o ser y el conjunto de individuos a los que representa o dirige. No obstante psicológicamente hace la función de autoridad paterna y de director de vida, lo cual genera una competencia con sus seguidores, que arrastran una tensión latente no reconocida. Esa rivalidad entre el dirigente y los dirigidos necesita vías periódicas de escape y de explosión, a pesar de que los dirigidos reconozcan las facultades de los dirigentes. La historia está repleta de ejemplos de rebelión: desde la oposición de los hijos de la horda contra el padre que centra la autoridad en la misma, hasta los que fueran aliados y seguidores del político destacado para arrebatarle sus prerrogativas de poder. Luego el ciclo continúa con sustituciones, encarnadas por destituyentes que as u vez serán destituidos, llegado su momento. Cabe pensar que las oscilaciones tensionales es el modo histórico que han tendido las sociedades para ir intercalando confrontaciones y desbancamientos con períodos de disensión. Es transicional y está llamada a desaparecer. Tal dinámica de a cada rey depuesto otro le ha sucedido en el puesto, sigue prevaleciendo, después de los reinados de los emperadores y de las monarquías. Llegará el día en que las referencias liderescas desaparecerán como tales y habrá una recuperación cualitativa mayor de los individuos y de sus nombres. Será el momento en que una humanidad esplendorosa no permitirá que unos miles, por no decir cientos, de sujetos desaprensivos unas veces, incautos otras, se jueguen a sus intereses los destinos de todos.

Un nuevo orden de hacer, sentir y pensar los acontecimientos va abriéndose paso con furia: el de prescindir de tabúes, dogmas y sacralizaciones; también, de clanes, iglesias, instituciones y gurús. La dimensión del maestro ya fue cuestionada en tanto que era y es un sujeto con un saber relativo y contextual. Todo supuesto saber maximalizado y totalista que se le atribuya acabará defraudando a su seguidor o creyente por el empuje de los acontecimientos contradictorios. Si bien el líder no es presentado como el maestro en todo, sí lo es como maestro de la ceremonia política o de unas circunstancialidad de negocios diplomáticos, al que se ve como más óptimo para llevar las cosas a término. De hecho, una vez instaurado e instituido como cabeza visible de un estado o de un partido o de una organización, es mantenido en tal lugar el máximo tiempo posible[6], porque su substitución o su perspectiva de cambio, vuelve a replantear los fantasmas de siempre y los desiderátums de las rivalidades entre unos y otros. Posiblemente el día en que la tecnología y los valores lo permitan, las sociedades podrán auto regularse sin necesidad de complejos aparatos de estado y complejas organizaciones y sin figuras altamente significativas de tales entramados. Mientras tanto el carisma del líder seguirá presente y sus feligresías los sustentarán con jubileos, hasta el momento de  comprender que todo el mundo tiene un potencial de maestría ante los demás y una necesidad de recibir como alumnos los conocimientos de los otros. La posición del no líder ante el líder resulta más saneada en cuanto tiene clara la función de defecto que cumple éste  frente a un grueso colectivo con síndrome de faltas y con superávit de miedos al enfrentamiento de sus circunstancias existenciales. La vida comunitaria y cotidiana proporciona innumerables ejemplos[7] donde la persona responsable de una función y de una situación es tomada como gestora en un tu a tu sin darle una categoría de lideridad. En tanto que no existe la infalibilidad para lo humano, no puede existir la figura rectora impecable a la que doblegar las iniciativas  de los demás.

 



[1]  Espartaco (113-71 aC)Provocó la guerra de los gladiadores contra Roma.derrotó a Publio Valerio  Varino.

[2]  Incluso cuando hay más de uno en una formación política, tal como ha pasado con Borrell y almunia en el PSOE,se ha hablado con la exageración periodística de bicefalia. ¿como, un partido con dos cabezas pensantes, deviene un monstruo, una imposibilidad orgánica?

[3] piénsese en el impresentable de Aznar del PP y el presidente cdad autónoma de Madrid. ambos miembros de la misma formación donde uno ostenta su mojigatería y el otro su talento.

[4]  La función de sujeto instrumentado ya queda claro desde el momento de que es un sujeto de encargo,pero se va haciendo más y más patente, en cuanto el nuevo cargo lo es y puede mantenerse en él, en tanto cumpla con el programa del que es la figura pública principal.su popularidad  y su nominación no salvan al líder cuando se aparta de lo que representa y con ello socava  sus propios cimientos.

quien haya pasado por la experiencia de liderar procesos sociales (asambleas, manifestaciones, huelgas o protestas)habrá podido experimentar en sí mismo/a, esa denominación instrumentalista.

[5] todo el asunto Clinton por sus  devaneos en el despacho oval con una fan que todavía sigue trayendo cola periodística,dice más acerca de la amoralidad por morbosidad alevósica del público norteamericano y en particular de los instrumentos sensacionalistas de  recargamientos noticialista de la vida privada, que no del propio presidente transgresor, que sus carismas y atractivos no le salvan del martirio por  lapidación (simbólica)

[6] A pesar de las normativas de elecciones cada 4 años en bastantes países y de limitar el máximo tiempo de reelecciones, basta ojear las modalidades de gobierno de los estados  (algo que tiene su correspondencia también en otros organismos no estatales)para darse cuenta de las resistencias sociales e ideológicas a toda cambio.Por lo general se prefiere al gestor conocido que a un nuevo programa por establecer por un gestor no tan conocido o el cual es sometido a escepticismo. finalmente tendrá que hacer uso de sus artes y su carisma personal para hacerse con el propósito de ser el candidato electo.

[7] piénsese en los turnos rotarios de la presidencia de una comunidad de vecinos o de residentes en un bloque de viviendas. Por lo general no es la función que le guste ejercer a nadie por el paquete de actuaciones que lleva apareado y en la propia rotatividad está  la exención del cargo.Nadie toma al presidente de su escalera por el líder de la convivencia en su inmueble ¿porque razón hay que tomar un jefe de estado o un jefe religioso por el líder-modélico de una nación o de una línea de pensamiento  que sea seguido por los demás?

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