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15 de Agosto, 2008

Las citas incumplidas

Por YASHUAbcn - 15 de Agosto, 2008, 22:43, Categoría: ACUSEdeRECIBO

Los comunicantes nos ponemos de acuerdo para hacer y deshacer componentes de nuestras realidades próximas o lejanas. Nuestra forma de relacionarnos viene pasando por acordar encuentros definidos por dos parámetros: el del tiempo y el del lugar. Son las dos dimensiones que nos acompañan a lo largo de nuestra existencia, las dos constantes maestras que rigen nuestra materialidad. Casi siempre en nuestras construcciones gramaticales citamos ubicaciones y momentos para referirnos a temas y personajes.  Hacer construcciones comunicativas sin esa doble mención resulta algo que escapa a lo concreto y que nos lleva a la abstracción. Si  mantenemos la comunicación  en lo específico nos movemos en este par de ordenadas. Cuyo escenario tiene el nombre de  lugar para quedar o cita. La cita clásica es la de acordar un día, una hora y un punto físico donde reunirse. Las citas  son lo que llenos las agendas de trabajo, los programas de visitas, los itinerarios culturales y los contactos lúdicos.  Y de una primera cita a una última va un recorrido de perfección y de conocimiento reciproco. Cada relación (sin contar las convivenciales y coincidentes por espontaneidad o aproximación natural) pasa ineludiblemente por pactar encuentros. Y una buena parte de des-relaciones pasa contrariamente por no cumplirlos. La incomparecencia es la manera inelegante, fría y evasiva para no enfrentar una mirada. Ni siquiera hay porque tener temor a una crítica, una reprimenda o una amonestación severa por parte de la persona defraudada. El hecho de saber que uno incumple en un acuerdo ya está creándole una desazón. No acudir a la cita pactada o no preavisar de su incumplimiento pudiéndolo hacer, descoloca  tanto a la persona que espera como a la misma persona que no acude. Aquella porque lo puede llegar hasta a vivir ofensivamente y ésta  porque tendrá que vivir la colisión entre sus promesas, sus creencias, sus valores y la contradicción de su conducta que no está a la altura de su personalidad. Es algo que afectará a su autoestima en un futuro  próximo.  Para atenuarlo cabe añadir ¿quien no ha incumplido una cita alguna vez[1] ?El error es humano-decimos auto justificándonos- pero la cuestión no es equivocarse de día, hora, lugar o incluso de entrevista, sino la de no acudir sin preaviso habiendo tomando la decisión de incumplir, porque eso agrava la situación posterior[2] . La persona que incumple[3] ,sobre todo se incumple a sí misma, daña su autoimago, y con el paso de los días, si no asume la evidencia de su falta formal comunicándola en particular a la otra persona que ha quedado esperando una explicación, añade arena a su lastre y cada vez le costará más dar tal paso.

El encadenamiento ordenado y lógico de las tramas sociales, es decir de las interacciones entre comunicantes, es la de preparar la sinergia e imbricaciones entre los unos y los otros en los lugares y momentos pensados y acunados para ello. No respetarlos manteniendo el concierto de los ritmos de encuentro es otra forma más de apostar por la incomunicabilidad general[4] , a la que no se puede responsabilizar a  empresas o personajes importantes del mundo comunicativo: desde Einaudi[5]  a Turner[6] .La acción comunicativa a escala socio-general pasa por su eslabón más elemental: la del encuentro particular para el tándem básico del decirse las cosas.es en esa cita donde se mueve el universo social. Y es en su incumplimiento donde  sucumben  perspectivas y posibilidades, cualitativamente más significativas que la pérdida de un tiempo previsto, comprometido o planificado para algo que no va a convertirse en evento. Eso no significa que todas las citas sean cumplibles o se deban acatar por el hecho de haberlas comprometido, tal vez, con demasiada anticipación. Entre una cita y la siguiente pueden suceden  novedades que la hagan superflua. Pero si es así ¿por qué no desconvocarla? La diferencia entre el acto formal de hacerlo o el informal de no hacerlo, es la condición del poder psicológico o no de enfrentar al otro y al propio yo.



[1] Aunque gente de la vieja guardia o de otras generaciones se jubilaban bajo la oración de "jamás he fallado un solo día de mi vida al trabajo" o "jamás transgredí mi palabra empeñada" o "nunca dejé de acudir donde se me esperaba sin avisar" y otra semántica complementaria. ¿porqué razón no debe seguir siendo gente modelo de un comportamiento social?

[2] en la psicología de las relaciones humanas el incumplimiento de cita, no como acto fallido sino como acto  preparado, simboliza mucho más que un resultado de incomparencia.según sea el estado de la relación determinadas citas  falladas  que habían sido sobrecargdas en su función, ya no dieron lugar a ninguna otra  tentativa de contacto.

[3]  el vínculo social opera de muchas maneras distintas y obviamente un buen numero de interactos humanos no pasan por la cita precisa sino por el espacio de coincidencia entre unos umbrales (horarios y ubicacionales). A esos les corresponde otros modos de mayor lasitud para quedar comprobada una informalidad, pero esta es también contemplada por muy informal que sea el ambiente de pertenencia, y finalmente imperdonada de no quedar comprendida.

[4]  El gran fenómeno malignizado del que todo el mundo pretende huir pero al que tampoco deja de contribuir en parte.

[5] Einaudi,Giulio.editor.fundador de la mítica editorial italiana q lleva su nombre,integrada en Finbinvest de Berlusconi,del que antine como gran patrón,. una independencia.

[6] Turner.Ted, magnate de la comunicación que en 1997 donó 1000 millones de dólares en concepto de inversiones de solidaridad.

La actualización del conflicto

Por Jesus Ricart Morera - 15 de Agosto, 2008, 22:32, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Desde la primera entrevista se plantea una triada central que va a sustentar toda la intervención posterior:

A/solicitud de responsabilización del cliente sobre sí mismo.

B/la actualización problemática contraviniendo circuitos mediatistas o remotos al estilo psicoanalítico

C/ precisión en un darse cuenta en las correlaciones de polaridades en juego.

Sin embargo el aquí y al ahora choca con el postulado de la pérdida del ser configurada por un oscurecimiento óntico que prefigura unos parámetros existenciales desde el mismo momento de nacer. Las predeterminaciones por las relaciones de los contextos (familiar) en los que se inscribe el nuevo ser, es un material pasado y solo revisable desde su conexión a la actualidad conflictiva. El combinado de una pasión elegido mas una fijación intelectual (C.Naranjo) da las coordenadas de cada conflicto. Aparentemente se trata de darse cuenta de cada elemento para  trascender su poder distorsionador.

 

Cada conflicto personal remite a una neurosis de la civilización, aunque esta no excuse cada conducta personal. Es demasiado conocido el recurso autojustificativo a los factores ambientales como los predeterminativos para  los comportamientos anómalos. Es evidente que no se puede negar tal correlación, pero sería  demasiado llamativo reducir la causalidad patogeneizante a  las condiciones socio existenciales.

 

El cliente-paciente llega como un consultante híbrido que duda sobre su normalidad. Una parte importante de sus emisiones discursivas van a girar en torno a su categoría de inserción en el grueso de una distribución normal o de su exclusión asíntota. El discurso deviene limpio cuando se libra de esta compulsión clasificatoria al reconocimiento a un patrón conductual masivo  y admite la posibilidad vivencial de la diferencia, y con ello, la transformación de una conducta extraña en una base experiencial útil para una vida más cualificada. Toda disfunción comportamental y toda divergencia del equilibrio psíquico, toda locura en suma, puede ser reconvertida en una fuente excepcional de saber. La locura, en su sentido tan ambiguo como genérico, deja de ser una conducta imperdonable para ser una suerte de genialidad de la que aprender y también enseñar. Admitirla como posible y tratable se convierte en una condición sinequanon para el avance del cliente sobre sí mismo, en un proceso en el que va dejando de ser paciente dependiente de una cura, para irse autonomizando como cliente en consulta que sabe desembarazarse en partes suyas, compartimentadas, sabiendo aislar las descompensadas.

 

El recurso a la silla caliente o silla vacía (la hot chair que Perls ideara y usara ante amplias audiencias y como concreción de su enfoque) es una manera directa y gráfica de actualización del conflicto. No basta con que el consultante hable en diferido y en tercera persona sobre re asuntos conflictuales de su relación con otros, sino que se le pide que “siente” a  cada una de las personas ausentes con las que guarda una tensión en el espacio de consulta y que hable con ellas. No solo eso, sino que además hable por ellas en su nombre. Esas intervenciones y contra intervenciones (es la misma persona la que pregunta y responde, o la que ataca y se defiende) es una poderosa técnica hasta agotar un asunto tensional o una relación encubierta o un foco problemático. Lo que queda escenificado a nivel de consulta agota las distintas posibilidades de diálogos pendientes y lo que hace es una anticipación práctica (un ensayo) de lo que luego puede o no suceder en la realidad, pero que ya deja de ser tan prioritario. El ejercicio terapéutico permite una simulación de conclusión de tema que deja en según término a una inconclusión fáctica. Es obvio que en la vida social y relacional no se puede resolver todo y muchas soluciones pasan por el reconocimiento de una imposibilidad de gestión, de trato o de cambio. La hot chair también se utiliza para representar partes o líneas de personalidad del mismo sujeto consigo mismo. Es un trabajo sobre sus polaridades configuradas por partes de sí desunidas, tales como top-dog/under dog:demorante y sumiso.

Carisma del Líder

Por Jesus Ricart Morera - 15 de Agosto, 2008, 22:30, Categoría: COMUNICACIÓN

El liderazgo es la suma de propiedades que dotan a un dirigente de la facultad  de una jefatura natural. Su autoridad sobre los demás dimana directamente de sus atributos personales y de su halo carismático. Los demás tienden, a veces irreflexiblemente, a mimetizarlo, a quererlo, a emularlo y a seguirlo, pensando que se trata de la persona elegida y lógica que puede resolver  circunstancias de la colectividad. El líder, sea quien sea y pertenezca a la ideología que sea, responde a unas funciones de personalidad y potencia, que se cumplen en la mayoría de sujetos de este rol. Un líder es igual a otro líder, como miembros de una casta de selectos, en tanto ambos están por encima del grueso poblacional. Se han desmarcado del anonimato y su voz es la voz de la franja social o del grupo humano del que son erigidos como representantes.

Las demoparlamentarias han hecho coincidir general y públicamente las figuras de líderes con la de los primeros candidatos de listas electorales y de los secretarios generales de los partidos. Antes, el líder era un emergente espontáneo: una respuesta de conciencia lógica a una situación opresiva, alguien que se levantaba vindicante expresando el sentir popular (piénsese en Espartaco[1]  como esclavo rebelado contra los esclavistas).Ahora el líder es el personaje ensamblado, el individuo de conveniencia, el portavoz público[2] , la bisagra de componendas en una formación dada. En suma, el líder de hoy es en muchas ocasiones un líder de encargo. Eso  produce la paradoja de que se de la circunstancia de que el líder oficial de un parido está muy por debajo de otros cargos importantes del mismo grupo[3] .

Las características de la lideridad van unidas al crecimiento de los individuos. Una dotación de atributos, de los cuales, los más insistidos son el don de la palabra,     el atractivo, la iniciativa y la coincidencia de intereses, hacen de alguien que se va destacando por su inteligencia, su pelea y su constancia, en un jefe indiscutido. Con el tiempo, algunos de los atributos iniciales periclitan y al final acaba pesando el líder como instrumento[4]  para la obtención de unos objetivos. El líder como encargado de una voz pública ya no constituye la admirada categoría del vanguardista, tanto como la del sufrido funcionario que  ha de hacerse con las patatas calientes que no quieren otros. Y a pesar de todo el mundo es el que es y se va configurando en una u otra velocidad y normas, según la intervención de unas docenas de líderes de alcance mundial. Pero ellos, y a su pesar, no son sino el síntoma de por donde andan las cosas y en que impasses sigue el panorama político. El líder como ejecutivo de grandes empresas llamadas estados, van y vienen de foros y encuentros intra y multinacionales para activar progresos o regresiones de la historia social. Sus permanencias públicas más o menos largas dejan avances o retrocesos a su paso, y tras su eclipsamiento, la noria de las sustituciones sigue girando. Cada uno, sin excepción es sustituible por otros. Puesto que al fin y al cabo, cada líder no es más que un gestor de intereses. Basta aprendérselos y estar en los sitios adecuados, para hacer de presidente del club de turno.

La costumbre histórica es la de vivir con referentes populares en todo, y la Política da las pautas más que ningún otra área. Y la comprensión de la historia se hace imposible sin la cita y recorrido por quienes la lideraron, de la misma manera que la comprensión de otros sectores del conocimiento humano, se hace imposible sin ver la elaboración de los conceptos a través de las  observaciones letradas q las comprendieron antes que nadie. Sin embargo la figura del líder también sintomatiza serias incapacidades de la colectividad que, supuestamente,- representa. Si el líder como individuo  vive las honras de su liderazgo con la certeza de sus propias carencias, la colectividad se coloca en función de sus líderes, en tanto que carece de  capacidad auto organizativa para la gestión de su existencia. El líder es el sujeto individualidad: un personaje social con un guión asignado en función del que hay una expectancia. Cualquier desviacionismo de su función lo puede convertir inmediatamente en un mártir[5] .El líder puede ser admitido como tal en función de sus mayores atributos, cualidades, prestaciones y sinopsis representativa del grupo. De hecho se trata del ser simbiótico entre su propia individualidad o ser y el conjunto de individuos a los que representa o dirige. No obstante psicológicamente hace la función de autoridad paterna y de director de vida, lo cual genera una competencia con sus seguidores, que arrastran una tensión latente no reconocida. Esa rivalidad entre el dirigente y los dirigidos necesita vías periódicas de escape y de explosión, a pesar de que los dirigidos reconozcan las facultades de los dirigentes. La historia está repleta de ejemplos de rebelión: desde la oposición de los hijos de la horda contra el padre que centra la autoridad en la misma, hasta los que fueran aliados y seguidores del político destacado para arrebatarle sus prerrogativas de poder. Luego el ciclo continúa con sustituciones, encarnadas por destituyentes que as u vez serán destituidos, llegado su momento. Cabe pensar que las oscilaciones tensionales es el modo histórico que han tendido las sociedades para ir intercalando confrontaciones y desbancamientos con períodos de disensión. Es transicional y está llamada a desaparecer. Tal dinámica de a cada rey depuesto otro le ha sucedido en el puesto, sigue prevaleciendo, después de los reinados de los emperadores y de las monarquías. Llegará el día en que las referencias liderescas desaparecerán como tales y habrá una recuperación cualitativa mayor de los individuos y de sus nombres. Será el momento en que una humanidad esplendorosa no permitirá que unos miles, por no decir cientos, de sujetos desaprensivos unas veces, incautos otras, se jueguen a sus intereses los destinos de todos.

Un nuevo orden de hacer, sentir y pensar los acontecimientos va abriéndose paso con furia: el de prescindir de tabúes, dogmas y sacralizaciones; también, de clanes, iglesias, instituciones y gurús. La dimensión del maestro ya fue cuestionada en tanto que era y es un sujeto con un saber relativo y contextual. Todo supuesto saber maximalizado y totalista que se le atribuya acabará defraudando a su seguidor o creyente por el empuje de los acontecimientos contradictorios. Si bien el líder no es presentado como el maestro en todo, sí lo es como maestro de la ceremonia política o de unas circunstancialidad de negocios diplomáticos, al que se ve como más óptimo para llevar las cosas a término. De hecho, una vez instaurado e instituido como cabeza visible de un estado o de un partido o de una organización, es mantenido en tal lugar el máximo tiempo posible[6], porque su substitución o su perspectiva de cambio, vuelve a replantear los fantasmas de siempre y los desiderátums de las rivalidades entre unos y otros. Posiblemente el día en que la tecnología y los valores lo permitan, las sociedades podrán auto regularse sin necesidad de complejos aparatos de estado y complejas organizaciones y sin figuras altamente significativas de tales entramados. Mientras tanto el carisma del líder seguirá presente y sus feligresías los sustentarán con jubileos, hasta el momento de  comprender que todo el mundo tiene un potencial de maestría ante los demás y una necesidad de recibir como alumnos los conocimientos de los otros. La posición del no líder ante el líder resulta más saneada en cuanto tiene clara la función de defecto que cumple éste  frente a un grueso colectivo con síndrome de faltas y con superávit de miedos al enfrentamiento de sus circunstancias existenciales. La vida comunitaria y cotidiana proporciona innumerables ejemplos[7] donde la persona responsable de una función y de una situación es tomada como gestora en un tu a tu sin darle una categoría de lideridad. En tanto que no existe la infalibilidad para lo humano, no puede existir la figura rectora impecable a la que doblegar las iniciativas  de los demás.

 



[1]  Espartaco (113-71 aC)Provocó la guerra de los gladiadores contra Roma.derrotó a Publio Valerio  Varino.

[2]  Incluso cuando hay más de uno en una formación política, tal como ha pasado con Borrell y almunia en el PSOE,se ha hablado con la exageración periodística de bicefalia. ¿como, un partido con dos cabezas pensantes, deviene un monstruo, una imposibilidad orgánica?

[3] piénsese en el impresentable de Aznar del PP y el presidente cdad autónoma de Madrid. ambos miembros de la misma formación donde uno ostenta su mojigatería y el otro su talento.

[4]  La función de sujeto instrumentado ya queda claro desde el momento de que es un sujeto de encargo,pero se va haciendo más y más patente, en cuanto el nuevo cargo lo es y puede mantenerse en él, en tanto cumpla con el programa del que es la figura pública principal.su popularidad  y su nominación no salvan al líder cuando se aparta de lo que representa y con ello socava  sus propios cimientos.

quien haya pasado por la experiencia de liderar procesos sociales (asambleas, manifestaciones, huelgas o protestas)habrá podido experimentar en sí mismo/a, esa denominación instrumentalista.

[5] todo el asunto Clinton por sus  devaneos en el despacho oval con una fan que todavía sigue trayendo cola periodística,dice más acerca de la amoralidad por morbosidad alevósica del público norteamericano y en particular de los instrumentos sensacionalistas de  recargamientos noticialista de la vida privada, que no del propio presidente transgresor, que sus carismas y atractivos no le salvan del martirio por  lapidación (simbólica)

[6] A pesar de las normativas de elecciones cada 4 años en bastantes países y de limitar el máximo tiempo de reelecciones, basta ojear las modalidades de gobierno de los estados  (algo que tiene su correspondencia también en otros organismos no estatales)para darse cuenta de las resistencias sociales e ideológicas a toda cambio.Por lo general se prefiere al gestor conocido que a un nuevo programa por establecer por un gestor no tan conocido o el cual es sometido a escepticismo. finalmente tendrá que hacer uso de sus artes y su carisma personal para hacerse con el propósito de ser el candidato electo.

[7] piénsese en los turnos rotarios de la presidencia de una comunidad de vecinos o de residentes en un bloque de viviendas. Por lo general no es la función que le guste ejercer a nadie por el paquete de actuaciones que lleva apareado y en la propia rotatividad está  la exención del cargo.Nadie toma al presidente de su escalera por el líder de la convivencia en su inmueble ¿porque razón hay que tomar un jefe de estado o un jefe religioso por el líder-modélico de una nación o de una línea de pensamiento  que sea seguido por los demás?

El yo dentro del grupo

Por Jordi Sar - 15 de Agosto, 2008, 22:18, Categoría: COMUNICACIÓN

El crecimiento vital empieza en un contexto grupal. Si no hay lugar de acogida no son concebibles unas posibilidades de supervivencia[1] .Se ha repetido hasta la saciedad  que el ser humano es el animal que nace más indefenso y que su etapa de dependencia biológica es la más larga  de todas. Se nace dentro de un grupo y se es entrenado por él. Eso va sucediendo no sin ciertos costes psíquicos que comprometen la economía mental del individuo. En su carrera de aprendizajes de conductas el individuo en crecimiento  tiene que rendir ciertas servidumbres y pasar por  un paisaje de alienaciones. Todo ello en conjunto queda como un basamento de registros en la forma de estar en la existencia.

Ciertamente a partir del desarrollo de la conciencia crítica, la persona en construcción, se levanta en armas (tan reales como simbólicas) contra factores de poder que lo manipularon y cuestiona los legados recibidos de los grupos por los que pasó: el familiar-originario, el  escolar, el de la cuadrilla adolescente...Ese cuestionamiento va desde los marcos más  contables  (el de los padres y los hermanos es uno)a los más genéricos e incontables (la sociedad en su conjunto  como el grupo máximo  mayor). Tras el paso (y la pérdida) de sucesivos grupos con los que se ha trasvasado una identificación, el sujeto que recala sucesivas  e intermitentes veces en la marginación, la soledad y el balance del yo-uno; alberga la ilusión de un grupo alternativo, un grupo-solución a sus déficits y desmanes: el grupo-reina que venga a poner la guinda al pastel (o a los pastiches) de la vida. Ese grupo-ideal vive alojado en las ideologías segregadas por mentes penitentes que todavía  creen en la posibilidad práctica de un colectivo cuasi-perfecto.Sí, convengamos en que nadie cree en la perfección total, pero no es menos cierto que la mayoría de la gente exige un porcentaje elevado de ella, y por consiguiente  vuelca energía en configurar el grupo en el que participa a imagen y semejanza de la tesis de cómo debe ser el grupo ideal. De hecho el grupo  o ideal al igual que el yo ideal, sólo existe en  la mentalidad  intencionalista no exenta de un infantilismo notorio. El idealismo quimérico habla a favor de las razones nobles y envalentonadas del sujeto idealista, pero al mismo tiempo lo pone al descubierto por su falta de saber y de experiencia práctica. En el seno del grupo  formado, las colisiones permanentes con lo que no debe de ser, da muestras de una inadaptación frustrantemente continuada. Y en el seno del grupo en formación, basta esperar que los actores vayan revelándose como son, para saber que la heterogeneidad presente viene a reproducir lo que se da en otras muchas partes. Innumerables grupos de la mediana edad fracasan repetidamente en sus simulacros de  unidad afectuosa, cuando les toca invertir docenas de fines de semana en los discursos superficiales, antes de atreverse a pasar a la verdad de los sentimientos y de las sensaciones. En el proceso para alcanzarlo, los malentendidos y las rivalidades harán su presencia con tal fuerza, que todo grupo en su crecimiento  pasa por  la realidad de sus bajas, cuyo cálculo vendría a poner la verdad de que la sintonía solo es posible a partir de una depuración tácita o programada (por exclusión impuesta o por autoexclusión consecuente).

El yo dentro del grupo supervive en tanto que  se mimetiza en una cierta homogeneidad con el resto de colegas, y pasa de ser uno más a una alma-mater, siguiendo todas las fases intermedias si va consiguiendo las claves de conexión  con cada uno de los demás, y con las expresiones de todos en conjunto.

En todo momento el grupo no deja de ser una plataforma colectiva para alcanzar  individuos. O dicho de otra manera, un individuo acude a un grupo para obtener a otro individuo. Es lo que se llama salir  y relacionarse. En situaciones colectivas y en espacios lúdicos uno encuentra dos clases de elementos: las personas-diana y las que le hacen de canales (las personas-canal) para llegar a aquellas. Puesto que de entrada ambas funciones coexisten en cada sujeto, saber quien hace de qué en cada momento depende de las vicisitudes de los encuentros y de las necesidades personales de búsqueda. En ambos casos el grupo como contexto proporciona comunicaciones ambivalentes y a ambos niveles. Desde un primer momento en que alguien pone la mirada en otro, hasta que ese otro se corresponda con el primero, pueden pasan innumerables y tediosas citas enmarañadas de contextualidades superfluas. En realidad, todo ello es contable como tiempo de demora. (Td). Todo lo que tarda un sujeto A en expresar un sentir a un sujeto B, va en contra tanto de A como de B, porque no desaloja la tensión en un campo de búsqueda relacional. Eso podría  formularse dentro de  un grupo colectivo en el que la suma de sus sutiles Td interiores daría al conjunto un aspecto más o menos timorato. La psicología de las relaciones en el seno de una colectividad resulta muy pantanosa y sus factores de complejidad se ven incrementados por los malos entendidos ya citados. Un malentendido no es otra cosa que una información distorsionada. Y ésta puede ir de la entrega de unos datos incompletos a la percepción incompleta o deformada de unos datos entregados. ¿Cuántas relaciones personales han echado a perder su capital de afectividad incipiente por malentendidos ocasionados por una percepción errónea de lo sucedido? Innumerables. Todo el mundo tiene en su haber un recuento de ellas. Pero  el designio del destino es aceptar el desenlace de las relaciones  tanto si uno es víctima de un desprecio instalado por un error perceptivo ajeno, como si  es a su turno exclusor o despreciador de otros, por no contar con tiempo ni deseo de ir en su búsqueda para aclarar situaciones. Obviamente, la vida no se puede dedicar a deshacer malos entendidos o contracriticar  críticos, puesto que no quedaría tiempo útil para vivirla en sus placeres. En cierta manera hay que prescindir que ajenas opiniones empapen el universo de las propias.

El yo dentro del grupo y el de cualquier recién incorporado dentro de cada nuevo grupo, se va a enfrentar a perfiles problemáticos de personalidad, meridianamente previsibles. Se va a enfrentar a idiosincrasias en conflicto, y a una gama de comportamientos en los que zigzaguear. El  reto será no sucumbir a las interpretaciones injustas que se puedan recibir y no pretender interpretarlo todo como inamovible. El deseo es/sería el de tener un grupo el que recalara la gente más estupenda, más guapa de mente y de cuerpo, más sensible, más energética, más consciente, más flexible y abierta, y más respetuosa. ¿Quién da más? pero donde están los grupos que se autocompleten en ese sentido. Su propio proceso de creación atraerá varias clases de arribismos y disintonías: perfiles muy interesantes solo vendrán una vez  y no regresarán por no creer  que ese sea su grupo o su interés de actividad, y perfiles menos interesantes recalarán más visitas de las deseables. En cualquier caso la tesitura del grupo adulto es que admite más variabilidad. A diferencia del adolescente, cuyos miembros recalan más tiempo en su seno. Este es el grupo de amigos, en el grupo adulto la amistad ni siquiera es un proyecto con objetivo. La carga de frustraciones que arrastra este a partir de las castraciones agregadas de sus miembros, arrasa con la pretensión de hacer un grupo alternativa, a lo más, se contentará con un grupo de alterne, y de alternancia que con otros configure una especie de  espacio correlacionario de sus miembros. Es notorio como en la actualidad la gente busca grupos para hacer lo que no hizo en otros, o no era su momento hacer en otros, con lo cual se halla en una búsqueda perpetua de algo que no existe en un grupo-objeto, sino en su criterio de sujeto, que todavía no ha alcanzado a elaborar. En resumen, el grupo como completador es una ficción. O más estrictamente: el grupo no existe. De la misma manera que la idea de la sociedad como campo de socialización de inquietudes, trabajos, producciones y humanidad, tampoco existe. Existe el encuentro compartido con más o menos éxito para después del cual devolverse cada uno a sus cuarteles, a su  casa, a su cama, a su alma, a su individualidad, a su yo. E incluso los balances de existencia de los encuentros compartidos hay una parte de las conclusiones que hacen referencia a  aquello que no h sido compartible, a aquello que ha estado pues en desencuentro. Es así como todo encuentro intencional de un grupo que pretende un ludismo, un estar y una alegría al alimón, tiene una parte de su convocatoria caída en el desencuentro. El yo buceante dentro del grupo está en una lucha general permanente por ajustarse a un ritmo de velocidad y una rima de unas prosas y en una lucha particular por contactar con los estímulos más satisfactorios: el/la otro/a colega que hace más tiling para  pasar a una intimidad más estable, que el mejor de los grupos de amistad no permite, puesto que en su naturaleza de desarrollo arrastra datos inmencionables. Las colisiones que vive el yo dentro del grupo son las de los diferentes registros de verdad: la individual y la consensuada. Por eso cada individuo necesita un espacio de intimidad para confesar cual es su verdad privada. Finalmente las alianzas entre partes del grupo y las parejas, a las que se achaca la responsabilidad disgregadora de muchos grupos, es el reflejo e como el yo dentro del grupo necesita de un aliado específico del mismo para defenderse de aquel. Es así que el yo para autoafirmarse y rescatarse a si mismo no pasa de ser un usuario circunstancial del espacio colectivo, y por ende, de los demás. El dentro de grupo si quiere ser sujeto es necesariamente crítico, y sí lo es se hace saboteador sin quererlo de un estancamiento anodino  del itinerario colectivo.

 

 



[1] El niño de Aveyron y otros casos extremos de niños salvaje que sobrevivieron milagrosamente no consiguieron una adaptación a la grupalidad humana y  vieron terminar sus días tempranamente.

El grupo como ficción

Por YASHUAbcn - 15 de Agosto, 2008, 22:09, Categoría: General

El grupo[1] como ficción

Dos de los parámetros coexistentes en las descripciones y tentativas explicativas del mundo, son individuo  y sociedad, incluyendo en la carga conceptual de lo segundo la realidad de grupos y el establecimiento de familias grupales; y en la carga conceptual de lo  primero la colisión de sus intereses privados (egocéntricos, narcisistas y supervivenciales). La noción de grupo está tan arraigada que no se discute nunca la continua referencia al mismo, en una pluralidad de variedades que cubren los distintos aspectos de la vida personal y pública. Se nace en un grupo (la familia) y se  desea morir en el seno de otro (tal vez la propia familia o rodeado de la gente querida), se consumen las existencias persiguiendo la inserción en situaciones colectivas lo más estables posibles. Y no se cuestiona la necesidad de grupo para facilitar la vida y los objetivos. Y desde una visión metodológica todo individuo es estudiado como perteneciente o excluyente de determinadas categorías grupales. Quedando bastante consensuado que hay un grupo para todo: para la privacidad sentimental, para el trabajo, para lo lúdico, para la obtención de recursos, para la autoseguridad y para cualquier pretensión de apoyo. El radiograma del conjunto de grupos en los que uno se ve envuelto guardan el común denominador de ser los aliados buscados o naturales para sobrevivir en medio de una sociedad de riesgos y de una sociedad que sigue fundamentalmente descomunicada a pesar de estar viviendo su gloriosa época de la ultra información y ultra conectividad.

Grupo  es además una de las palabras continuamente revividas en el vocabulario cotidiano. Y es una de las concreciones de otros vocablos más abstractos como el de gente  o los demás.  El Grupo  pasa a ser tomado como el alter ego, o el lugar de relación que complementa los propios déficits de toda personalidad solitaria. El grupo permite convertir al individuo gregario en un sujeto agregado: uno más en la suma de los propósitos compartidos. Es así, como el que busca estimulaciones y complementos da en el seno del grupo contactado a la medida de sus posibilidades y necesidades, un espacio de diálogo, de miradas y de búsquedas de  otros semejantes de los que sacar tajadas espirituales, sentimentales o dividendos de otros tipos. Ese grupo-noción empaña el pensamiento de quienes lo pueden componer, y de quiénes   -deseándolo- quedan al margen. El grupo es la tabula salvadora para innumerables situaciones: para el ocio y los entretenimientos, para el lugar plural de hallazgo de contactos singulares, para la organización de proyectos y empresas, para las conspiraciones. Es, en el peor de los casos, el nexo con la realidad: un lugar deplorable en muchos aspectos pero el único sitio que te permite dar con realidades cárnicas[2] .De esta guisa el grupo queda hipervalorado, en tanto que parámetro-cantera o mina del cual extraer experiencias, intercambios, goces, novedades y una renovación de actualidad. Es la galería donde mirar y ser visto. Donde  ser presentado. Donde aspirar, tal vez, a la persona-alternativa, no encontrada aún antes. El peor grupo ayuda a activar la reflexión y emplaza a tomar posicionamientos decisivos. Hace pues una función motora. Basta con que coloque un  mínimo de conversaciones para proporcionar una co-experiencia y una inspiración reflexiva[3] . Pero la sede de la inspiración está en quien reflexiona, no en quien/es hace/n reflexionar.  Una de las líneas de reflexión recurrentes en torno al grupo es acerca de sus déficits y desidentidad, pasando por ser lo que no es. Y el espacio del pensamiento más sólido es el antes y el después de la vivencia de grupo. El sujeto vuelve a su cuartel individual para reconsiderar su psicología de la relación y lo que le aporta o no sus encuentros con el Grupo. La frecuencia de encuentros y la gama de variedades de su repertorio de contactos le dan nota de si es más o menos de su cincuenta por ciento de tiempo global, y si son un lugar de encuentros preciosos  o de desencuentros, pero que a pesar de todo los nutre para estar a salvo de si mismo como individuo. La personalidad aterrada a su gregarismo acepta cualquier compañía que estimar mejor que la soledad. De ese modo hace un cierre sobre si misma acatando la dinámica alienante del grupo.

Posteriores revisiones de tal comportamiento le pueden proporcionar información sobre una persistencia de su adhesión al grupo como lugar donde socializar y justificar neurosis pero no donde profundizar en lo sentimental y en lo intelectual. La mayoría de grupos tienen un deceso de galibo. No dan la talla para lo que se espera de ellos. Y ni  siquiera se ajustan a la idea demagógica que inicialmente los creó[4] .Pero puesto que hay lo que hay, la figura de tránsfugas a la búsqueda de lo que no existe, les lleva a pasearse por distintas agrupaciones, a la vez que tratan de engañar la evidencia: el grupo alternativa no existe y el grupo para todo es una ficción. Conclusión, que puede liberar de búsqueda infructuosas y frustrantes entre un montón de gente, que buscando lo mismo (amor, comunicación, comprensión, sinceridad y el etcétera que suele acompañar esas evocaciones) no es capaz de proporcionárselo recíprocamente. Es así como después de innumerables salidas con varios grupos, las llamadas telefónicas privadas apenas existen y las conversaciones íntimas siguen siendo temidas. Después de unos encuentros en el desencuentro el sujeto vuelve a desagregarse para respirar de agobios y para reconocer la ficción de lo ajeno, rescatando el parámetro  de la individualidad como la dimensión autentificadora de lo que es más real.



[1] toda referencia al Grupo,es a cualquier clase de grupo en su sentido más abstracto y teórico, que incluye una pluralidad de individuos compartiendo un  espectro de intereses.

[2] Woody Allen,con su capacidad de pasar de lo trascendental a lo mundano, dijo que detestaba la realidad pero que era el único sitio donde te puedes comer un buen filete.

[3] Innumerables sentadas en grupo, de una infinidad de tipologías, siempre me han proporcionado ,fuera cual fuera mi participación,. algún tipo de inspiración por la vía de la excitación neuronal y de la atención de los discursos hablados y  cuantiosa comunicación no verbal prodigada.

[4] Hay que matizar entre ámbitos,culturas y edades. En la mediana edad, que es donde más déficits se presentan por la profusión de divorcios y separaciones, loas buscadores/as se apuntan a un bombardero y van a por todas ,aceptando anuncios de propuestas en los que en el fondo no están de acuerdo.Eso da lugar a  pseudogrupos anclados en curiosas irrealidades.

Desencuentros

Por Noé Cándor - 15 de Agosto, 2008, 22:04, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Desencuentros: Relaciones finitas y contactos agotados.

La relación es un concepto algebraico que tiene sus traducciones en la geometría y en la Física. Y por supuesto es la palabra dominante para describir la tipología de contactos entre seres humanos. No está consensuado  cuando queda establecida una relación aunque es de amplia aceptación que dos personas están relacionadas cuando mantienen una continuidad de contactos de tipo x en torno a un tema y. Más equívocamente se infiere que dos personas tienen relaciones cuando esas relaciones son de tipo sexual. Así pues, es una palabra que  es trucada para convertirla en un concepto estrecho y exclusivizado a lo íntimo, cuando originaria y etimológicamente la relación  incluye una amplia variedad de fenómenos de contacto de muchísimos tipos. Veamos:  a,b,c,...n  pueden estar relacionados entre sí de distintos modos y uno de esos es el  de la afectividad, y otro el de la intimidad sexual, dentro de un universo de contactos variados. Según el tipo de contexto relacional, la relación tendrá una intensidad u otro, un futuro u otro. De todas las probabilidades imaginables la relación para siempre es  la más ilógica. Aún con tal constatación estadística, el empeño racionalista pretende convertirla en un marchamo para siempre, hasta el punto de que las culturas más férreas impiden que sus hijos se relacionen en la intimidad sino hacen solmenes compromisos de vivir juntos para siempre.

Siempre, es una palabra turbadora y amenazante. Siempre, es mucho tiempo. Siempre, implica la totalidad del tiempo del que se dispone. No es extraño que lo que se dio en llamar revolución sexual, o en términos más poéticos, la rebelión floreada, exiliaran el parámetro del tiempo  para el establecimiento de relaciones libres, reguladas por la adhesión de las partes y no por compromisos legales. Eso permitió liberalizar las formas y los sentidos, y en especial dio un  espaldarazo al crecimiento de la conciencia, ya que las elecciones de placer dejaban de ser supeditadas al dios Crono y a su implacable contabilidad de los años. Con tal liberación, los hombres y las mujeres pudieron buscarse los unos a los otros desatando  el motor de su pluralidad, como  uno de los factores inextinguibles de la idiosincrasia humana. Eso, directamente  naturalizaba las relaciones sin tener que expresarlas por las formas prohibidas de sus expresiones adúlteras. Lamentablemente después de unos tiempos de expansiones libertarias y de proclamaciones de amor libre, nuevamente una revancha de las formas tradicionales de enamorarse y de poseer la intimidad del otro querido, volvieron a posicionarse como regentes. Dando lugar a una recaracterización de las relaciones  de intimidad como una sistemática entre dos. Eso ha hecho de la pareja, la figura más simbiótica que es reconocida. Su análisis al pormenor no da  positivos en la dimensión del encuentro, sino también ofrece episodios de desencuentros. El desencuentro es la diferencia de pareceres y  de interpretación de la experiencia común entre dos o más, que coinciden en ella. Y se da tanto en las relaciones coloquiales y cordiales en el campo de la amistad y del afecto, como dentro de una relación  privada de intimidad, y también dentro de las relaciones convivenciales, y por supuesto en las de pareja. el examen de los desencuentros permite dotar de consciencia a las partes de una relación donde están las discrepancias y cuáles son los temas de diferenciación o de irreconciliación, establecidos los cuales permite avanzar la relación en otros aspectos de mutua complacencia y complementación. En el caso de las parejas, la multiplicación de los desencuentros, por estilos de comunicación distintos, interpretación opuesta de los datos de la realidad y desavenencias varias, puede llegar a sugerir la hipótesis de la finitud de la relación. No obstante la biografía recorrida ficha a favor de una mayor conservación de las relaciones, en particular después de haber vivido varias, prefiriendo relativizar las desavenencias recolocándolas en el grupo de las contradicciones manejables, que no convirtiéndolas en antagonismos imposibles de arreglar. En todo caso, la madurez personal queda distinguida por esa capacidad de neutralizar la propia visceralidad, purismos y principismos inclusos, a favor de  reconciliaciones y síntesis de partes distintas. Lo que no quita, que en la pluralidad de relaciones que la vida social, profesional, cultural, militante y afectuosa van proporcionando a lo largo de una vida, hay contactos que se agotan porqué ya dieron todo lo que pudieron dar en su momento, lo que no significa, que imaginarias reconexiones entre conocidos que ya alejaron,  podrían continuar siendo fructíferos. Pero por una matemática de posibilidades de existenciar los entornos, un solo sujeto choca continuamente a lo largo de su vida, con una de sus limitaciones características: no poderse hacer cargo[1]  de todas las personas q conoce y de todo lo demás.



[1] Sin contrariarla posición de Manual Cruz en hacerse cargo , donde  tesitura  la dimensión ética de hacerse cargo de cada función que emprenda conscientemente y de las consecuencias de sus actos.

Las Relaciones Superficiales

Por Sussana Maraselva Reina - 15 de Agosto, 2008, 21:58, Categoría: COMUNICACIÓN

Salir  es uno de los verbos de éxito cuya conjugación admite múltiples significados. Salir significa salir de uno, dejar los aposentos,  marchar de la autoexclusión y del retiro. Significa ir a  o ir hacía. Significa finalmente relacionarse. La enjundia de tal verbo  es de una verbosidad aplastante y tiene un poder de significado que para sí lo quisieran otros verbos que pueblan nuestra gramática. Salir  significa intercambiar comunicación, compartir experiencias sociales, cabalgar sobre el goce comunicado y caminar por el territorio ajeno. Salir  es tanto como superar el ostracismo, saltarse las barreras personales, dejar de ser la sombra de lo que uno o una desea y pasar a la acción. Salir es un condensado de todos los demás  conceptos y verbos de la relación social y lúdica. Salgo con  es la fórmula expresiva preferida por los más jóvenes para  describir su momento personal y emocional. Y no deja de ser curioso que se emplee tal modalidad críptica para indicar que se tiene un alado, una persona preferida, un amigo o amiga, un ser selecto y alguien con quien contar. Tener ese aliado para los paseos y los espectáculos, para las conversaciones y las exploraciones sensoriales es de una importancia capital. Por el contrario, no tenerlo  es tanto como estar condenado  a la marginación. La gente se apresura en tener a alguien con quien salir. Aterrada por la soledad y dolida por la suya propia  buscan con  ímpetu industrioso alguien con quien asociarse para no tener que andar  en soledad por la vida.  Se apresura así,  la búsqueda del amigo o del novio, de la personalidad que  acoja al solitario o a la solitaria, y así hacer un pacto tácito de mutua protección ante las miradas de los otros. Por encima de lo que se va a ver o degustar  o conocer, interesa más en primera instancia con quien se va a hacer todo esto. Especialmente durante las vacaciones y los días festivos no tener con quien salir puede significar quedarse sin fiesta, quedarse en casa, quedarse en la trinchera.  Para el sujeto solitario amarrado al malestar de su soledad, salir solo/a es tanto como decirle al mundo su estado sentimental. Puede preferir quedarse alejado del mundo que revelarle su secreto. La soledad  es ciertamente terrible cuando queda experimentada desde la sentimentalidad de la frustración. Tal vez sea necesaria toda una vida de aprendizaje para entender que las relaciones con los demás son transitorias e incluso secundarias por encima del hecho individual de que uno es lo que es independientemente de si es muy o poco acogido por los demás.

Pero volvamos al personaje, todavía adolescente por su biografía o por su mentalidad, que es incapaz de  seguir sus intereses culturales o lúdicos si no es de la mano de alguien que le haga de socio y de depositario de confidencias. Ese alguien tal vez tiene la misma estructura de mentalidad que el primero, siendo que dos solitarios se unen para exorcizar el demonio de la soledad. El caso, es que constituida una pareja de salida o un primer grupo de relación, ellos y ellas al fin se permiten salir al mundo con el sentimiento de la fuerza y de la seguridad. Es así que las vísperas de festivos y festivos la faz urbana varia totalmente: las muchachadas se permiten el jolgorio y el griterío y las gamberradas, seguras de sentirse protegidas por ellas mismas. Por su parte, las personalidades que tienen su amigo o su novio/a estrenado/a con  los que hacen tándem y  se apresuran a consolidar un dueto, parecen preferenciar esa relación por superficial que pueda ser a las ventajas sentimentales que pueda proporcionar.

El panorama de las relaciones lúdicas se extiende con rapidez como una mancha de aceite y desde la infancia el sujeto humano estás empujado a ellas. Cualquier niño o niña que presente conductas auto segregadas, ensimismamiento, poca disposición al juego y al grito durante los recreos en seguida será sospechoso de anómalo por asocial y correrá el riesgo de ser categorizado como autista o desequilibrado. Desde muy pronto, por lo tanto deberá hacer su comedia, actuar de acuerdo a lo que la sociedad de los mayores esperará de él. Y ese niño, contra sus tendencias naturales so convertirá en un bufón, un ser anodino tal vez, un sujeto superficial. No será extraño que cuando por rol y guión le toque no sepa hacer nada por si mismo y necesite cubrir sus déficits con los que la cultura y la educación lo habrá cargado, estableciendo relaciones tan superficiales como falsarias.  Animará relaciones de noviazgo largas en las que no cree, participará de comedias familiares, rituales y ceremonias de compromiso por hipocresía y por un sentido de la inversión materialista; y participará de grupos de amigos supuestos en los que  el elixir de adhesión vendrá constituido por las cervezas de cada dia  en los bares. Ante esas relaciones superficiales  cualquier versión de la soledad hubiera sido mucho mayor, pero la experiencia sentida por ella de fracaso y de dolor  afirmará la tesitura de “más vale estar  con compañías indeseables que en la soledad extrema”. La gente necesita de la gente aunque sea para crear un simulacro de bondad solidaria. Mientras no se ponga a nadie en un aprieto, todo el mundo parecerá aceptable y correcto, tan pronto llegue la hora de  la solicitud de favores, su sola propuesta discriminará a todos los demás en dos grupos: aquellos con los que contar y aquellos otros, generalmente la mayoría que los tenias por equivocación en tu agenda. Esa proporción no hará otra cosa que confirmar la hegemonía de las relaciones superficiales o el estatuto predominante de la superficialidad dentro de ellas. Hay una predominancia del desinterés por la verdad ajena.

Durante una vida socialmente activa se pueden llegar a conocer miles de personas. De hecho cada dia se puede hablar con unas cuentas por primera vez. Basta tener una profesión de public relations  o un planning que tenga en cuenta el establecimiento de nuevos contactos. Se pueden hacer varias entrevistas de una hora o más. Eso daría una cifra de más de mil por año, más de cincuenta mil en una vida dedicada a la conversación y a la escucha con y de lo ajeno. Poco importa ahora para el debate s es esa cifra o su tercera  o décima parte. Lo cierto es que técnicamente es posible ese acceso a una multitud. En la práctica no se agotan ni desean agotarse los recursos comunicativos. Una buena parte de relaciones potenciales son negadas con la primera mirada o percepción. Hay gente que por su aspecto o sus indicadores externos ya quedan proscritos para todo posible contacto verbal. Por no añadir que por razones de protocolo dirigirse a un/a desconocido/a sigue estando mal visto y resulta una conducta sospechosa.  Otra multitud no pasa  de los primeros cinco minutos de comunicación verbal. Las diferencias son intuidas o establecidas prematuramente y el otro da indicadores de si escucha o tan sólo aparenta escuchar. Una tercera  situación es la de continuar con una entrevista con una pretendida profundidad, que no necesariamente tendrá que ser repetida. Tal vez la entrevista sea para evaluar una aptitud profesional, para hacer un diagnóstico emocional o para evaluar una posibilidad de relación posterior de intimidad o de negocio. En una primera hora de conversación puede quedar agotad toda la posibilidad de una relación. La inmensa mayoría de primeros contactos no continúan. Entre dos hablantes se pasan multitud de informaciones que tienen resonancias en sus pasados respectivos y cada uno de ellos es juzgado por el otro en función de sus prejuicios o preconceptos. Pasados esos proto-contactos una minoría de ellos queda como relaciones inscritas en las agendas personales. De los cientos o miles de personas conocidas sólo una minoría pasa a ser la amiga, la que tiene el privilegio del afecto y de la intimidad. De la otra ni siquiera queda el recuerdo del nombre ni la imagen nítida. Y contra su desdibujamiento y la profusión de su superficialidad se pretende unas relaciones-fortín desde las que  demostrar que el mundo es humano y rehumanizable y el amor sigue en pié. Es entonces que se habla de afecto y de incondicionalidad y de sinceridad. Lamentablemente el análisis concreto de las relaciones perdurables concretas demuestra que la superficialidad también puede anidar en relaciones estables o permanentizables, entre amantes, entre marido y mujer, entre padres e hijos, y desde luego entre vecinos y entre amigos. El sujeto social vive la paradoja de un doble discurso: por un lado se siente o cree sentirse arropado por los demás, por otro lado cuando los pone a prueba como aliados verdaderos se da cuenta de  la verdad de su poca consistencia. Claro que hay excepciones extraordinarias  que salvan a la especie. Hay aliados legítimos y consecuentes, cómplices para poder vivir frente al mundo, relaciones que no se quedan en la cautela si no que profundizan al máximo. Pero la tendencia dominante es la de la superficialidad, especialmente cuando tras unos cuantos fracasos sentimentales el sujeto herido se convence de que el ser humano es un fracaso por el que no merece la pena luchar ni entregarse.

Ésta polémica se posiciona en predicados genéricos del tipo: creer o no creer en la gente. Si las relaciones son superficiales es porque la gente no es creíble en sus presupuestos básicos. Se la tiene como decorado, como contorno y ambiente, como  fondo de recursos, pero no como alternativa o como parámetro de soluciones. De hecho una buena parte de los problemas humanos  vienen  por los equívocos generados en la interacción con los demás. La superficialidad es un hecho consecuente con la desconfianza reinante. Es, aparentemente, el único estado fiable de las cosas. Las relaciones humanas en su conjunto se resumen en la dimensión del otro, lo que no es yo, lo que está fuera de mí, lo que posee alguien ajeno a mi subjetividad, lo que resume desde el singular a la humanidad entera. Ese otro, es de acuerdo con las palabras de  F.Hölderlin, un sufriente de campeonato, la congoja y los más amargos sufrimientos[1] .Y si los demás son el envite al sufrimiento cuando se cree en ellos, ¿por qué continuar  depositando una expectativa que nos va a traicionar? Lo único que cabe hacer es singularizar la relación humana con  aquellas personas que puedan admitir ese discurso y no se engañen con respecto a lo que da de sí la vida. Pero eso es tanto como sellar una alianza con gente que procede de la fatalidad y de las frustraciones personales, con la cual se hace difícil esperanzar una relación de futuro feliz.

 

 ¿Dónde está la solución si es que cabe hablar de ella? Hay otra vía de consideración menos dramática: las relaciones humanas son mayoritariamente superficiales porque la psique individual no puede albergar la profundidad de todas y cada una de ellas. Ni siquiera puede permanentizar ninguna de sus relaciones estables en el tiempo y transversales en sus diferentes momentos biográficos, con la misma intensidad comunicativa. Toma cualquiera de tus relaciones personales, consanguíneas o no, y en el modo de describirlas introducirás tiempos de conjugación  que se harán eco de  diferentes fases y profundidades de relación según ´épocas y coincidencias.

 La superficialidad o la no profundidad no solo describen situaciones de partida en las que ya quedan inscritas para siempre un tipo de relaciones, si no que también pueden ser situaciones consecuentes tras épocas intensas. Las relaciones tienen un principio y un fin, se agotan. Eso es incomparablemente mejor  a que terminen sin ser agotadas en todo lo que podían dar de si.

Desde una óptica totalmente idealista se presume que cada relación puede conceder interesantes experiencias de bondad y solidaridad .Se basa en la tesis de que todo el mundo es bueno, es decir de que todo el mundo piensa como el que se cree de si mismo que es un cargamento de bondad. Pronto los palos de la vida demuestran que hay tantas realidades como sujetos que la viven y más visiones distintas de lo que es el mundo que lo que uno cree. Lo que convierte al otro en un candidato a formar parte de una relación superficial o profunda es si su visión del mundo coincide o no con la propia. En principio a una mayor afinidad  le corresponde una mayor aproximación personal. Eso haría pensar que las relaciones personas son clanes de afinidades. No es así. Las relaciones personales que van quedando como  último e inextinguible reducto, o como  la pequeña parte del mundo en la que confiar totalmente, son aquellas compuestas por personas que han sabido estar a la altura de las circunstancias a lo largo de la relación. El sujeto de amistad no es el que te dice sí a todo, o sea el que piensa siempre como tú, si no el que es capaz de decirte no, cuando discrepa y que a pesar de su diferencia contigo te apoya éticamente en una tesitura de dificultad. El sujeto de amor o el ser amado no es aquel que mantiene la pasión todos los días o te convierte en su dios privado al que obedece en todo, si no el que marca su propio territorio junto al tuyo y hace de esa diferencia un acicate de conquista y de valoración. El sujeto solidario no es aquél que te ayuda por conmiseración y sólo para salvarte si no el que te instrumenta las condiciones para que puedas ir valiéndote por tu propia cuenta. Esos tres planos son  los que hacen diferenciar las relaciones superficiales de las relaciones profundas. Y lo que profundiza a dos hablantes no  son su multitud de elogios recíprocos o sus homenajes respectivos con medallas y honores, si no la constatación de lo que comparten como discurso y lo que se separan como vidas diferenciadas.

Con el paso de los años, las agendas con los nombres de las personas tratadas y conocidas se almacenan o destruyen y la memoria conserva, aunque no indispensablemente, los grandes nombres de las personas  priorizadas. El número de la cantidad de relaciones parece que va en contra de la calidad de las mismas. Se va avanzando en intimidad con la singularización y se van haciendo clasificaciones de conductas con la maximización de conexiones que no van más allá de lo superficial. Las relaciones superficiales nos condenan a una aproximación global al mundo y a mantenernos en la prevención ante sus peligros, mientras que  las íntimas no pueden potenciarse al infinito. Es literalmente imposible poder mantener la misma comunicación de profundidad  con todo el mundo: ni todos los interlocutores son válidos ni la  capacidad subjetiva de ese deseo permite concretarlo. Por otra parte, el inicio de contactos antes referido, ya da la pauta de qué personas discriminar para interesantes, largas y continuas conversaciones y que otras no dejarlas pasar de los primeros predicados. La gente que inicia sus conversaciones desde afirmaciones inflexibles y desde posicionamientos fortificados de creencias (”yo creo/yo no creo”) desde la más purea acientificidad, son candidatas a la superficialidad, mientras que las que traslucen su intención de posicionarse en el punto de vista del otro y adoptan criterios de escucha y flexibilidad, tienen más oportunidades de continuidad comunicativa. Desgraciadamente, una multitud de primeros contactos  sugieren  que la mayoría de personas están afiliadas a la superficialidad y una minoría son dignas de ser escuchadas e interiorizadas.



[1]  Hölderlin,Friedrich. Pomas de la locura. Ediciones Hiperión Madrid 1998 Este verso, Die  Andre führt zu qual, und bittern Schmerzen,( el otro es la congoja y los más amargos sufrimientos) pertenece al poema Die Zufriedenheit, la satisfacción.

Conversaciones de Teléfono

Por YASHUAbcn - 15 de Agosto, 2008, 21:52, Categoría: COMUNICACIÓN

El teléfono suena. Estás atareado pero atiendes la llamada. Al  otro lado del hilo una voz comunicante, inquieta e insistente llega a repetir hasta cuatro veces la misma clase de frases y mensajes. El abuso de tu tiempo resulta excesivo para  decir en el cuádruple o quíntuple de tiempo lo que ya dijo al principio. Finalmente, apresuras el cierre de la comunicación, con frases de “cambio y corto, vale, de acuerdo, entendido, ya lo has dicho antes, ya sabes que lo sé, bueno, vamos a cortar que tengo prisa, ahora estoy bastante ocupado, lo he comprendido,..”.Si la parte comunicante no se da por aludida acabas por desembarazarte por la vía rápida. Si se sospecha a sí misma, pesada y fuera de lugar, al primer aviso de inquietud o de prisa por tu parte, tiene la cortesía de apresurar la finalización. Afortunadamente, los teléfonos móviles y el monto de sus facturas han venido a auxiliarnos a los llamantes que se cuelgan del teléfono.les facilitas el número del móvil y así  cuando te llaman procuran ser breves por la cuenta que les trae. Claro que esto te da un respiro momentáneo,  ya que más temprano que tarde te recordarán que les debes llamadas o que te toca a ti contactar y gastarte los dineros. No importa cual sea tu parecer o tu agenda o tu noción del contacto. el/la interlocutor/a te llama a orden recordándote que tu debes de llamar. Oh, el teléfono. Gran invento. La palabra hecha impulso eléctrico (ahora emisión de onda) para recodificarse nuevamente en palabra y atravesar países, fronteras y culturas para decirnos las cosas. Todo va bien y  resulta estupendo justo hasta el momento en que  te llaman fuera de horas, te interrumpen, no te preguntan si es un buen momento para hablar o si tienes tiempo o te someten a una prosa que no quieres. Afortunadamente la tecnología  adelantada (con dígitos que son auténticos salvadores de situaciones) te permite ya saber quien te llama antes de descolgar el teléfono. Es una tecnoprofilaxis. Según quien te llama descuelgas o no. Ya lo hacíamos con la mirilla de la puerta ante el vendedor indeseable que venía a molestar sin anunciar su visita, o con el circuito cerrado de televisión añadido al interfono. Ahora según que plasta llame somos libres de atender o no la llamada. Claro que intuitivamente según el momento preciso del dia (o de la noche) que recibes la llamada, puedes siempre optar por no descolgar si lo que estás haciendo no puedes(o no quieres) dejarlo. Contestar al teléfono automáticamente cuando suena se había convertido en un reflejo condicionado. Ahora nos cabe la oportunidad de des-condicionarlo. El abuso telefónico produce anécdotas a raudales y en los casos extremos hay personajes mudos que se entretienen en molestar durante años seguidos sin atreverse a decir ni mu cuando descuelgas. Por eso una medida de seguridad es no publicar el teléfono personal ni dejar que caiga  en la agenda de personalidades enfermas. Todavía en la actualidad, el apartado postal (o el Email) y un teléfono profesional  siguen siendo las pautas más recomendables para dar elementos de localización. El mundo no está para bollos y los excesos de confianza  z quien no la merece pueden seguir resultando caros.  La mayor parte de las veces el uso indebido de teléfono es de tipo egoísta más que saboteante. El/la hablante al otro lado del hilo te llama en un ataque de soledad o angustia y te coloca mil historias repetidas para echarte toda su basura y quedarse tranquilo/a. Tú, por cortesía, lo/la atiendes sin que te queden ganas de hablar de ti o de tus historias, porque no deseas hacer otro tanto. Luego cuando llega el momento de “ruegos y preguntas” te escapas como puedes, no sin haber quedado con el pabellón auditivo palpitante y la convicción de no repetir lo mismo. Obviamente el abuso de este tipo se extingue antes cuanto antes dejes de retroalimentarlo y pases de la cortesía magnánima a una amabilidad restringida. De otra forma eres carnaza de las llamadas carroñeras de  hablantes que a falta de relaciones sanas y fluidas te buscan a ti porque dejaste filtrar  una conducta condescendiente en tu modo de ser. La conclusión no puede ser otra que la de combatir esta variedad de la egoísmo en la preservación de uno mismo, por lo tanto en una dosificación del propio egoísmo.

Psicología del Traidor

Por Néstor Estebenz Nogal - 15 de Agosto, 2008, 21:50, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

La traición es un concepto que se nos refiere, ya de niños, al estudiar libros de historia. Las luchas de/por el poder  han ido asociadas a escenas emblemáticas de deslealtad con saldos de  asesinatos por la espalda[1] . Traición es una palabra derivada de tradere, entregar. Quien traiciona entrega a aquél que confiaba en éste, a sus enemigos. La figura de Judas es prototípica. Y la de Casio Longino  (en la década de los 40 aC) uno de los asesinos de Cayo Julio Cesar  también. Sin embargo la gama de actividades traidoras  es extensa y recorre una variedad de comportamientos sutiles. El sujeto traidor es quien facilita las maneras (las informaciones) para ocasionar una destrucción[2] .  La cual, puede ser infligida aunque sea involuntariamente. Los comportamientos de traición recorren una infinidad de actitudes personales, pero que se resumen en hacer lo contrario a lo que era esperado. Un grado extremo de inconsecuencia entre lo prometido y lo hecho, puede llegar a ser un acto de traición. Embarcar a los demás en proyectos y dejarlos luego en la estacada, puede ser considerado como una deslealtad personal y a las ideas muy severa. Establecer unos compromisos con una posición teórica y práctica y luego convenir otros con una facción  distinta[3] , recorre la gama de conductas indeseables: deshonestidad, ocultamiento de la información, tergiversaciones, divisionismo, personalismo y engaño. Y la historia esta plagada de registros conductuales de este tipo. Con ellos, quedan unos nombres  que dejaron huella destacada y luego pasaron a ser sinónimos de traición. De hecho, cuanto más destacado haya sido alguien en una lideración y menos haya estado a la altura de sus propios predicados, resulta proporcionalmente  mejor candidato a ser traidor.  En todas partes han crecido leyendas al respecto[4]  y las figuras tenidas por traidoras actúan como revulsivo a continuar con luchas y prebendas que carecen de garantías de obtenciones. Tratar con la traición significa reconocer los rostros grotescos de la realidad. El traidor es tanto más traidor cuanto más se ha confiado antes en él, y  puede hacer tanto más daño cuanta más  información se le haya depositado. Su  deleznable conducta, por injustificable que sea, proporciona un saldo de experiencia considerable y confirma las antiguas tesis sobre la corruptibilidad y la fragilidad de la condición humana, dispuesta a venderse por cualesquiera treinta simbólicas monedas. Indirectamente, la interacción con no importa que clase de traidor o traición ayuda a madurar y al crecimiento consciente: nadie puede tener un certificado de garantía absoluta acerca de alguien. La variabilidad de los factores, también incluye que cualquier personaje portador de un pensamiento se pueda convertir en su contrario. Y de hecho así  trató de demostrarlo el materialismo dialéctico. ¿Por que negar la existencia de individuos que enjalbegan su cosido rostro con tintas de conmiseración, tras haber vendido a sus compañeros? Los ha habido con profusión y los seguirá habiendo. Mientras la confianza sea un bien vendible seguirá produciéndose variedad de deslealtades, bajo las cuales la conducta desleal será argumentada con alguna lógica de supervivencia. Dentro de cada traidor  especulará una última justificación para su conducta  inaceptable a los ojos de los demás. Ciertamente el traidor no es más que el síntoma de un estallido en una situación límite precedida por  la pérdida de convicciones y por el oportunismo de un momento. Pero así como el que habla tras la tortura  puede reunir atenuantes para sus confesiones arrancadas, el confidente profesional pertenece a otra categoría de alimañas, así como quien ha pasado de los vocablos de la persuasión obrerista a los desfalcos y negocios no éticos de enriquecimiento acelerado, pertenece a una categoría de tránsfugas indeseables, que  en el basurero de los comportamientos denigrantes, sin ser de recibo, no hacen sino indicar la potencialidad polimórfica de la economía de supervivencia de los humanos; más capaces de sucumbir al policromo de sus egos que seguir con la consecuencia de lo que le quedara de sus conciencias.

El traidor remite a una psicología del supervivencial bastardo, que antepone sus necesidades egoicas a los deseos colectivos de los que formara parte, o incluso animara desde la primera línea, siendo tanto más traidor, cuanto más entregado estuviera en otro momento a una causa social. La salpicadura de sus detritus se hacen sentir tanto más lejos, cuanto más asociado hubiera estado su nombre a los predicados de lucha.  En ese escenario de lo social que plenipotencia en si mismo lo grandilocuente y las gestas, una personalidad predispuesta a la inconsecuencia, puede encontrar las condiciones abonadas para ser  aceptado, ser escuchado, ser seguido, ser admirado y ser creído: parámetros todos que sacian la merienda egótica del sujeto interesado antes en tener un público que en  poner en marcha  los objetivos por los cuales lo ha aglutinado. Las movedizas arenas políticas proporcionan las circunstancias ideales para que el traidor en potencia a medio gas de su inteligencia se haga con la dirección de procesos en los que impere  confusión, desaliento e incapacidad directiva. En todo país de ciegos el tuerto es el rey y en toda circunstancia de impasse el arribista que propone la píldora dorada se hace con el mercado. Puesto que de esto se trata: de capitalizar un mercado. Y el traidor potencial que ya reúne las características personales para serlo, distingue perfectamente aliados que le van ayudar en su puesto de mando y críticos que se lo van a obstaculizar, haciéndose con unos y apartando a otros. Es el resumen de toda política y político que distingue entre socios y adversarios. También es el resumen de toda empresa y competidor que discrimina perfectamente entre sus asociados y subalternos de una parte y sus  peligrosos rivales que pudieran desbancarle, de otra. El sujeto que deviene traidor lo es porque anteriormente ha sido depositario de la confianza ajena. A diferencia de un enemigo inequívoco tiene las ventajas proporcionadas por lo camaradesco y la cercanía. En tanto que recibidor de un afecto y una información de los demás, es en esta misma medida que puede hacer más daño con consecuencias a veces irreparables y casi siempre imperdonables.  Si los caminos ensuciados por delatores, chivatos, esquiroles, antiobreros y rompehuelgas -abundando en  una terminología de usanzas combativas de otros tiempos- pudiera encontrar justificación sociológica (queriéndolo y buscándolo mucho) en la urgencia de necesidades supervivenciales; los manchados por traidores a sus propios credos ante correligionarios y compañeros de partido, solo las encuentra en complejas motivaciones ególatras y psicológicas, que solo un análisis psicológico puede revelar. La historia de lo social y de lo político brinda una interesante casuística de gente que capitalizó confianzas para luego burlarlas y traicionarlas, puesto que en todo momento prevaleció un interés personal por encima de los intereses colectivos que prometían defender. La psicología de la traición entra por completo dentro de ella. 



[1] La puñalada o el disparo por la espalda  dibuja plásticamente la escena tópica de la traición.Pero en sentido figurado abarca todas aquellas actitudes  que traicionan a alguien  sin preavisarlo de tal cambio intencional.

[2]  Los sistemas policiales de todas partes cuentan en sus nóminas no oficiales con delatores sin los cuales su labor de investigación  no tendría la oportunidad de ser brillante. A tales individuos, (subespecie digna de estudio)se les llama confidentes, o informadores, eufemismos que no ocultan su verdadera talla de traidores lasos. En ese sentido, la connotación de la traición no es porque a priori haya algo pactado entre el delatado y el delator (por ej.un vecino que informa a la policía acerca de una plantación de marihuana de otro)sino  pq implícitamente se supone que la gente no está para dar parte de uno a los agentes represores.

[3]  Una de las últimas fracciones en el seno de  lo que se sigue llamando voluntariosamente, la izquierda, la de Ohms y P.Puig,expulsados de Els Verds por pactar a  espaldas de la dirección, otros acuerdos con sus socios electorales, IC, remite a una tipología clásica en el escisionismo . Posiblemente  los alegatos personalistas  favorecen una disposición a las conductas desleales y por lo tanto traidoras. Tal vez toca reflexionar que todo líder que ha amasado un poder extra en su itinerario militante, tiene mayor grado de proclividad a la traición a otros que se han mantenido al margen de las funciones de delegación y de poder, por temor a sus vectores corruptores.

[4] En la zona del vallés occidental uno de los procesos organizativos de extrema izquierda siglado  en OIC, tuvo  por uno de sus líderes a “El pájaro” (Didac Fábregas), un virtuoso del obrerismo y del discurso cautivador por el que se dejó enganchar  una  cierta cantidad de gente. Aquel grupo, como otros del radicalismo, se extinguió después de debates extempóreos sobre la supuesta vanguardia de un supuesto proletariado como agentes para la transformación social. Al mencionar época, ubicación y partido,el nombre del sujeto en cuestión es inevitablemente mencionado, como una especie de resorte automático en el habla, y generalmente asociado a términos despectivos por ex-militantes que se sintieron engañados por él. Posiblemente obedecía-a su pesar- al perfil del perfecto traidor en potencia, en tanto que su afición a  la proletarización y a la lideraridad, obedecía más a sus carencias psíquicas en la personalidad, que a la expresión evolucionada de un adelantado en consciencia. Tras su fervor de otros tiempos ha quedado lo que siempre ya estuvo en primer plano, su arrogancia protagonista y  su compulsión por  un  “ordeno y mando”. Por eso su perfil de personalidad seguiría haciendo sus manipulaciones en otros lugares,con discursos completamente opuestos a los anteriores, para acabar contando a sus sobrinos a falta de otro público, su fabulación de los hechos: “yo hice, yo organicé, yo parí,...”.Otro caso que  revela la desentimentalización de uno por  un lado y  el seguidismo alienado de los otros, por otro lado.

Protagonistas y personajes

Por YASHUAbcn - 15 de Agosto, 2008, 21:40, Categoría: The OBSERVER

La realidad se configura  y la historia se ha perfilado  por un recorrido continuo de protagonistas y antagonistas que la recrean y la destruyen en un torbellino incesante donde todo termina para volver a empezar en un ciclo sin fin. Las épocas, las leyendas, las invenciones, los descubrimientos, las batallas y las efemérides, tienen nombres y apellidos, caras y ojos. En definitiva no son independientes de las personas que las realizan y en concreto de quiénes más se destacan en los momentos estelares. Y esta personalización del acontecer con individuos que lo hacen posible, obedece a extrañas y hasta misteriosas leyes sociales, que demuestran que los individuos no son más que letanías efervescentes de las circunstancias que los hacen emerger. Llevando tal tesis más lejos, podríamos decir que los individuos renombrados quedan constituidos a partir de aquellos otros que son (somos) los no-individuos, las poblaciones innominadas, o los anónimos masivos que secundan o desfavorecen aquellas figuras en su desarrollo. Muchos de los personajes históricos renombrados no lo son precisamente por sus halagos, sino todo lo contrario. Otros, en cambio investidos de carisma y liderazgos y con capacidad vanguardista en su terreno han sido luces o señales a seguir para los demás. Los unos y los otros están investidos de grandezas y de flaquezas, demostrando las observaciones más básicas que los protagonistas;  a pesar de éxitos, fortunas y hallazgos, tampoco han conseguido las claves finales, pero cuando menos ilustraron a su entorno en caminos que se aproximaban a ellas.

El protagonista se hace sobre la lucha tenaz por conseguir un propósito, a veces siendo antagonista de si mismo, de sus deseos o  de otro tipo de vida.

Pedro Duque es “nuestro hombre “ en el espacio. Julián Barnes  como autor inglés nos recuerda que en su país  los escritores están siempre bajo sospecha. Ginesa Ortega y Marta Sánchez capturan los sueños secretos de la audición con sus nuevos discos. Cindy Crawford elige un Omega o así lo dice el spot publicitario para el que se presta. Antonio Canales reivindica una heterodoxia en la danza y tantos otros pueblan, con sus caras, sus imágenes y sus nombres la galería cotidiana de los personajes. ¿Qué sería de las largas esperas en las peluquerías, sin la prensa rosa que puntualmente  da cuenta de los famosos, de sus mansiones, de sus hijos, de sus divorcios y de sus estilos? ¿O qué sería de la vida de los despachos sin la prensa diaria con la que estar al día, de las negociaciones que los poderosos  hacen acerca del poder y de los recursos? y mucho más ¿qué sería de cualquier mortal sin sus fuentes informativas sobre gentes y más gentes, con las que compararse y  con los que nutrir sus conversaciones habituales? El ser humano si es social, lo es más por el morbo de la curiosidad que por la necesidad de un otro con que levantar su pirámide particular. A fuerza de repasar las galerías de famosos -ante las que por cierto ha surgido una nueva gama de chismosos elevada a la categoría de profesión- es inevitable no darse cuenta, que posan para la foto y acomodan su discurso a lo que puede ser dicho o el caché impone ser expresado. Pero eso que resulta grotesco entre quienes tienen el mundo rendido a sus pies e innumerables lenguas  esperando los dechados de sus culos, es la expresión  de las tipologías estándar de personalidad, llevadas  unos grados más allá. En resumen, todo sujeto elevado al pódium, haría/hará otro tanto. La dualidad protagonista-personaje la tiene y hace todo el mundo, famoso o no, muy o poco relacionado, con o sin dinero. Es el enfrentamiento de cada actor social para resolver sus contradicciones. De una parte necesita y quiere ser un sujeto rector de su destino: un protagonista de los actos que lo identifiquen; de otra se ve emplazado a jugar distintos tipos de personajes o roles según los lugares en los que está y con quien está. Cada uno de los ámbitos y personas con las que se relaciona acaba siendo una versión del otro particular, ante el que actuará como si de distintos públicos se tratara. Incluso en sus arrebatos de transparencia total chocará contra  la imposibilidad de revelarse totalmente. Siempre le quedará una parte de sí, no transferible, y ésta  no dejará de constituir también un rol, el de su misterio. Para sí mismo querrá creer  auto engañarse de que es siempre el mismo en todas las partes, pero en realidad lo que no variará en su necesidad interna de coherentizarse. En cambio, externamente de una forma sutil se evidenciará de maneras distintas según la exigencia de un protocolo implícito y según el vocabulario al uso con este parte de interlocutores. Cada ámbito o círculo tiene su propio código, sus formas expresivas, sus entreactos. Cada nuevo integrante se adapta a eso, haciendo -incluso sin darse cuenta- una readaptación a cada oyente y lugar. De esta manera las pautas de comportamiento público pisan de cerca las actitudes de la hipocresía, cuando las exigencias del personaje que se ajusta a lo que se espera de él, no se puede apartar del guión previsto. El sujeto protagonista de su vida y hacedor de su destino está condenado a librar batallas durante toda su existencia con el coleccionario de personajes con los que se irá relacionando. Por  encima de ellos sabrá que la verdad de si mismo no queda agotada en cada representación de rol, sino que como mucho, ésta puede dar pistas de que detrás respira un ser mucho más rico de lo que manifiesta. Es así que los protagonistas en sus relaciones cruzadas se dicen los unos a los otros, que no se conocen lo suficientemente o que no son l realmente lo que los otros creen que son.

La multitud de escenarios que presenta la realidad proporciona oportunidades para toda clase de ensayos. Los decorados y los otros personajes invitan a ellos. Basta adoptar criterios de simulación o de adaptación y los deseos de emular actitudes y fórmulas por el solo placer de hacerlo.Desde roles histriónicos a roles absolutamente anodinos, desde actuaciones altamente participativas a otras muy precavidas, desde actos atrevidos a poses blindadas, desde deseos expresados a  morales autorepresoras que sumen en el silencio, el repertorio del comportamiento da para muchas maneras y ejercicios. Pasar por una buena porción de ellos permite sentir como otros que también pasan por  las mismas representaciones. Esa elegibilidad genera un abanico de contradicciones, ante las que finalmente el indicador de consciencia para cada sujeto está en la discriminación de sus funciones de protagonista y de sus representaciones de personaje.

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