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Tuaregs: Ante la rebelión concreta

Por YASHUAbcn - 10 de Agosto, 2008, 18:12, Categoría: COJUNTURAMA

Las grandes y justas palabras son las que han abanderado los movimientos cruciales de la historia. Se ha dicho que las rebeliones han ayudado a transformarla y a que evolucionen los países. También se ha dicho que la evolución no es posible sin revoluciones consecuentes.

El concepto de revolución nunca se ha ajustado a un parámetro único y cada realidad concreta ha tenido también su modalidad. Todas comparten una literatura fundamental de contenidos y un listado de reclamaciones incuestionables sobre la libertad, el reconocimiento, la justicia, la igualdad y el derecho a vivir en paz. También ha  sido con el nombre de  las grandes y justas palabras que más atrocidades se han cometido.

Cuando un pueblo se alza en armas –o sea, la parte mas arriesgada de este pueblo las ha tomado- contra un poder despótico o dictatorial suele haber generalmente una reacción gubernamental minimizando el problema, diciendo que todo está bajo control. El jefe de puesto de la salida de Níger por Ayarou me decía el otro día, durante el control de pasaportes,  que no había ninguna clase de acción tuareg en la región de Agadez o el embajador de la Cote d’ Ivoire en Ouagadougou que su país estaba perfectamente normalizado y no había ninguna clase de problema con un ejercito no regular que controla el norte del país. Mintieron. A los estados no les conviene confesar las verdades de sus disidencias internas. Tratan de mantener las mentiras todo el tiempo que pueden hasta que la envergadura de una rebelión pone en evidencia la existencia real de un problema ante el mundo entero, como con la ocupación tuareg de Djamena en febrero del 2008. No  siempre estos golpes de efecto tácticos tienen más valor que el único acto de resonancia internacional. La lastima es que para quela mediática se haga eco con  suficiente resonancia tiene que haber violencia y muertes.  La ocupación de st Cristobal de las Casas  en México por el guerrillerismo chiapaneco fue una clase de geografía para todos al recordarnos que existían unos pueblos indígenas que querían el reconocimiento de sus derechos. Despues de unos cuantos años de lucha indigenista el uso de las armas no llevó muy lejos el movimiento. Ante cada eclosión rebelde a parte de razonar sus justas reivindicaciones históricas toda analizar sus posibilidades reales de éxito, su auto organización, su fuerza real, su liderato y sobre todo su programa. La rebelión no es igual a hacer una revolución. En principio es lo intermedio entre la protesta pacífica puntual y la revolución sistemática que reorganiza la estructura de un estado. La rebelión armada puede ser aparentemente fuerte y organizada pero eso no significa que tenga las garantías para llevar a término sus propósitos, en particular si disputas por la jefatura escinden el movimiento desde el comienzo.

Para el observador externo y viajero en una zona de conflicto, además de los problemas habituales que ya tiene con las fuerzas militares que controlan a cada pocos quilómetros, se tiene que preguntar por los riesgos que corre ante un movimiento armado emergente que para su propia supervivencia necesita abastecerse de medios confundiendo, tal vez, en ocasiones, su objetivos militares con el asalto a personas que siendo del lugar ni del país van de paso. En principio, el primer interesado en dar a conocer su existencia y la legitimidad de sus reivindicaciones ante el mundo  es el propio movimiento rebelde, el cual debería mimar los periodistas que se le acerquen (no sin pasar por serias dificultades para burlar  los controles institucionales) y por extensión, a todos aquellos extranjeros y viajeros que van de paso interesados en su cultura y en su levantamiento.

Puesto que un movimiento rebelde puede llevar parejas otras conductas colaterales, que no tienen nada que ver con el mismo pero que se amparan en el revuelo que arman, como el bandidismo, el extranjero debe redoblar sus medidas de autoprotección y actualizar permanentemente su información para conocer los riesgos que corre. No importa que en su pasado o aun en su presente sea un incondicional de los grandes conceptos que una rebelión pueda manejar. Será valorado por el color de su piel, por su país-origen, por sus divisas o por el valor de su vehículo. Desde el momento en que una persona tiene algo o tiene más que otra, ésta se la puede codiciar y si no tiene la menor ética robarle o matarlo para conseguirla. Los fuegos disuasorios de los infiernos en todas sus versiones no lo son tanto para el  criminal sin escrúpulos que se comporta así. Lo que dignifica un movimiento rebelde es no caer en esas atrocidades y  controlar y anular a aquellos de sus filas que las cometan además de corregir y remediar las atrocidades que puedan hacer otros cuya práctica habitual sea ya el bandolerismo y se aprovecha de la rebelión para practicarlo más. Esos fenómenos colaterales consiguen que bastantes zonas del planeta sean intransitables por la presencia de los bandidos armados.  Objetivamente el primer interesado en que no existan es el mismo movimiento rebelde, más, incluso, que el propio estado contra el que se haya levantado. El IRA reprimía a los irlandeses que habían tomado por costumbre practicar el robo para sobrevivir. Hay una ética revolucionaria innegociable. Sin ella una rebelión termina por ser un caldo de cultivo para las peores mezquindades humanas.

Por otra parte, los tiempos que corren han dejado atrás el valor del guerrillerismo guevarista de lso ataques sorpresas, el cual concluyó definitivamente como modelo en la selva boliviana donde murió el Che. Las nuevas luchas de los pueblos oprimidos del mundo pasan por la resonancia mediática expandiendo los mensajes al mundo. Con Chiapas, se ha aprendido que todo un movimiento internacional renovado con el ilusionismo juvenil se puede poner de parte de una causa justa. Chiapas ha sido por años la meta-destino de muchos colaboradores desinteresados que han prestado su tiempo y energia para ayudar al movimiento reivindicativo de pueblos machacados militar y paramilitarmente.

 El pueblo tuareg puede dar a conocer sus puntos de vista al mundo y desplegar la simpatía internacional por su causa si su causa tiene el suficiente poder de convocatoria. Hay una sociedad civil de millones de personas de todo el mundo esperando ayudar los movimientos justos no solo de palabra sino de contenido y de hechos.

Para el viajero de paso por una zona en conflicto, su historial de militancia y su adhesión a las causas de la libertad y la justicia no son suficientes garantías. No deja de ser una ironía que un revolucionario de un país termine por tener miedo de otro en otro país que al no conocerlo  pueda ser bastante distinto en la práctica  a lo que sus proclamas dicen. El siglo XX ha producido demasiados movimientos auto titulados de revolucionarios o incluso marxistas que han cometido las peores atrocidades del género humano. Por eso siempre hay además de  escuchar y leer lo que se dice cotejar lo que se hace. Son los actos los que hablan por las personas, las pancartas quedan atrás. Para el rebelde de escasa visión el viajero extranjero de paso puede tener mas valor como rehén  o diana que como aliado, lo cual es un indicativo de una falta absoluta de estrategia y una denigración del poder de la fuerza.

 

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