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El sujeto indocumentado

Por Noé CASTOR - 10 de Agosto, 2008, 18:18, Categoría: DEBATE SOCIAL

La tragedia del sujeto indocumentado                    

Texto de libre circulación por internet. Si te parece conveniente multiplicar su difusión reenvíalo a los contactos de tu  agenda de emails.

Hace falta que las posturas se radicalicen y extremen para que temas sempiternos y no resueltos pasen a ser comentados intensamente por la opinión pública. El movimiento reivindicativo de los sin papeles, nutrido de árabes, paquistaniés y sudamericanos, pone en la coyuntura estatal española una de las primeras cuestiones políticas:la de la inmigración. Por principio el derecho a la  libre circulación de las personas por todo el territorio planetario debe estar contemplado como un ejercicio básico de la libertad individual. Esta cuestión general se enfrenta a un mundo subdividido en fronteras que representan distintas zonas existenciales y distintas velocidades humanas. Las fronteras son la resultante de milenios de conflictos entre naciones y potencias distintas que han distribuido el mundo en áreas de influencia, haciendo que unos continentes y geopolítcas sean más favorecidos que otros. De todos, el que está sumido en un retraso histórico considerable es una buena parte de Africa, debido a que fuera el continente expoliado  por los países colonialistas del sXIX.  Las oleadas  emigratorias que salen de sus zonas, así como de otras, no hacen sino  ir a los países donde  fueron llevadas sus riquezas de antaño. Bajo este punto de vista todo emigrante tiene un amparo ético e histórico para ir a buscar estabilidad y fortuna en los lugares del mundo donde parece que hay mejores condiciones para ello.En realidad  la emigración cobra otro sentido cuando los emigrantes no son sino los exdueños que van en busca de las riquezas que les fueran arrebatadas a aquellos países que las usaron para sus desarrollos. Según cada época, son más unos países u otros los que exportan su fuerza de trabajo hacía otros países cuyas economías están dispuestas a contratarla. Los italianos y los irlandeses levantaron New York. Los españoles fueron a Alemania y Suiza, los gallegos a Argentina, los exiliados  republicanos de España a México, los chinos se vienen extendiendo por todo el mundo. El resultado es que los cascos viejos y las cités de las grandes ciudades occidentales van siendo ocupadas-o atrapadas- por los contingentes inmigrantes que se hacen con los locales más baratos a los que trasladan sus medios de vida  reconfingurando los panoramas urbanas desde una interculturalidad irreversible. De hecho los centros urbanos históricos pueden llegar a ser extensiones de las conductas sociales de los barrios  árabes, pakistaníes o hindúes que  los occidentales  forrados -o sin estarlo- de dólares visitan en sus exploraciones turísticas  o paseos  de curiosos por el tercer mundo.

El flujo emigratorio es imparable por muchas razones. No hay  controles fronterizos que lo puedan detener .Y de la misma manera que los ríos no admiten fronteras y la tendencia del agua por una fuerza gravitacional tiende a bajar a los valles e ir en dirección a sus zonas  más bajas, también los desplazamientos demografícos tienden a  distribuirse por el planeta en función de las oportunidades existenciales de las zonas.

Si este razonamiento general  es amputado de las conversaciones políticas sobre las cuestiones inmigratorias se corre el riesgo de emocionalizar la polémica y tratarla desde el punto de vista de la rivalidad por el territorio y las fuentes de trabajo. De hecho los exemigrantes ya posicionados olvidan que una vez  tuvieron que salir de sus países para arreglárselas fuera y se convierten en bastiones de  sus patrimonios impidiendo  la instalación e nuevos inmigrantes. De hecho la polémica visceral está servida cuando la discriminación lleva a aceptar a una clase de extranjeros mientras se niega a otros,sea por el color de su piel o sea por su debilidad económica. Resulta que la impugnación del extranjero no lo es tanto por su condición de extraño o distinto como por su condición económica o en función de que motivos  son por los que viaja. el extranjero  que nos trae divisas suele ser aceptado mientras que el que viene a ubicar su futuro en nuestros barrios es mirado con recelo.De hecho, la interculturalidad va creciendo paralelamente a un aumento de la sensibilidad xenófoba. Si la xenofobia no estalla en  brotes racistas es por que la cultura, o sea las buenas prácticas, además de la legalidad, lo impiden.Pero una discusión rigurosa sobre el tema radicaliza las posiciones y bajo aparentes ecuanimidades surgen  estimaciones netamente territorialistas. El nativo que se ve  abordado por escenas de masividad extranjera acaba replegándose a sus refugios  y mirando por sus prismáticos de trinchera la nueva estratificación sociourbana. Es así como los centros urbanos van  siendo paulatinamente dejados en manos de los nuevos colonos, que a no dejan de serlo a pesar de su hacinamiento y pobreza. La cuestión es que los propietarios y poseedores de estos centros  prefieren dejar el espacio en manos de los  reciben llegados que apostar por mestizajes que ninguna de las partes en juego está realmente dispuesta a desarrollar. Los centros viejos, los bajos fondos, los barrios chinos, es sabido  que es donde abundan las presiones baratos, los  alquileres bajos, y los locales comerciales a buen precio, es así como se va poblando de aquellas gentes con menos medios venidas del otro lado del estrecho de Gibraltar .

Si existe este contigente a las puertas de entrada de Europa es por qué Europa,es decir los pensionistas seniles de la sociedad bienestar europea, los necesita. La fuerza de trabajo para los procesos básicos la proporcionan  desde hace años gentes venidas de otras partes del planeta  Europa es interpretada como un filón para africanos, sudamericanos y asiáticos con  problemas mayores en sus países de origen y  vienen a pedir sus derechos a una existencia digna. Hasta aquí ninguna objeción. En realidad mientras el mundo esté parcelado por banderas y patrias , ese mundo no podrá ser definido con propiedad como el lugar de la humanidad pero sí como su campo de batalla. Mientras los congresos internacionales de la diplomacia no consigan pactar y asegurar la libre circulación de las personas por todos los territorios, la historia del mundo todavía  no habrá llegado a su madurez de edad. Pero ese mundo medido y sopesado está supervisado bajo los patrones de la propiedad privada y si cada pequeñoburgués  o trabajador ahorrativo tiene la suya, también cada estado actúa con su  país como una cosa suya. El control de aduanas y fronteras es tan antiguo como la configuración de los países diferenciados. Eso no ha evitado oleadas de inmigrantes ilegales a pesar de los peligros carcelarios y de expulsión  que corrían. La paradoja de esos movimientos ha estado y está que para conseguir un permiso de residencia es necesario el requisito de un trabajo y para conseguir un empleo legalmente es necesario tener antes un permiso de  residencia.Se trata de una contradicción legal estatuaria pero no resuelta. Entre tanto los  trabajos negros y las pagas de explotación van tapando  agujeros y prodigando situaciones indignas.

El sujeto indocumentado en tanto que convive con una situación no legal, para el estado no existe. Es  un pretexto para movimientos y políticas especulativas y una realidad con datos para análisis sociológicos, pero en tanto que no está documentado el estado de un país puede  manejar otros datos sin contemplarlo. Para que tenga oportunidades supervivenciales y existenciales necesita documentarse, pero al hacerlo está dando ya un paso a la integración con el sistema y así a la conformidad con sus valores. De hecho los movimientos de los sin papeles se acercan a la idea de crear una identidad supradocumental.Una persona no es por lo que su pasaporte pueda decir de ella, si no por lo que representa con sus actos y haceres. Sin embargo toda trayectoria  de un individuo está marcada por los documentos que acarrea  tras de si. Un individuo jamás es valorado integralmente por  su presencialidad.Lo es por las fichas y referencias escritas que se tengan de  él/ella. Tanto es así, que quien no tiene papeles de si mismo en su carpeta privada de documentación, sencillamente no existe.Tienen mas valor sus documentos que su persona. Evidentemente esto es una falacia, pero se trata de la buro-realidad de cualquier país. La obsesión por el documento que acredite una identidad es tal, que antes de preguntar nada el policía  está ya pidiéndoselo al sospechoso. Y por supuesto ese mismo policía tomará la decisión de que hacer  con  el sujeto en cuestión por aquello que le digan por radio no por lo que ese pueda argumentar. Si una persona no tiene los documentos en regla vive en constante tensión.Le toca no ponerse a tiro de las miradas policiales ni frecuentar según que ambientes que puedan desconfiar de él. Ser extranjero sin recursos puede ser una de las peores tragedias para un ser humano. Vivirá los maltratos y los abusos y de una manera más o menos solapada vivirá la discriminación. Acumular eso en el cuerpo y en lamente dejará unas secuelas importantes.Incluso las dejará si con suerte encuentra  un empleo relativamente pronto y logra legitimar su situación. Cuando la necesidad acucia uno acaba por aceptarlo todo y esa disposición aceptativa es la vía regia a la indignidad y al aumento de explotación.

Por otra parte vivir  desde la indocumentación permanente es absolutamente antagónico con el modelo social. Ni siquiera los delincuentes profesionales pueden hacerlo. La falsificación de documentos siempre fue un arte muy apreciado en los submundos de la transgresión  sistemática de leyes. Finalmente cada persona lleva en su cartera  un montón de tarjetas y credenciales que le permiten  identificarse por el mundo, demostrar su pertenencia a tal o cual club o empresa, a una nacionalidad y a una posesión de una cuenta bancaria. Sinópticamente bastaría revisarle la cartera de una persona para hacerse una idea bastante aproximada de sus recursos y modus operandi.

 El sujeto indocumentado que llega a un país lucha antes que nada por dejarlo de ser . Y para los nativos de ese lugar , puesto que todo el mundo vive bajo el control los que llegan tampoco  deben zafarse del mismo. de hecho una sociedad organizada lo es a partir de contar sus recursos y ponerles nombre .Eso incluye a las personas. ¿acaso es imaginable un mundo sin nombres? y si los hay, ¿cual es el temor a documentarlos? Obviamente a quesos nombres son registrados para ser luego perseguidos y condenados. Mientras esto siga así el valor de una persona no se buscará en ella misma si no en sus  carnets plastificados.

 

 

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