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La redistribución frente al saqueo

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 22:04, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

 

“Sakeo a Destajo[1] con la A sin circular como icono anarquista  pero con la o final con el rayo roto en diagonal como icono de okupas, es una de  esas pintadas que mueve a distintos estados emocionales. Te hace preguntar a qué se ha reducido la filosofía ácrata en manos de un simplismo que sugiere el ataque frontal a la propiedad privada con la condición de que sea la de otros. Al saqueador hipotético en su práctica sistemática de expropiación de lo ajeno habría que preguntarle si el saqueo debería seguir a los almacenes donde acumularía los resultados de sus saqueos anteriores. Habría que también indagar que alternativa ofrece para el manejo de la propiedad social y colectiva. El tema de la propiedad era y es y será uno de los más complejos de resolver en el campo de la teoría social, de la filosofía, de la política y de la jurídica. Cuando solo se tienen deudas y no se tiene nada a nombre de uno resulta atractivo un slogan de este tipo. Uno ciertamente no tiene nada que perder. Cuando tiene algo,  por pequeño que sea, y ese algo tiene una  puerta que abre un santuario particular y que esta puerta tiene llave porque de otro modo sus cosas le desaparecen sin ser devueltas a la idea del saqueo le dará una interpretación particular. Como otras grandilocuentes palabras de la lucha básica, el saqueo puede ser un arma puntual pero proponerla como sistemática es tanto como proponer una continua destrucción de la acumulación de recursos. Cada vecino estaría al acecho de los resultados productivos de otro que trabaja para arrebatárselos en el momento preciso. No, esa no es una manera de reconstruir la sociedad. Otra palabra como la de sabotaje también sería cuestionada como sistemática. Lo que en un momento puntual puede ser útil para paralizar el avance de unas fuerzas de ocupación dinamitando los puentes o los pozos de petróleo, no puede ser perpetuado en tanto que son necesarios para cubrir el crecimiento de todos.

La radicalidad de la pintada tiene el simplismo propio de quien no se ha detenido a pensarla suficientemente. Es más el producto de un estado visceral que de una cavilación mínima. El saqueo evoca imágenes de recuperación y restitución de productos y cosas en masa pero también la destrucción de espacios, locales, maquinaria e instalaciones. Tras ello un panorama desolador de nada queda en el lugar de los hechos, es decir de los deshechos y destrozos. A la sociedad capitalista con sus miserias y errores hay que superarla y destruirla para engendrar otra sustituta, no eliminarla para que no quede nadie. La mentalidad destructiva sólo es justificable bajo el paradigma de la regeneración y la reconstrucción. La gran objeción a la destrucción indiscriminada es que no hay una formación de conciencia planificadora de qué hacer con las cosas. Las situaciones puntuales de asaltos a establecimientos comerciales o incluso a las primeras fábricas de manufacturas  no eran revolucionarias sólo eran enfados irreflexivos. El objetivo de la clase obrera no era/no es la de seguir trabajando siempre  (eso en todo caso lo es de sus sectores más economicistas, burgueses y vulgares) sino de dejar de hacerlo o hacerlo con menos horario y en mejores condiciones para dedicarse a vivir vidas a lo grande. Odiar a una máquina era fruto de la obsesión no de la inteligencia revolucionaria. Así mismo despreciar las cosas que otros tienes o destruírselas por el hecho de tenerlas no ayuda a ninguna evolución sólo a descargar un odio reaccionario (palabra a subrayar aquí) sin ninguna solución práctica.

Por lo demás la pintada tiene su gancho, su alegoría, su favor de comprensión puesta desde la lectura ya que nada indica que lo comprenda quien la haya escrito.  Las cosas, las colecciones, el arte, los espacios levantados, tienen un valor en sí mismo independientemente de su sello de pertenencia y de los lugares o casas en los que están ubicados. Destruir todo esto o no tener capacidad de conservación es mucho más criticable que el hecho de aguardar la manera de su reconducción o reparto. La cuestión es que toda demora en un reparto acaba por generar los asaltadores que lo harán con consecuencias violentas y destructivas al hacerlo.



[1] En Torras i Bages paseo, zona en la qu estaciono frecuentemente mi vehículo.

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