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9 de Agosto, 2008

El amo-dios

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 22:12, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

El Amo-dios o el dios-amo.

“Quien adora dioses acepta amos”. Pintada ácrata clásica[1]. Escueta y elegante. Directa a los ojos y al corazón. Propia de una voz valiente y de una mente clara. Un dios, sea el que sea, es una figura a la que se le atribuyen valores de dominio y ante el que se postra una devoción quien necesita justificarlo para su rito  o para su creencia, mediaciones  instrumentales para conseguir sus propósitos personales. Un dios es la figura ante la que su adorador cierra filas. Quien es capaz de supeditarse ante su mención también lo será ante cualquier semejante que se invista de poderes especiales. Un dios, mucho mas el de las confesiones monoteístas, está lleno de poderes. Los tiene todos o, siempre, demasiados. Es el presente, es el futuro, es la profecía, es el más  aquí, es el más allá, es el dueño de los sentimientos y de todos los actos. Es tantas cosas que deja al infeliz seguidor sumido en la nada absoluta de sí mismo: en un espantapájaros que apenas sirve para sostener la vestimenta que lleva puesta. Alguien que acepta presentar sacrificios a esa instancia divina está auto negándose a sí mismo como un poder concreto en lo material, como una mente pensante, como un cuerpo actuante. Muchos poderosos de la tierra se han mostrado como los más superiores por los atributos concedidos por la divinidad. Con esa artimaña han consolidado sus poderes y han conseguido la subordinación de sus súbditos. Un dios pide altares junto a toda la parafernalia del sacrificio. Historicamente fueron sacrificios de sangre ahora siguen siéndolo al postrarles la  libertad de pensamiento. El solo hecho de dedicar tiempo a un ritual de altar es estar ya ofreciendo un sacrificio, el de la atención, el de la dedicación de un tiempo personal que podía ser empleado para mejores cosas. ¿Recuerdas el tostón y palizas  de las misas obligatorias de los domingos por la mañana, cuando fuera esperaba la lujuria del sol, la fiesta de la calle, el ajetreo de las voces? Hemos hecho muchas tonterías en la vida, una buena parte de ellas condicionadas por la falta de madurez y por el imperio de las autoridades a las que estábamos sometidos, se tratara de padres o de maestros de escuela. Se nos imponían las creencias a golpe de pito sin más argumentación que la tradición y el país en el que estábamos lo marcaban así. Las iglesias eran lugares misteriosos donde el silencio, la semioscuridad, el latín, el boato, el confesionario y el acto de comulgar nos hacían formar parte de una comedia teatral, en la que inexplicablemente nadie se reía. Sin aceptarlo se nos convertía en avituallamiento escénico de toda la representación. Poníamos cara de niños buenos y nos arrodillábamos en el suelo o en los reclinatorios de los bancos de madera. Dios, nuestro supuesto padre redentor, nos salvaría de todas las fatalidades. En los libros de bachillerato elemental escribíamos estúpidos versos encomendándonos a la virgen María para aprobar aquella asignatura. Sin darnos cuenta dejábamos penetrarnos por una monserga devocional a lo todopoderoso quedándonos  los chavales en particular y los pobres humanos en general a la altura del betún. Poner en duda la existencia de tal descomunal mentira exigía determinación. Quienes nos declaramos ateos en la primera adolescencia crítica pudimos librar nuestras mentes de temores y emprender el vuelo de la evolución personal sin tener que pedir ningun permiso a ninguna clase de entidad espiritual que nos controlara.

La pintada comentada es un texto firme. Proponemos que figure como leyenda marcada a piedra en todos los templos del mundo sean cuales sean sus credos particulares. De esa manera sus devotos podrán meter entre oración y oración ratos reflexivos para recordar que la subordinación a un ser superior suele traducirse por su obediencia a jefaturas que van de superiores en la inmediatez social.

La consigna es una consigna y se limita a señalar una correlación difícil de objetar. Es una idea atemporal válida para las distintas temporadas políticas por siglos que haya entremedio. No cuestiona, ni es su propósito hacerlo, la espiritualidad o una fenomenología mística, sino un mito al que por milenios se rinden las masas y que les obstaculiza su propio pensamiento.



[1] Tomada de la paredjunto alapuerta posterior de la Iglesia st Martí de Cerdanyola del Vallès.

Tauromaquia y cornadas.

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 22:10, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

A cada cual lo que se merece.

Cada torero amb la seva cornada. Cada torero con su cornada. Pintada vista en Amposta cerca de la biblioteca municipal en una pared condenada al derribo. Voz representativa de la anti tauromaquia. Es lo mismo que decir que no haya torero que se quede sin su escarmiento. Dado que los toros aguantan  su tortura sin constituirse en protesta  alguien ha tomado la representación de la voz que no tienen para decir lo que pensarían si pensar pudieran. La cultura taurina supone que el toro bravo disfruta atacando y prefiere morir en una plaza de toros que en una cadena de electrocución en serie o un degüelle colgando de un gancho. La psicología del torero es para el estudio analítico. Los profanos en el tema sabemos poco de sus vicisitudes y del significado de vestir un traje de colores ante un animal que le deduplica en tamaño y en medio de un público ávido de un espectáculo de sangre. A falta de circo romano ha quedado como legado la plaza de toros, a falta de gladiadores que se maten o leones que destripen a cristianos fue quedando para la posteridad la figura del toro y el torero, del animal y el matador, del inocente y el salvaje. Curioso ese espectáculo en el que el hombre se hace bestia y el animal tiene por rol el único posible, el de víctima. De vez en cuando a alguno le perdonan la vida, pero la mayoría esta preparada para el sacrificio. La cultura no entiende de sensiblerías. El olé resuena en las plazas del antiguo imperio donde todavía se conservan los edificios levantados para las matanzas. Los ojos del público no pierden detalle del rojo de la sangre y del bufido del animal acosado. Esos olés se han mezclado a veces con exclamaciones de pánico cuando la cornamenta a embestido certera el abdomen de su acosador y lo ha destripado. Algunos toreros han muerto en la plaza o en el dispensario adjunto bajo las gradas del publico que demandaba la sangre, supuestamente la de la res, pero la del torero es tan roja como la otra. La arena no distingue entre la una y la otra y de lejos tampoco se sabe si el traje echado a perder con el rojo es la del costado abanderillado del animal o la de su matador. Cuando el torero es embestido y tirado por los aires no es torero ni nada, es un muñeco de trapo sin la menor autonomía, cuando el bicho ataca de nuevo, dos, tres, cuatro, cinco embestidas, se sospecha que del infrascrito no debe quedar hueso con hueso. Algunos toreros tras ese encuentro con la muerte se quedan descojonados, no de risa, sino literalmente sin genitales que les avalen la masculinidad. Ese bultito o bulto erótico de los pantalones ajustados, siempre a un lado u otro de la pierna, nunca en el centro, hacen del torero el sex symbol de la patria del analfabetismo. Algunos de ellos, analfabetos, desde luego, de origen, fueron muletillas esperando su alternativa y tratando de escapar de las miserias de su Andalucía natal, otros quisieron ser millonarios antes de cumplir los 30. La ambición tiene un precio y la muerte cuando la salda deja en el lugar del ambicioso un despojo.

La consigna es ideológicamente más valiente que la del espadachín que quiere cortarle la medula al toro. No se avergüenza en tomar partido por este en contra de su matador. Quien con fuego juega se quema, quien con cornamentas se mete lo menos que le puede suceder es que se quede desventrado. La hispánica cultura ha extendido la fiesta de los toros a unos niveles por los que toca tener vergüenza internacional. Cada vez que en el extranjero alguien cita el tema de los toros como una nota característica de las profundas Españas me apresuro en decir que más de medio país está en contra de este espectáculo sanguinario de la tortura además de reconocer sus peligros. Cada año en los famosos sanfermines llegan turistas que se llevan su cicatriz de recuerdo. Si hay estúpidos de todas clases no se puede ignorar los que van a mostrar sus enseñas de la batalla a sus amistades. Las cornadas recibidas que se puedan contar no dejarán de ser heridas de guerra para los más tontos. Es un ejemplo triste para los más niños que ven en sus adultos grandullones echados a perder cuando se especializan en hacer sufrir a otros seres vivos.

Si los toros supieran hacer conclaves y leyes condenarían por ley la vocación torera y reciclarían las antiguas plazas de toros para otros asuntos no cruentos. De lo segundo ya hay algo. Muchas ciudades se han declarado no taurinas pero de tarde en tarde siguen preparando corridas por amor a la tradición mas rancia y obsoleta de un país que en algunas cosas lleva un retraso de medio milenio. En cuanto a los toros también tienen sus derechos legales. Condenar al sufrimiento a un ser vivo  es punible por el sadismo que encierra.

Pero los toros no son tan bravíos ni desde luego victoriosos. Tras hacerles jugar el rol negro de los que van a morir, luego serán desollados y troceados y vendidos como carne especial por sus supuestos prodigios para la virilidad. El torero corneado superviviente tendrá una segunda oportunidad para reflexionar sobre su vocación profesional y si lo que quiere es llenar su cuerpo de cicatrices o pasarse a un oficio más digno. Algunos maniacos del estoque no son retirados por un rasguño de 23 puntos, lo mismo que los cara-quemadas por conducir bólidos siguieron con sus riesgos aunque en el lugar de la cara les quedara un guiñapo.  Detrás del personal con elecciones de riesgo se pueden encontrar interesantes personalidades que hagan las delicias de la psicología moderna especializada en estudiar cosas raras. Ni que decir tiene que sus enfermas obsesiones en destacar les llevan a ponerse ante el peligro para demostrar hombrías y cosas por el estilo. No tanto, en la España de los cuernos, también una mujer demostró que torear lo pueden hacer ellas y que para hacerlo no hace falta tener cojones en el sentido literal de la palabra sino un sentido de la decisión que los hombres nunca han entendido del todo.

De acuerdo, que cada torero se lleve su recuerdo de haberlo sido y que por serlo contribuyó en algo al sadismo popular y al dolor ajeno. El torero no es precisamente la figura del valor sino la de la cobardía, la de la prepotencia, la del inútil que no sabe hacer otra cosa que disfrutar con la muerte ajena, la del mamarracho que no ha aprendido a vivir en paz con sus semejantes. Pido perdón al toro que si me entendiera jamás aceptaría tener por semejante a un tipo con la mentalidad de un torero que hace de matarife con taquilla de por medio.

Si alguien necesita espectáculo de sangre que acuda a espacios inventivos sin que nadie salga herido o muerto. Le recomiendo a Wes Craven gran maestro del terror. Revitalizador del género. Claro que los tipos que se encierran en una sala para consumir imágenes de miedo también se las traen, pero de ellos hablamos en otras partes.

A lo dicho: que cada torero reflexione detenidamente sobre su función en la UVI y por favor que nadie le diga maestro. No hay mas maestro que el que enseña a vivir  y no lo es quien enseña a matar.

En cuanto a la fotogenia del toreo no hay nada más antiartístico que un toro muertoarrastrado por unos caballos o un torero catapultado por los aires.

 

 

 

 

el color contra la mente gris

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 22:08, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

El arte plástico se abre paso con o sin autorización. Gracias a eso podemos gozar de ciudades más coloreadas desde que las paredes insubstanciales  de vallas en zonas industriales, o de  fachadas de barriadas tristes, o las de cauces de ríos o de vías férreas sirven de soporte para la genialidad de los graffittis. El graffitti es una forma de expresión artística de autores anónimos, y  en todo caso con firmas ilegibles, para la mayoría; que contribuye a hacer las ciudades  en algo más vivibles.

Pero el color de la fiesta o del artista  es un atentado contra las mentes grises y es así que dentro de las normativas, en aumento, de control hay instituciones que quieren regular el arte en la calle y el graffiti en las paredes. Marcarán  en qué zonas se puede pintar y  en qué otras no. Y marcarán el tipo de temáticas de las que se puede hacer creación plástica. Nada de política por ejemplo, nada de ironía contra los políticos. A ese paso dentro de cuatro días entrarán policías en los teatros y amonestarán a los actores por decir lo que –según aquellos- no deben, o vigilarán a los amantes en los bancos de los parques para increparlos si pasan de los besos de mejilla a los linguales. Los que proponen resoluciones de control del arte genuino en la calle en Ayuntamientos como el de Barcelona y el de Granollers, para citar los que suenan ahora, deben creer que se hacen eco de los intereses de la limpieza urbana y de las zonas en las que una parte de vecindario se siente molesta por excesos de colorido. Quizás sería más práctico pagarle un viaje a Amsterdam y  a otras ciudades para que leyeran y aprendieran de las paredes en lugar de hacerles de voz  ejecutiva como si de sus amos se tratara y decretar  la negación en contra de la espontaneidad pictórica, creativa, pacífica y libre. ¿No se viene haciendo propaganda de las ciudades como educadoras? ¿Pues bien, por qué negar la educación espontánea de la gente que con sus esprys nos alegran los días?  Propuesta para los ayuntamientos mencionados: pagad los esprys de los urbanitas que aún están dispuestos a embellecer la ciudad y alegrarnos los días a los demás en lugar de castrarles tal como suele ser la costumbre de las autoridades.

La prohibición prohibida

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 22:05, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

La prohibición prohibida.

Hacia un comportamiento compartido que haga innecesaria la prohibición.

El famoso eslogan del prohibido prohibir tenía una segunda parte que no fue escrita en las paredes, en todo caso la presuponía; y era el supuesto de un pensamiento racional. La prohibición es un ultraje cuando trata al ser pensante como a un ser inmaduro incapaz de autorregularse. La prohibición es la forma verbal de la represión más generalizada y ruín. Prohibir una conducta es negar su extraversión. Prohibirle a alguien su modo de pensar y de actuar es prohibirle su existencia como ser. 

La cuestión es que desde que el ser explora su entorno desde la primera niñez, los agentes que están o protegen este mismo entorno y al sujeto indefenso que se mueve en él, no paran de emitir prohibiciones sobre como debe funcionar  ese nuevo ser que tantea su relación con el espacio y con las cosas que contiene. Pero la exploración pide el trato fluído con las cosas, probar su elasticidad, su función, su espíritu.  Para quien es prohibido en su sensibilidad, en sus intenciones, en su conducta cuando todo esto es legítimo para sí mismo y adecuado a las circunstancias, la experiencia represiva recibida se traduce en malformaciones ideológicas y en traumas psíquicos. La prohibición tiene los vocablos terribles de la negación y el no suena como una voz estridente, limitante, castradora y destructora.

Forma parte de la lógica del sistema social que se estructura en clases y en divisiones profesionales con una multitud inmensa de roles de control, el hecho de que  infinitos discursos funcionen con el no como voz primera. Tratar de vivir en una sociedad sin prohibiciones, expresas o sutiles, es el deseo tan utópico como ucrónico en el que gastar toda una vida intelectual y pasional. Es un reto por una esperanza de color y el de  vivir a favor del diseño de una persona mental y conductual capaz de vivir integralmente desde la fluidez de sus experiencias y discursos sin dañar a nadie, a nada ni tampoco a sí mismo.

La lucha contra los valores regentes es la lucha contra las prohibiciones que impiden la libertad, la paz, el arte y el amor. Contra la infinidad de noes  acerca de lo que no se puede y no se nos deja hacer contraponemos los síes a favor de todo aquello que nos falta y que es tan necesario como el oxígeno con el que respirar. Sin embargo una aproximación más detallada a cada sí evidencia un no encerrado. El sí a la vida, el sí a la libertad, el sí a la verdad comportan sus complementos opuestos del no a la muerte, del no a la esclavitud o del no a la mentira.

Es así que la prohibición de prohibir es también una prohibición que no resuelve el concepto contra el que se levanta; el mismo predicado lo contiene. Mientras la sociedad de los peligros y de la inmadurez evolutiva de sus habitantes persista, la prohibición seguirá como un paradigma regente. Otra cuestión es que haya que recualificarse muchas de las prohibiciones y depurar aquellas objetivamente necesarias de las que son objetivamente negativas. Nos toca apelar a las leyes cuando éstas, en sus coacciones, preservan un bien público y garantizan la paz o nos toca apelar a su derogación cuando persisten en su antigüedad clasista e injusta. La ley como el fuego es ambivalente. Puede calentar pero también quemar, puede proteger y también destruir.

Una multitud de slogans que permanecen más o menos tiempo en las paredes de las ciudades van en contra de prohibiciones injustas pero otra multitud de ellos están por la erradicación de conductas de explotación, de segregación o de contaminación, por lo tanto por su prohibición. El prohibido prohibir del Paris de 1968 contaba con la fuerza de la inteligencia y la capacidad de autorregulación de la gente para hacer de la sociedad un espacio habitable y armónico, hoy en día una ingente cantidad de conductas públicas son temibles y antagónicas con la vida colectiva y con la paz social. Los términos de las luchas pendientes están claros: por la vida comunitaria tranquila basada en la concordia y el respeto y por la supresión de todos aquellos comportamientos lesivos, vengan de donde vengan: de las instancias de poder o de  los barrios, de la gente rica o de la gente pobre, desde planes especulativos o desde la estulticia.

La redistribución frente al saqueo

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 22:04, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

 

“Sakeo a Destajo[1] con la A sin circular como icono anarquista  pero con la o final con el rayo roto en diagonal como icono de okupas, es una de  esas pintadas que mueve a distintos estados emocionales. Te hace preguntar a qué se ha reducido la filosofía ácrata en manos de un simplismo que sugiere el ataque frontal a la propiedad privada con la condición de que sea la de otros. Al saqueador hipotético en su práctica sistemática de expropiación de lo ajeno habría que preguntarle si el saqueo debería seguir a los almacenes donde acumularía los resultados de sus saqueos anteriores. Habría que también indagar que alternativa ofrece para el manejo de la propiedad social y colectiva. El tema de la propiedad era y es y será uno de los más complejos de resolver en el campo de la teoría social, de la filosofía, de la política y de la jurídica. Cuando solo se tienen deudas y no se tiene nada a nombre de uno resulta atractivo un slogan de este tipo. Uno ciertamente no tiene nada que perder. Cuando tiene algo,  por pequeño que sea, y ese algo tiene una  puerta que abre un santuario particular y que esta puerta tiene llave porque de otro modo sus cosas le desaparecen sin ser devueltas a la idea del saqueo le dará una interpretación particular. Como otras grandilocuentes palabras de la lucha básica, el saqueo puede ser un arma puntual pero proponerla como sistemática es tanto como proponer una continua destrucción de la acumulación de recursos. Cada vecino estaría al acecho de los resultados productivos de otro que trabaja para arrebatárselos en el momento preciso. No, esa no es una manera de reconstruir la sociedad. Otra palabra como la de sabotaje también sería cuestionada como sistemática. Lo que en un momento puntual puede ser útil para paralizar el avance de unas fuerzas de ocupación dinamitando los puentes o los pozos de petróleo, no puede ser perpetuado en tanto que son necesarios para cubrir el crecimiento de todos.

La radicalidad de la pintada tiene el simplismo propio de quien no se ha detenido a pensarla suficientemente. Es más el producto de un estado visceral que de una cavilación mínima. El saqueo evoca imágenes de recuperación y restitución de productos y cosas en masa pero también la destrucción de espacios, locales, maquinaria e instalaciones. Tras ello un panorama desolador de nada queda en el lugar de los hechos, es decir de los deshechos y destrozos. A la sociedad capitalista con sus miserias y errores hay que superarla y destruirla para engendrar otra sustituta, no eliminarla para que no quede nadie. La mentalidad destructiva sólo es justificable bajo el paradigma de la regeneración y la reconstrucción. La gran objeción a la destrucción indiscriminada es que no hay una formación de conciencia planificadora de qué hacer con las cosas. Las situaciones puntuales de asaltos a establecimientos comerciales o incluso a las primeras fábricas de manufacturas  no eran revolucionarias sólo eran enfados irreflexivos. El objetivo de la clase obrera no era/no es la de seguir trabajando siempre  (eso en todo caso lo es de sus sectores más economicistas, burgueses y vulgares) sino de dejar de hacerlo o hacerlo con menos horario y en mejores condiciones para dedicarse a vivir vidas a lo grande. Odiar a una máquina era fruto de la obsesión no de la inteligencia revolucionaria. Así mismo despreciar las cosas que otros tienes o destruírselas por el hecho de tenerlas no ayuda a ninguna evolución sólo a descargar un odio reaccionario (palabra a subrayar aquí) sin ninguna solución práctica.

Por lo demás la pintada tiene su gancho, su alegoría, su favor de comprensión puesta desde la lectura ya que nada indica que lo comprenda quien la haya escrito.  Las cosas, las colecciones, el arte, los espacios levantados, tienen un valor en sí mismo independientemente de su sello de pertenencia y de los lugares o casas en los que están ubicados. Destruir todo esto o no tener capacidad de conservación es mucho más criticable que el hecho de aguardar la manera de su reconducción o reparto. La cuestión es que toda demora en un reparto acaba por generar los asaltadores que lo harán con consecuencias violentas y destructivas al hacerlo.



[1] En Torras i Bages paseo, zona en la qu estaciono frecuentemente mi vehículo.

En la dilución química

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 22:02, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

“Soy una persona química y no declaro”.  

En la C Balmes  de Barcelona en  una cristalera, pintada en negro ribeteada de verde. Clara alusión a los recordatorios de obligación de hacer declaraciones de renta de todas las personas físicas con rentas superiores a un mínimo.  Es una consigna audaz y astuta, con mucha carga literaria  y sarcasmo que  arranca la sonrisa de complicidad del  viandante que se tropieza con ella. Una persona química  és el justo correlato a los acuñadores del término de personas físicas, como si las personas para serlo lo pudiéramos ser en espíritu.claro está, el estado, no sé si el de todos, pero el estado, un estado, diferencia entre personas-individuos de personas-empresa o jurídicas.  La autoría del slogans que nos ocupa revela altos vuelos ideológicos, una reflexión en profundidad frente a una sociedad-estado que viene invirtiendo en ideología tratando de hacer creer la mentira de que “Hacienda somos todos” y de que el  dinero público que sí es de todos revierte positiva y con justicia para la sociedad colectiva. En una país con una solera demostrada de mangantes no es extraño que la gente se resista a declarar sus ingresos y a tratar de zafarse de los gravámenes que los controladores de las economías establezcan.

 

Carta a los que matan la vida

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 22:01, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

“mata  hippies” Llamativa pintada junto a la puerta de atrás de la Iglesia st Martí y al lado del Casal Parroquial. Pintada sin una falta ortográfica y que recuerda un precedente en las pictografías murales, la de “mata nazis”, sólo que con una carga de sentido contrario. La autoría de este hallazgo en nuestra lectura  impenitente de paredes  da  un par de señales sherlockholmesianas que no podemos pasar por alto: se trata de alguien con una  cultura gramatical irreprochable (el plural de hippy lo ha hecho correctamente),de posible formación  media, incluso universitaria. Tiene un cierto arte plástico (pintada potente, escritura rectilínea, cuerpo similar de cada letra). Pero pasemos a su contenido. La consigna es una apología del asesinato sin más, pero no del asesinato indiscriminado (no dice, “mátalos a todos”, todo llegará, no les demos ideas)sino del selectivo, contra un segmento social aparecido históricamente en la década de los 60, (un par o tres de décadas antes posiblemente de la mano autora que examinamos).y del que quedan poco menos qu algunas de las formas.aún así, los hombres que llevamos cola de caballo o las mujeres q todavía usamos  ropas indias estamos avisados/as por la pintada en cuestión.¡Van a por nosotros, quieren matarnos!

No hace falta estar en la nómina del FBI para adivinar la carga fascista de la pintada aunque su alfabetismo no le dé la cultura suficiente para saber que el hipismo (movimiento pacifista y apolítico más que cualquier otro) no ha sido precisamente la cantera de la que surgieran militantes antinazis. Y no resultará nadie herido si afirmamos que la pintada no tiene nada de original por plagiar precisamente la que ya está muy divulgada por las calles de  muchas ciudades tomando a los nazis por dianas de boliches, balas o escupitajos.

La pared señalada sostiene una buena dosis de odio por quien todavía no entiende que las muertes a desear -si hay muertes deseables- están en otro punto de mira.Paradójicamente a pocos metros de ella un atril sostiene palabras de Job o de otros santones y párrocos hablando de cristiandad y paz.  dentro de la consigna hay que leer mucho mas:matar la paz, matar el color, matar la vida. Y si hay un solicitante que pide tanta mortandad¿acaso puede estar vivo?

La curiosidad propulsora

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 21:58, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

La curiosidad lleva a todas partes, el miedo a ninguna. 

“Las niñas buenas van al cielo, las malas a todas partes”. Pintada retórica prodigada y repetida con toda la picardía infantil reactualizada para menesteres adultos. Durante siglos las mujeres de las culturas próximas, las  católicas, (ahora no entraremos a comentar las otras algo más lejanas) han sido  manipuladas para que hicieran bondad. Por hacer el bien se entendía fundamentalmente obedecer. La cosa no ha variado demasiado. Cuando los papás, incluidos los progres, o los profesores de primaria o monitores de guardería, incluídos los alternativos pedagógicos,  discrimina las conductas entre las buenas y las malas están ya introduciendo una atrocidad antieducativa al hacer prevalecer su criterio subjetivo sobre lo uno o lo otro como concordancia con lo objetivo como si solo fuera un parámetro. La atrocidad es mayor al creer que lo bueno pasa por ese dictum del adulto al que no se le puede replicar. Ya había un mandamiento hebraico que lo ordenaba. Obedecerás a tus padres. ¿Era el cuarto de las tablas de Moisés? Suprimo la pregunta. Que nadie me lo recuerde, prefiero olvidar ciertas cosas. El caso es que los niños y niñas del nacionalcatolicismo sufrimos las consignas del régimen por las bocas de maestros de escuela y padres (y madres, ¡no las dejemos de lado!) autoritarios cuyos carnés de supervivencia pasaban por obedecer al sistema y de paso hacían obedecer a sus vástagos. En particular a las niñas,  criaturas frágiles donde las hubiera, que se exponían a inmensos peligros, nunca del todo aclarados, porque sus cuerpos estaban mas expuestos al pecado y a la desgracia que el de los niños. Obedecer significaba tener la vida eterna garantizada y no hacerlo tener el crematorio a punto para asarse durante el tiempo infinito. Para proteger a las niñitas de la perspectiva infernal no había suficientes ceremonias que las lavaran de todo peligro. Los nombres pensados para ellas eran ya todo un sermón soporífero de domingo a la hora del vermut: Inmaculada, Dolores, la colección de Marías, Purificación, Asunción, Remedios, Fe,  Esperanza, Caridad, Virtudes, Consuelo, Gloria, Rosario, Salustiana, Fuensanta, Rocío, Concordia, Misericordia y tantos otros, que recogía la literatura más retrógrada de lo que había dado el pensamiento del siglo XX. Los nombres para los niños tenían menor carácter ultrajante. No me consta que haya  alguien que se llame Inmaculado, Puro o Caridario, pero tampoco he consultado el santoral para verificarlo ni los registros civiles para pulir este comentario. La cuestión fue que las niñas se llevaban la peor parte mientras que los niños podían salir del atolladero de los miedos de la sociedad oscurantista mejor parados con nombres más aceptables. Ya se sabe: el nombre es todo un dictado programático de lo que se espera del nombrado. Lo es tanto por lo que hace al nombramiento de un cargo como al nombramiento de una vida que nace. Las niñas estaban llamadas a conducirse consecuentemente con el nombre personal que llevaba grabado en la frente, si no como marca del zorro sí como grabación en el prefrontal del neocórtex. Una niña que sobrevivía a su niñez siendo remilgada y obediente sólo le quedaba la perspectiva de ser una esposa sumisa y una madre reproductora de todo aquel esquema recibido con el que castrar psicológicamente a sus hijos (ahora llamaríamos a eso, maltratar).

Afortunadamente los tiempos cambiaron. Las mujeres se libraron de las enaguas, los corsés y hasta de los sujetadores, las más atrevidas  inventaron otra praxis sin bragas y a lo loco. Y lo que es más importante empezaron a librarse de su condición de esclavas ideológicas del estado y de los varones. Empezaron a imitar algunas poses  y atuendos varoniles (los jeans, las piernas cruzadas,...) y consumos  no siempre las más adecuados (el tabaco o el despotismo,...) pero sobre todo empezaron a pensar por cuenta propia. Se constituyeron en género, en grupo, en grito de guerra y empezaron a hacer todo aquello que les había estado oficialmente prohibido: el amor libre, la no servidumbre sexual a un solo hombre, el deseo lúdico de la vida, el viaje, la independencia. En suma empezaron a hacer de malas, a averiguar lo que había detrás de las cortinas prohibidas, en la entrepierna de los hombres, en el corazón de las geografías.  Las buenas, las que siguieron haciendo de buenas se quedaron en casa a regar los geranios y a agilipollar a sus criaturas, mentalmente indefensas, hasta llegar a la edad adulta incapacitándoles para guisar y para otros asuntos domésticos básicos si eran niños e incapacitándolas a ellas para gozar  y ser libres si eran niñas.  Todo adulto tiene un niño dentro que recuperar y con el que sentirse cómodo, especialmente si tuvo que pasar su  infancia bajo las garras de una tiranía política y social y tuvo que padecer una familia autoritaria comportándose como agente de control de la moral privada.  El cielo, allí donde se lo hayan inventado los  religiosomensores, estará poblado de esas pelanduscas que no han roto un plato y no han alzado nunca la voz, de todas esas que iban con trenzas o moños a la escuela y jamás se soltaron el pelo, de todas aquellas que no se atrevieron nunca a suspender por negarse a aprender las tontadas afirmadas en catecismos y otras materias sin la menor garantía de fiabilidad.  El cielo es para los que no se han atrevido a vivir, nunca se comprometieron con el otro, nunca fueron capaces de transgreder la menor norma, nunca se rebelaron contra quienes los maltrataron. El cielo es para los que no pasaron de pecados veniales y jamás disfrutaron de una masturbación en solitario. Las niñas que no se creyeron los cuentos de hadas y que espiaron a hurtadillas lo que hacían sus mayores, y que supieron copiar en clase en exámenes para los que no merecía la pena perder el tiempo en estudiar y que brindaron su virginidad lo antes posible, todas estás vagan libremente por los infiernos del submundo pero también del sobre-mundo, una realidad más allá de la concedida por las mentes restrictas de cada época, una realidad a la que solo acceden las chicas a las que les crecen alas en las espaldas y tienen su inteligencia, sus manos y su sexo libre para hacer lo que les plazca.

El castigo arbitrario

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 21:56, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

La figura del represor y el castigo arbitrario

“Disolución de los  cuerpos represivos”. Ésta había sido una consigna gritada en manifestaciones y pintada abundantemente en un tiempo en que las funciones policiales, todas sin excepción,  eran las de reprimir cualquier clase de manifestación ciudadana, obrera o estudiantil que pusiera en entredicho los dictados y malasmaneras de la dictadura. Sigue siendo el grito de lucha en todos aquellos países en los que la autoridad pública sólo se expresa con la mano dura de regímenes que están muy lejos del uso racional de la palabra y de la confianza en el pueblo. En las democracias en prácticas, (mejor denominarlas así que adelantadas) esta consigna como otras muchas de la época ha dejado de ser gritada, sin embargo los cuerpos represivos siguen existiendo y la línea divisoria entre orden y represión es tan tenue que a menudo los agentes armados la franquean sin darse cuenta o sin querer darse cuenta. En casos como el español antiguas gendarmerías como la de la guardia civil sigue siendo mantenida glorificando así de paso su triste recuerdo de asesina de hombres y mujeres del pueblo español, otras como la policía nacional únicamente cambiaron el color de su uniforme. 

En los tiempos en que al son del grito de estas palabras todos teníamos muy claro quienes eran los represores y por qué lo eran sabíamos que no hay sociedad libre con vigilantes que la controlen. Toda necesidad de organizar una instancia de control para la expresión pública de la gente era y es contrario a una idea de sociedad tranquila, pacífica y organizada. La lucha por los mecanismos pensados para la represión y la censura sigue vigente. ¿Pero es realmente concebible una sociedad sin instancias que la controlen? ¿Qué sucede cuando la gente no se automodera y se rinde a sus excesos y falta de respeto con los demás? ¿Hasta qué punto se puede tolerar sus barbaridades e incivismos? De ello ya nos hacíamos eco en aquellos años que luchar contra la represión de las partidas armadas pagadas por el gobierno no significaba que pensáramos en la posibilidad de una sociedad completamente abierta sin ninguna necesidad de regulación de la conducta social.

La sociedad colectiva para desarrollarse necesita de las garantías de la concordia y de unos mínimos de ética que hagan de la comprensión y la ayuda mutuas motores de paz y bienestar. No todo el mundo entra en el quórum para admitir este principio. Ha habido y hay (esperemos que no lo habrá siempre) quien ha seguido comportamientos mezquinos, anticívicos, destructivos y negativos para sí mismos y para sus entornos. Hay conductas directa y llanamente no admisibles cuya filosofía de la libertad las tiene que enfrentar y negar para autoprotegerse.   Hay conductas dañinas a excluir para la prevalencia de las otras que propicien la salud comunitaria, la sociedad tranquila, la solidaridad colectiva y el progreso común. El debate no es ya si es necesaria su exclusión sino como hacerla sin caer en instituciones represoras a la vieja usanza. Las técnicas de modificación de conducta serian las llamadas a corregir hábitos anticívicos  sin pretextar la existencia de éstos para reprimir cualquier clase de transgresión y protesta. El problema de la figura del represor es que termina por autoperpetuarse a si misma en cualquier situación y lugar ante quien discuta  críticamente una situación dada. El represor para la sociedad es el policia en sus distintas versiones o el ejército en las suyas, también lo es cualquier figura autoritaria que se inviste  de la fuerza de su poder y de su amenaza para conseguir la obediencia sin objeción.
La sociedad ideal es, será, aquella que pueda prescindir de los ojos de control del estado para que prevalezca el sistema de injusticias del cual emana. El día y el lugar en que no haya policías que vigilen, espíen, ordenen, aporreen, detengan, piten, insulten, interroguen, torturen o maten  son porque se estará en un mundo que haya experimentado profundos cambios estructurales, mentales y educacionales. Mientras tanto asistimos a un fuerte crecimiento del presupuesto político en dotar al sistema de más dotación policial y represiva, con mejores equipos aunque no con  una calidad comprensiva mayor. La lucha contra la represión continúa y pedir responsabilidades por sus malas actuaciones y por sus crímenes a los profesionales de las armas de fuego sigue siendo necesario pero esta lucha no puede estar desvinculada de la denuncia de los malos gobiernos, ya que lo que hace un policia es convertir en crimen lo que la furia y la incapacidad planificadora de las instancias políticas de mando predeterminan implícitamente.

Antes, cuando se gritaba a favor de esta disolución tampoco se presuponía la supresión de todas las funciones organizativas de la vida cívica colectiva. Concebir unas instancias favorecedoras de la convivencia pública y por la buena marcha de las ciudades  sería, es, indispensable en un proceso teórico hacia una sociedad justa y proporcionada.

Que no te venza silencio

Por YASHUAbcn - 9 de Agosto, 2008, 21:54, Categoría: General

¡Grita! Es una pintada escueta  de la que hace de soporte uno de los puentes por los que discurre la vía férrea de los catalanes a su paso por St Cugat. Una palabra sencilla y directa.Otro imperativo más para mover las conciencias amorfas y conformistas.  Hay un cierto placer del esclavo desencadenado en el gritar.tal vez por eso en los mimetismos de masa basta con que se inicie un foco de griterío para que la inmensa mayoría lo siga aunque no sepa a ciencia cierta a qué está gritando.(Pruébalo en alguna ocasión si tienes oportunidad). el grito expansiona el diafragma,saca hasta la ultima molécula de aire de los pulmones, y de los huecos abdominales.Es el bufido rebelde por excelencia y el modo en que se constata el furor. Antes de hablar, durante la evolución infantil gritamos, antes de entender conceptos interpretamos sonidos, antes de explicarnos constatamos los deseos por medio del bramido.Y de adultos, cuando todos los discursos de la razón chocan contra la irracionalidad del sistema ¿qué otra oportunidad nos queda que la de gritar? Hay un tipo de personajes de la vía y vida pública a los que apetece mas soltar un gruñido que no un  hola o un buenos días, vocablos estos a los que ni siquiera tienen  decodificador para saber responder.Sí gritemos, gritemos para poder regresar algún dia al silencio de la paz.

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