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8 de Agosto, 2008

No-Onda

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 0:12, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

La falta de onda sintónica con alguien es la forma eufemística de denominar un estado de desencuentro por no decir que lo es de conflictividad. El salto cualitativo que va pasando por el proceso de diferencia-discusión-confrontación-disintonía-distancia es un gradiente observable. Lo que no es tan fácil es diagnosticar en qué eslabón se está y porque. Cuando una relación se ubica en un estado de enrarecimiento tal que la disintonía es permanente  el conflicto está servido y se `puede apostar por el pre anunciamiento de un fin de relación. Muchas situaciones de la vida en el contacto con los demás producen inmediatamente una no onda antes de sondear al otro en toda la gama de sus riquezas. Resulta inevitable dar con una cierta cantidad de sujetos bordes con los que no es posible a priori ninguna clase de sintonía. Cuanto antes pasen por el paisaje y lo dejen libre para tener mejores contactos humanos y mejores experiencias tanto mejor para todos, incluido el borde.

El reconocimiento de no vibrar con la misma onda con alguien, por mentalidades o ideas distintas pero también, incluso, por oler de maneras muy distintas o tener percepciones de las cosas no coincidentes es una constante relacional que cada civilización se ocupa de ocultar o atenuar de distintas maneras. Sobrevivimos a las diferencias tolerándolas, cuando todo el mundo sabe que la tolerancia se traduce por alejarlas lo máximo posible y no tener que convivir con ellas.

En principio, una diferencia tiene  valor considerable porque aquello que es de diferente en el otro es lo que le permite a uno enriquecerse y aprender. Mientras las diferencias son motivo de deseo y adquisición todo va bien. Tan pronto la diferencia hace sonar la alarma de su posible peligro por presentar una visión diferente del mundo o una alternativa para cambiar las cosas, en lugar de ser una fuente de interés o de enseñanza puede ser una fuente que no para de segregar antagonismo, indisposición e incluso miedo. La mayoría de disintonías no llevan tan lejos la autoconciencia sobre la diferencia, La constatan y basta, Suficiente para descartar la compatibilidad. Seguramente con una intención restauradora por parte de los dos o más discursos en colisión la comunicación se puede restablecer. Valor y querer facilitan el crecer dice un proverbio castellano. Lo que pasa es que cuando una relación esta muy viciada el lenguaje cada vez cumple menos la función comunicativa para reconstruir enunciados validos para todas las partes.

Por importante que sea el lenguaje en la comunicación no lo es todo. Sin predisposición psicológico al encuentro con el otro no hay encuentro por mucho que se dote de un bello discurso de aproximación.

Lo que más cuenta de una persona es su condición de hablante, por tanto de portadora de discurso. Si hay una colisión con el discurso ajeno cabe buscar una zona neutra de comunicación a la que podemos llamar transacciones verbales de no riesgo. La necesidad de convivencias tanto puntualísimas de una voz y no repetir como continuadas emplaza a este tipo de temas neutrales para mantenerse alejados de la confrontación. Hay un interés psicológico subjetivo en localizar en el otro, puntos de afinidad que sirvan para una adhesión mutua que acude como el substrato de una alianza coyuntural. Siempre hay algo a lo que echar mano para encontrar una convergencia. La espontaneidad y la transparencia clara desde un principio que no calla las diferencias y además se congratula en establecerlas no suele ser la actitud dominante. La política de la buena mesa las derivará o no abundará en la confrontación.

Utilizando la terminologia de la filosofía clásica griega acerca de las virtudes humanas, por lo que sabemos de nuestros semejantes, nos toca mas mantenernos en la hipótesis de su existencia que en la verificación de todas ellas. Platón ya señaló que de virtud solo hay una y de maldad muchas. La vida relacional es un gran y laberintico campo de contactos diversos en los que puede haber de todo e inevitablemente disensos y chispas. Muchos de los conatos para la confrontación quedan en si mismos y no se siguen mas allá de sus enunciados antagonistas para no crear tensiones o echar a perder un encuentro. No es de buen gusto por ejemplo que dos personas que mantienen entre si una beligerancia verbal a propósito de lo que sea la traigan a colación en un espacio colectivo sea el de una comida o una reunión para otro tema ajeno. Lo mismo se puede decir si la beligerancia surge en la misma reunión sea lúdica o de trabajo y toma las formas radicales obligando a que los demás se posicionen ante ella. Eso se considera que no es de recibo. De una parte la disonancia de dos es cosa suya, dependiendo de la gravedad se les puede conminar a que  suspendan su trifurca en una situación colectiva con otras personas que están al margen del problema y quieren seguir estándolo, de otra dependiendo de la gravedad del mismo se pude intervenir o no para prestar una tercera línea argumental con que salvar el conflicto generado entre las anteriores.

Se dirá que hay algo del buen gusto y de la elegancia en el saber estar con los demás, una mundanalidad natural y un don de gentes, que aconsejará reconducir a cada posición aconsejada un discurso para no hacer de una reunión verbal una pelea asegurada que pude derivar en discurso lesivo o mutuamente lesivo. Pero la elegancia es una opción subjetiva que no sigue un manual de urbanidad concretos. Siempre nos tocará referir al contexto concreto tanto el testimoniaje de una pugna ajena como nuestra propia beligerancia. No se puede silenciar todo por el solo hecho que exprese una desavenencia, Hay desencuentros que son absolutamente necesarios que sean dichos y sincerados en público para saber a que atenerse posteriormente. Por otra parte hay un principio de aquiescencia que siempre presiona desde el estomago para vivir las relaciones en el máximo de concordia aunque sea con personas absolutamente insufribles, mezquinas o de ideas opuestas a las de uno. Hay  un anónimo dice que las opiniones siguen la ruta que marca la conveniencia personal. Esto deja al hablante a la altura de un zapato cualquiera que no siente ni piensa y del que solo se le pide que este hecho de materiales que resistan lo suficiente todos los pasos que se quieran dar con ellos. Las relaciones humanas en el plano de conexión que sea: desde las más intimistas a las más gélidas necesitan pasar tácitamente por el consenso y el beneplácito. Se sospecha que sin aquiescencia no tienen futuro y que cuantas mas zonas conflictivas tengan menos futuro tienen asegurado. De otra parte sabemos que no hay ninguna relación humana que no contenga sus diferencias. Estas generaran estados de no onda según una complicada formula de sumas y restas del conjunto de factores integrativos o disolutivos que haya en ellas. Muchas relaciones se extinguen sin que haya una ruptura formal entre ellas, otras muchas ni siquiera llegan a consolidarse y otras se mantienen en discusiones perpetuas que a ratos se antagonizan y a ratos se remontan para volver a sintonizar. Posible este tercer grupo está mas conectado con las intimitas y de mayor proximidad. La no onda no  queda reducida a los campos de relación con gente desconocida de la que se sabe que son de otros partidos, de otras ideas o de otras lenguas y orígenes. Comparativamente hay menos oportunidad de tener disintonías con gente lejana con la que raramente nos encontramos que con gente próxima de nuestro mismo ámbito laboral o doméstico. Hay estados de no onda predecibles antes de la ronda de presentaciones formales. Antes incluso de llegar a un lugar o de ser visitante se pueden presumir las disintonías con las que uno se puede encontrar.  Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes dijo Shakespeare. El problema es bastante mas compleja, hay situaciones disintónicas, desde luego, por cuestiones de edad, pero mas que por esa apariencia fisiológicas, por cuestiones actitudinales ante la vida. Un grupo de edad sospecha de otro (no solo los viejos de los jóvenes, también lo hacen los jóvenes de los viejos por haber estado tanto tiempo en un mundo cuyos muchos de sus valores son impugnables y a aquellos les ha tocado haberlos heredado), también un grupo étnico de otro, unos residentes de una zona de los de otra, los fans de una música con respecto a los de otra y así sucesivamente. Hay escenas de no onda predecibles y previsibles a los que sin embargo no podemos eludir.

Una situación ideal seria la de la beatitud permanente sin tener ningún roce ni desavenencia con nadie y manteniendose lejos de posibles variables que fueran sospechosos de crear problemas. Los espacios de vida monacal tal vez ponen un coto a su trato con el mundo pero no por eso dejan de enfrentarse a las pequeñas rencillas que llamándolos por su nombre son no ondas.

Hay mas razones para experimentar estado disintónicos con la persona con la que vives o con quien compartes el mismo espacio diario que no con quien no ves nunca. La categoría de una disintonia con el conocido a con el desconocido es completamente distinta. A aquel continuaras tratándolo despues del enfrentamiento a este no tienes porque volverlo a ver nunca más. Hay gente malcarada desde el instante cero en que la ves(los policías fronterizos de los USA o de GB por ejemplo, entre otros muchos del planeta). Nada mas con el primer gesto de comunicación no verbal tienes suficiente para que te caigan mal, si además añaden un frase de desprecio a tu condición viajera pasan a caerte peor, si además te hacen perder el tiempo, los pones en la lista de enemigos, si bastantes minutos despues todavía te están tocando la pera, les echas un chorro de telepatía insecticida. Inmediatamente despues de la gestión los devuelves a aquella zona de gente del mundo de la que no quieres saber nada y que para ti confirman que el mundo siga siendo un charco de pesadillas.

La no-onda está preinscrita en la estructura social de vida en tanto hay contradicciones objetivas y perfectamente conocidas y reconocibles. Pretender vivir feliz con todo el mundo es la filosofía Heidi poco adaptable.

Vivir sin cuantificar la lista de situaciones de no onda no significa vivir una vida mas armónica o tener una relación mas equilibrado con los demás sino seguir criterios de no confrontación. Basta callar el propio sentimiento ante el sentimiento adverso que se expresa o se ve. Eso configura a gente calma con las relaciones cordiales pero atenuadas, armónicas pero superficiales, reconciliadas pero inautenticas. Es así que el registro de no onda si bien indica que su aumento significa una vida conflictiva su ausencia indica una no vida que se mantiene dentro de la superficialidad de si misma sin querer indagar en la verdad propia o desear conocer la ajena.

La no onda es un restador sí porque quita mucha energia personal y mantiene al sujeto en un estado de conflictividad que le descorazona, pero también es una fuente de verdad que le empuja a la creatividad y a un plus de conciencia. Lo idea es vivir en un estado de creatividad permanente sin tener que pelearse con nadie por habitarlo. Parece que el ser humano del siglo XXI no alcanzará esta prerrogativa para ser aceptado totalmente como creativo sin castigarlo con la disonancia por ello.

 

La victimidad

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 0:09, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Los peligros de vivir en sociedad  se pueden resumir en un capitulo de victimidad. La condición de victima no suele ser elegida por la persona perjudicada aunque haya un masoquismo que la predisponga o un aventurismo que la lleve a situaciones límite. Para que haya una victima tiene que haber alguien que sea el agente de la fatalidad. Basta salir a la calle para ver multiplicadas las variables de riesgo. Aritméticamente es cierto que cada coche con el que te cruzas puede perder el control de su velocidad y saltar para chocar con el tuyo o atropellarte, sin embargo psicológicamente sabemos que eso solo ocurre en una pequeña probabilidad, pero esa probabilidad por escasa que sea siempre existe.

Hay dos tipos de victimidad: una, en la que la victima es elegida expresamente por quien la victimiza y otra, la que lo es un tanto por cuestiones de azar. Pasar junto a un edificio y ser abatido por una pieza de la cornisa que se desprende justo en ese momento es un infortunio completamente distinto del caco que te espera en la esquina para asaltarte. Quizás en los dos casos pases a ser un cadáver pero sus causas significantes son completamente distintas. En el segundo caso interviene la voluntad de alguien en damnificarte y en el primer caso una multitud de pequeños datos de física y deterioro de los materiales y la circunstancia de que pasaras en ese momento por ahí son lo que te liquidan. Puestos a morir si solo puedo elegir entre esos dos casos prefiero el primero. La condición de victima es completamente distinta según el significante que te victimiza.

En el grupo de los lastres biográficos el capitulo de victimidad existe. En él entran un montón de experiencias desagradables en las que eres objeto del infortunio por causas completamente ajenas a tu voluntad y responsabilidad. En un mismo accidente de tráfico uno puede ser la victima y otro el victimizante aunque de ambas partes se sufran daños. En cada contexto toca redefinir los roles: quien es el agresor (conscientemente o no) y quien el agredido (sea temerario o no). Las agresiones no son siempre de tipo violento aunque sí siempre expresan un ataque que pretende un daño o escenifican una acción resultado de un odio. Implícitamente en una sociedad compleja nadie se libra de ser en un momento dado victima propiciatoria de una situación, tampoco –a su pesar- de ser victimizante. El itinerario ideal de un comportamiento es aquel que no tiene ningún registro de victimidad pero esto es prácticamente imposible. Cuando me encuentro con alguien que le acaban de robar el bolso no puedo por menos que darle la bienvenida al club de las víctimas. Raramente me encuentro con quien dice que es la primera vez que le ocurre. Posiblemente la condición de victima esta mas arraigada que el propio victimario se pueda reconocer o pueda recordar. Despues de  más de una docena de veces de ser victima de robos de distinto tipo la victimidad se puede reciclar como una especie de contribución involuntaria a la redistribución de los objetos. Cada robo que sufro lo tomo como una cuota solidaria involuntaria. Otro asunto son los daños ocasionados por la negligencia ajena. Raramente he sufrido dados por el ataque expreso de otra persona que quiera lastimarme.

Expuesto así el razonamiento un púber abofeteado por su tutor puede alegar que es víctima de su mal trato o una pareja que llega a las manos que hay una condición de victimidad consolidada por violencia de género. No todo ataque produce una victima ni toda tensión violenta tiene los dos roles en las dos personas pudiendo suceder que ambos roles los tienen cada persona.

Además del ataque físico y de la usurpación de las cosas hay otra clase de conductas agresivas que sin pasar por la violencia corporal crean resultados de victimidad al utilizar la injuria, el descrédito mal intencionado, la falsación o la tergiversación. Una sociedad es tanto mas civilizada cuanto mas utiliza esta clase de vivctimizaciones y menos las de tipo primario. Hoy los grandes negocios no los hacen a asaltadores a mano armada de bancos o personas sino múltiples estafadores de guante blanco que pasan por excelentísimos ciudadanos. En principio cualquier persona que contrata un servicio o adquiere un producto y se encuentra con un resultado mediocre al contratado pasa por el rol de víctima. Todo estafa ocasiona víctimas. Además del robo directo y de la agresión violenta la mayoría de ciudadanos se estrenan en la condición de victimas cuando los atropellos del estado o del sistema burocrático los maltrata impunemente.

La mayor parte de experiencias de victimidad son proporcionadas por el error humano o por su intención dañina más que por determinantes catastróficas que tengan que ver con la naturaleza desatada. Cuando ocurre una catástrofe hay que ver de sus condiciones destructivas que parte tiene que ver con la fuerza desbordada de la naturaleza con la otra que tenga que ver en la negligencia en la construcción de edificios o en la planificación de las ciudades. El ser humano suele ser más victima de si mismo que no de la fatalidad del destino que  es una expresion verbal inadecuada que hace de coartada para no enfrentar las verdaderas responsabilidades y lso verdaderos autores de los hechos.

Hipotéticamente una persona es tanto mas feliz cuantos menos relatos de victimidad pueda contar. Aunque por otra parte la victimidad proporciona un rico anecdotario que la vida apacible no suele tener. Personalmente prefiero que me pasen los años sin ser victima de nada ni de nadie y teniendo el registro de eso en el punto cero pero cuando me toca pasar por la experiencia de víctima aprendo que el nexo con la vida es un simple hilo  que puede romperse en el momento más impensado.

 

Enemigos

Por YASHUAbcn - 8 de Agosto, 2008, 0:08, Categoría: COMUNICACIÓN

Las relaciones humanas es el gran campo del color de las  amapolas y  la tragedia de las minas ocultas  donde pude suceder de todo:desde los aprendizajes preciosos y gozos máximos  a los conflictos intepersonales que dejan saldos de enemigos . Tales  enemigos  generalmente quedan de por vida porqué no hay recursos a los que acudir para rehabilitar la relación destrozada. Un enemigo es aquel cuya actitud y comportamiento le hace perder el estatuto de amigo si lo tuvo o el de persona respetable, si los tuvo alguna vez. Un enemigo es un ser que alcanza la perspectiva de sujeto despreciable porque ha hecho cosas imperdonables. Un enemigo, en suma, es alguien de quien protegerse para que no te vuelva a tomar por diana para sus faltas de ética o sus excesos abusivos.  El peor enemigo es algo que surge de una relación de amistad porque es quien más traiciona la confianza que se le depositara. Y el mejor  enemigo, si  hay enemigos mejores es aquel tipo con el que no se ha tenido ninguna relación sentimental previa, que incluso es un desconocido peor que la mala fortuna lo ha puesto en tu camino  en el contexto de una bronca descomunal. en todo caso un enemigo es para siempre, o apunta a eso por la falta de probabilidades de coincidencia y reexámen que permitan una reconciliación; a diferencia del amigo que es para un tiempo histórico limitado.

Algunos supuestos:  Una colisión automovilística al azar  puede ser tratada amicalmente o puede  producir una enemistad  cuando en lugar de un trato racional impera el energumenismo. Un inquilino que no cumple los pactos y al que hay que  forzar a irse. Un compañero de espacio convivencial con el que se mantiene algunas tensiones puede convertirse en enemigo cuando se lleva cosas tuyas y actúa como un ladrón in extremis a la hora de buscarse otro sitio; un compañero de trabajo se puede convertir en enemigo cuando no para de utilizar el tiempo relacional para insultarle: o una vecina deja de tener esa categoría cuando su mezquindad y sus continuas molestias te hacen desear perderla de vista o no coincidir nunca con ella.

La relación óptima con el mundo es aquella que no segrega enemistades. Y una vida de paz y tranquila pasa por los armisticios y las reconciliaciones. Esa aspiración ideal choca  frontalmente con las verdades de los hechos en un mundo tan complejo y tensional como el nuestro. Mezclarse en sociedad es bajar a las galeras y aunque la enorme elasticidad de una sociedad de consumo permite las escapadas por la vía de lo lúdico y el resarcimiento de todos aquellos avatares cotidianos, lo patético es que no hay un solo día urbano en el que no se corra el peligro de entrar en colisión con alguien. Basta coger un coche y acercarse a la zona de la Quinta ave. con la 42st en New  York en horas punta para  observar en el retrovisor como alguien nos está insultando por nuestra lentitud en la conducción o por lo que sea. Obviamente no solemos convertir cada mueca de desagrado o cada insulto de un conductor anónimo en un enemigo: No es práctico y nuestro sentido común, es decir el sentido económico de la vida, no nos da opción a convertir un evento breve en una enemistad duradera. Pero el dato anecdótico sirve para ilustrar la posibilidad de creación de enemigos con desconocidos en situaciones de estrés con una enorme facilidad y brutalidad.  No son esta clase de tropiezos, generalmente los que producen una nómina de enemigos, lo que no quita que en el  lugar más inesperado pueda surgir el percance más luctuoso (en la ciudad referida me enteré de que una conductora salió de su coche y disparó contra el conductor de otro por un altercado de prisas y tal vez un leve rozamiento de las carrocerías). La clase de enemigos de los que se ocupa esta dimensión son aquellos que por malentendidos y conflictos de intereses escenifican una confrontación lesiva y que dejan un resto  irresuelto.

El ideal como digo es que esta dimensión  de 0. Eso significará una mayor concordia con el hábitat y con los demás, aunque no puede significar una  conformidad con el mundo y un exceso de cobardía en expresar el pensamiento propio. Un enemigo es aquel que surge también cuando una de las dos partes no quiere someterse al imperio ilícito de esa otra que se enemista.

La dimensión de la enemistad está relacionada con la de las colisiones o estados de disintonía. Pero mientras estos pueden concurrir en el seno de relaciones entre colegas o entreamigos y no por ello hacer fracasar la relación de cooperación y afecto, el enemigo es la producción de una figura que queda residuada como tal, tal vez olvidada , relativizada y hasta entendida, pero cuya sola mención no deja lugar al equívoco del lugar que ocupa en la memoria de uno.

Preferiría que mi personalidad interactiva no generara ninguna clase de amistad nunca, pero estimo que esto es un imposible fáctico cuando he hecho de mi vida una elección del ser, una manera de manifestarme, una forma de autenticidad;que inevitablemente al hacerlo entra en colisión con otras formas que tratan de imponerse a las mías, otros dictados que quieren ordenarme en lo que no creo u otras conductas que me prohiben mi libertad.

Depende de  las variables que concurran en la experiencia si hay un mayor o menor número de enemistades. El ideal de enemistades 0 es sólo posible cuando se vive circunscrito en un campo de relaciones muy estable y en  un campo de comunicación temática con muchos aspectos silenciados. Aún así en estos casos extremos la gente que los habita sospecha de cuales son sus enemigos aunque no los categoricen de tales para no añadir mayor tensión.

Vivir la vida entre conflictos y con el drama propio de un universo relacionario con tantas posiciones antagónicas genera un saldo de enemistades y hasta un grupo de enemigos constituidos.en el peor de los casos estos llegan a aliarse en contra de uno, en el mejor se les puede olvidar en sus nombres y apellidos y hasta en su fisonomía. No hay nada que me alegre tanto como olvidar  una buena parte de esos nombres para los que no trato de hacer ningún esfuerzo en recordar.

La dimensión de Enemigos demuestra como en  las mejoras actitudes personales y disposiciones beneplácitas hacía el otro no se está a salvo de no generarlos.Sencillamente hay personalidades perversas que necesitan elegirte como enemigo para justificar sus actos;comportamiento esto que podemos hallar a escalas internacionales cuando las relaciones diplomáticas son rotas para justificar economías subterfugiales y no éticas.

 

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