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Manual del Cuñado

Por YASHUAbcn - 7 de Agosto, 2008, 23:33, Categoría: COMUNICACIÓN

El enunciado debería ser más explícito: manual  para ser el cuñado perfecto o algo así. No me extrañaría que se le hubiera ocurrido a alguien como título de libro habida cuenta de la cantidad de cosas que se publican para toda clase de asuntos (cómo hacerse rico con el cultivo del champiñón, la girgola, el conejo o el caracol, como ser empresario en diez días y dejar los problemas atrás, ganar dinero es fácil y otros que me imagino y no confirmo en fuente alguna).

No dedicaré mi tiempo a dotar de una guía a cuñados y cuñadas para que puedan sobrevivir con arte y elegancia en el difícil mundo de las relaciones familiares con las familias añadidas a partir de sus compromisos maritales pero el tema puede merecer la atención de un par de cuartos de hora que es más o menos lo que pienso dedicar aquí a este tema. Veamos el cuñado es una figura añadida a una organización montada que viene de lejos. Lo trae la hermana o el hermano que tras sus andanzas mundanas da con su media naranja que tarde o temprano presenta a la familia. La familia es lo más querido por ella o al menos una de las instancias más importancias. En ella ha nacido, ha crecido, se ha educado, ha empezado a entender el mundo.

 El cuñado es un ovni recién aterrizado al medio que por deferencia a su partner le toca comprender y apreciar. Es difícil de entrada que pueda sentir y comprender lo que su pareja siente: mientras ésta contiene toda la experiencia relacional y sentimental dentro de sí aquel se encuentra con unas figuras adultas que, como todas, tienen sus pros y sus contras y no tiene porque disculparlas en sus errores o chabacanerías ni admirarlas en sus certezas.

El protocolo esencial en todas partes en los que las tesituras llevan a mantener una relación de lo personal es la elusión de temas que puedan herir sensibilidades. Si crees que todo lo que ha podido dar de bueno la familia tal es la mujer con la que estás no es cuestión de que se lo recuerdes una y otra vez y se lo restregues a la cara cada vez que te encuentras con su parentela. Nadie es perfecto, tampoco tú. De la misma manera que sus ideas te puedes resultar decimonónicas, las tuyas puedes resultarles poco relevantes.

No hay que olvidar que la familia consanguínea de tu pareja siempre va a estar como panorámica de fondo durante todos los años que vivas con ésta. Te la vas a encontrar en el aparato telefónico, en visitas inesperadas, en efemérides obligadas y en otras organizadas. Mientras tu pareja aprovechará oportunidades de viajes para visitarlas tú tendrá que hacer de tripas corazón si eso no te apetece. Un cuñado o cuñada se pueden ver relegados al rol de convidados de piedra para complacer a sus parejas si su sentimentalidad y voluntad las lleva al terreno familiar en la que aquel o aquella se puede sentir poco menso que extraño por no decir un intruso.

Una familia bien avenida puede organizar  encuentros periódicos de hermanos, primadas o apellidadas. No se conocen encuentros de cuñados. Ahora que lo pienso en países de alta cuota de asociacionismo podria plantearse el congreso de los cuñados donde a sus anchas pudieran despotricar de sus roles condicionados. En ese supuesto encuentro no podria participar nadie que no tuviera tal experiencia social.

Un cuñado básicamente es alguien que pasa de una manera u otra por el veredicto de la parentela. Del mismo modo que esta no tiene porque caerle bien a aquel, aquel no tiene porque caerle bien a ésta. No se puede ignorar que el cuñado a parte de poder sentirse un intruso en familia ajena objetivamente lo es, en tanto que es un extranjero sacado de vete a saber donde y que el hermano o la hermana elige como su compañero existencial para unas intimidades y experiencias superiores a las que haya tenido con cualquier otro miembro dela familia. El cuñado tiene, por la parte que le toca, lo que no tiene ningún otro pariente con respecto a la persona nexo de ambas partes.

El cuñado que viene de fuera, no solo de fuera de la familia, claro está, sino de otra latitud cultural e idiomática para la que puede haber prejuicios en el contexto que visita o va de pasada tiene que tener la suficiente cautela para no morder los anzuelos que se le presentan para polémicas de provocación. Como  catalán de origen y con un acentazo que me delata siempre pero no nacionalista militante  me he visto envuelto periódicamente en discusiones sobre la cuestión nacional. Esa es una temática que suele levantar animadversidad emocional. Sabiéndolo a priori si alguien se interesa por el tema desde su posición nacionalista contraria (la españolista) durante una comida lo mejor que se puede hacer es ironizar o callar más que desear llevar la discusión hasta el final. Eso te convierte en un memo. La otra opción de mostrar las credenciales ideológicas te convierte en un enemigo. En sociedad la elegancia no pasa tanto por decirlo todo ni ser completamente sincero como por ser simpático y caer bien.  Este consejo es totalmente indigno de mí e hipócrita pero siempre que he tenido una discusión tanto por las formas como por las ideas con la escudería de mis cuñados he visto la mirada de dolor en mi compañera. Ella es lo primero y la victoria de las ideas puede siempre esperar.

En las uniones personales uno no se casa o se junta solo con la persona que tiene enfrente si no que se conyuga con todos sus predicados que le vienen de antes, su ayer, sus vínculos pasados, su familia. Amar a una persona parece llevar implícito tener que apreciar por extensión a todo lo que ella ama, eso incluye la envergadura de una parentela más o menos extensa según el caso que se trate. Si embarga lo que ama el uno no tiene porque amarlo el otro por mucho que estos dos se amen entre ellos. Si es honesta la persona que tiene una familia (en principio la mayoría nacemos a partir de precedentes familiares, los neonatos de incubadoras completamente artificiales en  las industrias de la procreación del futuro no tendrán esta clase de reflexiones, quizás las que le sustituyan sean psicológicamente menos duras) no puede amar o apreciar por un igual a todos sus miembros. Una familia no deja de ser una representación sociológica a escala de toda la sociedad y lo mismo que en ésta no todo es aceptable también le pasa a aquella.

Para el partner el interés por la familia del cónyuge puede ser escaso por no decir nulo y quedar reducido a los encuentros efeméricos u obligados mínimos. ¿Cómo cuantificarlos si los campos mutuos son completamente distintos por no decir opuestos en las ideas y maneras? Ese decalage, o más exactamente disintonía puede ser interpretado como rechazo y el rechazo juzgado como desprecio. El cuñado perfecto ha de simular sus sentimientos sean cuales sean. Tiene que hacer las deferencias oportunas, hacer de buen anfitrión aunque la velada o la visita se le cae encima sean completamente nefastas. Estas con todo su manto de familiaridad y acogida no se puede ignorar que son auténticos espionajes para valoraciones posteriores en las que vas a tener el visto bueno o el ataque sin piedad. Un cuñado de la otra parte puede ser un factor negativo para la relación con tu pareja si no les has caído bien (¿qué haces con este/a, no ves que es un don nadie?).

Quien escribiera o reescribiera si está escrito ya este supuesto manual del cuñado debería tener en cuenta si no ha sido dicho ya, las pautas a cumplir para tratar a sus socias del otro lado cada vez que las circunstancias le obligan a tratar con ellos. He pasado por la ingrata experiencia de sufrir cuñados absolutamente plastas que se han descerrajado con pedigrís que no tienen y formas verbales ridículas, tipos a los que tienes que aguantar en su  mal gusto e ignorancia para no enviarlos al carajo por deferencia a mis parejas.

Lo mas descalificante para un cuñado es que se le trate de hermano político. Pero se puede rehabilitar algo de tal denominación: relación política sí porque sentimental generalmente no se tiene. Los distintos tipos de cuñados con los que me ha tocado tratar, incluidos los indirectos en calidad de hermano los he observado cuidadosamente con mi lupa de analista. Inevitablemente he descubierto cuñados que han llegado con su carga de indisposición para crear problemas en la familia de llegada. En una última discusión con mi hermano al enfrentarle su frialdad y distancia de mí todo lo que se le ocurrió mencionar es que no le caía bien a su esposa, es decir a mi cuñada. ¡Que baje st Pedro y lo vea!

Estoy metiéndome en el tema desde los dos lados como cuñado que llega a la familia y como alguien posicionado dentro de ella que  contrae indirectamente una relación forzada con un cuñado que viene de un ámbito externo.

El cuñado perfecto es aquel que reconociendo sus imperfecciones como tal y su llegada a un campo de incompatibilidad tiene la suficiente diplomacia y estrategia para ocultar los antagonismos. ¡Pero esto es no transparencia! No, no lo es. La transparencia interpersonal requiere mucho tiempo y muchas ganas. Goethe hizo la observación sagaz que para conocer a una persona había que ir a visitarla y no cuando se era visitado por ella. Las formas humanas son representacionales, su sustancialidad es un reto para la indagación.

Un cuñado en esencia es una figura no elegida un tanto impuesta como paquete. Puede ir desde su acción carabinera de antaño para acompañar a la hermanita para que no se le vayan las manos o no dejen que otras manos se le acerquen demasiado a la función paterna del progenitor o progenitora ausente si se trata del hermano o hermana mayor. El cuñado por la parte de la hermana que es tu mujer puede hacer un tanto de supervisor.

Lo que quiere la familia de tu partner es tenerla ubicada, saber con quien está. Esto se ventila con un par de visitas, una por cada parte serán suficientes. En esas citas se habla de todo menos de lo que realmente las trae a colación. Otras antiguas en que na primera visita a los padres era de evaluación directa y explicita del candidato a la hija se ha transformado en lo mismo pero sin decirlo. Basta que cada cual represente su papel y muestre sus habilidades de anfitrión cuando es el visitado o sus habilidades de huésped cuando es el invitado. No tengo mucha experiencia en cuñados pero sí la suficiente para saber que un hermano o hermano puede estar en las antípodas de otro y todo lo que aprecias en tu partner lo puedes despreciar en su hermano/am es decir en tu cuñado/a. El menosprecio en realidad es una forma que va implícita con la exclusión de lo que o de quien no te gusta o no ves probabilidades de demasiada comunicación y no tiene nada que ver con otros pecados sentimentales mayores como el odio.

Nietzsche dijo que el menosprecio y el odio son incompatibles. Dijo que no se odia más que a un igual o a un superior. Trataré de aplicar a esa definición a mi propia experiencia emocional en ese odioso campo de los odios. Lo primero es preguntarme si he odiado a alguien. Me cuesta enfrentarme a esta pregunta porque nunca he sabido muy bien el significado de odiar y en que conductas se representa. He experimentado rabia, antipatía incluso venganza, tampoco nunca he ambicionado ser como ninguna persona de todas cuantas he conocido ni tampoco odiar a alguien por que me haya traicionado. He quedado desde lego resentido. Si soy totalmente franco conmigo mismo he de decir que he experimentado el odio puntual por conductas bárbaras de las que he tenido noticia o he sido testigo ocasional. Pero nunca han dejado un residuo permanente. Odiar a alguien es concederle demasiada importante al ocuparse tu pensamiento de un ser mezquino que te quita la atención de otros asuntos verdaderamente importantes.  En cuanto al menosprecio no tiene porque dase con alguien que es inferior a ti por sus menores conocimientos o economías aunque sí he despreciado y desprecio la ignorancia patente, la imperfección injustificable, el error como criterio estable.

Un cuñado ni siquiera entra en esta clase de consideraciones y el que siga ese supuesto manual bien hará en no tratar de entender su lugar en el constelograma de la familia política que le ha tocado. Es la que es y punto. En su abigarrada representación, si es suficientemente numérica, podrá encontrar de todo. Sabrá de la existencia y periplos de una parte de ella sin pedirla la información o desear tenerla y eso mismo puede ser recíproco. Algunos de sus comportamientos como visitantes o como visitados darán los detalles oportunos para pautar los contactos posteriores o decidir no tener ningún otro sin ni siquiera tener la necesidad de molestarse el explicar esa resolución. En resumen un cuñado tiene que sobrevivir en el rol que le viene dado ad hoc  sin pedirlo ni buscarlo. Por encima de educar o enseñar o influir .lo cual todas esas autoexclusiones   ya por si solas   demuestran la imposibilidad de la intervención sincera en el otro y ante el otro. Eso sintetiza un incompatible de difícil solución: el amor de una parte a un miembro de la familia que exige tratar como materia intocable el resto de ella por su incondicionalidad como hija, hermana o tía. La contradicción está servida, que cada nadador nade y guarde su ropa.

 

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