Cochecartelismo: titulares de los que no salimos en la tele.
Después de un tiempo de más de un año y medio de practicar el cartelismo espontáneo y por cuenta propia tanto en las ventanas de nuestros domicilios como de nuestros coches lo celebramos con este slogan. Habíamos inaugurado un nuevo fenómeno propagandístico: el de las ventanas hablantes y en concreto el del cochecartelismo. El cartelismo es fundamentalmente un fenómeno de paredes y de superficies fijas verticales compactas. Al principio surgió de una manera moderada y considerada y los primeres carteles venían a colorear las calles y a darles un interés adicional. Luego con el boom publicista las paredes ser irían renovando en sus empapelaciones y los carteles se multiplicarían hasta la exageración no respetándose, además, los unos a los otros al taparse mutuamente. Cuando éramos niños veíamos en muchas calles de la gran ciudad textos pintados en negro prohibiendo que se pegaran carteles y avisando que sería responsable la empresa anunciadora. Eso indicaba que había legislación que lo regulaba, pero la publicidad ha tenido y tiene tanto empuje que se cuela de todas las formas posibles en todas las superficies que tiene a mano. El cochecartelismo ha sido una variante móvil de un recurso ya clásico: acudir a los soportes en papel o tela de textos que traen unas determinadas ideas. Hacer mención a un plural ambivalente de los que no salimos en la tele, se refiere a un grueso de gente, que más que no salir (un día u otro se puede acudir a un programa o ser entrevistado por una cámara en la calle) es que hay un tipo de pensamientos y opiniones segregadas que no suelen salir. Los periódicos y las portadas de programas televisivos utilizan unos titulares marcados por índices de audiencia y por la espectacularidad de los temas. No hay o no proporcionan un seguimiento analítico de los temas que un día anuncian al empezarse y otro día mencionan al acabarse. Eso hace que haya temas cuya actualidad estrictamente sólo dura unas horas, y a lo sumo dos días. Un cartel que se mantiene por varias semanas o meses recuerda la vigencia de un titular, especialmente de aquellos que tienen un trato de desfavor en los medios de comunicación más fuertes.
De los periódicos a menudo se leen sólo los titulares. Un cartel con un slogan es un titular que no está acompañado por la noticia que lo desarrolla pero que induce a que quien lo lea cree su propia interpretación o hipótesis, su propia y personal noticia.