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Los Exmaridos discriminados

Por YASHUAbcn - 3 de Junio, 2008, 14:19, Categoría: DEBATE SOCIAL

Maridos: Protegeros de la discriminación de género en los litigios judiciales.

Es un texto muy atrevido puesto que  destaca la condición de marido metido en pleitos en su condición de víctima. El estándar cultural actual establece que la mujer es siempre la maltratada y cuando se habla de violencia de género implícitamente se está refiriendo a la violencia que los hombres ejercen en contra de las mujeres. En un momento histórico en el que el feminismo – o un tipo de feminismo- se relame de los éxitos conseguidos en materia legislativa y por la protección de los derechos femeninos, un eslogan dirigido a los maridos es inusitadamente insolente. El texto va dirigido a los hombres en su condición de casados aunque estén tramitando la separación o estén pensando en hacerlo. En sí mismo un texto dirigido a los hombres resulta llamativo. El propagandismo no tiene porque distinguir entre géneros por lo que hace a la defensa de valores culturales o ideológicos. En este caso no solo va dirigido a los hombres sino además a aquellas que pasan o tienen que pasar por confrontaciones judiciales debido a sus desavenencias convivenciales privadas. Si acudir a juicios por desacuerdos sociales o laborales ya resulta un calvario, hacerlo para ventilar temas muy personales e íntimos todavía resulta más terrible.  Especialmente lo es cuando la inmensa mayoría de casos, en los que uno hombre casado  es denunciado por su esposa, o exesposa, generalmente  lo pierde. Con o sin pruebas el hombre es el culpable. Es el que tiene más fuerza física, el que hasta hace poco traía la mayor cantidad de dinero a casa, el que estaba más tiempo alejado del hogar, y por si fuera poco, el que parecía permitirse alguna querida.  La demandante con o sin razón va a encontrar el respaldo social y el de una Administración (poblada sea dicho de paso por magistradas y mujeres fiscales, relegando los puestos de abogados y secretarios para los hombres) que se basa en el hecho cierto de una larga trayectoria de maltratos y prepotencias machistas antes las que se han a chantado generaciones enteras de mujeres. En un alargamiento pendular de las ganas de hacer justicia pagan justos por pecadores y en los careos de palabra contra palabra, la de la mujer es la que suele llevarse la razón. Es algo transitorio, esperamos, ya que la estadística de denuncias de hombres contra sus esposas por maltratos va despuntando (por ahora sólo un 7%) y a la larga se incrementará cuando los hombres vayan reconociendo gradualmente su autentica condición de manipulados o instrumentados en contra de sus verdaderos deseos. Demos tiempo al tiempo. Mientras tanto hay hombres absolutamente perplejos ante sus esposas o ex que no dudan en echarlos de casa y exigirles mucho más de la mitad de los bienes y la custodia de los hijos si son pequeños con las consiguientes pagas para ellos. Cuando concurren situaciones de perversidad femenina el resultado es de hombres destrozados con las vidas hipotecadas por no decir arruinadas y además calificados como delincuentes si tratan de ver a sus hijos más allá de los horarios establecidos por tribunales ignorantes de los detalles de cada caso. Los maridos que se enfrenten a procesos de separación deben contar con que entran a las salas de tribunales de alguna manera pre-juzgados y con los veredictos pre-escritos. Hasta Sanahúja vinculada a altas instancias judiciales a reconocido que no se puede continuar juzgando estos casos sin la concurrencia de pruebas en los procesos judiciales. Declaración por cierto que ha sido contraatacada por la federación de asociaciones de mujeres dañadas, tal vez por temor a perder sus perspectivas de negocio en este campo.

No nos decían que nadie es culpable hasta que no se demuestre serlo. ¿Por qué entonces la palabra de alguien es tomada como un hecho y la de su contrario como una defensa sin crédito?

Desgraciadamente la propuesta para los hombres que se protejan en sus litigios judiciales pasa por impugnar al mismo sistema judicial que es discriminatorio y, por extensión, vejatorio. Actualmente acudir  a los tribunales o a la policía para denunciar al cónyuge se está convirtiendo en una costumbre que abarca conductas de desavenencia menor. Si por un lado es cierto que no todas las maltratadas llevan a término  sus denuncias y la mayor parte ni siquiera las hacen (se habla  de un estudio sociológico –cuya cientificidad está por ver- que afirma que hay 900 mil mujeres maltratadas más en España que no denuncian además de las 100mil que sí lo han hecho)no lo es menos que el concepto de maltrato no es  tan preciso pericialmente como pueda parecer y que por su lado el maltrato al hombre, su humillación psicológica, no es ni siquiera contemplado. Es difícil que un hombre denuncie a su esposa por estar ninguneado o humillado por ella porque va en contra de su rol público para la sociedad. Es hora de que los hombres reconozcan su vulnerabilidad. Nos esperan perspectivas de futuro curiosas y un relevo de géneros: los hombres se irán quedando en casa y serán las mujeres las que salgan a la jungla social a prospectar beneficios. Pero ésta es otra cuestión.

 

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