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La Homosexualidad Legalizada

Por YASHUAbcn - 3 de Junio, 2008, 14:32, Categoría: SLOGANS

La homosexualidad al fin legalizada.

Después de un millón de años (año arriba, año abajo) en los que la especie humana viene realizando prácticas homosexuales, un estado maqueado de modernidad  aprueba la ley que permite la legalización matrimonial de los homosexuales. ¿Hemos de celebrarlo? ¡Celebremóslo! ¡Eureka! Sigo escribiendo: el gobierno, en un ataque repentino de lucidez,  aprueba la ley que da pleno derecho a las uniones de gays o de lesbianas para vivir en su privacía como familias de pleno derecho que también podrán adoptar hijos. La noticia ha sido recibida por los colectivos del medio y rechazado por algunos magnatarios que aducen hacer objeción de conciencia y no casar a homos aunque la ley se lo exija. A pesar de estos energúmenos del arcaicismo que no terminan de entender la cosa podemos estar de fiesta. Al fin algo como los besos y los abrazos  que se daban a puerta cerrada podrán realizarse a la luz publica. Todo es cuestión de tiempo. Siempre me ha parecido heroico las veces que encontrado a una pareja de hombres o de mujeres cogidos/as de la mano paseando  o besándose en la calle. Ahora, con la ley de su parte podrán hacerlo más a menudo y con la frecuencia propia de su realidad. Eso dará elementos de estadística visual a todo el mundo para saber la verdad social y numérica de la homosexualidad que desde Kinsey se sabe que nunca ha sido tan minoritaria.

 Tradicionalmente los hombres, víctimas de su concepto de virilidad, se han enfrentado a otros hombres que manifiestan su  feminidad y criminalizan o torpedean cualquier conato de ella. Cualquiera que muestre sus inclinaciones por el mismo sexo será tildado de maricón o tortillera  y, por extensión, cualquier otro que no esté a la altura de su rol de varón. Ese rol de varón pide hombres que gritan al hablar o mujeres que desfallezcan de pasión ante la sola visión de su pene. Lo otro, la indiferencia sexual ante el hombre del lesbianismo o ante la mujer de los varones que encuentran el placer con otros hombres, no cabe en la cabeza de mosquito  de, aún, desafortunadamente, una parte de las gentes que no ha resuelto su nudo gordiano ante los temas del placer.

Aunque les cuesta, los gobiernos terminan por aceptar lo que sucede en la vida natural y lo elevan a categoría de registro. De algo servirá la nueva ley. Cualquiera que sea insultado o humillado por esta palabra podrá denunciar a su insultador.

Durante décadas, por no decir siglos, los hombres de una cierta sensibilidad han sido repudiados por otros bajo el grito de guerrear en contra de su homosexualidad, confesa o aparente. Puesto que todas las represiones en contra de las prácticas homosexuales no han logrado atajar esta libre expresión de la sexualidad y puesto que resulta -más que evidente- que su uso  y universalidad no tiene nada que ver con ser “prácticas desviadas”, sino  que sólo son el ejercicio de otras prácticas, los gobiernos van entendiendo que su futuro también depende del apoyo de amplios contingentes de la población que las practican. La condición homosexual no es mejor ni peor que la heterosexual, sencillamente es distinta. Pero por ella ha tenido que sufrir la estigmatización y el oprobio. Esperamos que los escándalos reiterados que afectaban a magnatarios de la política británica para citar un caso por su homosexualidad, que llevaban a autoexclusiones –o dimisiones- fulminantes, pasen ya al museo de los recuerdos y que la declaración de la condición homosexual sin equívocos de personalidades públicas, tal como hiciera Mendiluce, no sea aprovechada materia prima para el morbo o la especulación.

Durante tiempo las diversas policías perseguían a los homosexuales en los parques o en los urinarios públicos. Se les creía automáticamente pederastas,  perversos y peligrosos sociales. Un/a homosexual es una persona que predominantemente centra el mayor atractivo con gente de su género y con quien obtiene placer. ¿A los demás qué les puede importar esto? En el fondo, la indisposición en su contra reside en una envidia inconsciente por ejercer unas vías de placer que otros no tienen, o lo que puede ser peor, a las que tienen terror de probar por confesar una identificación latente. El matrimonio homosexual legalizado es un paso adelante en esta larga lucha social por el reconocimiento de los derechos humanos. Entretanto quienes no entiendan esto que se la machaquen. (Proporcionamos adoquines por correo).

 

 

 

 

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