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La "Audiencia" Provincial

Por YASHUAbcn - 6 de Mayo, 2008, 17:06, Categoría: DEBATE SOCIAL

La audiencia Provincial y su “lógica”. 

 

Puesto que tiene la última palabra ante una apelación ordinaria[1]  la AP no tiene ni siquiera la necesidad de contestar a todos los elementos contenidos en un recurso.Le basta echar una ojeada  tasadora para dictaminar si procede o no.Tanto es así que viene a jugar el rol de comparsa del magistrado de la instancia inferior[2] , al que validará en sus supuestos hechos probados y en su fallo. El apelante  inocente con una sentencia desfavorable se verá doblemente perjudicado por verse sentenciado por repetido.Mientras antes de reclamar, le quedaba  la ilusión de creer que el fallo era debido a una impronta distorsionada del juez desviado que le tocara en mala suerte; después de hacerlo, tendrá que confirmar que el problema no está en un intérprete errado de la justicia sino en todo el sistema judicial:un pantano laberintos en el que se ahogan los inocentes, por  su  inadecuada inocencia, es decir, por su ingenuidad.

A la AP se acude para ganar tiempo.Nadie puede esperar ni siquiera que le vayan a ser considerados los razonamientos. No  se proporciona la oportunidad de un debate abierto, sino sólo el criterio de que en un determinado despacho oscuro unos desergonomizados burócratas ,  van a mirar su número de sumario y van a tratar de constuir algo parecido a una lógica. No tendrán la menos impunidad en copiar las palabras del juez precedente, o tomar unilateralmente válidos unos argumentos y desestimar otros, para -finalmente- coherentizar  o dar un aspecto coherente a un pack conminatorio para que se haga efectiva una sentencia. Lanzada la bomba de relojería se lavarán las manos, seguros de haber cumplido con el deber patrio limpiando  la estepa de insolentes de cualquier ralea.No les importará que su veredicto,destroce vidas privadas  o condicione el curso existencial de personas honestas.Habrán cumplido con el código y eso les bastará.Habrán formalizado el rito sacrificial con otra víctima,cuyo destino haya sido elevado a la consideración de sus dioses.Habrán cumplido su horario de despacho y no se harán responsables de haber añadido su plus de maldad a un mundo saturado de ella. Se considerarán los justicieros y posiblemente descararán sus adrenalinas por  la suma de las pequeñas insatisfacciones de no saberse nadie en sus mundos sentimentales,ideológicos o privados.  Entre tanto, el apelante que había reunido un último esfuerzo  por creer en la racionalidad humana se desmoronará.La “lógica” argumentada  de sus juzgadores  le atravesará como una daga. Por si fuera poco habrá hecho tarde para aportación de nuevas pruebas  y otros elementos que no serán contemplados por estar fuera de procedimiento.Cabe pensar que el/la titular de turno del AP antes que nade verifica la acta judicial y  su supuesto proceso previo de ponderación y a continuación discrimina entre lo que es oportuno leer y lo que no. El/la dictaminador/a es un sujeto archivador antes que evaluador. Pone a un lado de la mesa lo que no  va a tener en cuenta y a otro lo que sí.Y es esa parte que  arrancará unos minutos de atención que chocará contra un nivel de inteligencia presumiblemente bajo  cuando no una neta incapacidad lectora, que podrá decidir un talante intencional  en la apelación en lugar de una exposición demostrativa. si su fallo es apoyar el fallo de la instancia inferior, al apelante no le queda otro remedio que  pringar con el asunto y olvidarse del tema. Es obvio que debería al menos haber otras instancias (que de hecho las hay para sentencias de temas que admiten otras revisiones, no así las firmes para los juicios de faltas)y por encima de todo la posibilidad de un careo de argumentos. El “no parece lógico” de los tribunales choca frontalmente con la demagogia de su criterio regente de las demostraciones.

 ¿Por qué para unos casos la inferencia de unos supuestos ya les vale y para otros no? Para rizar más la historia el fallo de una AP después de los preámbulos de articulado y de protocolo que se reproducen siguiendo el patrón de modelos estandar, iguales para casos de la misma tipología, se descuelga con alguna prosa medianamente original tratando de contraargumentar la apelación.Pues bien, lo contrarrestado puede llegar a ser un 30% o menos de lo apelado. ¿si no se tienen todos los argumentos, cómo se puede estar razonando una situación? Sin caer en esperanzas absurdas sobre la robustez de la justicia[3]  y su existencia a través de los mecanismos que los estados aportan para eso, cabe concluir que la AP como toda instancia judicial dentro del entramado de lo público no deja de ser un espacio integrado por mentes humanas a pesar de su robótica y sus manos atadas. Cave conjeturar que algún día tales mentes se pondrás a pensar por si mismas y trabajar  desde un humanismo progresista en lugar de hacer una contraprestación de un sueldo por una lectura mecanicista,ciega y vengativista frente a los acusados, que cabe no olvidar que desde el momento en que tienen esta categoría ya están recibiendo el peso de todo el acoso de los mecanismos administrativos. El sujeto acusado es un acosado por definición y desde ese momento está ya recibiendo los zarpazos de la injusticia,aún antes de ser sentenciado. Mientras ese sea el baremo existente una instancia superior solo viene a poner horas y papelorio a sumarios llamados a ser documentos de primera magnitud acerca de lo que le cuesta al ser humano llegar a un  estadio evolutivo que le permite una lógica del mundo que habita.



[1] Para incremento de las novelas entre bastidores de los juzgados y salas tribunalescas, aconsejo apelar siempre ante todo fallo, a pesar de que no vaya alterar el resultado. El sentido de la apelación puede ser de orden táctico (para ganar tiempo y agotar todos los recursos burocrácticos´: es echar  comida a los deglutantes de la burocracia)y de orden crítico: ya que si junto a los procedimientos formales y  las prosas de abogacía se adjuntan las prosas legas de los afectados, cabe esperar una gradual absorción de nuevas reflexiones por parte de las mentes enjutas de los personales de servicio de la administración y en particular de los encargados de decirnos quienes son buenos y quiénes somos los malos.

[2] El/la juez de instrucción es un cargo que permite un periodo de experiencia en  titulares de primera hornada. Bregar con juicios de faltas (aunténticos desparramos verduleros y  chácharas sobre quien pidió antes la tanda)les proporciona un escenario de primer orden sobre la estulticia humana.Esa cantera casuística no necesariamente dota de saber pero sí que afina una escucha y acoraza su posible sensibilidad adquiriendo una cierta superioridad ante las miserias y tragedias de los demás.

[3] Todavía se encuentran abogados ilusionarios como Esther Pérez del Col.lectiu Ronda que no está a la altura de la tradición crítico social de su  grupo y cree en  la Justicia y que por ello actúa como abogado. Con esa clase  de hechizados por el sistema no se puede ir muy  lejos.

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