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Por Espacios de Trueques

Por Sussana Maraselva Reina - 7 de Diciembre, 2007, 20:29, Categoría: COSASdelCONSUMO

Converters. Un gran nombre comercial para una empresa carroñera.

Me gusta mercadear y cuando viajo, no importa donde ni a qué país, dejarme llevar por la densidad humana de un mercado ambulante es una experiencia inigualable. Te llena de información sensorial del lugar donde estás, te permite conocer los precios reales del mercado de verdad, al que va la gente oriunda, y por si fuera poco te llena de notas de color y anécdotas. Esto vale tanto para los mercados con artículos de primera mano como para los rastros donde el cambalache, el trueque y el reciclaje integran el grueso de cosas de segunda mano. Antes de que se hablara de reciclaje y se diera publicidad a la filosofía de la triple R (reducir, reutilizar y reciclar) ya había mercados en los que tácitamente  unos compradores usaban cosas desechadas por unos vendedores que o bien hacían de intermediarios o incluso se las sacaban directamente de encima por sobrarles. Estos mercados han sido y son ampliamente populares. Son los mercados de los pobres, raramente se ve que aparezcan clientes forrados de pasta en ellos, aunque recuerdo que en algunas tiendas dels Encants de las Glorias en alguna tienda de ropa usada se podía ver gente de una cultura dignísima y de una elegancia extrema que iban a buscar ropas exquisitas que no se encontraban en otros lugares o que podían servir como atrezo para sus representaciones.

Admitido que el mundo del trueque y en general de la compraventa de materiales y artículos usados debería ser más potenciado examinemos un caso particular. Converters, un comercio de compra-venta en la carretera de Barcelona a su paso por Sabadell en Creu de Barberà,  nos fue recomendado para deshacernos de una silla de ruedas que en su momento -por una fractura de fémur- compramos y nunca hemos usado. Eso costó más de 300 euros en la época en que todavía circulaba la peseta. Una primera visita al establecimiento nos dio cuenta de los precios que manejaban, efectivamente asequibles para todo el mundo. Hecha nuestra propuesta quedamos en que iríamos con la silla para ver que precio ofrecían. Podíamos habernos evitado el viaje. Antes de ir tenían ya una tasa máxima de oferta: 25 euros. Fue todo lo que conseguimos. Es decir la décimo quinta parte de lo que costó. El rato de negociación, sin embargo, fue suculento. En el establecimiento perfectamente pueden cuadruplicar o quintuplicar el precio sin tener que hacer ningún esfuerzo, por nuestra parte nos sentimos ante una política de empresa absolutamente carroñera. Por un momento pensamos en llevar el aparato al hospital más próximo y donarlo (hemos donado otros objetos auxiliares de minusvalías: bitutores y muletas en otras ocasiones a otros establecimientos como la Cruz Roja). Bien ya que estábamos ahí admitimos esa contraprestación por el viaje y el tiempo perdido, la silla fue regalada. Esperamos que quien la compre pueda adquirirla por no mas de 50euros.No hicimos ningún negocio simplemente nos deshicimos de un objeto que no usábamos. La otra alternativa en la que habíamos pensado de aprovechar nuestro próximo viaje a África para donarla a un hospital de Mali suponía cargar con el enojo de la maquina durante un mes largo.

La experiencia nos sirvió para cuestionarnos nuevamente el tema del trueque. Habida cuenta que cada vez la sociedad produce más objetos que pueden ser reutilizados tal cual están, debería pensarse en instrumentar espacios o naves permanentes de exposición y trueque. Todo el mundo tiene cosas que le sobran y que puede amortizarlas intercambiándolas por otras que no tiene. Es un principio fundamental de economía simple y primaria, tan sencilla que su poder alternativo está al alcance de todos, de todos menos de los comerciantes que piensan en términos de beneficio.

La sociedad industrial debería contener el rugido de las máquinas productivas y hacer más balances de todo lo que tiene almacenado y que no usa. La filosofía de la reutilización está aun por rehabilitar. Se habla de contaminación atmosférica y desastres ecológicos en perspectiva pero se sigue sin cambiar de modelo productivo. Todos los perímetros municipales contienen espacios infrautilizados. Un aprovechamiento de alguno de ellos podría ser el del mercado del trueque como algo regular. Hay localidades que lo hacen como algo episódico una vez al año. La rebusca que es otra versión de este mercado con el que mucha gente sobrevive podría ser su parte complementaria. No necesariamente habría que intercambiar una cosa por la otra sino hubiera una otra que se deseara. El. Dinero evidentemente circularía como instrumento de pago pero el mismo hecho de la posibilidad del trueque en el entorno seria un contenedor de precios.

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