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Los ladrones domésticos silenciosos

Por Suso Ricmor - 7 de Diciembre, 2007, 9:15, Categoría: COSASdelCONSUMO

Cuando te instalas a vivir en un apartamento o compras una vivienda, además de pagar por  un espacio: un suelo demarcado por  un techo y  unas  paredes,  quedas vinculado al mantenimiento de un tipo de consumos determinados por los electrodomésticos que han sido elegidos por el constructor, cuyo negocio o chanchullos está por encima de la lógica del hábitat.  Es así que  tienes que soportar, como es nuestro caso, el volumen ocupado de un gigantesco termo de 150 litros, un enorme calefactor o  la placa de vitrocerámica además del horno. No se te ha consultado al respecto y ni siquiera eres del todo consciente de la victimidad que te espera por tener que cargar con estos artículos de la modernidad. Además de ocupar  unos cuantos metros cúbicos considerables en tu salón o galería te hacen entrar en una dinámica de gasto energético anti ecologista y superfluo. Luego al incorporar a la lista de errores un  frigorífico también de gran tamaño completas el ciclo que te gradúa como imbécil al cubo. Los próximos 10, 20, 30 o los años que sean vas a estar permitiendo calentar todo un volumen del termo que en la práctica diaria solo usaras en su 10ma o 20sema parte a no ser que seas un despilfarrador y dejes los grifos abiertos, vas a recalentar el ambiente excesivamente o vas a usar el horno solo de tarde en tarde. En cuanto al frigo puede contener en el congelador comida que se convierta en un problema para terminar de usar. Los ritmos de gasto son completamente distintos si se trata de un grupo familia de 5 o más componentes a si se trata de uno o dos. También es distinto el ritmo para familias deseducadas en el uso de los suministros al de residentes que sabe que detrás del consumo eléctrico o de agua hay facturas que pagar y que aunque sobre el dinero para pagarlas  no hay razón alguna para malbaratar el suministro.

Las viviendas también vienen con objetos obsoletos que obedecen a antiguas inercias tales como el fregadero o el bidet o enormes lavabos que no se justifican por lo que se hace en ellos. Nosotros arrancamos los dos primeros  para ganar espacio y a la larga deberíamos arrancar el otro sustituyéndolo por uno de tamaño más lógico. Estos son males menores en comparación al coste de mantenimiento de los aparatos eléctricos. Lo que realmente produce gasto innecesario es recalentamiento de agua hasta la saciedad. El termostato sirve para mantener el agua a punto a cada momento en que el usuario mal acostumbrado a las temperaturas la necesite. La prepotencia del civilizado, a menudo manifestada inconscientemente, lo convierte en un anti ecologista a cada paso que da sin darse cuenta.

La alternativa pasa por una reeducación y una revisión de cada objeto en si mismo deshaciéndose de los que  admiten sustituciones por otros mejores. Evidentemente el constructor no admitirá la devolución de aquellos que han sido incluidos en el lote aunque se demuestre que se trata de un latrocinio sutil y de un oportunismo de mercado por su parte además de una negligencia profesional por parte de los que eligen esos monstruos. Eso convierte a los espacios domésticos en agujeros permanentes en los bolsillos de sus propietarios/usuarios. Nuevos estilos de la construcción proponen viviendas con las cocinas desnudas de mobiliario para que sean elegidas a gusto de los comprados. Todo un detalle. Eso no abarata los precios pero al menos permite la libertad estética y funcionalista del que va a vivir a un lugar y pasarse media vida.

Para un tipo de vida funcionalista cuanto menos aparates chupen del torrente eléctrico para consumos que no se vayan a hacer tanto mejor para la economía doméstica. Reducir el tamaño de la aparatología permite una vida más desahogada y de mayor calidad.

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