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3 de Noviembre, 2007

Otro loco al volante.

Por YASHUAbcn - 3 de Noviembre, 2007, 11:42, Categoría: The OBSERVER

GerzeTR27ago 07

Domingo por la tarde en una zona de ocio un coche llega  toda pastilla para frenar y reunirse con su cita. Al cabo de un rato el mismo coche u otro con sus lucecitas azules en el chasis  emprende a toda pastilla la salida de la calle poblada en dirección contraria haciendo sonar el claxon para que me de prisa en cruzar a pie la calle. Sigo con mi paso ralentizado mientras miro hacia el conductor con cara desafiante y el coche aminora la macha pero me pasa rozando. Se da la casualidad que en la misma calle hay un destacamento de la polis que le parece la mar de normal esa clase de sucesos. Dime como conduce la gente y te diré lo que puedes esperar de ella. Hoy se puede hablar de un verdadero test proyectivo para la evaluación de personalidad en las maneras empleadas de manejarse con vehículos a motor.

Coincidencia con un Cantamañanas

Por YASHUAbcn - 3 de Noviembre, 2007, 11:32, Categoría: The OBSERVER

Me estaciono en la barra del bar  restaurant mientras esperamos a que esté libre una mesa para cenar. A mi lado un parroquiano pide un vino o algo de alcohol. La camarera –con la cual guarda una familiaridad- lo saluda mencionando que es un catamañanas. Ante la palabra y no sé por qué le pregunto o más bien comento por qué no se dice también cantatardes –un comentario, sin duda, estúpido- El hombre dice, con un acentazo andalú de inmigrante de los antiguos, tan pronto la camarera se va,  si no las tratas a palos no aprenden. La dueña, peor, una vez me dijo que me haría esperar una hora antes de servirme”. Me quedo extrañado con el comentario del hombre. Si es un parroquiano habitual y se considera maltratado con tal de dejar de ser cliente se evitaría discriminaciones, por otra parte pienso que si  este es su lugar de relación renunciar a él tiene que costarle bastante. Tiene pinta de obrero viejo, de los que han visto pasar el mundo a fuerza de echar muchas horas apoyado en barras de bares, la mayor parte de veces de solitario. No replico a su comentario. No creo que pueda hablar de nada con un tipo con esa clase de frase tan inequívocamente machista. Luego al comentarla e ya instalados en la mesa me autoflagelo creyendo que debía haberle dicho algo para que supiera que su opinión no era de recibo.

El Fumador del Semáforo

Por YASHUAbcn - 3 de Noviembre, 2007, 11:11, Categoría: The OBSERVER

Estoy esperando un semáforo en verde en un carril de entrada a  Rubí, una ciudad pequeña. Casi siempre que voy allí éste semáforo me detiene. Desde el interior del coche me siento en un agujero de espías para coleccionar observaciones. La de hoy: un fumador compulsivo de gestos rituales y mecánicos: uno igual a otro y así hasta  más de una docena larga que me da tiempo de observar antes de que mi señal se pase a verde. En la mano derecha una pava, en el izquierdo una lata de cerveza. El tipo está detenido sin mirar a ningún sitio, sus ojos  arquean una inclinación de 70 grados dirección suelo. Cada vez que se lleva la colilla a la boca inspira profundamente e hincha sus mofletes, supongo que también sus pulmones,  luego lo retira y parece que mira su propio acontecimiento para ver lo que le queda. Sin embargo hay un detalle de la boca no expele ningún humo. Enseguida me monto el cromo de la situación: ah –me digo- se trata de un fumador sanitario, alguien puesto ahí por las autoridades para enseñar a fumar y reducir la tasa de cánceres y mortalidad.  Nada de eso –me respondo- Se trata de un nuevo tipo de suicidio. El fumador, fuma que fumarás hasta reventar por inhalación excesiva. Descarto inmediatamente esta opción porque no observo que el volumen del sujeto aumente visiblemente. También descarto la anterior pues no creo que la osadía de sanidad hubiera alcanzado estos extremos. Pienso en una tercera opción. Se trata de un maniquí o un autómata puesto por la empresa del escaparate que hay detrás para que los conductores nos dejemos influir por su publicidad. ¡Nada de eso! También debo descartar esta idea. El fumador del semáforo hace algún gesto que parece humano. Lo que está fuera de toda duda es que lo suyo es fumar. Parece experimentar un placer infinito y le importa un pito que los demás puedan reírse de sus maneras. Tal vez oiga un sonido interno que le va marcando la pauta de cada chupada. Sea como fuere lo dejo en idéntica postura sin que haya cruzado el paso peatonal  y con su gesto rítmico de bajar y subir el brazo para cada calada.  No me cabe ninguna duda de que si vuelvo a las dos horas lo encontraré allí haciendo lo mismo. También si paso de madrugada. Pero mis asuntos me llevan por otras latitudes y cuando vuelvo a pasar al día siguiente el tipo ya no está. No hay flores ni esquela en su lugar, lo cual es buena señal.

A las puertas del Cole

Por YASHUAbcn - 3 de Noviembre, 2007, 10:55, Categoría: CIVISMO

Un día cualquiera entresemana. Alrededor de las 9am. Ha empezado el curso. Ante un colegio de enseñanza primaria un montón de madres con sus pequeños, y algunos padres ídem, están apelotonados frente a las puertas. Cada cual lleva a uno o dos chavales. Bastantes  están cogidos de la mano y la mayoría permanecen junto a sus adultos. Hasta que no  se abre la verja no empiezan a entrar al recinto los pequeños. Por los alrededores un montón de coches estacionados indebidamente. Unos encima de las aceras u obstruyendo pasos zebra otros en paralelo obstruyendo el tráfico en general y en particular el de camiones pesados o de mercancías. Es una hora característica.  Despues de 20 minutos la zona volverá a cobrar su aspecto normal. Durante este rato, el análisis de las formas de comportamiento revela unas cuantas curiosidades: los adultos que llevan a la escuela a sus vástagos para que aprendan entre otras cosas a ser socializados y a dominar los valores del respeto lo hacen con conductas absolutamente irrespetuosas e individualistas. ¿Es que las prisas de los adultos justifican los atentados al código de circulación en una hora de por sí estresante? ¿Es que los padres después de más de un siglo de acompañar sus hijos a las escuelas no han aprendido que podrían repartirse por turnos- a modo de encargados del cuidado- el tiempo de espera del comienzo del horario escolar en lugar de quedarse todos como pasmarotes hasta la apertura de puertas? ¿Es que un grupo tampoco no tan numeroso no sabe que la vía pública es de todos y la acera tiene que dejar holgura para que pasen otros viandantes? Las preguntas podrían seguir. ¡No hay para tanto! Se nos dirá, ¡sólo han sido cinco minutos!. Paradoja: los niños empiezan un día más de clase, otro cualquiera, con influencias no tan subliminales de la mentira social en un mundo fundado en el irrespeto recíproco.

Observación tomada en el Can Xarau del carrer sta Ana en Cerdanyola pero que se repite hasta la saciedad en cualquier otro colegio.

La Madre violenta.

Por YASHUAbcn - 3 de Noviembre, 2007, 10:55, Categoría: SOLIDARIDAD

Una mamá  joven, nacida después de los años 70, al salir de un establecimiento comercial da un golpe impresionante al culo de su crío de no más de 5 años, que a mí, al pasar y verlo me duele y me llena de perplejidad. Le digo “señora esto no es legal”. La mujer ni me mira ni me contesta como si la cosa no fuera con ella, aunque luego  oigo que se lo comenta con otra mujer que la acompaña también llevando a un crío de la edad del otro. Por su parte mi acompañante me dice ·” ¿pero que te pasa?” cuestionando la conveniencia de mi comentario. ¿Hasta donde podemos intervenir ante terceros y sus cuitas públicas? Le pregunto. Debemos esperar a que la violencia sea de un determinado tono para decir algo. ¿Tiene que llegar la sangre al río para darnos cuenta que mana? Si no consentimos que un hombre abofetee a su mujer en la vía pública u otras expresiones de la violencia ¿porqué consentirlo de una madre contra su hijo? ¿Es que el niño con su edad hizo algo tan terrible que merecía ese tremendo golpe o fue la madre que desbordada por el nerviosismo fue incapaz de reconducir alguna  situación incómoda?

Autostopista desagradecido.

Por Jordi Sar Dyola - 3 de Noviembre, 2007, 10:47, Categoría: SOLIDARIDAD

En una carretera local catalana bajando de Andorra al Vallès vemos una figura de hombre que parece que hace autostop o pide ayuda. No es una figura habitual el autostop es  una práctica caduca. Su gesto no es seguro ni es el del puño cerrado con el pulgar extendido. Paramos, porque por principio solemos parar a los autostopistas o nos detenemos a ayudar a alguien si está en apuros.  Se dirige a Manresa por una ruta inusual. Aceptamos que suba. Desde el primer momento despotrica contra dios y su madre, contra todos, por un momento está a punto de hacerlo también contra los catalanes pero se calla no fuera el caso que nosotros lo seamos. Lleva 16 días en la zona procedente de Algeciras buscando trabajo. Tiene 59 años, todo le sale fatal. Todo el mundo es malo. Lo han engañado con falsas promesas de trabajo. Se dirige a un seminario de curas que le echaron  una mano a pesar de ser anticlerical. Se da por derrotado y ha decidió volver a su casa en Andalucía. Ahí esta su mujer y su hijo de 19 años que tampoco tienen trabajo. Siempre ha sido jornalero y ahora tiene una edad en que no lo aceptan como trabajador. Los moros se llevan todas las plazas disponibles. Es un tipo malcarado y disgustado. No cree en nadie. Todos los políticos son malos, toda la gente es mala. Los Mossos le han dicho que está prohibido hacer autostop y le han dicho que su problema es de él, han pasado varios coches vacíos durante las dos últimas horas sin recogerlo siendo nosotros los primeros en auxiliarle.

Se toma nuestras preguntas interesadas por su caso, no más de tres o 4, como un interrogatorio. Una de ellas nos da la clave del personaje: “yo no me preocupo por nadie, bastante problema tengo con mis problemas”. Nos dice airado sintetizando una larga tradición de individualismo. Cuando llegamos a su cruce después de Igualada lo dejamos en la cuneta de la autovía sin molestarnos a salir hasta la rotonda de arriba y reentrar. El hombre se va diciendo que está harto con la música que llevamos puesta (de un cd de Brahms, sintonizada nada alta) y hablando para sí mismo sin que ya lo oigamos. No dudamos que nos  haya  metido en la lista de gente que no le ha ayudado. Por un momento durante su descarga de malaleche, resentimientos y frustración he pensado en ayudarle dándole alguna información o incluso dinero. Me he precipitado.

El hombre nos ha dejado un saber a su pesar: a partir de ahora antes de subir a alguien más a nuestro vehículo haremos un poquito de sondeo para ver si merece la pena ser ayudado. No es la primera vez que nos hemos encontrado con autoestopistas rarísimos y no solo desagradecidos. En el último verano después de recoger docenas de ellos ya adquirimos el criterio de decir que íbamos a una distancia corta para que en función de cómo fuera la persona llevarla más trecho del asegurado en nuestro sentido de ruta si coincidía con el suyo. El principio de solidaridad como todo lo llevaremos al taller de revisiones y la solidaridad por importante que sea tampoco puede ser tan incondicional si no quieres pasar por ser un tonto ante ti mismo.

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