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La Cuestión de la Renta Básica

Por Néstor Estebenz Nogal - 26 de Octubre, 2007, 14:21, Categoría: DEBATE SOCIAL

 

LAS PARADOJAS DEL PIL RAI y LA CRONIFICACIÓN DE LOS PROTAGONISTAS DEL PARO

Las rentas de inserción son plataformas económicas desde las que, supuestamente, se dignifica a la persona que está forzada al paro laboral y que permiten una movilidad social para el reencuentro con los recursos y las informaciones que le permitan una recolocación, o esa era al menos su idea originaria.

En la práctica de la compleja realidad, los supervivientes sociales damnificados por biografías lesivas tienden a compaginar  esta paga con la de otros trabajos eventuales en el mercado negro de la contratación. Puesto que carece de toda lógica renunciar a esos emolumentos con el encuentro de empleos asalariados que añaden un 15 o un 30% como mucho al monto de aquéllas.

 No sé hasta que punto este fenómeno es estadísticamente preocupante para la economía de un país pero es uno de esos fantasmas de los que siempre se ha podido hablar. Resultando que los subsidios se convierten de hecho en financiaciones parciales a ingresos escasos de la gente que pasa por estas situaciones de extrema necesidad económica.

El Estado y cada administración responsable del asunto están dispuestos a afrontar el crecimiento numérico de parados con pagas como Pirmi o PilRai. Al mismo tiempo controla  hasta la saciedad a sus beneficiados con  actitudes incluso humillantes: Sellados intensivos de 10 días seguidos a horas distintas para impedir cualquier programa de actividad regular, firma de contratos para seguir  intrincados programas anti-paro y a veces, actitudes prepotentes de algunos funcionarios de turno que no ven con buenos ojos facilitar pagas a parados crónicos, mientras ellos tienen que conseguir las suyas  cumpliendo con  tareas ingratas y horarios tediosos.

Un programa de Renda Activa de Inserción de 10 meses proporciona unos 3300 euros: el equivalente a dos pagas mensuales de un salario estandarizado. Un dinero mínimo para este periodo que permite unas condiciones mínimas y en todo caso es un paliativo para no radicalizar conductas y no recurrir a opciones de emergencia supervivencial.

Las personas  acogidas a La Renda Activa de Inserción laboral articulada por el Ministerio del Trabajo o al PIRMi entregado por Benestar Social de la Generalitat o pagas equivalentes dosificadas por otras comunidades autónomas, se verán metidos en torbellinos de controles que en la práctica no van a minimizar el cómputo global del paro, no van a incrementar fácticamente las tasas generales de formación a pesar de las partidas de inversión en cursos de capacitación y no van a atajar el problema de raíz. Lo cual replantea consideraciones antiguas sobre la necesidad de una renta básica y digna para todas las personas hasta que puedan elegir -o el sistema pueda ofertar- sus ocupaciones profesionales para las que están preparadas.

La paradoja de los estamentos que vehiculan las pagas se encuentran que por cada beneficiario gastan importes superiores al monto que aquel recibe contratando centros de estudio intermedios, a menudo deplorables, y alimentando toda una maquinaria de control (las OTG ,el INEM...). Esto es así porque la tesis oficialista del paro es que es la consecuencia de objetores laborales o más específicamente de un fenómeno de abstencionismo y de vagancia.

Mientras no sea reconsiderado el paro como el efecto inevitable de un modelo laboral y económico de competencialidad y rivalidad en la que está ausente un principio de colaboración, irán variando los tipos de partidas presupuestarias para llenar los estómagos -y tapar las bocas de paso- a quienes las han venido necesitando por quedar excluidos de los puestos de trabajo pero no atajarán jamás el paro como producto  inherente del sistema capitalista.

Una renta básica institucionalizada por la que no tener que pedir perdón  al recibirla dignificaría la situación pero sobre todo replantearía el debate en otros términos, al entender que siempre habrá una población pasiva en el modelo social en el que vivimos cuya forma de contribuir a la sociedad  sea por otros circuitos extra productivos. Ni siquiera la reivindicación de trabajo para todo el mundo, (parámetro por cierto que va en contra de la misma lógica economicista del sistema) es progresista aunque a primera vista a encabezado y seguirá encabezando innumerables manifestaciones. Hay gente que ha nacido para vivir o ha aprendido que su biografía no pasa por malbaratar su tiempo tras trabajos absurdos y salarios escasos. Esto no refiere tanto a la gente de “casa-bona” y marca social con rentas de por vida, también a la gente sin linaje que no está dispuesta a seguir la tradición de los esclavos. No hay duda que una parte de subsidiarios (está por ver su porcentaje) se acogen al paraguas asistencial esgrimiendo razones limitativas del mercado laboral pero confesando en su intimidad su deseo particular de vivir de gorra o tener lo básico asegurado sin tener que ir a perder el tiempo despachando en tiendas o siguiendo el ritmo de las máquinas industriales. Teniendo en cuenta esta sub-realidad  la renta básica por decreto ampararía a ociosos confesos, aunque también a anti-laborales como objetores de conciencia, lo cual no quiere decir enviara al parasitismo extremo a unos y a otros. Desde la ociosidad no tiene porque caerse en la pereza total. Puede abrir puertas para otras actividades creativas.

Esta propuesta es necesariamente polémica, aunque no haga otra cosa que reconocer la verdad de la exclusión permanente del trabajo de algunos sectores sociales para los que seguirá siendo necesaria una cuantía económica para su mantenimiento, salida evidentemente de los sectores productivos y en detrimento de otros presupuestos nefastos, tales como los militares. Por lo que una renta básica permanentizada no afectaría el nivel de calidad de vida de la sociedad ni reduciría los beneficios de quienes se matan trabajando para obtenerlos. Como es sabido la mayoría del dinero que se consigue y se acumula es para patrimonios y asuntos superfluos siendo una minoría la que se emplea para subsitencia. La renta básica contempla este mínimo.

 

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