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Genética y Racismo

Por Jesús Ricart - 24 de Octubre, 2007, 19:49, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Las teorías racistas se apoyan en supuestos bien interpretados estudios de la genética. El fascista Frente Nacional legitima su propaganda acudiendo a la biología moderna por su supuesto sostén a la inferioridad genética de los asiáticos, los africanos y los judíos (Rose 1987) basado en un determinismo biológico que en un última instancia analítica se ve comprometido en la afirmación de buenos y malos genes, que producirán comportamientos adecuados o no, o de talla o inferiores. Una teoría genetista del comportamiento ha acabado por invocar praxis de psicocirugía y psicofarmacológicas como incisiones en el espectro mental que hay detrás de las conductas para segar motorizaciones estimadas socialmente como inadecuadas. Autores como Mark y Ervin han llegado a justificar conductas sociales de amplitud  caracterizadas por protestas no como respuestas del segmento social a los atropellos de los que era víctima, sino por  las anomalías físico-genéticas de sus líderes, o de los primeros en rebelarse habida cuenta de que no son la mayoría. Siguiendo el desarrollo de este postulado hasta sus últimas consecuencias, la historia será explicada por disfunciones bioquímicas de sus protagonistas más destacados, en tanto que su disfuncionalidad les llevara a escapar a la homologación y a las normas vigentes, e impactarían empáticamente a otros (las masas) en sus seguimientos por unos idearios. En lugar de entender la violencia reactiva como una reactancia preinscrita en los códigos de conducta potenciales de todo ser, sometido a unas condiciones de opresión determinadas, en tanto que  parámetro estimulativo externo de agresión previa, esos autores ven en las conductas violentas una raíz incuestionablemente enferma. La violencia es un indicador del estado de desarrollo de una especie. Es obvio que a más necesidad y recurso de ella menos intelección para auto gobernarse tiene.

Los resultados del test de inteligencia Alpoha del ejército usa mostraba que los negros de ciertos estados del Norte obtuvieron promedios de puntuaciones más elevadas que las de los blancos de ciertos estados del sur, aunque los blancos siempre puntuaran mejor que los negros en un mismo estado. La crítica capital a esa clase de tests de evaluación es por  su contenido cultural discriminatorio  que suele coincidir con ítems propios de pertenencia a la propia de las clases dominantes. La escuela de Chicago ha intentado desvestir los tests de toda contaminación culturalista, evitando así su riesgo discriminante.

Lo grave es que las posturas biodeterministas que se abrieron paso llevaron a tratar de detectar la posibilidad psico-conductual de los sujetos en entrar en  crisis de conflictos en los hábitats productivos donde se ubicaban. De ahí  innumerables baterías de tests para dictaminar con análisis de susceptibilidad, la vulnerabilidad y la permeabilidad versus la indisposición y la rebeldía de los trabajadores sometidos a unas condiciones de trabajo (léase, de explotación) determinadas. La expansión del pensamiento biodeterminista ha llevado a afirmar la superioridad masculina por siglos de evolución de sus genes o la inferioridad negra por su incapacidad compensativa en manejar profundas abstracciones intelectivas.  Las propuestas de inferioridad genética de los negros a los blancos en los supuestos de habilidades cognitivas “demostrados”  por pasación de tests Jensen y Eysenck necesitaban entrar en cuadros justificatorios que estuvieran a la altura de sus personalidades públicas y “científicas”. La teoría socio biológica de E.O.Wilson, hizo inevitable la publicación de más trabajos en su línea dado lo atractivo de la teoría esgrimida. De hecho, el debate conectaba con una elaboración continuada e históricamente presente de las obras deterministas, como consecuencia de las contradicciones sociales presentes en la sociedad (fundamentalmente dadas por las divisiones de clases, de poder y de distribuciones de la riqueza) para las cuales se necesitaba un cierto modelo explicativo por encima del análisis social estricto. Limitar los debates a las superestructuras y estructuras sociales siempre permitiría viaductos esperanzadores para luchas sociales por el cambio y por la equiparación de recursos e igualdades. Recurrir, por el contrario, a una dimensión conceptual  intocable que tuviera que ver con los profundos y misteriosos mecanismos de la naturaleza humana, podría permitir una especie de salvoconducto para las clases dominantes para mantenerse a salvo de las avalanchas de los ciudadanos de una supuesta inferioridad, resignados con ella. Organizaciones notoriamente de derechas y de retroceso histórico como el Frente Nacional británico o la Nouvelle Droite francesa sostienen que el anti semitismo y el  racismo son sucesos naturales y que no pueden ser eliminados (mal) citando para ello a Wilson y a Harvard como referencias de autoridad. Las estructuras parlamentarias de Centro Europa ven alarmadas el peso  en el electorado de segmentos políticos que abogan por la raza y sutilmente por la pureza étnica y en contra de las políticas de tolerancia de convivencias de poblaciones de varias procedencias mundiales. El propio Khol hablaba de cerrar filas comunes frente a la extrema derecha que quiere hacerse con representantes parlamentarios. Sin duda, para el viejo mundo con toda su historia no ha quedado del todo erradicados los fantasmas de una involución, no tanto en el sentido de una reproducción lineal de las condiciones del alzamiento nacionalsocialista de antes de 1939 como por el rebrotamiento de mentalidades que niegan tanto la contundencia dramática de los sucesos bélicos de exterminio como la sociedad basada en la oportunidad multidiferencial. Distintos parlamentos tienen en sus agendas mediatas el enfrentamiento a la elaboración y gestión de leyes ejecutivas que restrinjan la intervención de un tipo de ideologías organizadas de carácter discriminacionista y xenófobas. Mientras tales formaciones se mantengan en el umbral fronterizo con la ley los marcos de estado están un tanto obligados a admitirlas, aún presuponiendo que bajo sus disfraces hay intencionalidades rotundamente violentas y destructoras.

En El Ejido, Almeria, localidad de  60mil habitantes con personas de unas 80 nacionalidades se enturbió su imagen en febrero del 2000 con el bote xenófobo que sembró el pánico entre los inmigrantes magrebíes. Otros detalles puntuales como atacar a alguien por su aspecto, su color o su indigencia aunque no tenga la envergadura propia de una razzia indica todo un mar de fondo de resentimiento de racistas. La acusación de racista en la actualidad es de una categoría más brutal incluso que la de homicida. El racismo es una coartada ideológica para imponer la fuerza superior de quienes se creen los elegidos. Sus argumentos son nefastos y sus seguidores, que no por pocos hay que evaluar en su justa medida, tratan de solventar sus fracasos personales, posiblemente considerándose víctimas, apuntándose a banderines en los que poder ir de amos y dueños de situaciones.  La genética no da ningún argumento a favor de la segregación de una raza, una cultura o una etnia en función de su capacidad. Si alguien ha demostrado no tener capacidad intelectiva a lo largo de la historia y una inferioridad aplastante en hacer valor las cosas por la vía de la razón han sido los fascismos y los todopoderosos esclavizando a sus rivales vencidos. El estudio genético de las diferencias no ha explicado ni explicará que unos individuos de la especie estén predeterminados para el mando o más dotados para el control y otros estén condenados a la servidumbre.

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