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24 de Octubre, 2007

Conflicto de Clases y conflicto interindividual

Por Néstor Estebenz Nogal - 24 de Octubre, 2007, 19:58, Categoría: General

Del conflicto de clases al conflicto interindividual[1].

La teoría de la lucha de clases facilita las cosas. Dota a sociólogos y militancias por un mundo nuevo de un análisis reduccionista. Dada la sociedad jerárquica, la  pertenencia de clase prefigura  el potencial de conciencia de tal, necesario para cambiar el ritmo de la historia. La ubicación en la clase alta o en sectores privilegiados o nacer en el seno de las clases desposeídas determina los intereses de lucha de cada cual. Es así que la biografía personal estaría hipotecada, desde el principio, por ese sello de pertenencia. Los pobres quedan condenados a luchas para dejar de serlo y los ricos a no perder ninguna porción de sus recursos o patrimonios. Esa interpretación nos coloca ante un gran conflicto que el marxismo ha señalado como contradicción principal, cuyo antagonismo no admite reparación si no es con el alumbramiento de un nuevo tipo de sociedad, la socialista en la que todo sea de todos.

A fuerza de analizar la cuestión en términos de clase se ha olvida la responsabilidad histórica y personal de cada individuo frente a los otros. Esa segunda fuente de interpretación coloca el lugar de la conciencia en cada sujeto en concreto, en cada persona, en cada cuerpo andante. Ese segundo tipo de analisis lleva a que la reflexión aterrice en los conflictos entre el yo y el tú  además de los que puedan  continuar habiendo entre el nosotros y vosotros.  Mientras la teoría de la lucha de clases ha servido para una interpretación de la historia y de parte de su proceso (no todo), la interpretación de los conflictos inter-individualistas coloca el principio de realidad multi-repartido en cada idiosincrasia personal. El otro es el límite contundente del sujeto. El hace de barrera al yo. El conflicto interindividual es aquel que se mantiene en estado de latencia dada la diversidad de conductas contradictorias que concurren en cada realidad y  territorio y luchan por repartírselos. El hecho de pertenecer a una clase social u otra no exime a los individuos de sus responsabilidades frente a la realidad inmediata que comparten  sea la que sea. El sello de grupo y el origen de clase no exoneran a nadie de ser quien es. El fin pues no justifica los medios. No hay ninguna supuesta misión histórica para cambiar el futuro que proporcione una coartada para estropear el presente más de lo que está. Mientras la polémica entre intereses de clases está circunscrita a los núcleos apasionados de la prosa política, la polémica de los conflictos interindividuales atañe a todo el mundo. Lo que impera ante cada otro son tomas de posición elaboradas por experiencias que se han convivido mutuamente. De cada otro queda la verdad de sus hechos y la hipótesis de sus palabras mientras que de la clase en su conjunto hay tal suma de variables que se hace difícil mantenerla dentro de una categoría segura  de su destino histórico. 



[1] http://disc.server.com/discussion.cgi?disc=201407;article=2656;title=Hoyenelmundo

Genética y Racismo

Por Jesús Ricart - 24 de Octubre, 2007, 19:49, Categoría: CONFLICTOLOGÍA

Las teorías racistas se apoyan en supuestos bien interpretados estudios de la genética. El fascista Frente Nacional legitima su propaganda acudiendo a la biología moderna por su supuesto sostén a la inferioridad genética de los asiáticos, los africanos y los judíos (Rose 1987) basado en un determinismo biológico que en un última instancia analítica se ve comprometido en la afirmación de buenos y malos genes, que producirán comportamientos adecuados o no, o de talla o inferiores. Una teoría genetista del comportamiento ha acabado por invocar praxis de psicocirugía y psicofarmacológicas como incisiones en el espectro mental que hay detrás de las conductas para segar motorizaciones estimadas socialmente como inadecuadas. Autores como Mark y Ervin han llegado a justificar conductas sociales de amplitud  caracterizadas por protestas no como respuestas del segmento social a los atropellos de los que era víctima, sino por  las anomalías físico-genéticas de sus líderes, o de los primeros en rebelarse habida cuenta de que no son la mayoría. Siguiendo el desarrollo de este postulado hasta sus últimas consecuencias, la historia será explicada por disfunciones bioquímicas de sus protagonistas más destacados, en tanto que su disfuncionalidad les llevara a escapar a la homologación y a las normas vigentes, e impactarían empáticamente a otros (las masas) en sus seguimientos por unos idearios. En lugar de entender la violencia reactiva como una reactancia preinscrita en los códigos de conducta potenciales de todo ser, sometido a unas condiciones de opresión determinadas, en tanto que  parámetro estimulativo externo de agresión previa, esos autores ven en las conductas violentas una raíz incuestionablemente enferma. La violencia es un indicador del estado de desarrollo de una especie. Es obvio que a más necesidad y recurso de ella menos intelección para auto gobernarse tiene.

Los resultados del test de inteligencia Alpoha del ejército usa mostraba que los negros de ciertos estados del Norte obtuvieron promedios de puntuaciones más elevadas que las de los blancos de ciertos estados del sur, aunque los blancos siempre puntuaran mejor que los negros en un mismo estado. La crítica capital a esa clase de tests de evaluación es por  su contenido cultural discriminatorio  que suele coincidir con ítems propios de pertenencia a la propia de las clases dominantes. La escuela de Chicago ha intentado desvestir los tests de toda contaminación culturalista, evitando así su riesgo discriminante.

Lo grave es que las posturas biodeterministas que se abrieron paso llevaron a tratar de detectar la posibilidad psico-conductual de los sujetos en entrar en  crisis de conflictos en los hábitats productivos donde se ubicaban. De ahí  innumerables baterías de tests para dictaminar con análisis de susceptibilidad, la vulnerabilidad y la permeabilidad versus la indisposición y la rebeldía de los trabajadores sometidos a unas condiciones de trabajo (léase, de explotación) determinadas. La expansión del pensamiento biodeterminista ha llevado a afirmar la superioridad masculina por siglos de evolución de sus genes o la inferioridad negra por su incapacidad compensativa en manejar profundas abstracciones intelectivas.  Las propuestas de inferioridad genética de los negros a los blancos en los supuestos de habilidades cognitivas “demostrados”  por pasación de tests Jensen y Eysenck necesitaban entrar en cuadros justificatorios que estuvieran a la altura de sus personalidades públicas y “científicas”. La teoría socio biológica de E.O.Wilson, hizo inevitable la publicación de más trabajos en su línea dado lo atractivo de la teoría esgrimida. De hecho, el debate conectaba con una elaboración continuada e históricamente presente de las obras deterministas, como consecuencia de las contradicciones sociales presentes en la sociedad (fundamentalmente dadas por las divisiones de clases, de poder y de distribuciones de la riqueza) para las cuales se necesitaba un cierto modelo explicativo por encima del análisis social estricto. Limitar los debates a las superestructuras y estructuras sociales siempre permitiría viaductos esperanzadores para luchas sociales por el cambio y por la equiparación de recursos e igualdades. Recurrir, por el contrario, a una dimensión conceptual  intocable que tuviera que ver con los profundos y misteriosos mecanismos de la naturaleza humana, podría permitir una especie de salvoconducto para las clases dominantes para mantenerse a salvo de las avalanchas de los ciudadanos de una supuesta inferioridad, resignados con ella. Organizaciones notoriamente de derechas y de retroceso histórico como el Frente Nacional británico o la Nouvelle Droite francesa sostienen que el anti semitismo y el  racismo son sucesos naturales y que no pueden ser eliminados (mal) citando para ello a Wilson y a Harvard como referencias de autoridad. Las estructuras parlamentarias de Centro Europa ven alarmadas el peso  en el electorado de segmentos políticos que abogan por la raza y sutilmente por la pureza étnica y en contra de las políticas de tolerancia de convivencias de poblaciones de varias procedencias mundiales. El propio Khol hablaba de cerrar filas comunes frente a la extrema derecha que quiere hacerse con representantes parlamentarios. Sin duda, para el viejo mundo con toda su historia no ha quedado del todo erradicados los fantasmas de una involución, no tanto en el sentido de una reproducción lineal de las condiciones del alzamiento nacionalsocialista de antes de 1939 como por el rebrotamiento de mentalidades que niegan tanto la contundencia dramática de los sucesos bélicos de exterminio como la sociedad basada en la oportunidad multidiferencial. Distintos parlamentos tienen en sus agendas mediatas el enfrentamiento a la elaboración y gestión de leyes ejecutivas que restrinjan la intervención de un tipo de ideologías organizadas de carácter discriminacionista y xenófobas. Mientras tales formaciones se mantengan en el umbral fronterizo con la ley los marcos de estado están un tanto obligados a admitirlas, aún presuponiendo que bajo sus disfraces hay intencionalidades rotundamente violentas y destructoras.

En El Ejido, Almeria, localidad de  60mil habitantes con personas de unas 80 nacionalidades se enturbió su imagen en febrero del 2000 con el bote xenófobo que sembró el pánico entre los inmigrantes magrebíes. Otros detalles puntuales como atacar a alguien por su aspecto, su color o su indigencia aunque no tenga la envergadura propia de una razzia indica todo un mar de fondo de resentimiento de racistas. La acusación de racista en la actualidad es de una categoría más brutal incluso que la de homicida. El racismo es una coartada ideológica para imponer la fuerza superior de quienes se creen los elegidos. Sus argumentos son nefastos y sus seguidores, que no por pocos hay que evaluar en su justa medida, tratan de solventar sus fracasos personales, posiblemente considerándose víctimas, apuntándose a banderines en los que poder ir de amos y dueños de situaciones.  La genética no da ningún argumento a favor de la segregación de una raza, una cultura o una etnia en función de su capacidad. Si alguien ha demostrado no tener capacidad intelectiva a lo largo de la historia y una inferioridad aplastante en hacer valor las cosas por la vía de la razón han sido los fascismos y los todopoderosos esclavizando a sus rivales vencidos. El estudio genético de las diferencias no ha explicado ni explicará que unos individuos de la especie estén predeterminados para el mando o más dotados para el control y otros estén condenados a la servidumbre.

Actos Solidarios

Por Suso Ricmor - 24 de Octubre, 2007, 18:45, Categoría: DEBATE SOCIAL

La solidaridad es uno de los grandes temas humanos. Uno de los más hablados. Se reconoce como una tendencia empática que una persona proyecta hacia sus semejantes por el hecho de presumir una identificación existencial. Es una de las formas que concreta la ayuda mucho anterior a su perspectiva cristiana refigurada como caridad y posterior  e independiente a todo decreto religioso que obligue a ella. La solidaridad ha ido pasando de formar parte de las configuraciones personales y espontáneas a formar parte de los proyectos organizativos e institucionales que la articulan para ayudar a quienes la ayuda les supone una cuestión primordial o subsistencial. Hay tantas vías para ejercerla que es difícil que alguien pueda no sentirse solidario con su prójimo. Directa o indirectamente hay formas de colaboración. Un ejército de oenegés propone cuotas de colaboración para ayudar a aquellas partes del mundo más necesitadas. Muchas vinculaciones solidarias pasan por la asepsia de tener domiciliada una cuota periódica de contribución desentendiéndose más o menos de lo que se va a hacer con ella.

De tarde en tarde los trapos sucios de algunas organizaciones salidos a la luz demuestran que no están exentas de las bajezas humanas, de las traiciones y de la utilización fraudulenta  de los fondos financiando enriquecimientos personales. El fraude es una constante de la que tampoco se han librado asociaciones altruistas. No entremos en eso ahora y aquí. La cuestión es que las peticiones de ayuda se han generalizado y hasta podemos decir que asistimos a una cierta performance de su industrialización.  El mundo no tiene  menos pobres ahora que medio siglo atrás. Todo lo contrario. Se sigue muriendo de hambruna  y  de enfermedades  en un mundo que está tocando los extremos máximos de su tecnocracia y de su poder económico. La solidaridad institucionalizada no consigue resolver las miserias. Parece más bien que contribuye a su permanentización. Nos hemos acostumbrado a que haya una parte de la sociedad permanentemente desfavorecida y quienes tenemos la suerte biográfica de pertenecer a la otra más favorecida, ejerciendo la solidaridad regulada a veces crea el efecto de disculpa psicológica de como está el mundo. Hay una paradoja solidaria, la de consolidar a quien la recibe en su dependencia permanente sin enfrentarlo a un cambio radical y productivo de actitud ante la existencia. Una curiosidad estadística: todas las ayudas en concepto de Solidaridad recibidas en África han sido igualadas por todos sus gastos en conceptos de guerras intestinas.

Más allá de la solidaridad como principio universal o como práctica regulada, los actos solidarios incluyen una multitud de gestos de deferencia hacia quienes los necesitan. No implican necesariamente grandes sumas de dinero ni siquiera gastos de poca monta. Suponen muchos actos variados cuya espontaneidad  se  especifica en cada momento en que nos hace protagonistas de ellos. Recoger a alguien en la carretera que hace autostop o pide ser llevado, invitar a comer a alguien que tiene hambre y no puede pagarse la comida; dar una información crucial que puede salvarle una situación a alguien confundido, darle unas monedas  a alguien que lo necesita para tomar el metro forman parte de un anecdotario con los que de ordinario la vida urbana te emplaza con una cierta frecuencia. Depende de las ciudades y de los momentos las formas solicitantes de ayuda siguen unos estilos u otros. También están sujetos a modas y a un tipo de frases. La constatación de profesionales que se acogen a la solidaridad anónima nos convierte a los solidarios en poco menos que estúpidos cuando después de nuestras atenciones comprobamos que no hemos hecho otra cosa que contribuir al parasitismo. La picaresca de vivir del cuento lleva a mucha gente a especializarse en su drama para conmover la escucha ajena y poder vivir de ella. He asistido a muchos actos solidarios en los que los necesitados eran verdaderos actores de su drama sacándole el máximo de partido. También he asistido a lo contrario: la absoluta indiferencia del público ante engañabobos con miserias poco creíbles.

La solidaridad es un criterio delicado que necesita seleccionar la diana de su contribución. No todo el mundo que pide ayuda la necesita o se la merece y al revés: hay quien no la pide y la necesita más. En un mundo solidario el intercambio de conductas de ayuda generaría una progresión matemática creciente de superación de necesidades hasta el punto que en muy pocos tiempo nadie necesitaría pedir auxilio. Si eso no pasa es porque la misma solidaridad se convierte en una fábula cuando no en  un negocio, en una auto justificación cuando no en una disculpa para seguir tolerando un sistema social injusto.

A escala del comportamiento personal la vida lleva a hacer espontáneamente pequeñas ayudas. Lo cierto es que cada vez menos. Cada individuo vive en su perímetro blindado e ignora lo que le pasa al de al lado. La indiferencia es tan absoluta que la gente va por la calle o por los espacios públicos sin mirarse directamente a los ojos. A veces sin responder si quiera cuando es preguntada. De todos los registros conductuales el de los actos solidarios no es el más numérico. Se hacen más regalos que actos de solidaridad. Su conexión es clara: ambos implican gestos deferenciales pero mientras uno dejo un rastro y una personalización quedando constatado  el otro solo deja el acto como muestra fuera de quien lo hace.

Para ejercer la solidaridad  de una manera improvisada hacen falta  dos cosas 1. Tener la disposición de ánimo o el criterio seguro para hacerla y 2. Verificar que se corresponde con una necesidad real de la persona a la que se le da.

Cuando después de ayudar por sistema se recogen experiencias despreciativas de alguna gente que no se merecía la ayuda prestada uno se pregunta si el registro de actos solidarios puede ser tan sistemático como se presenta.

De la misma manera que la ayuda por sistema no se puede imponer siempre a quien la rechaza no siempre la solidaridad espera se corresponde con las necesidades reales de quien esta a la espera.

 La solidaridad puntual sea del  tipo  que sea; material, económico, verbal, defensiva  o de apoyo genera formas de relaciones concretas. Presupone una posición cooperante que no tiene porque ser creativa pero sí enriquecedora en cuanto que en la practica socializa recursos. Supuestamente quien recibe solidaridad recibe también la pauta educativa para reproducir tal conducta en otros en cuanto tenga oportunidad. También es cierto que su cantidad guarda relación con su demanda. En la sociedad individualista no está bien visto pedir ayuda o favores puesto que es sinónimo de no triunfo. Se llega a situaciones extremas: pasarlo mal antes de pedir auxilio. Las procesiones van por dentro. Todo el mundo contesta que está muy bien cuando es preguntado.

Desde que tengo en cuenta los gestos solidarios espontáneos advierto que recibo menos o ninguno frente a los que proporciono. Tampoco se trata de buscar un equilibrio. Cuando alguien espontáneamente tiene una deferencia de ayuda me quedo gratamente sorprendido aunque haya sido por un detalle insignificante. La vida urbana tampoco presenta diariamente situaciones en las que intervenir para ayudar. Algunas incluso (los continuos accidentes en vías supertransitadas) detenerse a ayudar va en contra de la misma ayuda y quienes ralentizan el coche lo hacen por el morbo de la curiosidad más que por el principio de solidaridad. En cuanto a los que protagonizo no de todos creo que he procedido correctamente. Algunas veces tras descargar al viajero que he subido en autostop he tenido que reconocerme el error de haber complacido su demanda. La solidaridad pasa por una ecuación: ayudar a quien se ayuda, aunque eso no siempre se puede advertir de inmediato.

En todo caso una sociedad dinámica con más cruces de demandas de la gente pidiendo lo que necesita y más ofrecimientos espontáneos dándoselo será incomparablemente mejor que la actual en la que cada cual vive en su mundo privado, temeroso y parapetado.

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