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Ignorancia y Poder

Por YASHUAbcn - 18 de Octubre, 2007, 20:47, Categoría: Las PAREDES HABLANTES

“La ignorarancia de los unos es el poder de los otros”.(transcripción de pintada mural.). El poder es algo a conjugar en formas plurales. No hay un solo poder ni hay tirano por poderoso que haya sido que no haya tenido que rendir cuentas al grupo de  poder que lo ha sustentado. Al analizar la microfísica del poder,  los procesos al detalle que lo configuran; nos encontramos con que los factores de enajenación son los que más responsablemente lo determinan. La ignorancia contante de unos permite que otros saquen provecho de su negligencia. La ignorancia (el no querer saber deliberadamente o el no querer saber de facto) está detrás de su constitución. La ignorancia, o mejor dicho el sometimiento a ella, es una forma tradicional de dominio. Cuanto menos sepa el que no sabe más podrá engañarlo quien se aprovecha de su no-saber. Eso no significa que el aprovechado lo sepa todo. Le basta con saber lo suficiente para tener oportunidades de manipulación y suficiente fuerza imperativa como para imponer sus órdenes. En ultima instancia un poder central existe porque poderes periféricos se lo permiten y estos a su vez se auto constituyen como tales porque distintos reinados de siervos o supeditados lo aceptan. En el fondo la supeditación social indica: 1. la delegación de representaciones a otros, sea voluntaria o impositivamente. 2. La espera de conseguir un intercambio con tal delegación, la de un amparo o una protección y  3. Disponer de las vidas privadas para dedicarlas a los negocios y beneficios. Quien no se ocupa de la política, el arte de hacer y deshacer las situaciones sociales, indirectamente  se queda sin razones de peso para discutirle tal como la hacen quienes se dedican a ella por profesión o vocación. El esquema de dependencia es fundamentalmente el mismo que con cualquier otra delegación. El súbdito encarga -metafóricamente- al poderoso a que le regule su destino. El echo de que la mayoría opte por no hacer política activa como constante diaria no significa que nos desinteresemos de nuestros destinos pero si que apuesta por otro modo de tratar con los hechos haciéndoles un seguimiento consciente sin entrar en peleas de  perros rabiosos por el hueso para gestionar tal o cual fragmento de poder. Lo cierto es que una casta de poder cuenta que una mayoría social prioriza sus misérrimas existencias a estar continuamente en la critica de lo que aquél  haga. En su estudio sabe que hay una opción consciente y madura de ignorancia. El apoliticismo es una de sus  denominaciones. La triste y famosa frase del “soy apolítico” que en algún momento quiso simular ser de corte anarquista y que se ha generalizado en todo aquel tipo de personas que les importa nada en la sociedad en la que viven, es un indicador de una subcultura nefasta. Declarar  que la política no interesa nada o que la clase política es una cueva de estafadores tiene más que ver con el postulado de no querer saber nada de nadie (una desconsideración para la sociedad y para el mundo en general) y en consecuencia con una predisposición a la ignorancia, que no con una elección pura o más revolucionaria o más crítica.

Hay dos clases de ignorancia: la que victimiza a los ignorantes que pese a sus esfuerzos se les ha privado del acceso a la escolarización, al alfabetismo, a las lecturas y al saber en general, y quienes han optado por dar un  carpetazo a todo eso en su conjunto por temor a la fatiga o por confundir  el saber con el poder de los amos del mundo. Hay un trasfondo histórico que conecta con esta segunda  posición. Hubo un tiempo en que el saber letrado estaba en manos de unos pocos y estos coincidían en ser los secuaces del poder instaurado. Era el tiempo en que el latín era el privilegio de la gente culta y que la interpretación de la historia y de los libros solo era posible para quienes sabían descifrar los signos gráficos. No es extraño que en aquel tiempo los desgraciados de los reinos del mundo lucharan contra los amos y su control del saber. En Alemania, Martin Lutero creó una revolución –aunque lo planteara en términos de reforma- dentro del catolicismo al traducir al alemán la biblia y facilitar su lectura al pueblo amplio además de cuestionar las formas tan burguesas de los profesionales que aterrorizaban a las gentes con el infierno.

La lucha contra la ignorancia ha pasado y sigue pasando por dar muchos pequeños pasos. La consigna comentada sigue teniendo tanta validez ahora como en un tiempo lejano en la que se inventó. Nuevos tipos de ignorancia vienen a contaminar los panoramas coexistenciales. Toda información que compete a todos y es controlada por minorías que especulan con ella es una forma de sometimiento colectivo a la ignorancia. Si hay algo que no se puede permitir la persona postmoderna es vivir sin saber en que mundo está y morir sin saber qué y quien lo mata.

La discusión contra el poder constituido y las salvajadas con las que se apuntalada no quita la discusión contra sectores de ignorantes que lo han apoyado. La ignorancia es la principal aliada de todo estado que se quiere perpetuar a costa de que la sociedad crea que es la mejor oferta histórica de la que puede disponer. La ignorancia se perpetúa en tanto los ignorantes son los primeros en creer que no son dignos del saber y que este depende de curias, expertocracias, burocracias y cortes palaciegas. Mientras un ser humano crea que no tiene un saber a conquistar la humanidad entera seguirá sufriendo sus cadenas existenciales por no aceptar la lucha por alternativas sociales basadas en la inteligencia, el conocimiento, el recíproco reconocimiento de la gente entre si, el apoyo mutuo y la justicia espontánea.

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