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El saludo Vecinal

Por Su Shoa - 23 de Junio, 2006, 13:36, Categoría: COMUNICACIÓN

El saludo Vecinal[1] El hola-adiós tal vez no sea mucho pero en el frío  mundo que habitamos es casi un acto extraordinario en lo comunicativo. No es un gigantesco huracán de información pero algo es algo. Es una manera acústica de confirmar que te das cuenta de que el otro existe o de que el otro hace otro tanto contigo. Quizás entre la primera palabra y la segunda no haya ninguna otra o demasiado interés en preguntar y saber algo sobre la persona que te encuentras, pero al menos aceptas que la reconoces, forma parte de las señales visuales que identificas, es alguien vivo que está ahí: comparte tu edificio o tu ascensor, tu calle y tu proximidad. No es lo habitual que surjan amistades en el vecindario, aunque probabilísticamente deberían darse en mayor frecuencia de las que se dan por las coincidencias propiciatorias. El vecindario de escalera tiene unas características distintas al vecindario entre casas contiguas (de las de antes )en la misma calle. El de los bloques de piso se caracteriza por el anonimato. Aunque los nombres de todos estén permanentemente apuntados en las etiquetas de los buzones del vestíbulo nadie. A no ser que necesite hacer una averiguación, los memoriza o apunta. Lo que sí se identifica son las caras y quien está con quien compartiendo el piso. Coincidir en el ascensor o en el vestíbulo unas cuantas veces propicia ese saludo. Si además se coincide en las reuniones de comunidad puede haber temas  de los que hablar. Por el aspecto nos conocemos los unos a los otros y la intensidad de sonrisa guarda una relación directa con la disposición a que el saludo vaya más allá del dueto de palabras convencional. No todo el mundo tiene porque ser simpático o dárselas de tal cuando no le apetece lo más mínimo. A pesar de eso practicar  el mínimo acuse de recibo ante un saludo o arriesgándose a saludar incluso a la gente más huraña es un deporte verbal que recomiendo. Parece demostrado que una buena actitud en el saludo y en la sonrisa termina por abrir todas las puertas y te  granjea una imagen de persona simpática y cordial. Al saludar se corre el riesgo de que el otro no se de per aludido o desista del sobreesfuerzo en contestar limitándose a mirarte como un bicho raro. A una especie de vigilante nocturno que estaba en el vestíbulo de un edificio que habitamos en Rochester, nuestros saludos le descolocaban sus esquemas. Varias noches seguidas al regresar al apartamento teníamos el acto deferencial de saludarlo. El fue pasando gradualmente de su silencio por respuesta, a gruñidos indescifrables, onomatopeyas y chasquidos y finalmente algunos esbozos de good night recordando que podia dominar el lenguaje humano en caso necesario ese proceso duró una semana pero al final venció la palabra. Claro que tampoco sirvió de nada. Nos quedamos con su imagen ruda y su mala educación no con sus virtudes de amabilidad.

Eso sigue pasando. Cuanto más masificada está una ciudad, más denso un edificio, mas estandarizados son los semblantes menos se saluda la gente. El personal se pone sus distintas máscaras para las distintas ocasiones y situaciones en las que tiene que representar un rol. Y callar en el camerín del ascensor o decir lo indispensable en la coincidencia del vestíbulo forma parte de la mascarada colectiva. Lo que es más si alguien además de saludar cuenta algo dentro del ascensor puede ser tratado como un tontaina. Propongo el siguiente ejercicio para la próxima vez que coincidas con las caras conocidas del vecindario, contar cualquier asunto de la comunidad o del barrio rompiendo la norma de la austeridad verbal.

 



[1] http://disc.server.com/discussion.cgi?disc=201407;article=2672;title=Hoyenelmundo

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