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Nota Para Hablar de la evolucion de la pancarta

Por Jordi SAR Yola - 20 de Junio, 2006, 0:12, Categoría: General

 La pancarta puede más que la octavilla, el texto escueto más que el largo, la afirmación simple más que la pregunta y el predicado sentencial  es más preferido  que el argumento con multitud de considerandos o premisas. La gente no tiene tiempo, o no se lo concede, para rollos. (Por cierto las antiguas  bibliotecas conservaban los libros en forma de rollos o el rollo era una forma habitual de conservación de textos antes de llegar a los volumenes paginados). Una pancarta colocada estratégicamente consigue más que el periódico de mayor tirada para una noticia puntual o una información precisa. Podríamos creer que la mente no necesita ser ocupada por multitud de palabras  para prestar atención a una cosa. Por lo general tiende a ser esquemática. Resume en un par de frases lo que le parece un libro de miles de ellas o en palabras escuetas el encuentro de conversaciones largas o de efemérides sociales. 

En todos los regímenes ideológicos el cartelismo del slogan y la pancarta de la consigna han venido ocupando un lugar extraordinario en el propagandismo de las ideas. La pancarta fue el estandarte de las reivindicaciones y pasaría a serlo de las efemérides y la cultura privada (con ella también se nos anuncian casorios o  eventos deportivos). Se ha convertido en soporte de textos poéticos y de dibujos llamativos y, en general, de reclamos para que lleguen a la amplia ciudadanía mientras están en sus autos conduciendo, van en autobús o en metro o caminan por las calles. El texto de letras gruesas y supercorto que se injerta en el campo visual es la manera para que el personal se entere de algo que está en curso. No siempre se consigue. Las orejeras de no  pocos viandantes les impiden ver lo que hay más allá de sus narices o de las puntas de sus zapatos. Confirmado: hay gente que anda mirando al suelo y otra que tiene fijada la vista en un punto indeterminado del infinito no admitiendo cruzar miradas ni con objetos, ni con textos en las paredes o faroles ni, por supuesto que no, con otras miradas.  Eso hace que haya una diferencia informativa substancial entre las personas. A unas les basta estar atentas a la calle para volver a casa con multitud de datos, otras se nutren de las informaciones proporcionadas por las anteriores porque se enteran de bien poco en sus correrías urbanas.

Una pancarta también sostiene un deseo incumplido, un dato que permanece o un hecho que se anuncia o denuncia.  Es el signo de los tiempos que representa el valor del slogan por encima de la explicación del discurso, el modo de unificar comportamientos por encima de la libertad de los debates o el análisis de los matices. Una pancarta es la expresión más reducida de un texto pero no deja de ser un texto. De un modo u otro la vida informativa no puede prescindir de él y la necesidad de gritar verdades y reclamar derechos sigue pasando por la letra gruesa ya que a la letra pequeña sigue llegando poca gente.

Seguiremos necesitando de las pancartas y de quienes nos las escriban y las cuelguen así como de las paredes que nos hablen mientras siga habiendo cosas que decir y gritos de lucha que no se puedan silenciar.  

 

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