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La relación con las generaciones posteriores.

Por Jesus Ricart - 18 de Mayo, 2006, 8:40, Categoría: DEBATE SOCIAL

A partir de una cierta edad cumplida las oportunidades de tratar con gente que biográficamente está a distancia en una o dos generaciones va en decrecimiento aunque objetivamente las posibilidades aritméticas de hacerlo va en crecimiento. Eso quiere decir que uno/a cuánto mayor es, más gente de distintos grupos de edad puede conocer pero en la práctica las posibilidades numéricas se hacen añicos ante la invisibilidad de cada grupo de edad frente a los demás. Hubo un tiempo en que la gente de mayor edad discriminaba a la gente  de menor edad con el consabido autoritario ·” ¡cállate!” Grito prepotente del padre o del patriarca o del maestro al cual cabía añadir o inferir “todavía no existes, has de crecer mucho para poder hablar o para que te pueda tener en cuenta”.  Llega un momento en que se puede tratar incluso con nietos y bisnietos si el árbol genealógico de linaje lo permite y se da una curiosa relación emocional y estrecha entre abuelos (y excepcionalmente, bisabuelos) ancianos y nietos (o bisnietos) con una conexión impresionante inigualable en la generación intermedia. Resulta que los abuelos que son de alguna manera marginados por sus hijos  encuentran una segunda posibilidad lúdica de juego y de codescubrimiento con los nietos que no tienen el prejuicio ni el estrés de sus padres.

Por lo general una generación tiende a despreciar lo que hizo o ha legado la anterior. Está imbuida de  la fantasía que la va a superar y que aquella no pudo gozar de las ventajas de comodidad, los progresos tecnológicos y el saber histórico que tiene ésta. La juvenil, la de quienes tienen 16, 18, 20, 25 años tiende a despreciar a la de sus padres, la que tiene 40, 45, 50 o 60 años, mucho más a la más lejana, la que tiene, 80, 85 o 90 años a la que ve como algo distante e imposible de alcanzar. Los más jóvenes olvidan que los más viejos callan para darles la libertad de oportunidades para vivir su vida y equivocarse soberanamente. Las pautas educativas ya no pasan por enseñar para evitar caer en los mismos errores, sino proporcionar instrumentos de análisis y recursos para adaptarse a las nuevas situaciones una vez s cometen errores o se reciben los impactos de ellos ocasionados por otros.

Es muy difícil para una generación transmitir su saber histórico a la siguiente. Esta acepta de aquella los beneficios, el patrimonio material, el capital, los medios pero no el saber. Luego a mucha distancia a la gente espontáneamente le sale la fraseología o refranes que le dijera sus padres en vida dándose cuenta de la cantidad de verdad que concentraban, pero cuando la hacen ya es tarde para el reconocimiento de ellos.

La relación con la generación posterior no resulta fácil. A partir de cierta edad dejas de existir por lo que hace a la galería de la visibilidad. No importa que te quede media vida biográfica por delante o apenas hayas cruzado el medio siglo, muchos te ven como un viejo, los cánones del gran consumo que esta detrás de toda política de dividendos opinan que ya no das la talla, la gente no contrata a los viejos no por su falta de energía sino porque no dan imagen. Ese mismo mercado y sus gestores olvidan que no está tan lejos el momento en que otra generación posterior también los trate a patadas por los criterios discriminatorios que han contribuido a instaurar.

Por lo general cuando alguien antepone la edad como premisa de la comunicación ya puedes darte por avisado: apaga y vámonos. La cronoendogamia va en contra del mismo grupo de edad que solo quiere tratar con sus miembros porque ver a los de los otros grupos, por viejos o por más jóvenes, fuera de su mundo cuya traducción se mide por una pérdida de grados en la transmisión de conocimiento. Cada vez que muere un anciano se quema una biblioteca. Esta es una idea que circula y que sin embargo no se actúa en consecuencia. Cada vez que muere alguien por razones de edad a quien se ha tenido aparcado en sus últimas décadas sin intercambiar  información y conocimientos se ha vivido de espaldas a la historia viva, se ha humillado pasivamente a su protagonista por no escucharlo y se ha condenado uno a si mismo a repetir equivocaciones antiguas.

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